Mangas verdes

Los sindicatos se han rebelado, al parecer, contra la Junta, es decir, contra la consejería de Agricultura, para declarar en público –y a ver qué uso hace ahora Durán y Lleida del argumento—que el campo andaluz es un inmenso refugio para la economía sumergida. ¡A buenas horas, mangas verdes! Llegan hasta anunciar que los datos oficiales sobre el paro andan tapando malamente por lo menos 300.000 empleos, una cifra que para unos resultará exagerada y para otros –sobre todo en el mundo rural—lo contrario, es decir, corta y más que corta. La pregunta, en todo caso, es cuándo se han enterado los sindicatos mayoritarios de este contradiós que supone que un carota con empleo se lleve sin derecho el dinero que correspondería a un parado. Porque si se acaban de enterar es que están en el guindo, y si lo saben hace tiempo es para echarlos a los leones.

¿Quién mató a César?

Nunca es fácil dilucidar la oscura trama en que se insertan los magnicidios. Estos mismos días he leído dos libros –no uno, dos—sobre el asesinato de Prim para acabar de convencerme de que nunca devanaremos del todo esa madeja. El profesor Chic, en cambio, que es uno de los pocos estudiosos que trabaja a fondo la historia económica de la Antigüedad, está convencido de que, por encima o por debajo de la conspiración de los Idus de Marzo, lo que de verdad mató a Julio César fue su política de sustraer el Estado, llamémosle así, de las garras de un sistema financiero que devoraba las energías romanas y que había de provocar todavía crisis más agudas en tiempos de Tiberio y, sobre todo, en los de Marco Aurelio. Cuando César, que no era ningún bendito, se percató del mal negocio, tomó medidas tan graves como limitar los tipos de interés o forzar a los capitalistas a invertir en la península al menos dos tercios de su fortuna, medida que había de favorecer extraordinariamente la circulación dineraria pero que no debió sentarle nada bien a los publicanos (recaudadores) a los que, encima, castigó con una quita –¿les va sonando todo esto?—del 26 por ciento a los deudores de los prestamistas, según cuenta Suetonio, además de prohibir que nadie poseyera más de 50.000 denarios en dinero, cautela con la que trataba, claro está, de limitar la posibilidad de reclutar ejércitos u organizar revoluciones. ¿Y qué hay de Bruto, a quien tenía por un hijo y fue el primero en hundirle el puñal? Pues Bruto, fíjense en lo que son las cosas, resulta que era uno de esos matatías, tanto que llegó a prestar a Creta un buen dinero a 4 nada menos que a un interés del 48 por ciento anual. Chic está convencido, ya digo, de que ésa fue la razón que, desde el cerebro de Bruto, movió su brazo (la imagen es de Ortega, como saben) y dirigió su mano armada contra su protector y aguafiestas. La gente no sabe lo peligroso que es gobernar con energía, sobre todo en medio de una crisis.

Me entero, en fin, de que en la que le tocó sufrir a Tiberio, provocada además por las malas cosechas, los perjudicados no sólo fueron los plebeyos hambrientos sino lo que hoy llamaríamos clase media (en aquel tiempo campesina) paralizados por la falta de créditos o su extremada carestía que provocaba, a su vez, el gran negocio de la especulación por parte de los prestamistas en el mercado del dinero. ¡Tomen, para que quiten la Historia de los planes de estudio! Parece que Tácito y sus colegas estuvieran hablando de Lehman Brother, de Jean-Claude Trichet o de Bernard Madoff, ¿a que sí? Nihil novum sub sole. Pocas veces el Eclesiastés (Ecl. 1,9) da tan certero en el clavo.

Atado y bien atado

O eso creen en la Junta que van a conseguir en la Administración autónoma reforzando a calzón quitado, y en contra de las sentencias de los jueces, el pretorio de jefes nombrados por libre designación. En los albores de la democracia todavía reclamaba la izquierda que la libre designación comenzara en los directores generales, dejando incluso la subdirecciones (que se han vuelto a meter de rondón de la Junta) como puestos a proveer por mérito y concurso, en el remate de la “carrera administrativa”. Ya ven lo que queda de las buenas intenciones y cómo en el Poder se ven las cosas muy distintas de cómo se vislumbran desde la oposición. El error está, seguramente, en que en política nada queda nunca atado y bien atado. Si la jugada no le salió a Franco difícil será que le salga a Griñán.

Poderosos caballeros

Un señor con pinta y modos de “indignado” acaba de armarle una bronca fenomenal
al presidente del Santander, Emilio Botín, en plena Junta General de Accionistas. Le
ha espetado, para empezar, que “mientras millones de condenados al paro perdían su
esperanza y su dignidad, ustedes se forraban a espuertas sin el más mínimo recato ni
pudor”, señalándole luego con el índice demótico con esta aplastante evidencia: “Usted
es alguien que hace política con mayúsculas y sin mojarse, un poderoso líder en la
sombra, ajeno al escrutinio público”. Y ha rematado la faena con una conclusión
marxiana de pura cepa: “Ustedes son los que gobiernan a los que dicen representarnos”.
El señor Botín se ha enfado mucho, lógicamente, y hasta ha interpelado al debelador de
manera abrupta, pero ahí quedan esas alegaciones no sólo para hacer pensar a muchos,
sino para probar que la reflexión de la izquierda decimonónica, de tan altos vuelos, o
no ha muerto o está mal enterrada. ¿Y qué podrían pensar los ciudadanos que lleguen
a escuchar a este Demóstenes cargado de razón? Miren. La presidenta de de la Caja
del Mediterráneo se ha adjudicado una pensión vitalicia de 370.000 euros; en nuestra
comprometida Cajasur le han largado 950.000 euros a un ex-director general dejándole
al ex-presidente un pensionazo de otros 250.000 igualmente vitalicios, y ello justo
mientras el Banco de España imponía la imprescindible fusión de la arruinada entidad.
Los altos cargos de Caixa Galicia cuestan (o costaban) nada menos que 8 millones de
euros al año, en Caja Castilla-La Mancha, la CCM famosa, el agujero negro de 3.000
millones de euros –impune, por supuesto—no ha sido obstáculo para que se gastaran
6.000 más en traslados de altos cargos, y en Caja Navarra, ya en tono menor, consta que
se han pulido 16.000 euros en 5 relojes para ex-consejeros. Añada el lector su propio
caso, que seguro que lo tiene.

El acusador de Botín se preguntaba cómo es posible que la solución de esta crisis
consista en inyectar dinero público a una banca que, como el Santander, ganara el año
pasado más de 8.000 millones de euros a pesar del descenso del 8’5 en sus beneficios.
Pero en sus palabras lo que más me ha llamado la atención es ese recurso añejo aunque
actualísimo a una teoría que muchos dan por sepultada aunque sus zombis se paseen por
este permanente Halloween: la visión del poder político como marioneta del económico,
la razonable crítica a esa estrategia subvencionista que equivale a baldear el pozo
mientras la samaritana se muere de sed. Seguro que Botín, pasado el enojo del prócer,
ni se habrá inmutado. Una prueba más de que tanto el bronquista como Marx llevaban
razón en la mayor.

El vecino de abajo

Exteriores del Parlamento Europeo, le ha dado la del tigre la policía marroquí antes de
bajarse del avión y su rampa, es decir, en territorio español, cuando pretendía apearse en
El Aaiún. ¿Ven la cara real de la “nueva democracia” alauita, comprueban las maneras
expeditivas que gastan con los españoles, incluso con los protegidos por su inmunidad
internacional? ¿Comprenden por qué convendría mantener vivo el fuero y revisar la
estrategia partidista que tanto el Rey como el Gobierno o nuestra Junta imponen en
beneficio exclusivo de quien nos trata a patadas mientras a ellos les pone alfombra roja?
Hay que llevarse bien con los vecinos, qué duda cabe, pero pocos errores tan peligrosos
como someterse a su arbitrariedad.

El niño y la nani

Da vergüenza ajena el video de campaña que se le ha ocurrido a las minervas de Rubalcaba. El del nene pijo que, camino del colegio de pago, le dice a la nani que qué bien que, el día de mañana, sus hijos (los de la nani) lleven al cole a los suyos (los del nene). Hasta desde el propio Gobierno se ha oído discrepar a un ministro ante tamaña bobada en la que, obviamente, se supone que el nene pijo es un alevín de “pepero” y la pobre y humillada nani, tata o como ustedes prefieran, así como sus hijos, encarnan al proletariado genuino que sólo el PSOE representaría. ¿Cabe en cabeza humana mayor simpleza y peor mala fé? Todos sabemos que los hijos de los mandamases sociatas se han educado en colegios de élite, despreciando paladinamente la opción pública que, sin embargo, tratan de presentar como la única progresista, un hecho que demuestra, aparte de su desvelo por la prole propia, su convencimiento de que el sistema privado es superior al público. ¿Y es eso cierto? Pues de fiarnos de los observadores del ramo, por supuesto que sí, aparte de que sería cosa de bobos pagar los altos costes de la enseñanza elitista si se creyera que la que el Estado ofrece gratis es mejor. ¿Por qué el Rey, el presidente del Gobierno o el de la Junta llevan a sus hijos a los jesuitas, a los liceos extranjeros o a colegios aún más exclusivos en lugar de confiar su educación al sistema de todos? Pues porque saben que sólo el altísimo precio de esa educación para ricos garantiza unas condiciones óptimas que en los abigarrados centros públicos resulta cada día más inalcanzable a pesar de la abnegación de la mayoría de los docentes. No hay que recurrir a Veblen para entender que la docencia es un mecanismo de reproducción de las diferencias sociales, el criadero en el que se reproduce la sociedad desigual. Para entender algo tan simple no hay que ir a Salamanca aunque un socialismo de “la hoz y el Martini” pretenda hacernos creer lo contrario.

¡Pero de qué van estos cuentacuentos advenedizos y deslumbrados por las sofisticaciones de la pijería! La verdad es que, vayan donde vayan, el nene del video clasista podría funcionar a la perfección en la campaña liberal-conservadora, a poco que su afligida trabajadora entienda que lo que el niño dice en su inocencia no es más que lo que ha aprendido de sus padres, es decir, la razón de una “nueva clase” que por recién llegada no es distinta de la tradicional. Sus imágenes traslucen la agonía de la socialdemocracia, ese posibilismo decrépito y trincón que se ha convertido en la tumba de la utopía.