Listo para sentencia

Sea cual fuere la pena que el Tribunal imponga a los asesinos de Marta del Castillo y a sus cómplices, hay algo que el pueblo llano, que no entiende de leyes pero conserva intacto su sentido común, se pregunta clamorosamente: ¿cómo es posible que a quienes, en una calculada estrategia procesal, ocultan el cuerpo del delito no se les retenga entre rejas hasta que declaren su escondite? Pocas burlas ha soportado la Justicia como ésta a que lo han sometido unos mequetrefes a socaire de las garantías democráticas. Cabe imaginar la impunidad que estará al alcance de los delincuentes conspicuos si una pandilla de friquis se va de rositas de esta manera a pesar de tanta evidencia.

Sociedad desigual

Un colega con el que no tuve el gusto de coincidir en la Complutense, Rafael Díaz-Salazar, acaba de publicar un libro de cuya lectura se sale, sin es que se sale, perplejo y no poco desconcertado, quizá ante la evidencia de que la crítica más verdadera resultará tan estupenda como insuficiente en tanto no se vislumbre una rendija siquiera en el murallón neoliberal. Puedo suscribir en ese libro, por ejemplo, entre otras muchas, la idea de que estos trajines por recuperarnos del desastre a base de ajuste y crecimiento conducen por derecho a un paraíso neofeudal en el que el precio del trabajo será reducido al límite mientras el beneficio del capital aumenta exponencialmente, pero noto cierta inquietud cuando, como alternativa, se nos propone, lisa y llanamente, liquidar el “modo de producción” del capitalismo, y pongo esas comillas con intención preferente para los mayores de la tribu. Porque ¿cómo se hace eso, querido prof, si hasta en la China comunista va hoy que se mata la locomotora manchesteriana, por no hablar del milagro brasilero del camarada Lula? Lean este libro estremecedor para enterarse, si es que no lo sabían, de que la pobreza avanza en el planeta a calzón quitado (en medio centenar de países ha aumentado desde los años 90), de que 37 millones de personas, es decir, un escandaloso 1 por de la población mundial, posee el 40 por ciento de todos los activos mientras que la mitad de esa población ha de contentarse con el 1 por ciento de los bienes de este mundo. ¿Por qué se están enriqueciendo de modo espectacular muchas empresas en medio de la crisis, cómo va a  funcionar un sistema con transparencia mientras en los paraísos fiscales se atesoran celosamente nada menos que 11’5 billones de dólares? ¿Ayudar ciegas al Tercer Mundo sabiendo que, sólo en 2004 las oligarquías  africanas rapiñaron más de 600.000 millones de dólares, o mantener la parodia de un comercio justo que, con sus subvenciones a los países ricos, arruina cada vez más a los pobres? Nuestro autor reclama, como quien no quiere la cosa, un “programa integral de justicia global”, una disminución del gasto militar, un sistema fiscal también universal capaz de redistribuir la inimaginable riqueza disponible y, ya de paso, un modelo económico diferente del actual “maldesarrrollo” que él describe conceptualmente como un “ecosocialismo anticapitalista”. Vuelvo conmovido y algo desalentado, por qué no decirlo, de este nuevo viaje al país de Utopía que me ha servido, en todo caso, para comprobar que sus murallas siguen enhiestas aunque el paisaje ande manga por hombro. La esperanza es lo último que se pierde, pero nadie ha dicho que baste con ella.

Apoyar al juez

Espectacular la cena-homenaje al juez Serrano, tan injustamente separado de sus funciones por una inasumible sentencia del TSJA. La crónica habla de la presencia en ella de políticos, sacerdotes (hasta un  obispo), empresarios, periodistas o policías, es decir, una representación más que curiosa de una sociedad civil por lo general tan poco movilizable como la nuestra. Mal deben de andar las cosas en esa Justicia cuando un magistrado necesita que lo apoyen los ciudadanos. Si el Tribunal Supremo no echa abajo esa barbaridad dará una prueba más de lo lejos que andan los ropones de quienes circulan por la calle.

Las cosas y el quicio

Es poco probable que el debate sobre el aborto acabe alguna vez. Dónde está el límite de la vida, qué debe entenderse por persona, decidir si cabe o no interrumpir un embarazo en caso de violación o incesto, determinar el plazos para abortar, son cuestiones en las que resulta sumamente difícil separar la objetividad de la ideología, y ésa es la razón  por la que las porfías continúan un poco por todas partes. Hace poco hemos oído a un candidato tratar de acorralar a su rival preguntándole si, en caso de llegar al Poder, derogaría o modificaría la norma vigente hoy en España, y casi al mismo tiempo un referéndum acaba de rechazar en Mississippi –el Estado más antiabortista de los EEUU—una propuesta radical, planteada desde el fundamentalismo más extremado, que pretendía que la ley considerara “persona” hecha y derecha, es decir, con todos sus derechos (¿y deberes?) a un ovocito fecundado, es decir, “a todo ser humano desde el momento de la fecundación, la clonación o cualquier medio equivalente”. Grupos de especialistas en obstetricia, madres infecundas y especialistas de fecundación “in vitro” se han movilizado a fondo contra ese proyecto que, de ganar, no sólo hubiera excluido cualquier posibilidad de aborto, incluyendo el terapéutico, sino que habría desatado una ola de sucesivas consultas populares de consecuencias imprevisibles. Pero han sido los estudiantes de Jackson quienes han alumbrado el episodio al preguntar, a su vez, más en serio que en broma, si ese ovocito fecundado tendría derecho a obtener su pasaporte, recibir una herencia o, incluso, una pensión alimentaria a cargo del padre separado. Los fundamentalistas han perdido el referéndum y resulta interesante consignar que con el apoyo explícito de las organizaciones religiosas que han visto en el exceso un riesgo cierto para la viabilidad de un control razonable del grave problema social. Hay que tener cuidado con las compañías radicales aunque sólo sea por aquello del tiro y la culata.

Volviendo al debate nuestro, al Debate con mayúscula, la verdad es que, aunque se entienda el sentido de la pregunta-trampa, no deja de ser preocupante que sobre la situación límite en que se encuentra la nación sobrevuelen cuestiones que, a mi juicio, lo que necesitan es un ajuste razonable y no leña añadida al fuego de la polémica. Entre otras cosas porque algunos vemos con preocupación esa tendencia a no ver más derechos y libertades que los que constituyen el ideario, en algunos casos novísimo, de un sector social. Va a hacer falta mucha tolerancia mutua para salir de este pantanal en el que estamos hundidos hasta las corvas, lamentablemente con las garrotas en alto.

Explosión retardada

No se entiende bien la presunción de Griñán de que acertó al retrasar las elecciones a no ser aceptando previamente que los resultados de las generales implican su derrota en unas autonómicas. Por lo demás, de aquí a marzo (porque las fechas que él maneja resultan imposibles), ha de pesar lo suyo la instrucción judicial de lo ocurrido en torno al “fondo de reptiles” con que se pagaban prejubilaciones falsas o se daban millones a Ayuntamientos “amigos” y hasta a amigos sin más. Y otros casos, ya lo estamos viendo. El rumor inverosímil de que Griñán se retirará antes de las elecciones, no deja de tener su lógica.

La justicia tuerta

El Gobierno en funciones ha indultado en la prórroga a un eminente banquero. No da explicaciones –quizá es que no las haya—sino simplemente la noticia de que conmuta la pena de tres meses de prisión e inhabilitación, por una multa que no se sabe si será de 3.000 euritos o se elevará hasta los 288.000, cantidades que son de suyo “peccata minuta” teniendo en cuenta que el indultado tan generosamente percibe al año un sueldo de 7 millones de euros. No hay Justicia sin misericordia, ya lo sé, y en ese sentido me he empeñado en contemplar la medida de este Gobierno en desbandada, aunque la opinión casi unánime de los jueces, expresada por sus asociaciones profesionales, apunte en un sentido totalmente opuesto, sobre todo porque, según parece, Zapatero acaba de romper la regla no escrita según la cual el Gobierno no indulta nunca a un condenado contra el criterio de ese Tribunal Supremo, y digo supremo, a estas alturas, por decir algo. Mientras tanto, en la cárcel de Huelva permanece en una situación inquietante el preso más antiguo de España, un sujeto condenado por 20 delitos (ninguno de sangre), cuyo indulto fue solicitado, sin éxito, por la Defensora del Pueblo pero al que se oponen la Audiencia, la Fiscalía y la dirección penitenciaria que, por lo que se ve, pesan juntas más que un solo Supremo. ¿Se acuerdan de la metáfora de la tela de araña que atrapa la mosca pero se desploma bajo el elefante? Pues ahí la tienen, plasmada en realidad, escrita no ya en la memoria capciosa de del escepticismo plebeyo, sino sobre el papel timbrado que ha resultado ser el mejor palimpsesto inventado por el hombre. Es verdad que anteriores Gobiernos del mismo signo ya adoptaron en la prórroga decisiones leoninas, pero en esta ocasión me parece a mí que la cosa es peor porque no se trata ya de favorecer en el último minuto a los “amigos políticos” sino de dejar en evidencia a una Justicia que está alcanzando un grado de vulnerabilidad sin precedentes próximos ni remotos. Y ojo, porque a Justicia tuerta, democracia coja, no le den vueltas.

El decano de los reclusos españoles tendrá que echarle paciencia y tal vez aguardar ya la llegada del Gobierno siguiente, porque sería el colmo, la verdad, que el actual, el que está en funciones aunque no lo parezca, lo indultara a él después del banquero, siendo así que éste jamás ha pisado la trema y él lleva entre rejas 36 años de los 61 de su vida, es decir bastante más de la mitad. Dicen que la vida le da a cada uno lo que se merece pero permítanme que albergue mis serias dudas al respecto. ZP se está encargando de confirmármelas en estos tristes amenes de su catastrófico mandato.