El jarrón roto

Es más fácil romper el jarrón, hacerlo añicos, que recomponerlo. Lo vamos a ver ahora, por desgracia, cuando quien ganó ayer en la trifulca del PSOE se percate de lo irremediable de la catástrofe. No errábamos del todo quienes desde hace mucho pronosticábamos la posibilidad de que ese centenario partido –pata todo lo circunstancial que se quiera, pero decisiva en esta etapa democrática—podría seguir la suerte de sus homólogos italiano, griego y ahora también del francés. El odio público entre vencedores y vencidos o esos retratos de Felipe González colgados del revés en las Casas del Pueblo son esquirlas de este estropicio que hablan por sí solas. El populismo ha obtenido su victoria pírrica con la fractura del PSOE. Habría que pedirle cuentas, en nombre de la democracia, a quien ganó y a los que perdieron ayer.

Doble gasto

Parece que la Junta no tiene bastante personal a pesar de los pesares. Y como no lo tiene, pues economiza esfuerzos –Parlamento incluido—contratando sin publicidad, por ejemplo, en miles de ocasiones o ampliando exponencialmente su “doble”, es decir, la llamada “Administración paralela”. Ahí tienen a Hacienda repartiendo encomiendas a sus fundaciones de confianza, la última nada menos que para controlar el objetivo de déficit. La “encomienda” es ya una norma como lo prueba el centenar y medio de ellas que la Junta tiene asignadas contra el criterio expreso de la Cámara de Cuentas. La paja y la viga: mucho criticar la “externalización” atribuida a la Derecha, pero sin dejar de aumentar desde la otra acera ese doble gasto –dudosamente legal—que supone mantener dos Administraciones en paralelo.

Asar la manteca

Ni a quien tal hizo, ni siquiera al Frente Popular en su día, ni a nadie en sus cabales se le había ocurrido hasta ahora reclamar a la Iglesia las catedrales que, hace siglos, le dio la Corona. A la alcaldesa de Córdoba, sin embargo, así como a un vasto sector de una izquierda en bancarrota ideológica, sí que se le ha ocurrido hacerlo ahora como si, en Córdoba por ejemplo, no hubiera problemas suficientes. Esta opinión mía la comparto no sólo con el Gobierno de la Nación sino también con los servicios jurídicos del concejo cordobés, pero se ve que el desconcierto –que es tan mal consejero- induce a semejantes disparates, para argumentar los cuales esa primera dama acaba de fichar -¡huy, qué miedo!- nada menos que a Mayor Zaragoza. Me imagino la sonrisa de Julio Anguita…

Asar la manteca

Ni a quien tal hizo, ni siquiera al Frente Popular en su día, ni a nadie en sus cabales se le había ocurrido hasta ahora reclamar a la Iglesia las catedrales que, hace siglos, le dio la Corona. A la alcaldesa de Córdoba, sin embargo, así como a un vasto sector de una izquierda en bancarrota ideológica, sí que se le ha ocurrido hacerlo ahora como si, en Córdoba por ejemplo, no hubiera problemas suficientes. Esta opinión mía la comparto no sólo con el Gobierno de la Nación sino también con los servicios jurídicos del concejo cordobés, pero se ve que el desconcierto –que es tan mal consejero- induce a semejantes disparates, para argumentar los cuales esa primera dama acaba de fichar -¡huy, qué miedo!- nada menos que a Mayor Zaragoza. Me imagino la sonrisa de Julio Anguita…

Semana inhábil

De aquí al domingo, día en que se celebrarán las famosas primarias y el futuro del susanato, olvídense de la política autonómica. No habrá esta semana más que bronca partidista, empujón y zancadilla, en el mejor de los casos, que es lo que a ellos les interesa. Lo que interesa a los andaluces puede (y tendrá que) esperar. Olvídense, digo, los regantes que necesitan el agua de mayo, los acreedores de la Junta que estiran su paciencia, los “dependientes” que aguardan sus ayudas, los aspirantes a la igualdad fiscal ante la herencia e, incluso, esa justicia que reclama inútilmente a la Junta siquiera el monto del saqueo. El lunes veremos qué futuro nos aguarda, incluso a doña Susana, y desde luego, en alguna medida, también a los españoles contribuyentes.

Más vale tarde…

…que nunca, cierto. Lo digo por la decisión de la Audiencia Provincial de Sevilla de apartar al magistrado Pedro Izquierdo del “caso ERE”, evitando con ello la grave y obvia “apariencia de parcialidad” que sugiere el hecho de que quien fue nombrado alto cargo y actuó a las órdenes de dos justiciables sea precisamente quien los juzgue. Lo que me pregunto es por qué ha tardado tanto la Audiencia en percatarse de que la primera desprestigiada en ese caso sería ella misma. Yo no me preguntaría a quién se le ha ocurrido la cuerda solución sino a quien se le ocurrió el absurdo problema. Y ahora, pues a ver qué bola –“fría”, seguro—sale del bombo y a quien le cae encima el marrón. Únicmente entonces quedaremos tranquilos, porque ya advirtió Shakespeare que sólo “está bien lo que bien acaba”.