Segundas partes

Sería tonto negar que no pocos de mi generación fuimos en su día sandinistas como antes habíamos sido simpatizantes del castrismo originario. El que no sea revolucionario de joven es que no tiene corazón y el que lo sea de adulto es que carece de cerebro, dicen los pesimistas. Bueno, no es tan sencillo. Se puede seguir siendo utopista convencido –yo lo soy—y equivocarse siete y hasta setenta veces siete en la vida. Los sandinistas, y el golfo de Daniel Ortega en primer lugar, luchaban contra una dictadura perpetua, financiada por los Estados Unidos, en la que el padre ejercía de tirano y el hijo –“Tachito”, recuerden—hacía y deshacía lo mismo en las comisarías torturadoras que en los economatos de la ayuda internacional. Durante años he conservado una entrevista concedida en Sierra Maestra por Fidel a un prestigioso periodista español en la que le mostraba los dos libros que llevaba en su mochila: los Evangelios y las obras de José Antonio Primo de Rivera. ¿Qué querían que pensáramos los novatos sabiendo que enfrente lo que había era la satrapía imperialista? Luego hemos sabido tantas cosas –y no sólo de nuestros mitos—que unos pocos hemos alcanzado eso que Leiris llamaba “La edad de hombre” heredando su ejemplar designio de sinceridad, su convencimiento de que la ficción puede resultar cómoda pero sólo la verdad es reparadora. Ortega, por ejemplo, resulta que era un truquista de la política, y hasta un chacal menorero al que los salvó la campana de la prescripción de las culpas de estupro y abusos sobre su propia pupila, pero resulta que, a estas alturas, cuando ya sabemos lo que da de sí el bolivarismo, hemos de contemplar como ese sujeto ningunea al Príncipe de España en su ronda de abrazos rituales a los mandatarios que asistieron a su quinta coronación. Yo no preguntaría la causa de ese desplante. Lo que sí preguntaría al nuevo Gobierno es qué hacía allí el Príncipe, poco menos que en solitario, aguantando el revolcón. ¿Es que no tuvimos bastante con los insultos al Jefe del Estado proferidos en su día por Chávez?

Ignoro la política de Exteriores y sus designios, pero no estoy ciego para ver que en esa escena macondiana no había ni franceses, ni británicos, ni alemanes, ni suecos: estábamos sólo nosotros, el demente de Ahmedineya y los siete iluminados por el petróleo venezolano que pretenden revolucionar el planeta con su Alianza Bolivariana de los Pueblos de América. ¿Es eso lo que nos espera otra vez o seremos capaces de entender que nuestro sitio está en Europa y allí donde se juegue de verdad la libertad y el progreso? En el video se ve al Príncipe aplaudiendo con resignada cortesía el despecho. No lo vean, porque da vergüenza.

El dinero une

La foto de los feroces sindicalistas (CCOO y UGT) entrecruzando sus manos con el presidente de la patronal y el de la Junta de Andalucía habla por sí sola. El sartenazo jurídico de ésta última dispensándolos a todos de justificar el empleo de los miles de millones recibidos, no es que hable, es que canta la “Traviata”, sobre todo en esta era de vacas flacas en que los comedores de caridad no dan abasto y millones de familias viven pegadas a la pared. Pero el dinero une, qué duda cabe, desde los que anteayer se decían marxistas hasta estos patronales sin otra empresa que la patronal. Me suena una promesa electoral reciente sobre la reducción de esta merienda. Veremos si no hay cambio de intención.

Cambiar el disco

Le oigo decir a Carlos Herrera que el PSOE de Andalucía y, por supuesto, la Junta deberían de cambiar de disco si pretenden mantener una discreta credibilidad frente a la oreja pública. No sirve ya seguir con la monserga de que el descomunal e insólito estafón del llamado “fondo de reptiles” no es más que el producto de una mala gestión, delincuente por supuesto, de “cuatro golfos” (Chaves dixit) y mucho menos de una persona –un simple directo general– que, por otra parte, cualquiera que conozca la Administración regional, sabe por experiencia que carece de capacidad muy por debajo incluso de esas cantidades estratosféricas que estamos descubriendo con estupor. ¿Quién se va a creer que ese directorcito, por más agarres que tuviera en el partido, fuera competente para administrar tantos miles de millones de pesetas, al margen de la Intervención y sin las complicaciones que ofrece la ley de Hacienda? Pues nadie, a ver. ¿O quién podría llegar a creer que ésas las administraba por su cuenta y riesgo un señor de El Pedroso que, por lo que ahora sabemos, no tenía inconveniente ni hallaba obstáculo para largarle a su chófer y amiguete de juergas nada menos que un millón trescientos mil euros sin papeles de ningún tipo ni el menor intento posterior de recuperar lo dilapidado? Nada, cuentos. Esa tarea del señor Guerrero la conocían de sobra sus jefes de consejería –primero Fernández y luego Viera, al menos—los cuales resulta inconcebible que la dejaran correr sin disponer del correspondiente placet del Presidente. Un director general de la Junta dispone de un margen presupuestario muy estrecho en el que moverse por libre y Guerrero no ha podido ser una excepción a esa regla que todo el mundo conoce. Aparte de que ¿cómo podría ser de otra manera? ¿Se imagina alguien que Chaves o Griñán hubieran estado ignorando todos estos años la merienda de negros que tenía organizada ese director de Empleo al que nadie la ha tosido durante una década?

No, no es verosímil esa imaginación, sino más bien la realidad de que la Junta, rendida a su aplastante complejo de impunidad, ha dejado hacer a algunos de su confianza –precio informe en cada caso, qué duda cabe—lo que en cada momento ha encajado en la estrategia partidista, un estilo de gestión que nada de raro tiene que haya provocado modelos extravagantes como el del ex-director y su chófer. Chaves y Griñán son plenamente responsables de lo ocurrido en ese chiringuito –por ellos creado y ampliado, a pesar de las advertencias del Interventor—como lo son sus sucesivos consejeros. Lo demás son cuentos que convendría, como dice Herrera, renovar de manera que no resuenen tanto a puro cinismo estratégico.

La letrina política

La  política es una actividad noble –valga el axioma– cuando se ejerce con nobleza. Cuando vive momentos como los actuales se arriesga peligrosamente junto con las libertades públicas. Escuchar las cintas de los compadres valencianos produce bochorno al más endurecido. Asistir al espectáculo de ese “fondo de reptiles”, con sus dirigentes derrochadores en mancebía y sus altos cargos esnifándose nuestros impuestos además de los clanes familiares afanando subvenciones, tal como estamos asistiendo en Andalucía, colma el vaso. La corrupción circula de arriba abajo y no al revés. Los políticos que se sientan incómodos ante esta afirmación no tiene más que enseñar sus manos limpias y denunciar a sus colegas mangantes.

«Sección Fémina»

Durante buena parte de la dictadura fue costumbre de nuestros espectáculos ofrecer sesiones « fémina » en los que la entrada del caballero valía por dos localidades en caso de ir acompañado de una dama. Era como suponer que el espectáculo tenía como usuario principal al varón y, ciertamente, así era y así siguió siendo luego durante no pocos decenios, hasta que, a juzgar por los resultados que ofrece el ministerio de Cultura francés, ha quedado claro que, a partir de los años 70, la cultura en toda Europa ha sufrido una importante evolución, sin duda ligada al ascenso académico de las mujeres, pero en relación también con el envejecimiento de la población en nuestras sociedades por el aumento de la esperanza de vida. Según ese estudio a lo largo de esas dos décadas –los 70 y los 80—cinco cumplidas encuestas han demostrado que el consumo cultural entre nosotros ha cambiado significativamente, empezando por el progreso espectacular de la afición audiovisual –la llamada « cultura de la pantalla »– y siguiendo por el envejecimiento de la población (el peso de los « baby boomers » en el conjunto del mercado), pero, sobre todo, por la feminización de ese consumo en el que cabe decir que ni una sola actividad se ha librado de su impacto durante el periodo estudiado. Siguen por supuesto por delante los titulados y en último lugar los obreros, pero incluso ahí el progreso de las tasas académicas femeninas, permite que el papel de las hembras destaque sobre el antiguo reparto de roles que caracterizaba a nuestras sociedades. Hoy día, en general, se leen menos libros y menos periódicos, ciertamente, pero se intensifica la presencia cultural de la mujer en casi todas las actividades culturales a excepción de la televisión, destacando su asistencia a conciertos clásicos, museos o exposiones así como la lectura regular de libros y la asistencia a bibliotecas. Sólo en los conciertos de rock o de jazz continua siendo mayoritaria la presencia masculina ; en todo lo demás, las hembras han dado el salto decisivo.

Puede que, a no tardar, llegue un tiempo en los espectáculos ofrezcan una « sesión macho » en la que el protagonismo espectador corresponda a la mujer, hecho que, seguramente, provocará sobre le varón domado un impacto mayor, si cabe, que el de encontrarse una jefa en la oficina. ¿Vamos hacia uno nuevo neolítico, estructurado, en la vieja visión de Bachofen, como un implacable matriarcado, o habrá que esperar todavía a que se confirme la tendencia?  Yo lo ignoro, pero todo apunta hacia un ocaso del varón que claudica, en esta nueva era, ante esa hembra emergente que arrasa en las encuestas.

Belmonte

No poco sacada de madre me parece la imagen del « cartel de los ERE » que el portavoz del Partido Popular, Antonio Sanz, ha ofrecido del enredo a raíz del descubrimiento de las andanzas del conductor del director general Guerrero a las que ha compradano, nada menos, que con « una cuestión de la mafia siciliana ». ¡Vaya idea de la mafia que tiene Sanz, aunque haya que reconocer que los personajes de este obra insólita dan pie a cualquier ocurrencia exagerada. A lo que hay que negarse es a entrar en el juego de la Junta y del PSOE de ceñir en exclusiva  la responsabilidad a ese personajillo que, obviamente, no pudo mangar de esa manera sin el vº bº de sus sucesivos consejeros y de sus sucesivos Presidentes. Este asunto es tan grave que exagerar carece de sentido. Será la Justicia la que fotografíe a cada cual de frente y de perfil.