Apoyar al juez

Espectacular la cena-homenaje al juez Serrano, tan injustamente separado de sus funciones por una inasumible sentencia del TSJA. La crónica habla de la presencia en ella de políticos, sacerdotes (hasta un  obispo), empresarios, periodistas o policías, es decir, una representación más que curiosa de una sociedad civil por lo general tan poco movilizable como la nuestra. Mal deben de andar las cosas en esa Justicia cuando un magistrado necesita que lo apoyen los ciudadanos. Si el Tribunal Supremo no echa abajo esa barbaridad dará una prueba más de lo lejos que andan los ropones de quienes circulan por la calle.

Las cosas y el quicio

Es poco probable que el debate sobre el aborto acabe alguna vez. Dónde está el límite de la vida, qué debe entenderse por persona, decidir si cabe o no interrumpir un embarazo en caso de violación o incesto, determinar el plazos para abortar, son cuestiones en las que resulta sumamente difícil separar la objetividad de la ideología, y ésa es la razón  por la que las porfías continúan un poco por todas partes. Hace poco hemos oído a un candidato tratar de acorralar a su rival preguntándole si, en caso de llegar al Poder, derogaría o modificaría la norma vigente hoy en España, y casi al mismo tiempo un referéndum acaba de rechazar en Mississippi –el Estado más antiabortista de los EEUU—una propuesta radical, planteada desde el fundamentalismo más extremado, que pretendía que la ley considerara “persona” hecha y derecha, es decir, con todos sus derechos (¿y deberes?) a un ovocito fecundado, es decir, “a todo ser humano desde el momento de la fecundación, la clonación o cualquier medio equivalente”. Grupos de especialistas en obstetricia, madres infecundas y especialistas de fecundación “in vitro” se han movilizado a fondo contra ese proyecto que, de ganar, no sólo hubiera excluido cualquier posibilidad de aborto, incluyendo el terapéutico, sino que habría desatado una ola de sucesivas consultas populares de consecuencias imprevisibles. Pero han sido los estudiantes de Jackson quienes han alumbrado el episodio al preguntar, a su vez, más en serio que en broma, si ese ovocito fecundado tendría derecho a obtener su pasaporte, recibir una herencia o, incluso, una pensión alimentaria a cargo del padre separado. Los fundamentalistas han perdido el referéndum y resulta interesante consignar que con el apoyo explícito de las organizaciones religiosas que han visto en el exceso un riesgo cierto para la viabilidad de un control razonable del grave problema social. Hay que tener cuidado con las compañías radicales aunque sólo sea por aquello del tiro y la culata.

Volviendo al debate nuestro, al Debate con mayúscula, la verdad es que, aunque se entienda el sentido de la pregunta-trampa, no deja de ser preocupante que sobre la situación límite en que se encuentra la nación sobrevuelen cuestiones que, a mi juicio, lo que necesitan es un ajuste razonable y no leña añadida al fuego de la polémica. Entre otras cosas porque algunos vemos con preocupación esa tendencia a no ver más derechos y libertades que los que constituyen el ideario, en algunos casos novísimo, de un sector social. Va a hacer falta mucha tolerancia mutua para salir de este pantanal en el que estamos hundidos hasta las corvas, lamentablemente con las garrotas en alto.

Explosión retardada

No se entiende bien la presunción de Griñán de que acertó al retrasar las elecciones a no ser aceptando previamente que los resultados de las generales implican su derrota en unas autonómicas. Por lo demás, de aquí a marzo (porque las fechas que él maneja resultan imposibles), ha de pesar lo suyo la instrucción judicial de lo ocurrido en torno al “fondo de reptiles” con que se pagaban prejubilaciones falsas o se daban millones a Ayuntamientos “amigos” y hasta a amigos sin más. Y otros casos, ya lo estamos viendo. El rumor inverosímil de que Griñán se retirará antes de las elecciones, no deja de tener su lógica.

La justicia tuerta

El Gobierno en funciones ha indultado en la prórroga a un eminente banquero. No da explicaciones –quizá es que no las haya—sino simplemente la noticia de que conmuta la pena de tres meses de prisión e inhabilitación, por una multa que no se sabe si será de 3.000 euritos o se elevará hasta los 288.000, cantidades que son de suyo “peccata minuta” teniendo en cuenta que el indultado tan generosamente percibe al año un sueldo de 7 millones de euros. No hay Justicia sin misericordia, ya lo sé, y en ese sentido me he empeñado en contemplar la medida de este Gobierno en desbandada, aunque la opinión casi unánime de los jueces, expresada por sus asociaciones profesionales, apunte en un sentido totalmente opuesto, sobre todo porque, según parece, Zapatero acaba de romper la regla no escrita según la cual el Gobierno no indulta nunca a un condenado contra el criterio de ese Tribunal Supremo, y digo supremo, a estas alturas, por decir algo. Mientras tanto, en la cárcel de Huelva permanece en una situación inquietante el preso más antiguo de España, un sujeto condenado por 20 delitos (ninguno de sangre), cuyo indulto fue solicitado, sin éxito, por la Defensora del Pueblo pero al que se oponen la Audiencia, la Fiscalía y la dirección penitenciaria que, por lo que se ve, pesan juntas más que un solo Supremo. ¿Se acuerdan de la metáfora de la tela de araña que atrapa la mosca pero se desploma bajo el elefante? Pues ahí la tienen, plasmada en realidad, escrita no ya en la memoria capciosa de del escepticismo plebeyo, sino sobre el papel timbrado que ha resultado ser el mejor palimpsesto inventado por el hombre. Es verdad que anteriores Gobiernos del mismo signo ya adoptaron en la prórroga decisiones leoninas, pero en esta ocasión me parece a mí que la cosa es peor porque no se trata ya de favorecer en el último minuto a los “amigos políticos” sino de dejar en evidencia a una Justicia que está alcanzando un grado de vulnerabilidad sin precedentes próximos ni remotos. Y ojo, porque a Justicia tuerta, democracia coja, no le den vueltas.

El decano de los reclusos españoles tendrá que echarle paciencia y tal vez aguardar ya la llegada del Gobierno siguiente, porque sería el colmo, la verdad, que el actual, el que está en funciones aunque no lo parezca, lo indultara a él después del banquero, siendo así que éste jamás ha pisado la trema y él lleva entre rejas 36 años de los 61 de su vida, es decir bastante más de la mitad. Dicen que la vida le da a cada uno lo que se merece pero permítanme que albergue mis serias dudas al respecto. ZP se está encargando de confirmármelas en estos tristes amenes de su catastrófico mandato.

Anular las Visas

Desde el Partido Popular, Javier Arenas acaba de proponer la anulación de todas las tarjetas Visa hasta ahora en manos de cargos públicos, una medida que tiene su precedente en el Parlamento británico un grupo de cuyos diputados abusaron manifiestamente del dinero público a través de ellas. Aquí hemos tenido que esperar al insólito al denigrante asunto de un alcalde escandalosamente despilfarrador para pensar en esa medida que el sentido común reclama desde hace mucho tiempo. Y de paso exige la responsabilidad judicial de aquellos cargos públicos que hayan cometidos abusos probados, una medida que la sociedad viene reclamando en vano desde siempre. Si el gobierno del PSOE no se adelanta a adoptar esa medida es que no tiene sentido de la realidad.

La mujer-objeto

Dos noticias nos llegan del África remota y una de bien cerca, que tratan de la trágica situación en que viven esas mujeres que, o no cuentan en los planes de rescate, o caen tan a trasmano que no llega hasta ellas el proyecto civilizador. La primera viene de Kenia y da cuenta de que los guerreros masai andan asaltando escuelas para raptar las hembras que escasean en sus tribus. Los “ritos de paso” parecen ser la pólvora que carga esos trabucos contra los que luchan como pueden las autoridades locales y, sobre todo, las familias afectadas por esta ola que los ancianos locales califican de “moderna” en el sentido de que contravienen la tradición vigente. Las otras dos –la africana y la española—dan cuenta de sendas sentencias judiciales que condenan a padres que propiciaron la ablación de sus hijas, y es curioso porque la keniata, dictada en Narok, precede con mucho a la primera española de que haya noticia –la pronunciada estos días por la Audiencia de Teruel—dado que hasta ahora todas las iniciadas acaban en el archivo al no poderse demostrar la territorialidad del delito. “Ninguna persona puede obligar a un niño a someterse a la circuncisión femenina, matrimonio temprano u otros ritos culturales”, proclama solemnemente un juez local tocado con la clásica peluca británica”; “Para la sociedad española, la ablación del clitorix supone una de las prácticas más detestables que puede realizar una sociedad contra sus niñas”, consagran nuestros magistrados. Parece, en resumen, que empieza a haber unanimidad al menos en el concepto y que cae por su base la bárbara tesis de cierto progresismo que antepone el respeto a la multiculturalidad a cualquier otro valor. Hay  muchas culturas, eso es evidente, y sería bueno que se llevaran bien entre todas en un planeta irremediablemente globalizado. Pero no hay más que una civilización –por decirlo en los términos que ofrecería un Alfred Weber– y ésa es la que trata de elevar la condición de la especie, en sus dos sexos, a un mismo nivel de respeto.

Aquí vamos retrasados no sólo en los Juzgados. Miren el uso comercial (e industrial) que se hace del cuerpo femenino (y de modo incipiente, con el masculino), objetualizados al máximo ante la indiferencia y hasta con la aceptación general. No tenemos guerreros raptores que invadan nuestras aldeas para arrebatarnos nuestras sabinas, eso es verdad, ni practicamos esos ritos salvajes de mutilación que consideramos delictivos, pero nos mantenemos aferrados a la visión tribal de la mujer como un cuerpo deseado y lo utilizamos como reclamo en nuestros anuncios de todo tipo. África está ahí mismo. En ocasiones tienta pensar que en nuestro interior.