Tejes y manejes

El ex–presidente González no asistió antier al Consejo de Doñana al que llegó para sustituir al biólogo Ginés Morata –Premio Príncipe de Asturias– despedido a la francesa desde la Junta por haberse opuesto al oleoducto que el grupo Gallardo proyecta construir junto al Parque Nacional con graves riesgos que la propia consejería de Medio Ambiente reconoce. Quizá su condición de amigo de los promotores le aconsejó quitarse en medio como ya hizo cuando sus allegados pretendieron dar en aquellas dunas el pelotazo del siglo, pero hizo bien, en todo, porque este asunto huele mal desde hace mucho. No es la de “conseguidor” la mejor encomienda para un estadista en la reserva. Muy por encima de los que tiene alrededor, seguramente él lo han entendido, al fin, así.

Ciencia y creencia

Tras unas semanas de incertidumbre hábilmente fomentada por sus equipos publicitarios, los sabios encargados en Ginebra del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) han entonado a medias su palinodia al reconocer que el bosón de Higgs –ése que el genio dedujo de su manga con la exclusiva ayuda de un lápiz y una cuartilla, y que los ilusos toman por prueba irrefutable de la autonomía de lo real respecto de Dios—no ha sido hallado de momento pero que están muy cerca de conseguirlo. No deja de ser ingenua la idea de que la ciencia físico-natural puede allanar definitivamente la teología, y de este modo desterrar para siempre la fe sustituida por la razón, y digo ingenua porque tan vieja discusión acaba siempre en una aporía que no ofrece a la inteligencia del laico una respuesta mejor que la que permite enunciar al creyente. Weinberg nos pudo explicar su hipótesis de “Los tres primeros minutos del Universo” del mismo modo que cualquier día de estos los sabios de Ginebra puede que den con la clave que permita explicar de una puñetera vez, en el marco del “modelo estándar”, cómo fue posible que del magma originario surgiera la masa de sus partículas elementales. Bueno, ¿y qué? Nadie va a contestarnos nunca la siguiente pregunta –en cosmología, decía Merlau-Ponty siempre queda una pregunta pendiente–, por ejemplo, en que espacio-tiempo se mecía el misterioso huevo primordial de cuyo “big bang” surgimos todos, incluso las ideas, o qué clase de realidad “avant la lettre” era ésa que sólo los mitos han sido capaces, hasta la fecha, de escenificarnos. Estos días ando leyendo un libro de Pagola en el que rememora ciertas frases imponentes sobre la fe en Cristo, que a uno le parecen auténticas oraciones, y que resultan casi inimaginables en las bocas que las pronunciaron, incluyendo las de Hegel, Kierkegaard o Borges. Su puede hablar de la Historia como el “desarrollo del Espíritu en el Tiempo” y todo eso que ya sabemos, como hizo el primero, para añadir a renglón seguido que “Jesús ha sido el quicio de la Historia”. Ciencia y fe no son tangentes: son paralelas. Nuestros sabios laicistas pierden el tiempo como lo perdieron sus predecesores medievales.

Y es una pena, porque nadie logrará eliminar el misterio como tal elemento esencial de lo real, capaz de continuar indefinidamente su vuelo en paralelo a los hallazgos de la razón y proyectando sobre éstos esa sombra sutilísima que cubre, como una tenue pero resistente cutícula, la cara, también enigmática pero descifrable al cabo, de la materia. Shakespeare no decía a humo de pajas aquello de que estamos hechos de la misma materia que los sueños. Nuestros sabios ginebrinos comprueban estos días hasta qué punto llevaba razón.

Estertor parlamentario

Cuatro leyes importantes se aprobaron en el Parlamento de Andalucía  antier de una sola tacada: las de Turismo, Promoción del Trabajo Autónomo, Salud Pública y Sociedades Cooperativas. Así, en plan “paquete”, como si en cuatro años no hubiera habido tiempo de proceder pausadamente y dar al debate lo que al debate corresponde. ¿Pretende Griñán probar que no convoca elecciones y huye hacia adelante porque el trabajo pendiente lo abruma? Lo único seguro es que las leyes apresuradas son peores que las que se hacen con tiento y que las circunstancias no aconsejan esas prisas que son, por definición, malas consejeras.

Dinero sin patria

La extraña cohabitación entre el régimen comunista chino y su sistema capitalista de producción está dando resultados más que interesantes. El surgimiento de casi un millón de millonarios (el instituto Hurun, que viene a ser la revista Forbes china, pone el listón milloneti en la posesión de 10 millones de yuans, es decir,  de 1’18 millones de euros) en los últimos decenios, mecidos en la cuna de un insólito crecimiento anual del 10 por ciento, han provocado un auténtico cambio de imagen en el país gris y uniformado que nos había legado el daguerrotipo maoísta. Pero la emergencia de China, por espectacular que esté siendo, no está exenta de problemas y contradicciones, empezando por la extrema desigualdad que la “nueva clase” ha generado en un marco social en el que la clases media no acaba de cuajar y aún puede decirse que decae visiblemente, mientras que un vasto proletariado sigue sometido como siempre a la rígida disciplina del tazón de arroz, en especial en las regiones interiores y alejadas de los emergentes centros urbanos. Hay otros problemas, según esos observadores, que derivan de la cohabitación dichosa y no es el menor entre ellos la extraña convivencia del modo de producción más feroz y cortoplacista, y el estilo de una burocracia estatal que, en medio de un clima de corrupción creciente, mantiene en vigor sus antiguas prerrogativas invadiendo toda la vida social y económica en su afán controlador. Y el resultado es que la mitad de esos nuevos ricos apuestan sin vacilar por la emigración lo que, a juicio de los expertos americanos, podría poner en serias dificultades la propia estabilidad del actual estado de cosas salvo que el régimen logre recuperar a los fugados y, como es natural, sus capitales. El nuevo capitalismo chino reclama íntegro el espíritu manchesteriano, la libertad ilimitada del empresario y la ausencia de control. No existían ni existen puentes, como puede verse, entre la devastadora libertad de explotación y el anacrónico fósil colectivista.

No es descartable a medio plazo el choque entre ese sistema fiscalizador y la flamante economía emprendedora, acusada ya, entre otras cosas, de esquilmar  sin miramientos el medio ambiente e ir desarbolando a calzón quitado el no poco tradicional esquema popular de valores, aparte de coger las de Villadiego al primer millón pretextando motivos tan fútiles como la mejor educación que sus herederos pueden recibir fuera del país. ¡Siempre la metáfora de la bandada de tordos que desvalija el olivar y levanta luego el vuelo sin perder tiempo! El capitalismo es siempre el mismo, incluso cuando viaja en el trasportín de una feroz dictadura.

Mal asunto

Mal se les pone a los sindicatos el enredo de los ERE fraudulentos, sobre todo tras el descubrimiento de que uno de sus responsables, el de UGT en la Sierra Norte sevillana, haya aparecido incluido en el ERE de la Franja Pirítica de Huelva sin haber pisado jamás una mina. ¿Es que la dirección de UGT no se dio cuenta de semejante suceso, ni siquiera se preguntó por el destino de su mandamás que, de un día para otro, quedaba prejubilado de modo tan sospechoso? Los  sindicatos “mayoritarios” van a tener que explicar unos cuantos asuntos a medida que la madeja de este “caso” se devane y se vea lo que han tenido que ver con un “fondo de reptiles” que ellos deberían haber sido los primeros en denunciar.

El menor criminal

Casos recientes han puesto en el candelero el debate sobre la modificación de la Ley del Menor, esa cómoda rendija por la que escurren su responsabilidad auténticos infantes y otros que no lo son tanto. El juicio separado de uno de las asesinos de Marta del Castillo ha colmado el vaso al comprobarse que lo único que ha conseguido semejante procedimiento ha sido lanzar al efímero estrellato del telediario a un joven delincuente sobre el que pesa el cargo de violación y muerte de la muchacha desaparecida, destacado entre la caterva de delincuentes hechos y derechos que andan tomándole el pelo a la policía y a la Justicia como rara vez se ha visto. Hay democracias muy estrictas que tratan a la delincuencia juvenil como un fenómeno específico pero sin permitir que esta consideración, tan juiciosa, se convierta en una cataplasma procesal y, de hecho, en motivo de general desmoralización. Estos días se ve en Jacksonville, Florida, el caso de un niño de 12 años que tiempo atrás quitó la vida a su hermanastro en un arrebato de cólera, y para el que la fiscalía –una vez rechazada por la defensa la componenda de rigor—solicita una pena de prisión perpetua sin tener para nada en cuenta las circunstancias que concurren en el caso, que incluyen un padre maltratador que acabaría quitándose la vida ante sus propios hijos y una madre encarcelada a cuenta de sus problemas con la droga. Ya en Gran Bretaña habían sido condenados duramente dos menores que asesinaron a un tercero, pero quizá ésta sea la primera vez que se recurre a la reclusión perpetua de un criminal apenas ingresado en la adolescencia. La fiscal del caso dice que ella no está en su puesto para perdonar sino para aplicar la ley garantizando la protección de la comunidad y el castigo y rehabilitación del delincuente. Sobre todo en el caso de que lo condenen, no me cabe duda de que este lío va a dar mucho que hablar.

Lo que no podemos es mantenernos al caldo y a las tajadas, protestando por la práctica impunidad  de esos niños precoces para el crimen y al mismo tiempo salvando nuestra buena conciencia con unos lugares comunes que acaban por imponer la lenidad de modo que un zagal que degüella con una catana a sus padres y a su hermana está en la calle poco tiempo después sólo por el capricho del calendario. Si queremos evitar casos como el terrible de Jacksonville será imprescindible entender que la responsabilidad debe alcanzar hasta donde sea razonable en función de las circunstancias de cada caso. Un niño en prisión perpetua es algo terrible. Uno en libertad tras cometer un crimen horrendo constituye, sencillamente, un escándalo.