Susana, estadista

El premio del humor de este año de gracia habrá que reservarlo, sin duda, para el portavoz de la Junta, ese devoto fervoroso que justifica el discutido viaje de la presidenta Díaz a Bruselas con una frase digna del mármol: “La presidenta ha ido a Bruselas “a cambiar las políticas económicas de la Unión Europea”. ¡Ahí queda eso! Aquí se inventa a un estadista en menos que canta un gallo aunque su currículo quepa en un papel de fumar, y se confunden los pasillos del partido –esa jungla feroz—con los más altos foros de la gran política. Doña Susana no busca otra cosa que rellenar el vacío de su álbum. Pero osar chupar cámara en plan señora Merkel raya en la osadía aparte de que demuestre lo estrecho que el sayo andaluz se le ha quedado ya a su ambición.

La puerta atrás

A la Junta no hay ya quien la baje del burro de la “Administración paralela”. ¡Es tan engorroso el derecho administrativo! Lo demuestra que mientras se achicaba agua en la nómina de la autonomía, las “paralelas” siguieron creciendo. Lo mismo si se trata de depurar un expediente fraudulento que si se tercia nombrar a un director de chiringuito, siempre es más cómodo poner el pleito en manos amigas que en las de un severo Interventor. Vean, por ejemplo, a la consejera de Cultura recurrir a una de sus propias Agencias para contratar a un director del Centro Andaluz de Fotografía por la puerta de atrás y eludiendo las exigencias de la normativa funcionarial. El BOJA lo resiste todo. Estamos pagando dos costosas Administraciones sólo para que ellos tengan las manos libres a a los amigos contentos.

Dios se lo pague

El fin de semana no ha bastado para diluir la intensa indignación provocada en Andalucía por las palabras de la Presidenta madrileña, Cristina Cifuentes. Eso de que los madrileños nos pagan con miles de millones a los andaluces nuestra sanidad y nuestra educación es una simple mentira pujolista increíblemente adoptada por esa Presidenta y, por descontado, un insulto viniendo de una España tan privilegiada, en todos los sentidos, como es Madrid. En el PP andaluz están fumando en pipa y desconcertados por la falta de reflejos de un partido de gobierno que, con tales irresponsables, no precisa enemigos. Y encima, la señora va y dice que presentas excusas pero que no pide perdón. Y estoy de acuerdo: debería ser, no ella, sino el propio Rajoy quien explicara a los suyos en qué consiste la imprescindible solidaridad autonómica.

Cómo se lo montan

Leo el libro que recoge las cartas de amor escritas por François Mitterrand a su amante, Anne Pingeot, que acaba de publicar Gallimard, todo un “remake” de Pablo y Virginia o, si lo prefieren, de Abelardo y Eloísa. Es la cara oculta del ogro, la enjundia amable del hombre fuerte que supo columpiarse en la política desde cierto conservatismo juvenil al socialismo que liquidó a De Gaulle pasando, ay, por las complicidades con Vichy. Dudo que exista mandatario al que la opinión pública haya absuelto empáticamente no sólo de la errabundia política sino del escándalo ejemplar de aquella doble vida que ilustró la fotografía funeral de su entierro con las dos viudas y sus respectivos hijos. Una impensable tendresse, puro almíbar, acaso cierta cursilería de trasfondo posiblemente narcisista, que no me inquietan tanto como el alarde irresponsable de escribir una de esas misivas, según él, durante una sesión del Consejo Europeo, en la mesa redonda  en la que  se supone que discutían nuestros graves problemas la señora Thatcher, Chirac, González –él escribe “Gonzales”—y en cuya presidencia, de creer en su palabra, suspiraba Kohl. ¡Qué les parece!

Cuando el enredo de la Lewinski unos pocos nos quedamos solos defendiendo que lo intolerable no eran los escarceos libidinales del Presidente sino el hecho de que se produjeran en los entreactos del espinoso diálogo que Clinton y Netenyahu estaban manteniendo sobre el polvorín de Oriente Medio, en plan aquí te cojo aquí te pillo antes de volver a la mesa de negociaciones. ¡Que haga lo que quiera de cintura para abajo –decíamos aislados–, a nosotros qué más nos da, pero no mientras esté negociando la vida y la muerte de dos pueblos! No se trataba, a nuestro entender, de censurar algo que competía en exclusiva a su cónyuge, ni de arrastrar la osadía de la becaria, al menos hasta que se transformó en chantajista. El toque estaba en la irresponsabilidad que suponía el hecho de andar jugando a los médicos con la becaria mientras Netanyahu afilaba sus armas en el ala este de la Casa Blanca. El resto, para los pacatos. Lo que nos interesaba a algunos no eran los juegos del erotómano sino la impropiedad del momento. Se dice que Napoleón controlaba sus encuentros furtivos con un despertador. Ése al menos tenía en cuenta de que quien pagaba era el contribuyente.

La “blanquiverde”

¡Hay que ver la multitud de gente que ha vivido y sigue viviendo de la “blanquiverde”! No incluyo, por supuesto, a los que creyeron en ella con sinceridad sino a los que no, que son, pues eso, multitud. Un viejo emblema islámico, adoptado por un duque rebelde y desempolvado por algunos soñadores rodeados de Judas. Ha servido lo mismo para un fregado que para un barrido y ahora es reutilizado de nuevo por los antisistema de Podemos acaso fieles a lo que fue en su origen: la bandera de una taifa. Aquí el más tonto hace un reloj y todo el mundo reclama un “poder andaluz”… para uso propio. Veo a esa podemita envuelta en la “blanquiverde” y se me viene a la mente el mantón rojigualda de Marujita Díaz. Esa bandera ha dado de comer a más andaluces que el olivar.

¡Colócanos a tos!

Desvelaba ayer este periódico la red de “enchufes” que electrifica a la Agencia Ideas (de soltera, Instituto Andaluz de Fomento, IFA), convertida en refugio laboral de parientes y amigos en medio de este agujero negro del 30 por ciento de parados. Nada nuevo: al cacique granadino don Natalio Rivas le gritó un espontáneo en un mitin de su pueblo “¡Natalio, colócanos a tos!”, una plegaria política que el “régimen” andaluz del PSOE ha sabido aplicar durante más de tres decenios. Sería estupendo hacer públicas las nóminas de “asesores” de la Junta, de las Diputaciones y de tantos organismos autónomos que compiten en nuestra ruina para comprobar que hasta en provincias donde no existe aeropuerto hay un asesor del ramo. Un “régimen” presupone un rebaño dócil. La autonomía andaluza es el mejor ejemplo de ello.