El cascarón vacío

El debate previo al Congreso del PSOE está dejando entrever, aparte de la crisis profunda que engendra sin remedio la lucha por el poder, la más general que está suponiendo en todas partes la extinción de la Izquierda. Me cuento entre quienes sostengo que hay y habrá siempre un sujeto  “de derechas” y un sujeto “de izquierda”, partidario el primero de mantener la sociedad desigual, deseoso el segundo de rectificarla, pero también entre quienes constatan que, en este momento crucial, el pensamiento utópico ha desaparecido –ignoramos por cuánto tiempo y con qué consecuencias– de la política, para dejar expedito el camino al pragmatismo de un sistema financiero enteramente soberano, que no otra cosa es el Sistema capitalista. Oímos así expresar con vehemencia a la candidata Chacón –ya estratégicamente retractada de su catalanismo inicial—las ganas, la fuerza, el deseo o la determinación de un cambio sin especificar mientras que, frente a ella, Rubalcaba, perro viejo, devana una y otra vez la misma madeja sin hilo. Qué pretenden unos y otros está terminantemente claro: hacerse con lo que González ha llamado los “residuos del poder”. Para qué, ya es otra cosa. Se entiende bien lo que supone que el PSOE abandonara al marxismo como hizo, pero mucho menos qué es eso de la socialdemocracia, a no ser que nos atengamos a fórmulas minimalistas como la que el “bellotari” Ibarra cifraba en “resolver los problemas a la gente” y el presidente Borbolla en “hacer cositas”, sin rastro siquiera ya de aquella utopía totalizante que pretendía cambiar el mundo y el hombre desde la perspectiva de lo que Mondolfo llamaba el “nuevo humanismo”. Hace muchos años que Bourdieu y muchos otros –en España desde Ignacio Sotelo o Santesmases a Vargas-Machuca—vienen denunciando el vaciamiento que de la izquierda ha hecho la partitocracia. Ahora, con motivo de la crisis, en España nos vemos ante una rendición teórica de la Izquierda, vencida por una Derecha que ha tenido el buen sentido de ir ocupando parcelas del viejo utopismo hasta lograr la confusión en el Centro.

No tengo ni idea de quién ganará este sábado en Sevilla pero es evidente que ninguno de los dos candidatos ofrece una alternativa ni al clasicismo felipista ni al postmodernismo zapateril. Es el lunes –como ha escrito aquí Caraballo—cuando comienza el verdadero debate, si es que comienza, sin contar con que de producirse la debacle el 25-M y perder el PSOE su último bastión, como es más que probable, se produzca una desbandada general. Lo ha expresado bien una autorizada voz del socialismo francés: no se pueden vender cascarones vacíos como si fueran huevos. La metáfora parece pensada para mañana en Andalucía.

Partido por dos

No sé quién se llevará el gato al agua hoy en el Congreso del PSOE pero lo que sí es seguro es que ese otrora todopoderoso partido quedará irremediablemente partido por dos tras el escrutinio. Gane Chacón o gane Rubalcaba, el PSOE de Andalucía, que sabe bien lo que son las crisis banderizas, se va e a encontrar en la más aguda de su historia. Con el agravante de que, en esta ocasión,  los de arriba no tienen nada que ofrecer a los de abajo, como tenían antiguamente, y cada cual tirará por donde le dicte su criterio. Están rompiendo el partido más sólido que ha existido en la democracia andaluza y en eso no tiene tanto mérito el PP como demérito la propia ambición del PSOE. El domingo todavía habrá lugar para la retórica, pero el lunes hablaremos.

El blanco ruso

El domingo pasado Moscú registró una movida circulatoria organizada desde las redes sociales contra las aspiraciones de Putin en las presidenciales del próximo 4 de marzo. Un largo desfile de coches –hasta ahora visibles por toda la capital con sus lazos blancos en el retrovisor– han desfilado por un amplio trayecto haciendo sonar sus claxons para responder a los saludos que, con sus pañuelos blancos, les devolvía el peatonaje desde las aceras. Reclaman unas elecciones limpias, cierto que sin gran orden ni concierto, convencidos de que, en las pasadas, el puchero funcionó a fondo, y han elegido ese símbolo, el blanco, que en Rusia, por razones obvias, no resulta nada insignificante sino todo lo contrario después de la guerra civil posterior a la Revolución del 17. Junto a ese emblema de combate, los protestantes exhiben grandes carteles con la efigie de Putin pero tachada con una gruesa cruz negra y el lema maximalista “Todo menos Putin” que expresa con fuerza una opinión que comparten desde los viejos comunistas a los llamados “nuevos liberales”, un buen número de personalidades de la cultura y, por descontado, el fantomas cibernético. Parece que lo que más ha inquietado, en todo caso, no ha sido le perspectiva electoral del movimiento, que es escasa frente a la que ofrece el aparato oficial, sino precisamente ese símbolo del color que los rusos opuestos al bolchevismo adoptaron en su día. A Putin no parece gustarle que sus opositores hagan suya la simbología de de los viejos rebeldes, ese blanco que está en la enseña rusa desde el XVII y que trasciende hasta simbolizar valores trascendentes aparte de significar la libertad. El patente cambalache del poder ruso no parece que corra peligro pero preferiría no ver de nuevo consagrado ese blanco tradicional que tanta sangre rusa lleva empapada.

Nadie ignora que al popularidad del mandamás ruso han caído en picado en los últimos tiempos, pero tan sólida es la fortaleza de su enrocamiento que la pregunta que se hacen muchos analistas del país es siempre la misma, a saber, quién podría sustituir a Putin con un mínimo de solvencia, descontados los figurantes que, con su consentimiento, aparecen en la contienda como falsos competidores. Una vez más, una oposición desconcertada se agita ingenuamente frente al entramado de intereses que sostiene de manera firme la tragicomedia rusa. Pero es sabido que la disidencia no basta a la hora de enfrentarse a un régimen tan profundamente enraizado en intereses tan complejos. Ese blanco exhibido sobre el Moscú nevado no es ya ni mucho menos el que acaso nos conmovió en la paleta de Bulgákov y el nuevo zar lo sabe de sobra.

Belmonte

Sostiene la Guardia Civil, a la que hay que suponer imparcial, que en la Junta de Andalucía se perpetraron ERE fraudulentos también después de que Griñán decidiera cargar todas las culpas sobre el ex-director  general Javier Guerrero, y acusa a esa Administración de ocultar documentos claves a la juez que instruye el caso. Por su parte, el portavoz del PSOE, Mario Jiménez, ha proclamado que esa denuncia es insignificante porque “no tiene ninguna trascendencia en términos jurídicos”. Bueno, eso ya lo dirán los tribunales, porque la opinión de Mario Jiménez, que nunca logró pasar de primero de Derecho, estarán ustedes de acuerdo conmigo en que carece absolutamente de valor.

Leer el pensamiento

Tengo guardado desde . años un informe editado en la universidad de Duke en colaboración con una agencia de sabios japoneses, en el que se da cuenta de una experiencia real de telequinesia o algo parecido, en virtud del cual se consiguió que un mono en EEUU provocara que un robot en Japón duplicara sus movimientos. Situaban a ambos “sujetos” sobre sus respectivas cintas rodantes de manera que el simio pudiera contemplar en una pantalla el movimiento de las patas del robot, y comprobaron no sólo que la máquina se activaba por la acción de los lejanos electrodos implantados en el cerebro del mono, sino que cuando éste se detuvo el robot siguió con su caminata, prueba de que  seguía recibiendo las señales eléctricas que continuaba enviándole el cerebro de su “partenaire”. Nos llega ahora una noticia mucho más apasionante en la historia de un profesor americano, Brian Pasley, de Berkeley, que ha logrado probar que escuchar un sonido o imaginarlo activa las mismas áreas cerebrales, circunstancia que le permite postular la posibilidad de descifrar el pensamiento no expresado, es decir, las palabras y conceptos solamente pensados, a base de descodificar las señales emitidas por su cerebro. Hay que reconocer que si la ciencia-ficción concibe y prefigura anticipadamente muchas proezas científicas, la propia ciencia es capaz de superar racionalmente, de vez en cuando, a la imaginación más audaz. El viejo sueño de leer el pensamiento –“tortura de tiranos y celosos”, decía el poeta—parece ya una realidad muy por encima de la que brindaba el uso de drogas capaces de anular la voluntad. Nos desnudan en el aeropuerto, nos escanean en el laboratorio, y ese “hortus conclusus” que ha sido siempre el último refugio de la humanidad ve cómo el saber se salta limpiamente su valla para descubrir nuestro secreto más recóndito. El saqueo de la intimidad está garantizado y no lo ha logrado el suplicio ni la seducción sino el progreso de un saber que ha descubierto la entraña material de la actividad del espíritu.

Imaginamos al robot caminando a impulsos del mono pensante y al paciente aislado del mundo conectando con la realidad a través de un puente eléctrico, y vemos ante nosotros un futuro en el que el prejuicio antimaterialista habrá de sublimarse ante la evidencia de nuestra real constitución. Hubo alguna vez quien quiso pesar almas o calculó ángeles de pie en la punta de una aguja. Hoy lo que se impone es la reconciliación del espiritualismo con la realidad de una materia que en nada contradice la visión trascendente. La ciencia y la teología pueden seguir sus sendas paralelas que acaso se crucen en alguna asíntota imprevisible.

Miseria del caciquismo

El caciquismo clásico, el canovista, era una cosa muy seria. El de hoy es una pachanga vergonzante, hecha de pringaos que cobran dietas por ir a ver un partido de fútbol, pagan con la visa municipal en el burdel o compran cocaína para el jefe y para uso propio con dinero destinado a combatir el paro. La corrupción actual –en Valencia o en Andalucía—es pura trapacería amparada por un Poder al que sólo le interesa su perpetuación y que ni siquiera tiene en cuenta la situación desesperada que atraviesa la sociedad a la hora de perpetrar su golfería. Sólo una determinación intransigente podrá sacarnos de este légamo que degrada nuestra democracia hasta la abyección.