Belmonte

No poco sacada de madre me parece la imagen del « cartel de los ERE » que el portavoz del Partido Popular, Antonio Sanz, ha ofrecido del enredo a raíz del descubrimiento de las andanzas del conductor del director general Guerrero a las que ha compradano, nada menos, que con « una cuestión de la mafia siciliana ». ¡Vaya idea de la mafia que tiene Sanz, aunque haya que reconocer que los personajes de este obra insólita dan pie a cualquier ocurrencia exagerada. A lo que hay que negarse es a entrar en el juego de la Junta y del PSOE de ceñir en exclusiva  la responsabilidad a ese personajillo que, obviamente, no pudo mangar de esa manera sin el vº bº de sus sucesivos consejeros y de sus sucesivos Presidentes. Este asunto es tan grave que exagerar carece de sentido. Será la Justicia la que fotografíe a cada cual de frente y de perfil.

Arte para ricos

Existe una relación difícilmente creíble de  obras de arte  robadas en por las mafias de ese ramo. Hace pocos  la policía serbia ha trincado a unos mangantes que se había llevado hace años dos Picasso de un museo belga, y la griega de descubierto el robo de un Rubens perpetrado, hace una década, en una galería belga. Eso sí, no siempre sale bien el mangazo, como lo prueba el fracaso de los cacos que se han visto en la precisión de devolver el famoso retrato de “Olimpia” que Magritte hizo de su señora en todo su esplendor, desnuda y con un caracola sobre el vientre, una vez comprobado que resultaba prácticamente imposible colocarlo en el mercado negro. Es fama que nuestros Austrias y Borbones conservaban escondidos en sus recámaras desnudos considerados impúdicos, pero ciertos indicios sugieren que cada vez resulta menos hacedero eso de esconder cuadros secretos y disfrutarlos en solitario desde esa suerte de onanismo estético que parece que añade un “surplus” de placer al poseedor exclusivo. Famosa es la historia del robo de la Gioconda de principios de siglos, pero no menos el derrotero seguido por el famoso “Origen del mundo” de Courbet, y bien mediáticos han sido en los últimos tiempos, entre otros, el de los 17 cuadros que atesoraba Esther Koplovitz en su domicilio madrileño, el asalto a las viviendas de Marina Picasso en el que desaparecieron cuatro obras de su abuelo, ocho de Matisse y una de Rodin, por no hablar del que en Boston logró un  extraordinario botín que incluía, entre otras maravillas, algunas debidas a Rembrant, Degas, Manet o Vermeer. Se está poniendo difícil colocarle el botín a los peristas desde que los polis se han aficionado al arte y siguen como sabuesos la pista de las obras robadas. Los ricos tendrán que conformarse con ponerse a la cola del museo si quieren satisfacer tanto apetito estético.

Me dice en la tv el director del malagueño Museo Picasso que ya los museos no son lo que eran a finales del XIX, cuando las muchedumbres hambrientas de belleza invadían las salas  y las muestras, y yo le digo que no acabo de aceptar esa razón comprobado como tengo que no hay museo que se precie en el planeta que no cuente con su cola tempranera aparte de los avisados que llevan pase por Internet. No sé, el futuro del arte es dudoso aunque tengo para mí que esta epidemia turística que caracteriza al siglo XXI hará de nuestros museos, cada día más, una cita obligada. Eso sí, la estadística de visitantes cuenta poco a la hora de valorar una afición, que es función de la publicidad. Los ricos, sin saberlo, van a contribuir con sus caprichos a custodiar nuestro derecho común.

Rebajas en la Junta

La Junta de Andalucía anda “rebajando” a todo trapo las deudas de ciertos afortunados tramposos, como los grandes sindicatos – CCOO y UGT—o los Ayuntamientos de su cuerda partidista y a alguno simbólico de IU, a quienes ha condonado, a pesar de la que está cayendo, sus importantes deudas. A todos ellos, el consejero de Empleo, Manuel Recio, les concede dispensa de manera que puedan continuar pidiendo subvenciones sin necesidad de justificar su fin y empleo, como exige la normativa vigente, grave gesto munificente tan impropio de estas circunstancias como elocuente si se considera la perspectiva elecoralista.

Monos de fábrica

Estoy impaciente por ver que nos cuenta la prestigiosa revista Cell sobre esos tres macacos que los científicos de Oregón acaban de “crear”, por decirlo de algún modo, al conseguir darles viada partiendo de células procedentes de seis embriones distinto que ellos implantaron luego, en plan “doctor Moreau”, en los vientres de alquiler de algunas hembras de su misma especie. Mucho antes que este visionario de la isla, ya María Shelley concibió —y parece que con cierta ayuda prestada por el propio Byron—la idea de forjar un cuerpo vivo con retazos de otros, ensamblándolos como si tal cosa ya que a aquellas alturas poco era lo que se sabía de cierto sobre implantes y rechazos. Pero todo eso ha quedado súbitamente a retaguardia de la ciencia, desde la idea de que la formación de “animales mixtos” puede hacerse ya partiendo, no de sus miembros consumados, sino desde la poética perspectiva que brinda la biología molecular, esa ciencia torbellino que ya hace tiempo que habló de las “proteínas quimeras” que eran las producidas en el laboratorio por el procedimiento de unir dos proteínas diferentes. Dicen esos sabios que la clave de esta proeza casi genesíaca reside en la ocurrencia de utilizar células extraídas del embrión en su primer estadio, momento en que se las considera no sólo “pluripotentes” –capaces de producir un organismo completo—sino “totipotentes”, es decir, dotadas de la capacidad de producir la placenta y los tejidos imprescindibles para la supervivencia del embrión. La “creación” de esos primates no es sino el paso previo a ensayar esa quimérica implantación en el hombre, un paso que abriría insospechadas posibilidades a las terapias basadas en les células-madre que ya va siendo hora de que pasen del laboratorio a la clínica. Lejos quedan aquellos engendros quiméricos, animales de tres cabeza (león, cabra y serpiente) con que todavía coqueteaban con sus fantasías algunos imaginativos del Renacimiento.

Estos monillos de Oregón no son ya mecanos forzados sino seres plurioriginarios que han de enfrentar la vida desde la compleja perspectiva que se le supone al “uno múltiple”, al ser prodigioso que se debe a varias estirpes y deriva de la explosiva novedad que supone siempre marchar al margen de la Madre Naturaleza. Yo creo que nuestro antropocentrismo se está quedando fuera de juego mucho antes de lo que pudieron pensar los más pesimistas y que no son fácilmente calculables los milagros que nos aguardan a la vuelta de la esquina. Del mono fabricado a la quimera del Hombre no hay más que un paso, y pocas dudas caben de que está punto de darse ya veremos si sólo para bien o acaso en perjuicio de la vieja especie.

El SAS, tieso

Se denuncia la falta de cardiólogos de guardia durante los fines de semana y otras circunstancias,  también dicen desde Almería que la ausencia de camilleros impide el traslado de enfermos en un servicio de ambulancias que acumula las denuncias de diversos sindicatos, los mismos que sostienen que hay “recortes” hospitalarios aplicados durante el verano que no se han levantado al pasar la estación. La Junta no “recorta”, según ella, pero ya se avisa del peligro que supone sufrir un infarto en esas fechas o pertenecer a alguna de las comarcas con servicios reducidos. Mal deben de andar las cosas por el SAS cuando ni en la recta final hacia las elecciones autonómicas se tapan esos agujeros.

Negra memoria

No sé bien si la leyenda del “Titanic” responde más al fetichismo o a la necrofilia. Nada justifica, a mi entender, la persistencia de ese interés por una tragedia que, con ser tremenda, no fue, desde luego, ni de muy lejos, la mayor ni la peor de las registradas en el siglo pasado, salvo el hecho incontestable de que la generación de nuestros abuelos viera en ella, como vio, una suerte de maleficio divino dispuesto para castigar la soberbia humana. Estoy convencido, por otra parte, de que sin la exitosa película de su odisea, que logró conmover a este mundo inconmovible ante tantísimas desgracias, la boga de esa leyenda sería muy diferente de lo que es y muy posiblemente no tendría mucho sentido la subasta que Guernsey’s va a celebrar en Nueva York el próximo abril para adjudicar, en un solo lote, los 5.500 objetos rescatados del fondo del mar por los buceadores y que salen con un precio de partida de 189 millones de dólares. ¿Qué hacer con ese botín –que incluye desde un trozo del casco que pesa diecisiete toneladas hasta un par de gafas bien conservadas, piezas de vajilla estampilladas con la sigla de la naviera o unos gemelos de oro– aparte de un triste museo de la tragedia, el fetiche puro y duro de un desastre aprovechado hasta el escarnio por quienes bien conocen y explotan la secreta afición humana a la contemplación de la desdicha? Bien sabemos que en Estados Unidos el museísmo es tan  particular como intensa la atracción del fetiche, como demuestran día a día las colas de visitantes ante la casa de Elvis o las pujas por llevarse a casa la lencería usada de la pobre Marilyn, pero exhibir los restos rescatados de un naufragio a un siglo de distancia me parece a mí que sugiere un trasfondo sadomasoquista que ninguna propaganda conseguirá disfrazar de memoria necesaria. Sería fascinante, eso sí, una exposición de los tesoros del “Odissey” arrebatados por los piratas en nuestras costas y que la Justicia americana non acaba de decidir si nos los devuelve o consagra el despojo. Mostrar el ajuar de unos pasajeros desgraciados es cosa muy distinta.

La leyenda del “Titanic” ha pasado de ser un “exemplum” o un aviso a la audacia humana en una sociedad todavía fuertemente sacralizada, a convertirse en una novela de un subido romanticismo de masas y, finalmente, romper en una subasta de difícil liquidación porque la postmodernidad, como Midas o como los alquimistas antañones, convierte cuanto toca en el oro que deslumbra a la opinión pública. Seduce la tragedia como pocas cosas en esta vida. Y la vida misma se encarga de alimentar ese necio instinto engalanándola alguna vez con el equívoco prestigio del glamour.