“¡A los leones!” (bis)

Es curioso que cualquier actitud hostil o simplemente irrespetuosa frente a cualquier religión foránea sea considerada un ultraje intolerable en el ámbito europeo, salvo que el ultraje recaiga sobre los cristianos, que paradójicamente han llegado a convertirse en el buco de numerosos enemigos. Un escritor de gala, ateo que yo sepa, como Bernhard Henri-Lévy –la más brillante cabeza, junto a Glucksmann, de los traídos y llevados “nuevos filósofos”—ha salido a la palestra denunciando el hecho de que sean los grupos cristianos las minorías más perseguidas en todo el mundo, afirmación cuyo eco mundial ha sido notorio, pero que los hechos –esos hechos tan silenciosos e ignorados en el ámbito mediático occidental—demuestran irrebatible con solo considerar “la ola de oído planetario” que, según esa minerva atea, recorre el mundo. Estos mismos días, tras la memorable matanza de fieles perpetrada por Al Qaeda en la catedral de Bagdad, ha estado en el candelero la imagen de Asia Bibi, una cristiana paquistaní condenada a morir en la horca en aplicación de una famosa “ley antiblasfemia” vigente en su país y en virtud de la cual será reo de muerte cualquiera que expresa en público opiniones contrarias o divergentes del fundamentalismo islámico. Como en Irak, en Gaza o en Sudán, en Egipto o en Argelia, en el Congo o en la India, por no hablar de Cuba, China y Corea del Norte, los cristianos son perseguidos con inusitada ferocidad, cosa que tal vez llevan inscrita en el código genético como tales evangélicos, pero que resulta insufrible en un momento histórico que se ufana de haber hecho de la libertad de pensamiento y religión un bastión básico de la civilización. No deja de sorprender aunque conforte, que sea un personaje reconocido en el panorama ateo el que haya logrado llamar la atención sobre esa circunstancias tan paladinamente oculta o velada por los “medios”, incluidos los confesionales, que se han hecho eco de ella. Por mi parte veo en estas persecuciones un síntoma tremendo de la lucha entre civilizaciones planteada por Oriente a Occidente, a la que asistimos como pánfilos desde nuestro clásico y atenazante complejo de tolerancia.

 

No tiene sentido castigar con severidad el antisemitismo o blindar la práctica coránica de manera tan efectiva, mientras se tolera esta situación de práctica emergencia en que viven las minorías cristianas perseguidas por doquier sin tapujos ni justificaciones que valgan. La voz de BHL –sin asomo en esta ocasión de acento snob u oportunista–  ha resonado ahora con fuerza en un mundo incapaz de defenderse a sí mismo en uno de los elementos básicos de su civilización.

Trágala

La Junta, el presidente Griñán, han dejado claro que su compromiso de abrir el texto del “decretazo” a todos es un cuento más. Al aparecer en el BOJA, el “decretazo” ha entrado en vigor y se admiten apuestas sobre que cuanto se discuta a posteriori en nuestro Parlamento inútil se ha de quedar en agua de borrajas. Tristemente queda claro una vez más que tampoco Griñán entiende otro lenguaje que no sea el del trágala, pero mucho me temo que esta vez el desplante chulesco le va a costar caro tal como van las cosas. Que no se quejen luego del “acoso” funcionarial: todo el mundo sabe lo que ocurre cuando se cierra una olla y crece la presión.

Mirar atrás

Por gentileza de un periódico que ofrece su hemeroteca virtual me entero de que el día en que yo nací el rey Leopoldo de los belgas capituló ante los nazis, los franceses se disponían a reforzar la famosa línea del Somme e Inglaterra se movilizaba, entre perpleja y cuitada, para preparase ante una invasión que se preveía el paso subsiguiente de la guerra. Mala estrella, ya ven. Pero lo que me interesa del hecho es la evidencia de que esta tecnología rampante va a dar de sí, se quiera o no, un concepto nuevo del pasado o, si se quiere, una diferente idea de la Historia, que ya no va  a estar sometida al dictamen inapelable del experto sino que podrá ser confrontada con la crónica menuda que guarda la hemeroteca, de manera que cualquier situación que nos interese podrá ser conocida en su circunstancia ligera y refractada en el prisma, seguramente enriquecedor, de una opinión múltiple que permitirá a cada cual escribir su propia versión de esa Historia rescatada. Está claro, por lo demás, que una posibilidad tan sugestiva va a permitirnos una proximidad mucho mayor a la vida cotidiana y el acceso directo al panorama de las mentalidades, con lo que la Historia perderá, en buena medida, su carácter apodíctico pero también, miren por donde, su fragilidad ideológica, porque cualquier usuario tendrá en su mano la posibilidad de reconstituir una versión verosímil simplemente con restaurar aquella imagen difractada por el prisma de las ideologías que no es, por supuesto, más que el que sirve a los intereses diversos. Temo que no resulte fácil esa conciliación final de las interpretaciones, eso sí, convencido como estoy de que también el observador, sea el que fuere, someterá a su propio prisma la opinión ajena, lo que acaso sugiera la hipótesis de que ninguna Historia, en ninguna época, está libre de soportar esa rémora subjetiva. La mirada de Heródoto no estaba más exenta del condicionante de la visión griega que la de Toynbee de la que le correspondió vivir.

 

Vamos a tener que hacernos el cuerpo a esta nueva perspectiva o, lo que viene a ser lo mismo, a comprender nuestra propia biografía en el contexto vivo de un pasado que, por vez primera, se le ofrece íntegro al hombre siquiera sea en su parcialidad. Lo que quiere decir que, sin darnos cuenta apenas, hemos dado de bruces con la posibilidad de insertar nuestro conocimiento del pretérito en esa suerte de eterno presente que viene a ser el testigo sepia de la hemeroteca, la letra gruesa o menuda de una actualidad que creíamos perdida para siempre pero que se nos está apareciendo de pronto como una parusía del pasado. Ortega sostuvo que el hombre es Historia. El milagro del silicio permite hoy comprobarlo.

Política y banquillo

Ante el espectáculo que estamos viendo en el Ayuntamiento de Sevilla, concretamente en su empresa municipal Mercasevilla, con esos EREs amañados y esos prejubilados falsos, hay que clamar de una puñetera vez por que semejantes conductas dejen de ser contempladas como rifirrafes políticos para pasar a ser, sencillamente, asuntos penales. Resulta desmoralizador asistir a este baile de indecencias sin ver casi nunca a sus responsables máximos en el banquillo. Porque no se trata ya de que los ciudadanos exijan responsabilidad a los políticos sino de que se la impongan los propios jueces como a todo hijo de vecino.

Bienvenido enemigo

Acaba de conocerse en los EEUU un amplio informe oficial redactado en 2006 por la Oficina de Investigaciones Oficiales, hoy integrada en el ministerio de Justicia, en el que se descubre otro de los grandes secretos de Polichinela mejor guardados por las sucesivas Administraciones: la acogida que en el gran país de las libertades tuvieron importantes agentes nazis tras la victoria aliada en la Guerra Mundial. Siempre son interesantes estos actos de fe democrática, pero más si cabe cuando se trata de materias que incluso hoy día incomodan al Sistema hasta el punto que revela esa contumaz ocultación de la verdad en cuyo envés se percibe la presunta sensibilidad de una activa conciencia popular, aún hoy día disconforme, por ejemplo, con la acogida dispensada a ciertos sectores de la “inteligentsia” enemiga, en ocasiones buscando la colaboración de científicos  –el caso de Wernher von Brown es paradigmático—pero, en general, con la intención de evitar su caída en manos de los rusos victoriosos. Lo malo es que, a la vista del informe, no eran sólo esos los objetivos perseguidos por quienes auspiciaban aquella política de acogida, sino que parece acreditado que la CIA se sirvió de los antiguos servicios nazis para actuar como “informadores” no ya en el exterior sino también en el interior del país. Pocas dudas caben tras la lectura del documento de que en la recepción del enemigo funcionó lo que alguien ha descrito como un pacto con el diablo, dadas las ventajas que éste tenía en el terreno de la lucha anticomunista. Patton no estaba solo en los EEUU, evidentemente, cuando algunos suicidas, deslumbrados por el triunfo sobre Alemania, reclamaban prolongar la guerra hasta desmantelar también a la Unión Soviética.

 

Desconcierta hoy no poco recordar el trato dispensado en la época a los residentes japoneses, por ejemplo, o la caza de brujas posterior del macartismo, considerando que de manera simultánea se estaban perpetrando en el país programas como el ahora revelado, no muy diferentes, desde luego, a los llevados a cabo en otras potencias vencedoras o, como ya sabemos también, por los propios servicios secretos vaticanos lanzados al rescate y puesta a salvo de cientos de aquellos delincuentes escapados de chiripa a la Justicia internacional. Y resulta desmoralizador comprobar la distancia que separa la realidad de la retórica incluso en los ámbitos convencionalmente más democráticos. El mismo informe de que hablamos se lamenta de que el país refugio de las víctimas fuera al mismo tiempo anfitrión de los verdugos. Mucho me temo que ese lamento pudiera extenderse sin problema a la práctica totalidad del llamado mundo libre.

La nueva pregunta

La nueva pregunta, el último grito de la dialéctica cínica que gastan nuestros políticos en apuros es ése de “¿Dónde está la noticia?”. La lanzó ya el número 2 del PSOE, el luego defenestrado Velasco, y la relanza ahora el ex-consejero de Empleo, Antonio Fernández, que aparte de juntar el sueldo de parlamentario al de presidente de un consejo regulador, sabemos también que se acogió el ERE de González Biass para prejubilarse estando en activo en el Gobiernillo regional y siendo él, en última instancia, el juez de ese pleito. Griñán, que es experto de carrera en esa materia, debería mediar en ese escándalo, al menos por vergüenza torera.