Fe y razón

En muchas iglesias españolas se repite en cada misa la rogativa por el agua, la más antigua competencia del chamán. Se eleva el ruego colectivo para que la Providencia, al margen de borrascas y anticiclones, nos envíe la lluvia como por arte de magia, y  nunca mejor dicho, para que nuestros campos se empapen y sobre el haza apunte, siquiera sea a destiempo, la brizna prometedora. Siempre fue así. En tiempos de Franco era el prebostillo de la CNS (si se han olvidado ustedes de la sigla, mejor que mejor) quien avisaba al párroco y reclamaba su intervención pública, entre otras cosas para que el público desviara la atención de los poderes públicos y la transfiriera a los altos designios de la Divinidad, de suyo incuestionables, y luego la verdad es que la costumbre fue decayendo de modo y manera que imagino que hoy resulta difícil encontrar a un tonsurado de menos de cincuenta años que saque la parroquia a la calle para rogar por la lluvia. Yo me acuerdo siempre de mi queridísimo cura Moya, que fue de párroco de la onubense Beas, entre otros pueblos, hombre de una pieza, de larga experiencia campestre y desaforado amor por las bestias con cuyo trato y negocio ganó honradamente para complementar su estipendio y la renta de su olivar. Al cura Moya lo presionaron, debió ser por allá por los años 60, las autoridades para que sacara en procesión a la patrona del pueblo  y el cura se negó en redondo una y otra vez hasta que llegó la orden tajante del Gobernador y no tuvo más remedio que ceder ante las “fuerzas vivas”, pero no sin avisarlas: “Bueno, de acuerdo, saquen ustedes a la Virgen cuando quieran, pero que conste que el tiempo no está pa llover”. Y no lo estaba. Al cura Moya le entusiasmó “San Manuel, bueno y mártir”, la emocionante odisea moral de Unamuno, pero yo estoy seguro de que, a diferencia, de aquel buen cura escéptico, él se veía como un deuteragonista suyo, fiel a su misa y olla, a su buen ojo y la escopeta con que de vez en cuando, pasadas ya las grandes calores, acechaba a tórtolas y zorzales al borde de un quemado. El cura Moya era, a su manera, un sabio. El tonto era el de la CNS.

Cuando paso por su pueblo, en este invierno seco, y veo resquebrajado el terruño que sostiene los olivares y agostadas todavía las solanas, me acuerdo del cura Moya, creyente y experto, discreto hasta donde la política (sin sotana o con ella) resultaba incapaz de serlo. La Providencia también se mueve por la lógica, a ver qué se creían los gerifaltes, ya que los milagros están reservados a Roma. ¡Curas de canoa y manteo, de duras y maduras! Yo quiero hoy rendirle al cura Moya el homenaje que merece la fe sencilla y el corazón sin trampas.

“Prensa amiga”

Un gerifalte del PSOE onubense, Javier Barrero, el mismo que se negó a someterse a la prueba de la alcoholemia que le requería la Guardia Civil y en otra ocasión a los requerimientos de la policía municipal, fue el mediador para que el entonces director general de Empleo y hoy imputado por la juez Alaya, Juan Márquez –por Barrero aupado a ese puesto tras su conflictiva gestión como delegado en Huelva—le concediera medio kilo de euros a un “empresario amigo” que hacía un “periódico amiguísimo”, el viejo Odiel de Huelva, dedicado en cuerpo y alma al servicio del PSOE. Con cargo al “fondo de reptiles”, no faltaría más. A uno que se pasa por el forro a la Guardia Civil, imaginen lo que puede importarle.

El sexo y los arcángeles

El enrocamiento de la extrema derecha americana, que la campaña electoral está permitiendo ver en primer término, está alcanzando cotas difícilmente creíbles  en los países más o menos homologados. Se trata de una estrategia económica, por supuesto, de un designio hiperindividualista de reducir y eliminar si cabe el gasto social preservando, en cambio, el que se destina a mantener una fuerza militar que ni siquiera vería con malos ojos su intervención en una nueva guerra en el avispero de Irán, pero también y sobre todo de una cruzada en torno a lo que llaman “valores”, entre los que, no habrá que decirlo, las referencias al sexo con múltiples e implacables. Cómo será la cosa que el presidente Obama en persona ha debido llamar a una estudiante de la universidad de Georgetown, Sandra Fulke, para ofrecerle su apoyo frente al brutal ataque de un ayatollá republicano –el locutor Rush Limbaugh—que la calificó de “guarra (slut) y puta” por haber defendido en el Congreso la cobertura pública de anticonceptivos, invitándola a proporcionar al ojo público “sus videos sexuales” para que el contribuyente supiera a ciencia cierta a qué se destinaba su dinero, a pesar de que la demanda de la estudiante encajaba con el proyecto de la propia Casa Blanca de establecer un sistema de salud pública reformado en el que, como es natural, se contempla la prevención venérea. Esta proximidad del bolsillo con la entrepierna rebela a estos campeones del moralismo a desplazarse cada vez más hacia el extremo, en una actitud que no hay forma de encajar en el modelo social contemporáneo y que está dividiendo peligrosamente a la opinión pública americana. Hay en esos insultos, obviamente, bastante más que el exabrupto de un bárbaro, porque revelan la íntima fractura de una mentalidad cuyo éxito tal vez consistió en alear el trasfondo calvinista con esa idea soberana de libertad que ya resultaba visible en tiempos de Tocqueville.

Es posible que la crisis del liderazgo americano –a lo mejor habría que ir releyendo a Toynbee…– resida en esta falla más que en los colosales errores cometidos en el escenario internacional, en estas contiendas braguetarias más que en los conflictos bélicos propiamente dichos. Obama ya ha tomado partido en este caso y el bárbaro se ha disculpado, menos mal, pero queda la doble sombra de esa moral social que es, por cierto, prima hermana de la económica. Los liderazgos exigen como prerrequisito fundarse en una mentalidad básicamente unitaria. Temo que los republicanos del Tea Party, con sus inquisiciones y sus alcancías, no se hayan percatado siquiera de la cosa.

La política grabada

Mala cosa cuando menudean las cintas grabadas a prebostes para poner en evidencia su actitud ilegal. Mala siempre, pero en especial cuando lo que demuestran es que hacen y deshacen a su antojo con el dinero público, que anteponen el capricho del señorito superior al mandato de la Ley, si es que no se lo llevan caliente para su propia casa. Cintas granadas (y en este caso “desaparecidas” de un  cajón del propio Juzgado) cuando Chaves intentó inútilmente dañar a los periodistas de El Mundo, cintas hubo, y del estilo mafioso más puro, en el “caso La Raza”, y cintas (van ya tres, de momento) las hay en el que se ha producido en la empresa de capital riesgo de la Junta Invercaria, en la que su Presidenta se pasaba por el forro de Ives Saint-Laurent la ética más elemental. Esto es ya un largometraje indecente. No quererlo reconocer es tan inútil como grosero.

Sofisma y Sinécdoque

He tenido una mañana agria en Canal Sur, donde colaboro hace tiempo en un debate matinal en régimen, en cuanto a mí se refiere, de plena libertad. Es un debate amañado, ni qué decir tiene, en la medida en que lo que mi probable discrepancia sirve para legitimar, se compensa de sobra con lo que opinan mis contradictores, por lo general mayoritariamente feudatarios de la Junta y de su partido. Yo me expreso con libertad y digo lo bueno y lo malo que de Griñán se tercia que diga, mientras ellos, los contradictores, indefectiblemente, defienden la tesis oficial y, obvio es decirlo, casi siempre redundante. “Niño, que sepas que te llevan a ese zoo de gorila blanco”, me dijo Antonio Burgos cuando le dije que me había invitado, y así ha sido. A un gorila blanco se le deja montar su número y luego se le aplasta (o pretende aplastarlo, porque la gente no es tonta del todo) abrumado por la opinión contraria. Y hasta ahí me parece normal, o a ver qué creen ustedes que hacen en las tv del PP en Madrid o Valencia. Lo que ya no me esperaba es que el mismísimo director del “ente”, Pablo Carrasco, viniera a mi encuentro para afearme esa acusación de parcialidad que, según él, insultaba, no a los directivos, comisarios políticos  y paniaguados del PSOE, sino a los trabajadores en general. Y no. Criticar a Griñán o a Chaves no es ofender a Andalucía como pretende la propaganda habitual, como estimar que Canal Sur no es “neutral” no supone en absoluto acusar de cómplices a unos trabajadores que, por cierto, andan rebelados contra el montaje político contrarios a los despidos y desde el convencimiento de que en la casa sobran altos cargos. Le he dicho a Pablo Carrasco –cuyo comportamiento conmigo ha sido siempre correctísimo—que su argumento era un sofisma además de una sinécdoque lo que por poco le provoca un pipijerbe a un subdirector de informativos que no debe de andar fuerte en retórica. Mala suerte.

Censurar a Canal Sur no supone, en absoluto, criticar a sus trabajadores, como criticar la tragedia laboral o el saqueo de la autonomía para nada implica despreciar a los andaluces sino todo lo contrario, por más que unos y otros se aferren a ese sofisma. Me temo que Carrasco –que asume su responsabilidad sin fisuras—no me haya comprendido bien y bien que lo lamento. Y en cuanto a los trabajadores los tengo por demasiado inteligentes para dejarse convencer por una sinécdoque tan traída por los pelos. Lo que sí he notado es mucho nervio, mucho sinvivir en el ambiente. Tampoco hay que tomárselo a mal a quienes ven su privilegio en el alero. Yo me conformo con decir lo que pienso porque pienso –quizá ingenuamente– que por eso me pagan.

IU, “marca blanca”

IU va de “marca blanca” del PSOE en estas elecciones como en las anteriores. Pudo comprobarse en el debatillo improvisado por Canal Sur tras la renuncia de Arenas a participar en él por celebrarse en una tv que la Junta Electoral Central ha declarado por dos veces que “no es neutral”. Es decir, IU afea cosas al PSOE, trata de sisarle votos por la izquierda indignada, pero en el sobreentendido de que, en caso de que el PP no obtuviera mayoría absoluta, sus votos –los sufragios comunistas y afines—quedarían al servicio de la continuidad del “régimen” socialdemócrata. ¿La corrupción, el paro? Bueno, sobre ese ciénaga, pelillos a la mar. Valderas dice que lo que le interesa es el Poder. Quienes quieran votar al PSOE ya saben, por tanto, que lo mismo da entregarle el voto directamente o a través de IU.