Huelva en Youtube

Mala mano (o mala pata) tiene la presidenta de la Dipu en esta batalla, temo que perdida, por la “imagen de Huelva”. Posó sonriente junto a los sonrientes empresarios cuando la famosa campaña “Huelva más allá” y ya saben que, aparte de gastar una millonada, nada se consiguió. Y ahora ha conseguido, con su envío a Buenafuente –en busca de publicidad– de una garrafa de aceite vacía, que se pasee el nombre de nuestra ciudad por el mundo con un eslogan cómico y desagradable. Algo de gafe parece indudable que tiene la entrampada Presidenta. Imaginarla eventualmente con la vara de alcaldesa en la mano pone los pelos de punta.

“Deus absconditus”

Es curiosa la persistencia de la tentación ateísta entre los sabios. Desde la Grecia de Protágoras o Demócrito, al menos, aunque confieso que, en esa perspectiva, me han interesado siempre más el duro materialismo de Epicuro, sobre todo rizado en el rizo romano de Lucrecio, y algunos de los que, anticipándose a los Diderot, descartaron por innecesaria, sin rastro de beligerancia, la hipótesis de un Dios creador y providente. No hay progreso alguno en esa oscuridad impenetrable a lo largo de los siglos –ni siquiera tras el encendido de esa feria intelectual que es la Ilustración– sino que la duda o la negativa se prolongan en el tiempo transformándose en lo adjetivo sin la menor novedad. Nada añaden D’Holbach o Feuerbach a las ideas de Maquiavelo, poco hay en Marx más allá de lo que ya podemos encontrar en el experimentalismo cerrado de un Leonardo. Dios no es de este mundo, parece evidente, o como explicaba hace poco el astrofísico Luminet, al menos la Ciencia, con mayúscula o apeada ésta, nada puede averiguar en ese negocio por la razón elemental de que se mueve en otro plano. Y sin embargo, ahí está Dawkins, el hombre, empeñado en su campaña autobusera, desgañitándose, como si en ello le fuera la vida, por “hacer visible” el ateísmo en nuestra sociedad ya bastante secularizada. Ahora, estimulado por una cita de Andrés Marín, acabo de comprobar en “The Grand Design” de Stephen Hawking, que esa tentación, en cierto modo demiúrgica, permanece activa, probablemente restándole a nuestros sabios unas energías que mejor estarían aplicadas a su quehacer propio, y se me ocurre también que no hay forma de avanzar en ese callejón sin salida que alguien llamó la “aporía divinal”. Que el universo (o el “multiuniverso” enunciado por Witten, no se lo pierdan) surja como efecto de una ley de la gravedad preexistente –que es lo que viene de “descubre” Hawking– no explica gran cosa tras lo que ya sabíamos sino que traslada el problema a la cuestión del origen de esa ley. Cuando Napoléon le planteó a Laplace la ardua cuestión de la existencia de Dios, es fama que éste le contestó algo memorable: “Sire, si le digo mi verdad, yo nunca he tenido necesidad de esa hipótesis”. Unos años antes esa ocurrencia le hubiera costado el pescuezo, denlo por seguro.

 

Vano empeño, como diría Borges, éste del ateísmo. El domingo pasado la sombra del limosnero Alpendeire congregó en Armilla más gente de la que podrían soñar todos los líderes españoles juntos, y pronto vamos a ver otro gran festival en torno a la colosal figura de Newman. Dios anda entre los pucheros, según la doctora Teresa. Buscar entre algoritmos su contraimagen nunca tuvo sentido.

La Iglesia y la HG

En tanto no hay quien ponga de acuerdo ni a tirios ni a troyanos frente a la huelga general prevista para el 29-S, la Iglesia sevillana, es decir, su Arzobispo, no se ha andado con chiquitas sino que ha tirado por la calle de en medio reivindicándola como una “cuestión de dignidad” frente “a la mayor agresión que han sufrido los derechos de los trabajadores en los tiempos recientes”. ¡Tomen del frasco! A través de delegación de Pastoral Obrera, la Iglesia de Sevilla critica con dureza insólita las medidas ultraliberales de la reforma laboral del Gobierno, y afirma la HG como “un derecho y una defensa justa y legítima” además de apostar por la causa de los pobres. Las cosas claras, por una vez. Se podrá discutir el tema pero no los bemoles de Monseñor.

Otra “cosa nostra”

No parece dudosa la denuncia del alcalde de El Cerro sobre la quiebra técnica en que se encuentra la mancomunidad del Andévalo, con su presidente empapelado por presuntos delitos de prevaricación y vulneración de los derechos cívicos. No puede admitirse el cierre a cal y canto de las cuentas a la Oposición ni el escándalo que supone que la institución no haya celebrado pleno, a pesar de hallarse en circunstancias tan extremas, desde hace más de dos años. Aparte de que lo que se juega es la ruina solidaria de los municipios mancomunados y de que demasiados indicios apuntan a que el cotarro ha sido manejado desde el PSOE como si fuera su coto privado. Si éste quiere probar que el PP miente o desinforma no tiene más que mostrar, como es su deber legal, esas misteriosas cuentas.

Los Kim

No veo a qué viene tanto estrépito ante la noticia de que en Corea del Norte se disponen a consagrar al tercer sátrapa de su monarquía roja. Lo que tiene sentido y es aceptado en algunas sociedades no entiendo por qué no ha de tenerlo y ser aceptado en todas, y desde luego, hay que ser muy lila para no haberse percatado de que todo poder es en el fondo patrimonialista, es decir, se presenta a quien lo ostenta (o detenta) no como una prerrogativa circunstancialmente adquirida sino como un derecho inherente al titular y, en consecuencia, trasmisible por su propia naturaleza a sus herederos. Con una disciplina mental estupenda aceptó Europa el proyecto cesáreo de Napoleón de convertir en hereditaria la corona francesa e imponer en los demás países, como soberanos, a la camada de su parentela, del mismo modo que en los EEUU el clan Keneddy soñó con instaurar una dinastía que los Bush habrían de lograr décadas después. ¿No se admite ese sistema de gobierno desde la más remota antigüedad y en todas las latitudes? Pues a ver por qué razón vamos a extrañarnos que se practique en países hasta ahora ajenos a él o por qué los poderosos que fundan su imperio en la demagogia no podrían aspirar a lo mismo que los que invocan la tradición  o el derecho divino. Una monarquía puede ser más mucho libre que una república, pensaba Chateaubriand, y  a ver cómo, con la Historia en la mano, sostener lo contrario. Pero más allá de esa idea está el hecho psíquico reconocido de que una inmensa mayoría entre quienes alcanzan el Poder se deforma hasta el punto de interiorizarlo como un bien propio o una prenda personal. Filipo hubo de eliminar a sus hermanos y cargarse a su sobrino antes de renovar el árbol de los argéadas y los Médici surgieron de un arcón de florines. ¿Qué es lo que les falta a los Kim, díganme?

 

El problema coreano no es, a mi juicio, el de la dinastía presidencial sino el de su propia demagogia. ¿Qué más da que un país en el que se prohíbe el móvil y el Internet está vedado sea o deje de ser el feudo de una familia? El siglo XX convivió con la imagen fantástica de un emperador de la selva cuya antropofagia constaba al mundo civilizado y en el XXI estamos viendo por doquier las de otros dinastas que reinan sobre pueblos oprimidos con la complicidad de los libres. ¿Y acaso no pueden ser opresores los regímenes electivos? Recuerdo una frase del “Breviario del Revolucionario” de Shaw que hube de comentar en un lejano ejercicio bachiller y que venía a decir que estos últimos combinan la inercia de un ídolo de madera con la credibilidad de otro de sangre. Temo que, en este punto, nos sobren los ejemplos.

Chaves al TSJA

No pasa nada, nada en absoluto, porque un vicepresidente del Gobierno como Chaves deba explicar ante un Tribunal Superior, en vía contencioso-administrativa, por qué su firma y la de su hija aparecen juntas en el documento que aprueba una subvención a la empresa asesorada por ésta. Ya sabemos que el asunto fue archivado en el TS en vía civil, pero vamos a ver qué ocurre en esta nueva vía porque, desde luego, si al TSJA también le parece normal y de trámite que un  padre sancione  con su firma beneficios milmillonarios a la empresa en que su hija hace méritos, apaga y vámonos. ¿Qué hay opiniones para todos los gustos? Por supuesto, y el TSJA es muy libre de tener la que sea. Pero era imprescindible escucharlo antes de cerrar este oscuro y dudoso capítulo de nuestro “régimen” hegemónico.