Frases de resaca

“El pueblos nos ha dicho que quería que continuáramos gobernando pero también que podíamos hacerlo mejor”, Mar Moreno, consejera de Presidencia.

“La gente ha estado ahí, sosteniéndonos”, la misma.

“Vamos a levantar un muro frente a las reformas del Gobierno de Rajoy”, Pedro Jiménez, coordinador de IU en Huelva.

“De la crisis sólo se sale con medidas antisistema”, Juan M. Sánchez Gordillo, alcalde y diputado autonómico de IU.

“Antes que pagar la deuda hay que crear empleo”, José Luis Centellas, diputadon nacional de IU.

“El PSOE ha perdido 600.000 votos y tiene que hacer un ejercicio de humildad”, Diego Valderas, coordinador regional de IU.

“El PSOE ha perdido bien”, José. L Sánchez Teruel, secretario provincial del PSOE de Almería.

“No estaba muerto que estaba de cañas”, presidente José Antonio Griñán.

La marca blanca

Con esa ingenuidad revolucionaria sólo comparable a su tozudez, el alcalde Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, no ha esperado ni medio segundo para decir, sin cortarse un pelo, que va a pedir un referéndum vinculante para que las bases se pronuncien sobre un posible pacto de gobierno de su coalición con el PSOE. Juan Manuel, que es un revolucionario –repito—impenitente, ha explicado también que él es partidario de forzar políticas de izquierda en el Parlamento y no de repartirse las poltronas de la Junta, porque considera un error –quizá recordando el fiasco que supuso la alianza en el Ayuntamiento de Sevilla– amarrar IU a cualquiera de los dos grandes partidos. Y es muy serio eso que ha dicho. Al PP se han ido asqueados tres escaños de este PSOE en descomposición y a IU otros seis, y Gordillo parece querer decir que ese aluvión de “cabreados” no ha votado a IU contra su propio partido para que, al final, IU acabe sirviéndole de escabel. O dicho de otra manera, hay una izquierda ingenua que ha votado a IU justo para que el PSOE no continúe en el Poder y ese sector no va a conformarse con que IU sea, simplemente, una “marca blanca” del PSOE que éste aproveche para continuar gobernando desde la insolvencia y la corrupción. ¿Lo ven? Hay radicales que conservan la coherencia y hay burócratas que sólo buscan el Poder al precio que sea, pero en cualquier caso, la calamidad que supone que IU sea determinante en la autonomía andaluza no va a permitir, presumiblemente, un arreglo estable entre trileros por la razón elemental de que hoy, en medio de esta crisis abierta, no queda otro camino que el de las reformas. Un Marx o un Kropotkin no apoyarían nunca al Gobierno del “fondo de reptiles” que, desde hace más de treinta años, mantiene a Andalucía al final de la cola europea. Yo creo que eso es lo que el alcalde de Marinaleda –como antes, con muchos menos motivos, hicieron sus camaradas extremeños—ha comprendido. Los revolucionarios suelen ser astigmáticos pero no miopes.

IU “marca blanca” del PSOE, algo impensable en los tiempos de Julio Anguita y Luis Carlos Rejón, desgraciadamente idos. Y los ingenuos que han querido castigar al PSOE descolgándose al desgalgadero de IU se encuentran ahora con que lo que han hecho es salvarle los muebles a ese Presidente que no han querido mantener y que, curiosamente, acabará siéndolo dos veces ¡sin ganar una sola elección! Se entiende al argumento de la mayoría aritmética, pero es más que probable que el PSOE acabe siendo la tumba de IU. Aquí no existe altura política para hacer la “Grosse Kaolition” que ha salvado a Alemania de la quema. Aquí seguimos más cerca de Sertorio y de Perpena que de la Merkel.

El despojo andaluz

Admito que la reforma financiera obligue a fundir esas prohibitivas taifas que eran nuestras entidades de crédito y, en consecuencia, que a Cajasol se la tragara Banca Cívica y que a los dos se las zampe ahora CaixaBank. Pero lo cierto es que la economía andaluza –que tanto ha perdido en estos últimos decenios—se le acaba de escapar también su principal instrumento financiero para ir a parar, encima, a una Cataluña cuya dirigencia plantea justo en este momento su separación de “las aguas sucias” de España. Vamos de mal en peor, aumenta nuestra dependencia, pintamos cada día menos en el panorama nacional y, sin embargo, los andaluces que pedían el cambio no lo han propiciado. ¿Sarna con gusto no pica? Hay refranes que, en ocasiones, los carga el diablo.

Sociología perpleja

La gran cuestión que debe explicar la sociología tras su fracaso en las elecciones autonómicas no es por qué, a  pesar de la notable caída del PSOE y su crítica circunstancia, el cambio probable no se ha producido en Andalucía. ¿Qué podían concluir los sociólogos cuando un 73 por ciento de los ciudadanos encuestados se mostraban convencidos de la necesidad de un cambio político en la región? Parece obvio que el optimismo de los sondeos favorables al PP se basaba en la idea de que quien quiere un cambio no vota lo mismo y, sin embargo, así ha sido, con toda evidencia en un amplio sector de nuestro electorado. Ni siquiera vale argumentar que la izquierda “desencantada” ha buscado acomodo en una IU como la actual, a no ser que se tenga de esa izquierda movediza un pésimo concepto, pues resulta obvio que a la victoria pírrica del PP hay que añadir la también pírrica oportunidad que se le ofrece al PSOE de gobernar con los “comunistas” –que es como ha llamado toda la vida a sus eventuales socios– a los que despreciaron siempre  hasta llegar a esa reciente frase anfibia de Griñán de que “gobernar con IU no es lo mejor ni lo peor”. La única razón lógica que explica el fracaso de los sondeos es que sus gabinetes no han sopesado . un hecho clave: que el peso del clientelismo organizado por el PSOE en Andalucía no permite ninguna alternativa, es decir que hay un vasto sector de la población que “depende” del partido. Esa población puede confesar en los sondeos, por ejemplo frente al espectáculo de la corrupción galopante de los últimos tiempos, su hastío y su convencimiento de que un gobierno fracasado y sumido en la corrupción aconsejaría un cambio, pero a la hora de votar está claro que se encuentra maniatada. El PSOE ha perdido en Andalucía todo lo que podía perder, pero no el apoyo incondicional de su clientela. Ésa tiene que vivir y sabe que de su voto depende el sustento. Hay cosas tan claras que no se ven.

Y he calificado de pírrica la derrota gananciosa de Griñán porque gobernar con IU –sus más tradicionales y acérrimos enemigos—va a ser un espectáculo que sin duda puede condicionar de modo gravísimo los planes de reforma del Gobierno y de la UE, es decir, nuestra única salida de urgencia de la crisis. Tanto que no me extrañaría que –salvo una rendición incondicional de l PSOE—esa coalición no resistiera mucho tiempo en una legislatura que va a ser de órdago. En el pecado llevan la penitencia, desde luego, aunque bien es cierto que los flagelados serán los andaluces que equivocaron a las encuestas y los que no. La democracia no funciona en Jauja. Lo pueden ver a su alrededor.

Desconcierto general

Se comprenden albricias y llantos de unos y de otros, pero lo que ahora debe ocuparnos es el futuro. Y el futuro no puede ser otro que el retrucadísimo de un pacto de gobierno PSOE-IU que, sin  duda, pondrá en graves dificultades la gobernación de Andalucía y la de España en su conjunto. El PSOE tendrá que dar a sus socios lo que le pidan y éstos deberán apretar filas con los que hasta hoy han llamado corruptos y traidores –pelillos a la mar– a cambio de un poder que nunca pudieron soñar. El desconcierto general que reina desde que se conoció el escrutinio se irá agravando a medida que se conozca esa alianza y veamos cómo funciona –¡en plena recesión!—un partido agotado al que apoya otro anclado en el XIX.

Mañana sale

Tengo por norma eludir en este rincón, como sabe el lector, la refriega política. Alguien tiene que echarse a la espalda la tarea de mantenernos en contacto con lo que ocurre fuera, con los que piensan los filósofos, con lo que hallan los científicos, con cuanto en este complejísimo “mondo cane” pueda ofrecernos interés y, sobre todo, estímulo. No es verdad eso de que la política sea una tarea nobilísima: eso es un tópico sin más. La política consiste en la disputa del Poder, a dentelladas cuando a no a tiros, con votos o sin votos por medio, y la nuestra  no es una excepción aunque hayamos superado, en buena medida y en buena hora, la tentación y los retos de la violencia, que aunque no sea bastante, ciertamente no es poco. Mañana mismo deciden los andaluces si continuar con la hegemonía de un partido que llegó hace más de treinta años a la autonomía o probar suerte con otro que promete corregir en muchos aspectos esta situación, la verdad es que insostenible, y van a hacerlo sabiendo que en ese periodo tan cierto es que Andalucía ha cambiado por completo, como que continúa arrastrándose a la cola de nuestras comunidades, y tan cierto es que se han logrado avances sociales muy notables como que se han perpetrado desaciertos de difícil solución. Lo deseable sería que cada cual hiciera su balance en conciencia dejando al margen, en la medida de lo posible, la pulsión instintiva en que, paradójicamente, acaba convirtiéndose la reflexión ideológica, ideal no poco utópico, en especial a estas alturas del rifirrafe. En todo caso, el espectáculo diario de nuestra vida pública debería forzar a la conciencia ciudadana a optar por reclamar que, sea quien fuere el ganador, no se demore ni un instante su imprescindible moralización. Que una mayoría muy cualificada de andaluces –incluido un segmento revelador de votantes del PSOE—insista en las encuestas en que resulta necesario un cambio, no puede ser considerado como un hecho casual. Nadie resiste incólume en el Poder tantos años y tengo la sensación de que sobran argumentos, a estas alturas, para mantener ese axioma.

Mañana saldrá, en consecuencia, lo que tenga que salir, y el test valdrá no sólo para ubicar a los partidos en pugna sino para valorar el criterio cívico. El toque está en cuadrar el balance con tino, sopesando pros y contras, experiencia y expectativas, sin olvidar nuestra crítica situación y la urgencia de unas soluciones que hay que reconocer que hasta ahora no se han propuesto siquiera. “Yo soy mi mayoría y no siempre tomo mis decisiones por unanimidad”, decía Unamuno. Yo, mañana al menos, renunciaría a los juegos de palabras.