La pasión del saber

Como colofón al seísmo provocado en la comunidad científica por el anuncio de que unos físicos habrían falsado la teoría de la relatividad de Einstein, al demostrar, en un experimento llevado a cabo en el CERN, que los neutrinos viajan a una velocidad superior a la de la luz, llega la noticia de la forzada dimisión del sabio que anunció el portento, Antonio Ereditato, al que sus compañeros acusan de haberse precipitado. Sigue llevando razón Eisntein, pues, nada puede desplazarse más rápidamente que la luz, aunque un fallo en los mecanismos del sistema propiciara por un momento esa ilusión. Las prisas son malas, es verdad, y los protagonismos, peores aún, pero estarán conformes conmigo en que resulta admirable esa pasión de la Ciencia por no detenerse nunca, por atenerse, en definitiva, como diría Popper, al principio de que toda teoría que no sea falsable no puede aceptarse y se encuentra, por tanto, fuera del marco estricto del conocimiento científico. Es fascinante esa postura del sabio que intenta superar cualquier solución inserto en un proceso creativo en el que no cabe el conformismo, de manera que Marx, Freud o Einstein –esos tres judíos que marcaron el paradigma del saber durante el siglo XX—están siendo implacablemente revisados por unos émulos insaciables, convencidos de que en la búsqueda de la Verdad aguarda siempre una estación más allá, como si el misterio fuera una matrioska que encerrara dentro de sí una inacabable galería de muñecas como axiomas. No es un verdadero científico el que se conforma, el que se detiene, porque la auténtica Ciencia viene a ser como un tornillo sin fin que gira sobre sí mismo intentando penetrar la oscuridad. Platón acusó a Aristóteles, según la tradición, de dar coces contra su maestro. No se paró a pensar que acaso ésa fuera la única manera de avanzar.

El conocimiento hila cada día más fino, por lo que resulta natural que avance a tropezones y se explica, en consecuencia, que el falsabilismo de los Popper, Lakatos, Feyeraben o Kuhn estimule a los sabios enfrascados en esa caballeresca “quête” del grial que no acaba nunca, con independencia de que sus efectos colaterales propicien un progreso tecnológico que a punto está de hacer del mono loco al menos un virrey de la Creación. Nada de cuanto sabemos es definitivo, por lo visto, empezando por nuestra propia identidad. Y eso es lo que determina la incesante inquisición de la Ciencia sobre sí misma, la convicción de que todo es superable en la cadena sin término del saber. Lejos queda la ilusión dogmática del conocimiento definitivo. El sabio es un corredor de fondo convencido de que nunca se llega definitivamente a la meta.

El bípedo a motor

Un alto ejecutivo de la empresa automovilística se queja a Carlos Herrera de lo mal que va el negocio del coche a pesar de las, según él, fantástica rebajas que han hecho de este brumoso momento el ideal para renovar la flota. Se venden muchos menos de los que sería de desear –ese sector es, hoy por hoy, en España, el segundo en contribuir al formación de la renta nacional—a pesar de que ese negocio podría contribuir muy mucho a la recuperación laboral y económica del país. Mario Armero, que ésa es su gracia, nos informa de que en la actualidad ruedan por el planeta 800 millones de coches y augura que para 2025, año en que la población alcanzará ya, como mínimo, los 8.000 millones de terrícolas, rodarán por nuestras calles y carreteras nada menos que 2.000 millones. Y ustedes que lo vean, por supuesto, pero habrá que tentarse la ropa ante esta mecanización del movimiento en una Humanidad dos tercios de la cual vivirá, para entonces, en entornos urbanos y en la que uno de cada seis criaturas carecerá de agua potable. El animal humano  se está transformando en un ser multiprotésico que se desplaza cada vez a mayor velocidad y permanece en contacto permanente con un entorno cada día más vasto de contertulios (en España hay en este momento más teléfonos móviles que habitantes), al parecer decidido a instalarse masivamente en el segmento costero de los continentes hasta convertirlos en una inmensa residencia dado que la mitad de sus pobladores tendrá para aquella fecha más de 60 años. Una sociedad de viejos acomodados y jóvenes con pocas perspectivas, según las proyecciones más pesimistas, que se supone que dispondrá de casi dos vehículos por unidad familiar aunque no seamos capaces de predecir de dónde saldrá el combustible preciso para ello o si, acaso, para entonces estaremos ya hablando de otras fuentes de energía.

Se acabó el peatón que salió de la selva a la sabana, el viejo correcaminos que ha construido esta Historia tan fantástica como temible, la imagen romántica o higienista del paseo conciliador con la Madre Naturaleza que fortalece el músculo y tonifica el espíritu. Todos irán tal vez en coche, para entonces, puesto que en dos mil millones de autos caben holgadamente ocho mil millones de personas, aunque algunas de ellas hayan de viajar en el trasportín, y siempre en el supuesto de que la medicina preventiva disponga ya de antídotos eficaces contra el sedentarismo. Me dice un amigo físico que si esa flota circulara al unísono en sentido contrario al de la rotación de la Tierra podría parar el Sol como hiciera en su día Josué, sólo Dios sabe con qué consecuencias. El hombre nació al ponerse de pie. Puede que se extinga sentado cómodamente.

Sexismo selectivo

Recuerdo graves protestas feministas, en especial desde el lado sociata, ante incidentes provocados por los machos de la horda. Una vez hizo uno de ellos una alusión al “canalillo”  que exhibía una congresista de esa misma cuerda y las féminas armaron la de Troya, abandonando incluso el hemiciclo por estar en el cual se les paga, entre otras cosas. ¿Y qué pasa, que no han oído a Valderas referirse plebeyamente a una política como “la de las tetas gordas”, o es que ellas sólo protestan cuando el macho alfa pertenece a la horda de enfrente? ¿No hay un Instituto de la Mujer, un “Lobby de Mujeres” (no es coña), no asistimos desconcertados a una ridícula inquisición “de género” que desafía en toda la línea a la Real Academia? Pues, entonces ¿cómo se explica este silencio? También es verdad que esa izquierda, tan extremista hoy con la gramática común, se opuso en su día al voto femenino.

Y ahora qué?

La HG de ayer sería la más justificada de las ocho organizadas por nuestros sindicatos en el periodo democrático en circunstancias normales. Tiene toda la lógica que las organizaciones de defensa de los trabajadores, incluso si han permanecido calladas como momias durante estos cuatro últimos años en que se han perdido tres millones de puestos de trabajo, defiendan la estabilidad en el empleo, su seguridad y demás condiciones que le afectan, pero carece por completo de sentido hacer una huelga perfectamente inútil (y los sindicatos lo saben mejor que nadie) que incrementará nuestras pérdidas al menos en una décima del PIB, o sea en unos tres mil millones de euros, sin incluir el coste que provocará en los trabajadores movilizados en sus nóminas. No parece, por otra parte, que la demostración haya servido para reconstituir el prestigio perdido de los sindicatos, ni por su envergadura –en España ha habido varias demostraciones iguales y mayores organizadas por las víctimas del terrorismo o por la Iglesia católica—ni por su efecto, pues el Gobierno se ha apresurado a plantarse declarando que en modo alguno la presión de la calle le va a hacer variar nada sustancial en una debatida Reforma Laboral que, por cierto, ya ha sido aprobada por una cualificada mayoría absoluta del Parlamento. Bien, pero eso no es todo, porque si es verdad que ayer aquí no ha pasado nada o no ha pasado gran cosa, no lo es menos que por ahí fuera –asómense a la prensa extranjera y verán—esta “imagen griega”, esta exhibición de anomia frente a la política europea común, está siendo observada con preocupación por la autoridad comunitaria y, por supuesto, por los mercados, ante los que nuestro perfil, no poco recuperado por los esfuerzos del nuevo Gobierno, va a deteriorarse seriamente. ¿Alguien está pensando en serio en que con manifestaciones callejeras se puede salir de esta crisis que el Gobierno actual no ha hecho más que heredar? Escuchar voces de IU predicando el absurdo de que crear empleo urge más que pagar la deuda, o la barbaridad de que de la crisis sólo se puede escapar recurriendo a “medidas antisistema” constituye, sin duda, un grave motivo de alarma.

Y la cosa no acabará aquí, por descontado, pues resulta evidente –ya se predecía antes de las elecciones generales—que la oposición general de las izquierdas a las inevitables reformas que exige la situación incluye en su estrategia la intención pura y simple de sabotear la enojosa tarea un Gobierno que está haciendo lo que cualquier Gobierno hubiera tenido que hacer. Hay, al parecer, quien no teme convertirnos en griegos con tal de dar el do de pecho y justificarse siquiera por un día.

También IU

De las corrupciones no se salva, al parecer, ninguna fuerza política, y hay que reconocer que la cosa no deja de tener su lógica vista la lenidad con que el electorado vota a ojos cerrados a los mismos corruptos a los que decía de antemano que no iba a votar. Ahora le toca a IU, en la Diputación de Granada, donde un miembro suyo se las arreglaba para organizar una trama de facturas falsas en beneficio del consabido amigo-cómplice. Claro está que una golondrina no hace verano, pero vaya mala suerte que le salga a IU un mangante justo cuando monta el gesto de exigir transparencia a la Junta de Andalucía en el caso de los Ere fraudulentos. ¿Será verdad que la corrupción alcanza a todos los partidos, aunque no a todos en la misma medida? Pues puede, pero ésta es, sin duda, una pésima noticia para los autoproclamados “regeneradores” de nuestra vida pública.

La HGP

Un activista romántico como Jorge Semprún, nos contaba una vez en París algo que luego repetiría, ya más formalizado, en sus   “Memorias de Federico Sánchez”. Hablábamos de la huelga con todos sus apelativos y eufemismos –la “Huelga Nacional Pacífica” o HNP, la Huelga General Política o HGP , la que con cierta sorna llamábamos la ADN porque la organizaba la Asociación Democrática Nacional de Carrillo, ya en los años 70—y Semprún venía a decir que ese instrumento, a fuerza de politización y burocracia, se había convertido en la última encarnación del hegeliano Espíritu Absoluto, en una fantasía legitimadora, que en absoluto bastaba para modificar el universo resistente de la realidad. Nosotros le recodábamos que el movimiento obrero primitivo había sido mantenido por los propios trabajadores hasta el lindero de la hambruna, y tenía organizadas, como cuenta Anselmo Lorenzo de “El proletariado militante”, sus “cajas de resistencia” de las que salía el viático imprescindible para sostener a los activistas, a los parados y sus familias. Hoy mismo en Alemania, donde los sindicatos no son subvencionados sino que viven de las cuotas de sus trabajadores, funcionan también las “cajas de huelga” para asistir a los huelguistas, empezando por ese IG-Metall –el mayor del mundo quizá—que tanto ayudó al PSOE en la etapa de los “Flick y Flock”. En España, en cambio, los sindicatos son gigantescas máquinas subvencionadas por el impuesto ciudadano que funcionan en el marco de una “concertación” con la patronal, indiscernible del verticalismo sonriente de Solís, unas empresas rentabilísimas que comercian con los cursos de formación, siempre más pendiente de los trabajadores que de los parados y, por supuesto, un pulpo unido por un tentáculo al poder que les paga. Eso se llama disparar con pólvora ajena desde un empleo como otro cualquiera. Un dato: Cándido Méndez no ha cotizado un solo día por cuenta ajena. ¿Se puede ser más “profesional”?

Que la calle se iba a poner imposible si ganaba el PP estaba cantado, tanto como que la crisis casi terminal en que andamos sumidos exigiría medidas de sacrificio colectivo si pretendemos continuar formando parte de esa cuasifederación que es la UE y del único mundo llamado “libre” que hoy conocemos. Y ahí está ya el primer embate, la HG teatralizando una tragedia que no va a resolver nada, sino todo lo contrario, asediando al Gobierno con sabotajes legales. Así empezaron los griegos en la plaza Sintagma y miren cómo están, hechos unos zorros. Aunque, eso sí, los huelguistas españoles perderán hoy su salario, al contrario que sus colegas alemanes. Aquí no cobran más que los barandas, y claro, tienen que justificar la manteca.