Deudas andaluzas

Oyendo a Griñán y a su consejera del ramo reclamar frente a la negativa de ZP un aumento de la deuda andaluza, se viene a la cabeza el eslogan que, durante el aznarato, empleó sin tasa la propia Junta: “El Gobierno de Madrid discrimina y castiga a Andalucía”, ¿recuerdan? Otra cosa es que el Gobierno pueda llevar razón porque, siendo cierto que sin más dinero será imposible salir del agujero negro, también lo es que con mayor deuda estaremos cada vez más abajo en esa sima. El Gobierno nos castiga, eso va a misa, porque a pesar de los serios avisos electorales, aún nos considera feudo seguro. En cuanto a la Junta…, la Junta se limita a hacer su papel decidida a todo menos a ahorrar.

Crónica de la agonía

Patética la carta de Margarita Ramírez-Montesinos publicada ayer, en la que se denunciaba la situación patética de la UCI del Infanta Elena. No puede ser más espeluznante y entristecedora. Tratándose de un personaje de primer nivel político –el afectado, su marido, es nada menos que el fundador del PSOE en Huelva—resulta aún más extraña esa historia infernal. Que el PSOE calle si gusta las razones del abandono de su fundador, pero que la Junta explique de inmediato si son ciertas las circunstancias denunciadas o no resulta imprescindible. Huelva no se merece estas cosas, verosímiles teniendo en cuenta que la cuña que esa denuncia, política en el fondo, viene de una cuña de la misma madera que sostiene este tinglado.

Otros mundos

Supongo que será por la necesidad de distraer a la opinión, no poco atenazada por sus guerras, la amenaza terrorista o la persistencia de la crisis, pero nada menos que la ONU acaba de echar mano del mismo recuso que hace setenta y tantos años sirvió a Orson Welles para aterrorizar a su audiencia radiofónica. Diversos medios han difundido, en efecto, la noticia de que la astrofísica malaya Mazla Othman, actual directora de la Oficina de Relaciones  con el Espacio Exterior, sería designada en breve por el organismo internacional como “embajadora” permanente con la finalidad de que una eventual llegada de los esperados extraterrestres no pille desprevenida a la Humanidad sino con sus mecanismos de respuestas debidamente engrasados. Es verdad que la interesada ha aclarado con celeridad que la noticia era inexacta pero también que el proyecto existe y que ha fraguado como consecuencia del descubrimiento de esos exoplanetas que ha permitido cuestionar a fondo la estrategia negacionista que mi amigo Ignacio Darnaude concibe como un complot y llama en un reciente libro la elusividad, eventualidad que el propio Hawking –que últimamente no se pierde una– ha atacado a fondo con su aviso a los navegantes sobre la potencial existencia de una vida alienígena que podría acabar colonizando la Tierra como Colón colonizó las Américas (sic). Cada era tiene su mitologema y ésta que nos ha tocado vivir lo centra en el viejo sueño astral que se arrastra desde Luciano hasta Campanella, disconforme siempre con la limitación terráquea de la existencia inteligente aunque también siempre limitada al ámbito seductor pero inconcluyente de la metáfora. Uno, qué quieren que les diga, siempre se aferra, en última instancia, al apotegma de aquel lúcido visionario que fue Paul Éluard, ya saben, aquello de “Hay otros mundos, pero están en éste”. No comprendo como una mujer pudo dejar a un hombre así para largarse con Dalí.

 

Más prosaico en este momento, me apunto a la tendencia que ve en estos embelecos no más que sonajeros para distraer al personal, y que protesta ante maniobras tan infantiles destinadas a embargar el criterio público crecientemente inquieto ante nuestros problema reales. Un negocio fácil, en fin de cuentas, pues ya Loyola explicó que para quienes creen (en lo que sea) no hacen falta pruebas mientras que para quienes no creen sobran todas, pero al que una embajadora de la ONU nada menos para asuntos extraterrestres aportaría, sin duda, una notable credibilidad. Cuando Einstein dijo eso de “mira el cielo y aprende de ellos” apostaba, seguramente, por el misterio, pero a los vividores les estaba abriendo la puerta de par en par.

¡Que se besen!

Tranquila huelga, salvo excepciones. Tímidos gritos contra el Presidente del Gobierno, al que llamaron “embustero”, pero con sordina. ¿Era posible organizarle la marimorena al Gobierno al que se apoya? Parece que no: las calles hablaban por sí mismas, y el civismo de los manifestantes discurriendo ante el comercio abierto en su mayoría hablaba por sí solo. Méndez y Toxo, sobre todo Méndez, han ido forzados a este envite pero lo que han dicho no se lo han creído ni ellos. Ahí están ya las ofertas de diálogo abierto y cordial. ¿Acaso no estaban antier? Se ha notado demasiado en esta HG su carpintería política. Daban ganas de animarlos, durante el recorrido, mientras insultaban con la boca pequeña al Gobierno, con el himeneo tradicional: ¡Que se besen, que se besen! Lo otro no se lo creía nadie.

El PSOE contra el Recre

No se explica la enemiga del PSOE contra el Recre, que tan malos resultados les dio ya cuando Ceada estuvo a punto de permitir que el Decano desapareciera. Asocian su imagen a la del PP, que fue quien lo salvó desde el Ayuntamiento, quien hizo el Estadio y propició la mejor ejecutoria del club más que centenario en toda su historia. Y ahora aprovecha el traspiés competitivo y el consiguiente fracaso económico para forzar un estado de opinión contra la vieja institución popular onubense que, muy probablemente, acabará volviéndoseles en contra como se les volvió entonces. Hay cegueras incomprensibles, pero las que provoca el partidismo son insuperables.

En el laberinto

Ya veremos en qué queda la farsa o semifarsa venezolana de las recientes elecciones que, al parecer, ha ganado Chaves pero sin conseguir la mayoría absoluta que precisaría para continuar con sus planes. En todo caso, si se confirma, esta última circunstancia puede decirse que la democracia estaría de enhorabuena salvo que por democracia se entienda el mero ritual electivo y no todo un sistema de representación efectiva de la voluntad popular sin trampas ni cartón. El amigo Gustavo de Arístegui, sólo ante el peligro como tantas veces, se lo ha explicado muy bien a Carlos Herrera, poco después de haber superado el trance de su fallida expulsión del país: “Estas elecciones han sido como una alta torre a la que la Oposición ha debido subir costosamente a pie mientras el Gobierno se elevaba en ascensor”. Por no hablar de presiones, de tiros con sordina (o sin ella), de forcejeos institucionales de todo tipo, que ha sido lo habitual en Venezuela, desgraciadamente, de toda la vida. Porque no hay que olvidar cuánto debe Chaves a su “golpeado” antecesor, Carlos Andrés Pérez, tan bien visto por la Internacional socialdemócrata (en especial por González) a pesar de su corrupción delincuente, en la medida en que a aquel maltratado pueblo las mangancias soportadas durante tantos años le nublan la vista sobre las actuales. Hay quien cree ingenuamente que el hallazgo de Chaves ha sido la pseudoutopía bolivarista; yo creo que, simplemente, ese gorila se ha beneficiado de la mala imagen de lo anterior pero que, sobre todo, se ha sabido apropiar del petróleo, el único recurso, con toda su vasta red de connivencias oligárquicas. Esas adhesiones aisladas y sonoras que recibe de intelectuales yanquis y hasta europeos –Vargas Llosa aclaró que se trata del único régimen “revolucionario” del área que no ha logrado el apoyo masivo de la izquierda pensante– no dejan de ser grotescas y risibles cuando se reproducen en la tele para todos los públicos. El ridículo de Maradona con su apoyo incondicional no es menor que los de Chomski o Harold Pinter, vistos en la pantalla de “Aló, Presidente”.

 

Queda por ver si Chaves se conformará con el resultado o acabará forzando un “arreglo” que le devuelva la autarquía. Ya se ha visto, en todo caso, que su fuerza está en las zonas deprimidas y subdesarrolladas, en las que la ignorancia y el indigenismo, hábilmente cultivados, garantizan las tentaciones de una “revolución” paradójica e  inevitablemte involucionista. El mitologema bolivariano es un camelo frágil. Comparado con su matriz cubana llega con medio siglo de retraso. Y medio siglo de retraso es, hoy por hoy, toda una eternidad.