Asar la vaca

No me explico cómo  hay aún quien tiene jeta para insistir en que el mangazo de los ERE fue, todo lo más, “pecatta minuta” y cosa, en fin, de “cuatro golfos”. Golfos los hubo, qué duda cabe, pero no lo fueron sólo esos imputados que declaran haber gastado el dinero en copas y pulirse 25.000 euros al mes en cocaína, algo que no hubieran hecho nunca de no haber partido de la evidencia de que, allá arriba en la cúpula, contaban con la vista gorda de los responsables máximos. Un director general y un chófer no tuvieron jamás esa capacidad de gestión para apalear millones. Si hicieron lo que hicieron es porque andaban trajinando en la barbacoa donde se “asaba la vaca” con el dinero destinado a los parados.

Pobreza y felicidad

Probablemente no nos hayamos enterado siquiera, pero el domingo pasado, día 17, se ha celebrado el Día Mundial de la Erradicación de la Pobreza del mismo modo que hace poco, creo recordar que fue en marzo, celebrábamos el Día Mundial de la Felicidad, que no sé cuál de los dos tendrá más guasa. Nos viene mejor el primero, dado que, de creer en el reciente Informe sobre la Exclusión Social consta que más de un millón de andaluces han de aviárselas con 332 euros al mes, dato que confirma que la pobreza mantiene su ritmo creciente en Andalucía a pesar de que crezca el PIB regional. Es más, parece ser que más de tres millones seiscientos mil de nuestros paisanos se encuentra hoy por hoy en riesgo de pobreza, es decir, que perciben un 60 por ciento que la media nacional, lo que hace de nuestra autonomía el furgón de cola de este tren español que viaja sin maquinista desde hace casi un año. En cuanto al segundo, hay que constatar que el reciente World Happiness Raport 2016, que la universidad de Columbia le cocina a la ONU, se descubre la fuerte caída de nuestros niveles de felicidad hasta el punto de situarse en el pelotón de cola mundial tras países como Jamaica, Ruanda o Chipre.

¿Nos lo creemos o no? Ustedes verán, pero uno, como sociólogo dimitido, no tiene otro remedio que tomar el dato en consideración, por más que no se me escape la labilidad de ese concepto hipnótico heredado de Grecia, del cristianismo y de la Ilustración. Porque a saber en qué estarían pensando los encuestados cuando valoraron su felicidad, teniendo en cuenta el caos conceptual existente en la filosofía –desde Sócrates a Schopenhauer— en torno a esa cuestión. No dudo, en todo caso, que el pesimismo que implican esos resultados tenga cierta base real, pero ¿a que tiene su guasa el hecho mismo de que la propia ONU llame a tu puerta para preguntarte, con la que está cayendo, cómo de feliz te sientes? ¡La felicidad! Hace poco escribía uno que esa ilusión no es siquiera una utopía sino una metáfora a la que cada uno le pone su significante, un concepto mítico en el que nadie cree pero al que todos aspiran. Séneca estaba convencido de que la felicidad se aleja del hombre en la medida en que éste insiste en buscarla y Agustín de que felicidad y desdicha no caben en un mismo zurrón, pero está visto que el Poder se niega a prescindir de ese opiáceo al que tanto le debe.

Los “arrecogíos”

El caso de Blas Ballesteros, gerente del sevillano Consorcio Provincial de Aguas –un chollo, como comprenderán—será paradigmático pero en absoluto resulta singular. Hay cientos, miles de “arrecogíos” del PSOE en envidiables puestos reservados para los “adictos” que van cayendo en el favor principal o fracasando en las elecciones. La Diputación –todas, ojo—son un claro ejemplo: no hay alcalde volteado por el votante que no reciba a cambio un cargo con sueldazo. Un caso límite: en la de Huelva ha habido hasta un “asesor de Infraestructuras y Aeropuertos”… ¡sin haber aeropuerto en la provincia! Y en este Consorcio un gerente sin el requisito para un puesto reservado a funcionarios. El partido que cobra unido permanece unido. ¡Y ni eso…!

La inocencia del PP

La secretaria general del PP andaluz acaba de renunciar a la alcaldía de su pueblo. Aunque esa incompatibilidad –que propugna Juanma Moreno— no figure en los Estatutos de su partido sino que fuera impuesta por el PSOE con el objetivo de desmochar la nomenklatura rival. El PP resume eso en el emblema “Una persona, un cargo”, lo cual parece razonable. Ya, pero entonces ¿por qué Susana Díaz puede seguir siendo Presidenta y secretaria regional aspirando incluso a tener un despacho en Madrid? ¿Y por qué un alcalde no puede ser diputado pero sí senador, y tantos ministros han redondeado sus haberes como consejeros de grandes empresas? Acomplejados y más papistas que el papa, los conservadores le hacen con inocencia el juego un adversario que busca aniquilarlos a cualquier precio.

Tardío pero incierto

Pide el PP andaluz, ¡ahora!, que se aumenten las peticiones de pena para Chaves y Griñán, al considerar que confabularse para defraudar en la Junta supone, además de los delitos ya atribuidos por la Fiscalía, el de asociación ilícita. Yo no sé si ha lugar semejante petición –ni sé si lo sabrán los jueces— pero, en todo caso, parece un poco tarde para esa acusación, aparte de que no sé por qué se produce justo cuando se espera que el PSOE abra un resquicio para enderezar esta democracia torcida. Por supuesto que no hay modo de tragarse la estrategia deconstructora (copyright: Ignacio Camacho) que estamos contemplando en esta capea, pero no parece que éste sea el mejor momento para pedir el descabello. O tarde o mal o nunca, por lo visto. Qué se le va a hacer.

El ojo ajeno

Desayuno con mi huésped, gran jurista que acaba de volver de la agitada Alemania. Trata de convencerme de la maldad intrínseca de la Merkel aunque reconoce su solidaridad con los inmigrantes. Hojeando el periódico a dúo, nos topamos con la nueva denuncia de fraude masivo (en la agencia IDEA) y la opinión de Ignacio Camacho, siempre sagaz, de que entre el consejero Llera y la juez Bolaños están “deconstruyendo” la instrucción de Alaya. Y más adelante la noticia de que una ex- tesorera de los Grapo detenida en París al cabo de los años, andaba trabajando de “femme de menage”, la criatura. Mi huésped musita: “Ésa, por lo menos, no se lo llevó a casa”. Pero el camarero que nos oye –ay, esa confiazuda camaradería de nuestros amigos menestrales— puntualiza: “¡Más tonta que fue ella!”. Como no sé que decir, convido al huésped –faltaría más—y dejo mi propina. Me despide el camarero: “Gracias, generoso, y a ver si nos orientamos de una vez…”.