Verlas venir

Ahora resulta que la cantidad que la Junta bicéfala y los dos grandes sindicatos subvencionados reclaman al Gobierno de la nación por la presunta rebaja en los fondos destinados a políticas de empleo, es la misma que ella dejó de ejecutar en el ejercicio pasado. ¿Cómo entender que, superado con creces el récord de la tasa de paro, esta Junta durmiente no atienda a esas políticas elementales? Andalucía será la última autonomía en salir de la crisis, si Dios no lo remedia, mientras gestores públicos como los que nos afligen mantengan en pie ese trípode de dos patas. IU no sabe lo que hecho apuntalando un tinglado que se viene abajo por momentos. Lo que sí que deben saber sus afortunados dirigentes es lo que ha recibido a cambio.

Gargantas profundas

La vida política fue siempre un velado concierto de secretos desvelados. Nadie crea que estos tiempos difíciles hayan inventado ese mecanismo penumbroso que funciona desde que la serpiente reveló a Eva el secreto de Dios. Las masivas revelaciones de Wikileaks, el vertedero de las miserias vaticanas, la indemostrable infidelidad de Maru que tanto ha molestado a Rubalcaba o la publicación del informe sobre los ERE andaluces realizado por la Cámara de Cuentas, que apunta la “recortada” hacia Griñán, no son más que incidentes efímeros aunque sus efectos puedan aliviar o enrarecerle la vida a unos y otros. Convencido de ello, pienso que lo lamentable, ahora como siempre, no son las filtraciones mismas, sino el secreto, el secuestro de la realidad por parte del Poder (o de los poderes), la sustracción a la muchedumbre de su legítimo derecho a mirar siquiera por el ojo de la cerradura. No digo yo que no haya filtradores/as maliciosos, gentuza profesionalizada en el chivateo y correveidiles mercantilizados, pero sí que la filtración, al menos en principio, puede ser –y de hecho lo ha sido en innumerables casos– un factor excepcional en el funcionamiento del régimen de libertades. Si no hubiera secretos vergonzantes o incómodos no existiría esa imagen de “Garganta Profunda” que fue capaz de echar abajo a un presidente de los EEUU, ni tendría la menor posibilidad de éxito un personaje como Julián Assange aventando al mundo las interioridades de los poderosos. Es más, por lo que a nosotros se refiere, sostengo que sin filtraciones no hubiera sido posible la pequeña historia de nuestra democracia ni la de ninguna otra porque, en definitiva, son esos denostados “topos” quienes nos han permitido tantas veces desmontar los camelos oficiales sacando a la luz pública las miserias de las covachuelas.
A la hora de juzgar al filtrador debe tenerse en cuenta que sus fechorías no son más que una consecuencia de la usurpación de la verdad por parte unas élites que son, a su vez, filtradoras de cuanto les conviene. ¿Se creerían ustedes que fue el propio Vera quien le reveló a El Mundo el escándalo de los fondos reservados? Pues créanlo porque es cierto, y ello prueba que el mismo Poder es casi inconcebible sin esa doble facultad de ocultar lo que le perjudicaría y, al mismo tiempo, permitir, que se filtre cuanto le beneficia. No reconozco instancia alguna de poder que no haya bicheado por ahí esparciendo ese estiércol que, en definitiva, es el que fertiliza su propio suelo. Mientras exista la política oscura habrá filtraciones en sus cañerías. El chivato no es más indigno que el que mantiene la verdad secuestrada en su caja fuerte.

Chitón feminista

Se repite lo de siempre: las organizaciones feministas más o menos dependientes de la nómina pública claman cada vez que un pringao menosprecia a una mujer, pero callan como muertas cuando el menospreciador pertenece a su mismo bando. Seguimos esperando, por ejemplo, que el IAM, el “lobby de mujeres” y demás vigilantes de la ortodoxia “de género”, protesten por la reiterada guasa con que el fiscal y consejero de Justicia de la Junta trata a una juez en ejercicio. Y podemos esperar sentados ya que no hay antecedentes de que esas feroces la hayan emprendido nunca con algún varón de su cuerda. También en la batalla y negocio “de género” se discrimina al adversario en función de su color político. Pero si lo que ha dicho ese consejero de la juez lo llega a decir alguien desde la bancada de enfrente, hubiera ardido Troya.

Tambores de guerra

Bernard Dubant, etnólogo con un pie en la soteriología, puso al frente de su obra sobre los sioux y el mítico Sitting Bull una bella parrafada del jefe shawnee, Tecumseh, ante el gobernador Harrison y, a renglón seguido, la réplica del poncio. Decía solemnemente Tecumseh que “hubo una vez una raza feliz”  y que la única vía para enmendar el robo del hombre blanco consistía en que todos los hombres rojos se reunieran para reclamar un derecho igual y común a la tierra. “¿Por qué no venden el aire, las montañas y el gran océano, al igual que la tierra?”, se preguntaba el Gran Jefe. El hombre blanco le contestó con un argumento rapaz disfrazado de ilustrado: “¿Debe volver una de las más bellas partes del mundo a su estado natural como guarida de algunos miserables salvajes, cuando parece destinada a ser el centro de la verdadera religión?”. Ese pleito no había otra forma de liquidarlo que con un arma nueva y fue la ametralladora la que lograría el objetivo. Pero ahora mismo, en las colonias indias (se dice, creo, amerindias) continúa, ya más tenuemente, ese viejo conflicto que se llevó por delante al general Custer y a Jerónimo pero que, aún sin tambores de guerra, no deja de plantear en la actualidad problemas como el que esta temporada enfrenta a los indios chochones, con perdón, con los arapajous, las dos tribus que comparten la reserva de Wyoming, opuestos los primeros a permitir que los segundos, que son mucho más numerosos, atrapen ejemplares de pigargos (esas águilas de cabeza blanca que son el emblema de los EEUU) imprescindibles para sus rituales litúrgicos. Los sioux, por su parte, se lamentan desde hace mucho por la extinción de sus bisontes, ese animal de barba larga que no es otra cosa que el emblema del sol y la suprema protección con que cuenta su tribu, mientras que el hombre blanco sublima cinematográficamente divulgando la insidia de que Sitting Bull no participó en la batalla de Littel Big Horn sino que se habría limitado a recitar un conjuro en un paraje alejado del jaleo. Por desgracia, no podemos contar con el testimonio de Custer ni de ninguno de los suyos.

 

Parece que ese pleito acabará ante el Tribunal Supremo dada la cerrazón de ambas partes, como ya advirtiera la profecía a Sitting Bull al pronosticarle que, después de su muerte, el águila reinaría sobre todas aquellas tierras, cosa fácil de comprobar con sólo echarle una mirada al reverso del dólar. Las culturas se extinguen sólo raras veces. En USA, hoy mismo, Obama mantiene un asesor para que lo oriente en pleitos como el referido, que no es cosa de desperdiciar ni un voto. “Hubo una vez una raza feliz”. Hay camelos que perduran eternamente.

Difícil cohabitación

Me figuro que el consejero de Turismo en el gobiernillo bicéfalo, Rafael Rodríguez (IU), se pondrá de perfil en los consejos de gobierno dado que fue él quien, como miembro de la Cámara de Cuentas, redactó el duro informe de los ERE –filtrado no se sabe por quién desde dentro de la institución– cuya existencia tratan de cuestionar, por la cuenta que le trae a cada cual, desde el presidente de ese órgano fiscalizador hasta el copresidente Griñán. No debe de ser fácil concluir que un Gobierno se ha columpiado durante años sobre el Código Penal y, al mismo tiempo, formar parte de él, sobre todo si, finalmente, alguno de los disparos dirigidos contra Griñán  en ese informe logra hacer blanco. No debe de ser fácil cohabitar, insisto. Que se lo pregunten a Rodríguez.

Cartas cruzadas

El debate interno provocado por el pacto incondicional de IU con el PSOE para gobernar a dos manos Andalucía se está sustanciando en un cruce de cartas centradas, paradójicamente, en un personaje que no está en el negocio pero que, con su autoridad, moral pesa demasiado a la hora de afrontar sus duras y razonables críticas. Me dicen que hay más, pero yo sólo he visto la que Antonio Romero le dirige, con las del beri, a Julio Anguita, la réplica a ésta de Vilar Antolí-Candela y la que el propio Anguita acaba de publicar con el sugestivo título de “Las lentejas de Esaú”, evidenciadoras todas ellas de la profunda crisis que tensa a la Izquierda comunista ante ese pacto alrededor del cual se arracima la nomenklatura y seencrespa la militancia más fiel a los principios que a los sillones. Importa menos, a mi juicio, el pormenor –nada deslumbrador, por supuesto—de la pretendida descalificación de Anguita y más, por el contrario, las buenas y pausadas razones que él expone en ese alegato especular que lo que no hace  más que colocar un espejo frente a los “integrados” para que ellos mismos se reconozcan en su denigrante deformación. ¿Por qué no negociar con el PSOE –al que se viene acusando implacablemente de hacer políticas de derecha—la investidura a cambio de unas cuantas medidas higiénicas urgentes y retirarse luego a la Oposición? ¿Qué gana IU entregándose con armas y bagajes al mismo PSOE al que ha venido fustigando por corrupto y acusando de constituir una equívoca izquierda entregada al neoliberalismo? Escuchar a IU decir que no asume los drásticos “recortes” de un Gobierno en el que ostenta la vicepresidencia y dos carteras es, sencillamente, ridículo en la medida en que ese pacto de gobierno compromete a la coalición a las duras y a las maduras, aparte de hacerla cómplice de las corrupciones que denunciaba hasta antier. Anguita no picó ese anzuelo en circunstancias infinitamente menos delicadas y por eso, aunque se resista dialécticamente a proclamarlo, no soporta que su vieja coalición replique la escena de las míseras lentejas de Esaú.

IU se ha puesto en almoneda ella solita, ha dilapidado el arruinado nimbo que heredó de quienes todavía exigían a la praxis que se acomodara a la utopía, se ha vendido por un plato de lentejas, en efecto, y ahora va de funámbula por el hilo que le balancea su socio y enemigo íntimo, dirigiéndose hacia su inevitable catástrofe. Mientras tanto no le queda otra que hacer de prótesis de un PSOE en caída libre. Los Valderas han dilapidado las últimas esperanzas deslumbrados por unos entorchados sin jerarquía. Si atacan con saña a Anguita es porque hasta ellos son conscientes de su oportunismo inmoral.