Gobierno de las tripas

Un diputado de IU, Ignacio García, que seguramente formará parte del inminente Gobierno bicéfalo, ha dicho que a la gente la preocupa la corrupción pero que le preocupa más el hambre. Hay, en efecto, miles de andaluces que no tiene qué comer y deben acogerse a la protección de entidades benéficas que suplen al Estado en esa función crucial. Esa cabeza pensante podrán en breve preguntar a la otra por qué, entonces, se retira la ayuda pública a la organización más activa y acreditada de España, es decir a Cáritas que tanta hambre y tanta pena quita a diario a tanta gente. No creo que un personaje que parece sensato me replique ese mantra gastado de que la caridad es una actitud pequeño-burguesa porque él mismo concluye, con Cervantes, que lo  primero es el gobierno de las tripas.

Niños prodigio

Nunca me ha atraído la imagen de ese precoz sabelotodo que en los noticieros aparece subido en un taburete resolviendo, como si tal cosa. ecuaciones de campo. Hago excepción con los prodigios musicales porque de la inmensa mayoría de éstos conocemos, además de sus principios, como acabaron su carrera, cosa que no suele ocurrirnos con esos nanosabios con los que ni los padres ni el sistema educativo sabe bien qué hacer, aparte de aislarlos como se aíslan en las ganaderías de bravo a los bichos destinados padrear la manada. Al contrario de lo que cupiera esperar, esos nanosabios no llegan demasiado lejos aunque haya que hacer excepciones tan notables con prodigios como Kafka, Juan Ramón Jiménez y tantos otros que apenas superaron las primeras letras aunque luego demostraran su genialidad. Rimbaud era una calamidad, Einstein tampoco brilló prematuramente y a García Lorca o a Azorín se les atragantó el bachillerato como un membrillo sequerón. Ahora me las he visto y deseado, bicheando de web en web en busca del libro que ha escrito Mashe Kai Cavalin, un matemático adolescente, híbrido de chino y brasilera, que a sus catorce añitos ha publicado un inencontrable libro titulado, con evidente aire obamesco, “We can do”, o sea, podemos hacerlo, dirigido no sólo a sus iguales sino a la legión de padres desorientados por las salidas del nene. No lo he encontrado, en fin, pero sí que he dado con varias entrevistas en las que el chico deja correr libremente su ingenio –ya saben que Gracián distinguía entre genio e ingenio–, ciertamente de la manera más humilde y realista: “Yo he llegado a la Luna –nos dice–, pero cualquiera que lo desee con vehemencia puede llegar a la Vía Láctea”, o bien “Todo el mundo tiene un potencial para ser especial pero es preciso saber sacarle partido”. ¡Será sabio el niño!

A mí lo que más me ha impresionado de sus confidencias ha sido esa declaración de que el objetivo último de su empeño consiste en “encontrar la cordura a través de la sabiduría”. Y ésta otra: “no pretendo enseñar a nadie cómo ser un genio sino cómo vivir mejor”. Seguro que Pitágoras o Antístenes lo hubieran matriculado gratis en sus academias, pero Moshe Kai Cavalin es probable que acabe confundido con la muchedumbre solitaria lo mismo que Alcibíades o Arturito Pomar, sencillamente porque la sociedad no ha dado con la tecla precisa para refinar a estos diamantes en bruto. Lo que yo creo, en el fondo, es que el sistema educativo no es capaz de encajar estos desafíos naturales. Y menos mal que el interesado tampoco cree en lo del “genio”. Con eso tiene la posibilidad de llegar a serlo algún día sin que lo exhiban en el telediario.

La sombra del macho (2)

Siempre ha admirado al cónyuge que sabe encajar con dignidad el escándalo provocado por su media naranja. La vida es compleja y es larga, las ocasiones y peligros acechan tras cualquier esquina, y ni uno ni una suelen tener blindada al cien por cien su fidelidad. Ojo, porque no hablo del consentidor o la consentidora, que ése es otro cantar, sino del sujeto fuerte de espíritu que sabe vivir su vida al margen de la opinión respetando, cuando el caso llega, el resbalón del otro. Muy tarde nos hemos enterado de que lo mismo Sartre que Mao o el propio Gandhi eran menoreros que no dudaron en entretenerse con jovencitas en las mismas narices de sus señoras que soportaron con discreción el ultraje, y lo hemos hecho para convencernos de que, en esas circunstancias, el macho transgresor (o la hembra, en su caso) no suele ser ningún héroe jupeterino sino un adolescente residual ingenuamente empeñado en prolongar su edad feliz. El último caso que conozco es el de la mujer de Strauss-Kahn, la estupenda Anne Sinclair, una profesional como un castillo que ha encajado sin inmutarse la inmunda disipación de su marido sin mover un músculo ni decir una palabra de más, pero que ahora parece que va a rentabilizar la escandalera para volver a la tele como comentarista de las dos vueltas de las elecciones francesas, hecho que ha levantado la inevitable expectación de un público siempre ávido de la salsa folletinesca aunque se trate de un programa estrictamente político. Dicen que a Sinclair le van a pagar lo que no está en los escritos, como es natural, porque los responsables de la cadena, la BFMTV, están convencidos de que más vale un adarme de morbo que todo el talento del mundo y porque, naturalmente, Anne Sinclair lo sabe también. Sólo se está seguro de amar cuando se superan los celos, como sólo se aprecia de verdad la vida cuando la vemos amenazada.

Lo de Strauss-Kahn con la mucama neoyerokina o con el putiferio de Lille es un asunto tan asqueroso como humano, y nadie debe extrañarse de que su mujer lo encaje o aún lo rentabilice si pensamos que todo un partido como el PSF ha estado gravemente dividido entre los exigentes radicales de la integridad y aquellos –muchos, por cierto—que, incluso tras el numerito americano y los dos procesos franceses, insistían en la posibilidad de su candidatura a la Presidencia. Sinclair sabe, sin duda, que los celos son inútiles además de malos consejeros, y al mercado del “share” el folletín le viene al pelo para mejorar su cuenta de resultados. Eso sí, Sinclair es ahora la mujer de Strauss-Kahn, ese garañón incontrolado que, en el fondo y finjan lo que gusten, ha hecho las delicias de muchos en su volteriano país.

Empleo de calidad

Vayan a la web del Parlamento de Andalucía, echen un vistazo a lo que trincan los diputados/as, envidien esos 3.113’26 euros mensuales de salario, añádanle los complementos mensuales por razón del cargo, súmenle luego las indemnizaciones por desplazamiento, alojamiento y manutención (que oscilan entre 800 y 1640  semanales según la distancia recorrida), no olviden los 0’25 euros/kilómetro para los que viajen en coche ni las cuotas de la Seguridad Social o mutualidades, el seguro de mes por año al despedirse y la quincallería electrónica (ordenador portátil, móvil de última generación, línea ADSL y conectividad UMTS. ¿Quién se extraña de que quieran ampliar el número de Señorías? Ese empleo de calidad no lo consigue hoy la mayoría de los altos titulados.

El sentido común

Meciéndose todavía en la cuna del poder casi absoluto, Alfonso Guerra dijo (o repitió, porque dice la maledicencia que los chascarrillos de Guerra se los sirven en bandeja sus bufones) que el entonces presidente de la Castilla-La Mancha, José Bono, era un “Bono convertible”. Lo dijo porque éste se había desmarcado de su disciplina, claro, pero lo que no se le puede negar al chiste es su gracia intrínseca. Hoy, cuando Bono ha reflexionado en voz alta que sería más sensato montar en Andalucía un gobierno de concentración con la mayoría minoritaria del PP en lugar de jugar a la ruleta rusa con Izquierda Unida, los reproches del PSOE han sido menos irónicos y más directos –entre otras cosas porque hay una distancia sideral entre Guerra y los ninis a los que Griñán ha encargado la descalificación—y lo que algún bocazas le ha dicho a Bono, simple y llanamente, es que es de derecha “como todo el mundo sabe”. ¿Cómo todo el mundo sabe? Entonces, ¿por qué fue el candidato del PSOE andaluz para enderezar la debacle de Almunia y por qué ha permitido el PSOE que un señor de derechas dirigiera primero al Ejército y luego el Parlamento? Uno comprende que Bono inspire recelos diga lo que diga pero eso nada tiene que ver con reconocer que esa propuesta que acaba de hacer está mucho más fundada en el sentido común que en el proyecto en marcha de co-gobernar la autonomía andaluza a dos manos, es decir, con dos co-Presidentes que, entre otras cosas, se desprecian olímpicamente el uno al otro, y no sólo en privado, como hemos podido comprobar mil veces, antes de que el PSOE cayera en la cuenta de que IU existía, a pesar de todo, como posible socio de gobierno, y despreciara eso del “gobierno de izquierdas” para pactar con quien fuera a cencerros tapados. Entre el cambalache que supondría esa alianza de emergencia y la que se avecina media un largo trecho, ya lo iremos viendo. Mientras tanto, obvio es decirlo, Bono no es más que un conservata y punto pelota.

¡Hay que ver la cantidad de personal que vive aquí de ese par clásico izquierda-derecha al que luego, paradójicamente, todo el mundo le niega virtualidad! La democracia se está convirtiendo en un combate amañado como esos de la lucha americana en que los feroces contendientes toman impulso en las cuerdas para patearse mutuamente de mentirijillas. Lo que no habíamos visto hasta la fecha es un pandomónium entre los que se desacreditan los unos a los otros llamándose “socialtraidores” o sencillamente “comunistas”. Bono, que es perro viejo y aprendió en la astuta cartilla de Tierno, se ha dado cuenta a tiempo de lo que no hace falta ser un lince para verlo de frente y de perfil.

Telón de acero

IU no va a imponer en el Parlamento una comisión para investigar los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas tal como había prometido a sus electores en campaña. Qué va. Ante el banquete servido y con las bayaderas por medio, a lo más que llega ya es a admitir un compromiso –¡con el propio PSOE!—para “impulsar una nueva regulación de las comisiones de investigación parlamentaria”, y luego ya se verá si en ella cabe el escandalazo o no. Ya veremos por donde le sale ese tiro a IU cuando esté metida de hoz y coz en la Junta bicéfala. De momento, lo único claro es que ha dado marcha atrás antes de meter la primera.