El enigma bancario

Yo creía haberlo visto todo ya en esta perra vida, pero me equivocaba.  Me faltaba ver a Rajoy nacionalizar un banco en ruinas sin plantear siquiera esa cuestión tan socorrida de si la nacionalización es de derechas o es de izquierda. Mi primera reacción, superado el soponcio, ha sido caer en la cuenta de que eso de las nacionalizaciones o privatizaciones resulta ser más que relativo, realmente una cuestión coyuntural, como lo prueba que los bancos han sido nacionalizados lo mismo por los comunistas que por los fascistas, igual por la Falange “auténtica” que por el Mitterrand verdadero, con independencia de los resultados, y por eso mismo no debe extrañarnos que lo hagan también los ultraliberales. Hace poco defendía desde Berlín mi admirado Ignacio Sotelo lo mismo que el banco americano Merrill Lynch, a saber, que es un disparate eso de que el Estado cree “bancos malos” acumulando detritus financiero en lugar de comprar sus acciones a precio de mercado para proceder a su privatización en cuanto las circunstancias lo permitan, pero, a la vista de este inmenso embrollo, yo voy a hacer caso de una máxima que Mussolini le endosó al propio Gramsci en un encendido debate parlamentario, aquella que sostenía que “los lectores de periódicos se equivocan siempre”. ¿Quién, aparte de los políticos y los banqueros,  sino los periódicos y las televisiones, quién sino las radios y el Internet, nos está volviendo mochales anunciando unos días la salud férrea del sistema financiero y avisando otros sobre su extrema debilidad? Lo mejor frente a la volatilidad de la opinión experta es la sordera voluntaria, el confortable autismo del mesteño que, recostado en la umbría, no sabe si el precio de su ganado sube o baja en ese momento en los lejanos mercados. Porque la verdad es que en los EEUU, en Inglaterra y en la propia Alemania han desafinado de la comparsa privatista de algunos bancos de manera no muy diferente a como lo han hecho en Corea del Norte o en China.

En el México de los 80 se vivió una etapa de nacionalización de la banca que duró casi un decenio para luego dar marcha atrás tal como, en su día, hiciera Mitterrand, entre otras cosas porque ya es demasiado evidente que de lo que trata la UE no es de salvar a Grecia sino de salvar los bancos alemanes. Lo malo es que los peatones, o sea usted y yo, no sabemos más que lo que nos informan, mientras que Rato o Rajoy saben mucho más. Una única pregunta: ¿por qué no se castiga a los banqueros que ajustan en falso esos balances en lugar de darles un pelotazo de aquí te espero como finiquito? Eso es lo que habría que preguntarle tanto a los nacionalizadores de derecha como a los de izquierda.

Belmonte

El co-Presidente Valderas no parece estar ya tan preocupado por la corrupción del “régimen” que, antes de las elecciones, perjuraba que iba a poner patas arriba antes que nada en una comisión parlamentaria. Es más, hasta se ha apresurado a abundar en el criterio expuesto por el fiscal-consejero Llera descalificando a la juez Alaya con el argumento de que el ex–consejero Fernández no debería estar en prisión ya que no existe riesgo de fuga. ¡Lo que va de ayer a hoy! Verán cómo se va minimizando aquella promesa de transparencia y acabamos, todo lo más, asistiendo a una comisioncilla apta hasta para Canal Sur. Ser agradecido es ser bien nacido, que coños, y Valderas se lo debe todo ahora al colega con el que co-preside esta Andorra meridional.

Tócala otra vez, Sam

Los herederos de Humprey Bogart le han puesto pleito a Burberry por haber utilizado en su propaganda la imagen –inolvidable, ciertamente—de la despedida del héroe e Ingrid Bergman en un imaginario aeropuerto de Casablanca, imagen en la que ya me dirán quién no recuerda que Bogart aparecía enfundado en una trinchera Burberry. Creen los herederos que su derecho civil ha sido vulnerado por esta utilización de una imagen que incluye el rostro del personaje como gancho publicitario y, en consecuencia, que tienen derecho a percibir su parte en el botín que no deja de ser el derecho de autor cuando se pasa uno de la raya. Hace años, más de los que yo quisiera, tuve un roce con los Valle-Inclán por criticar en la revista “Triunfo” que las cuatro “Sonatas” de Valle no pudieran reeditarse completas por pertenecer cada una de ellos  a uno de sus no demasiado bien avenidos herederos. ¿De verdad tiene derecho un nieto o un bisnieto a cobrar porque se exhiba publicitariamente una imagen de Bogart luciendo la trinchera de Burberry, de verdad que Teddy Bautista lo tiene a infiltrar en una boda a unos inspectores disfrazados de comensales para cobrar los derechos de un viejo bolero?  Hombre, si les digo mi verdad, entiendo que un autor tiene el mismo derecho sobre su escrito que un inventor sobre su cerradura innovadora, pero qué duda cabe que reclamar dinero porque en una foto de propaganda el abuelete luzca una prenda del anunciante parece como más bien abusivo. Ninguna estrella le susurró jamás a un pianista negro eso de “Tócala otra vez, Sam”, y sin embargo el tópico se ha venido repitiendo durante decenios sin que nadie se percatara del camelo, que es, después de todo, lo lógico. Los Bogart supérstites, sin embargo, se han ido derechos al juez a exigirle su hereditaria prorrata. Si algún descendiente de los varios Tarzanes que ha habido en el cine se hubiera percatado del truco, hoy la desnudez, o mejor, el taparrabo, seguirían devengando sus derechos de autor.

Nadie discute la propiedad intelectual pero sí el hecho de que los herederos tengan una especie de derecho de pernada sobre la obra del antepasado hasta muchos decenios después de desaparecido al autor, y no digo nada sobre el derecho de una organización gremial a meter polizones en una boda para bichear la música ambiente y cobrarles un canon decidido pro ella misma. ¿Comporta derechos de autor el hecho de vestir una trinchera en una escena famosa? Bogart hubiera declinado la respuesta, el cigarrillo humeante en la boca, y la mascota encasquetada. Me pregunto por qué, entonces, sus nietos tienen derecho a trincar su alícuota sin comerlo ni beberlo.

Floreros caros

La encumbrada consejera de Presidencia, Susana Díaz, voz audible del co-presidente Griñán, ha colmado de elogios al co-presidente Valderas que, en realidad, no acaba de encajar en el organigrama ni de cogerle las medidas a su poltrona. “El señor Valderas es un aval para este Gobierno, por su trayectoria de solvencia y de responsabilidad en Andalucía”, dijo la encumbrada, y a uno se le viene a la cabeza la tentación de repasar el Diario de Sesiones o la misma hemeroteca para ver hasta qué punto la fuerza mayor es capaz de cambiar los criterios hasta convertir a los enemigos tradicionales en socios amigables. Los votantes de IU comienzan a comprender que este gobiernillo bien puede ser la tumba de una IU en la que no queda ni la sombra de personajes como Anguita o Rejón. Y tal vez también los del PSOE.

Destinos del arte

Van a volver a Sevilla los importantes Murillos que el mariscal Soult se llevó en carros a su país y luego se quedaron por ahí enredados en la madeja tejida por nuestros jacobinos. Será expuestas este otoño junto con los lienzos expoliados en Santa María la Blanca y luego en El Prado madrileño para viajar después a Londres, donde estos días acoge la Royal Academy of Arts una amplia muestra de las obras saqueadas en su día por los bolcheviques a las colecciones privadas que fueron repartidas entre El Hermitage de San Petersburgo y el moscovita Museo Pushkin, y en las que figuraban trabajos de Monet, Renoir, Gauguin, Picasso, Cézanne y las famosas “Bailarinas” de Matisse. Queda mucho por hacer –y no sólo por recuperar¬—sobre las diversas requisas que con el tiempo han ido perpetrando los ejércitos como botín de guerra o fueron regaladas graciosamente a sus generales, como es el caso de la colección que España regaló a Wellington, incluyendo ese prodigio óptico que es “El aguador de Sevilla”. Sólo Goering, al que su primera mujer había convertido en “amateur”, mantuvo una red de ojeadores que lograron acarrearle Dureros robados en Polonia, Rembrandt y Van Dick de los museos holandeses y una innumerable colección arrebatada a sus dueños en Francia e Italia, aunque también es verdad que ese “amateurismo” salvó de la quema (literalmente) los Van Gog, Munch o Gauguin que el celo nazi declaró arte degenerado y burgués poco antes de comenzar el conflicto mundial. Un historiador tan escrupuloso como Manuel Moreno Alonso ha explicado cómo esos saqueadores se valían de “guías” tan acreditadas como el famoso “Viaje” de don Antonio Ponz o el que escribiera Laborde, para llevar a cabo sus fechorías. Sólo el tiempo, que da tantas vueltas, ha acabado medio remediando estos expolios hasta devolver lo robado a sus dueños realengos. Estos días, precisamente, Austria ha decidido restituirle a los herederos de la colección Aranka Munk un Gustav Klimt requisado por los nazis a esa coleccionista judía liquidada poco después del expolio en un campo de concentración.

No deja de ser curioso ese afán requisador y coleccionistas de los grandes espadones, con el joven Napoléon que conquistó Egipto a la cabeza, aunque acaso se trate de una pulsión íntima por decorar la propia figura con el universal e indiscutido prestigio del arte, con independencia del influjo que haya podido ejercer la misma rapacidad del conquistador acreditada de toda la vida. Se despoja al vencido de su arte como si de un ejercicio de vudú sobre espíritu se tratara, de paso que se afirma la superioridad estética de un vencedor que, con su propio gesto, parece reconocerle una indefinible superioridad.

En corral ajeno

No sé qué inquietudes ha disipado Griñán en los empresarios en relación con los comunistas que co-gobiernan con él, ya que los mandapoco de IU, a pesar de todo, y como entiende parte de la militancia radical, van a estar en ese Gobierno de fieles como gallos (o gallinas) en corral ajeno. Pero había prisas por tocar pelo y Valderas ha hecho una faena de aliño en la que se ha conformado con que le dejen el quite de cortesía. ¿Será este gobiernillo la tumba de IU? Pues no es nada improbable, pero la política tiene un lado humano y depredador que no puede olvidarse. Por la utopía nadie da un duro a estas alturas. Lo único que se cotiza ya en este mercado es la nómina.