“Fumata Bianca”

Se desveló, al fin, el secreto a voces: la presidente de la Junta andaluza aspira a ser jefa política de su partido y, eventualmente, presidente de las Españas. ¿No serán esas demasiadas cuerdas para un solo violín? Ayer, al tiempo que se conocía tan magna nueva, llegaba desde Huelva el griterío en demanda de una sanidad mejor y desde Granada la protesta por su aislamiento ferroviario, por no hablar del callejón sin salida en que la Junta –mientras Susana Díaz se dedica a hacer carrera política—ha metido a la imprescindible educación concertada. Desde la tronera del Director de este periódico se ponía seriamente en duda la conveniencia de esta doble dedicación. Desde esta humilde almena se divisa el mismo panorama.

Otros populismos

El doctor Candel –“Spiriman” en el mundo mediático– va a encabezar ahora, culminada su campaña en favor de una sanidad andaluza mejor, el movimiento de masas que pretende acabar con el aislamiento ferroviario de Granada. Nada que objetar a esa furia cívica pero, sin mengua del respeto y simpatía por el personaje y teniendo presente el razonable adagio que dice  “zapatero, a tus zapatos”, uno se inquieta ante estos fervores populistas, tan en la onda actual como extravagantes, porque lo lógico sería mantener a los médicos en su hospital y a los políticos en su nosocomio. ¡Hasta el papa Francisco ha alertado de esas estrategias populistas asegurando que “siempre acaban mal”! Deseo fervorosamente que no sea éste el caso de ese doctor Pimpinela.

El sabio solitario

Don Julio Caro Baroja vivía frente al Retiro, en un piso alto del número 50 de Alfonso XII, desde la ventana de cuyo despacho contemplábamos en otoño el vasto mar de oro viejo del parque. Don Julio nos citaba a media mañana y aparecía indefectiblemente con su atuendo britanizante –¡aquellas chaquetas de tweed sobre el jersey de cuello alto…!–, amable sin estridencias, atentísimo siempre, conversador inolvidable sobre lo divino y lo humano, pues sobre ambos mundos fue un raro y hondo sabedor. Encima de su ordenada mesa había siempre un mazo de cuartillas sobre las que iba escribiendo espaciadamente mientras reservaba abajo un amplio espacio para las innumerables notas que surgían de sus muchos saberes. Conservo como oro en paño el manuscrito de uno de sus capítulo de sus “Los orígenes complejos de la vida religiosa” que tuve el privilegio de ofrecer como adelanto en una revista oficial, y cuya relectura me ha hecho cavilar tantas veces sobre la posibilidad de que no haya habido en su generación hombres más sabios que él y mi maestro Maravall.

Don Julio vivía en familia, entregado al estudio, viajaba con frecuencia a “Iztea” –la casa de don Pío en Vera de Bidasoa— donde, junto a su hermano Pío, conservaba religiosamente la memoria del gran novelista y el poso cultural de una familia que, como la suya, había sido clave en la cultura de la generación anterior. La trasera de la vivienda daba a los jardines de “El Botánico” y en sus dependencia atesoraba una espectacular biblioteca en la que se añadían, como estratos complementarios, textos de historia, antropología o folclore cuidadosamente ordenados.

No creo que nadie haya abierto un camino más ancho en la cultura española ni acertado con tanto tino en numerosos de sus aspectos más arduos como prueba su obra impagable. Pero tampoco que haya habido sabios tan asequibles y generosos, tan cercanos al interlocutor, ni tan conmovidos como él cuando surgía el recuerdo de su tío don Pío, de su desdichado padre (el editor Caro Raggio) o de su familia en general.

¡Pobres funcionarios!

No entro en detalles sobre la situación del funcionario que denunció el saqueo de los fondos de formación. Me quedo con su figura, que no es nueva, sino clásica ya en la Junta autónoma: la del trabajador público siempre sospechoso al político que ve en la Administración su propiedad privada. Arrinconar a un funcionario, condenarlo al ostracismo y dejarlo mano sobre mano es un hábito tan viejo como la autonomía que, por supuesto, no constituye novedad, pero que la Junta de Andalucía aplica con rigor cuando aquel no es “uno de los suyos”. ¿Que existe un delito llamado “mobbing”? Ya: que se lo cuenten a Teodoro Montes o a tantos antecesores suyos. El trágala de los funcionarios explica mejor que nada los desmanes del “régimen”.

Reparto de tiempos

El director “okupa” de la radiotelevisión andaluza, es decir, de Canal Sur, ha tenido la desfachatez de espetarle a los parlamentarios una arenga sobre la “imparcialidad” de la Casa. Es más, dice ese interino eterno que el doctor Spiriman sale más en la caja tonta que la presidenta Díaz. Y ello me ha recordado la desacomplejada confidencia de un viejo baranda de la casa: “Mira –me decía–, yo saco a Fraga el triple que a González (él decía Felipe, claro), pero a Felipe lo luzco en sus mejores frases y a fraga lo pillo siempre de espaldas y subiendo una escalera”. Mal criterio el reparto de tiempos en pantalla: lo que importa es el contenido y la intención. Canal Sur es la tele exclusiva de la Junta aunque la paguemos entre todos los andaluces.

“Cazi na”

Todo lo que la Junta ha creído necesario decir frente a la broma cazurra de un diputado del PSOE, facción Pedro Sánchez, lo ha expresado su portavoz, Mario Jiménez, en tv, al declarar, pillándosela con papel de fumar, que a él personalmente no le ha gustado la broma. ¡Como si importara algo el gusto o disgusto de esa eminencia política o, incluso, los de la Presidenta! Los menosprecios a Andalucía no conciernen a los políticos sino a todos los ciudadanos y, por eso mismo, la Junta –que tampoco hizo arder Troya cuando Pablo Motos se cachondeó de nuestra “habla” en el “El hormiguero”—debería haber protestado de manera contundente y no tentándose la ropa. Igual estos mismos vuelven de Madrid marcando jotas y escupiendo eses. ¿Les extrañaría?