IU y los ERE

El copresidente Valderas ha anunciado que en cosa de diez días, o sea, en el próximo pleno parlamentario, se aprobará la comisión para investigar que ha ocurrido con los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas de la Junta, aunque ya desde el PSOE le han advertido que en ella no se podrán elevar las responsabilidades por encima del director general. Pero ¿cómo sería posible eso si ya hay un ex-consejero en la cárcel y todo apunta a que el otro copresidente estuvo metido hasta las trancas en esa ciénaga? El pesimismo lúcido aconseja no esperar demasiado de esa comisión hecha posible por un Valderas que ya tiene lo que no pudo ni soñar y un Griñán que sólo puede esperar de ella lo peor. IU será, probablemente, el paño de lágrimas del PSOE en esta aventura que nace con las patas cortas.

Conflicto crónico

Siempre nos quedará Gibraltar para flagelarnos por nuestra pequeñez o para distraer los ánimos. Esto último es lo que tanto la prensa británica como muchos observadores españoles proponen como explicación motivada del actual conflicto provocado por la decisión unilateral de Gibraltar, no sólo de expulsar a nuestros pescadores del caladero inmediato, sino de ampliar sus aguas jurisdiccionales a pesar de que el Tratado de Utrech determina de manera expresa que lo que España cede a Inglaterra es el dominio de la tierra firme y el de su puerto que, naturalmente, acaba en su bocana. Con Franco el asunto del Peñón se gestionaba sentimentalmente convenciendo a la juventud con la imagen de esa espina clavada en el corazón y a base de azuzar nuestra natural xenofobia , en especial cada vez que el Régimen se veía ante problemas que se le iban de las manos. Con la democracia no ha dejado de mantenerse vivo ese rescoldo que ministro tras ministro han ido tratando con sus homólogos británicos sin gran éxito, hasta que Moratinos se inventó esa especie de foro a tres bandas en el que la Roca pasaba a tratar de tú a tú tanto a la potencia colonial como al país expropiado. Gibraltar como paraíso fiscal, Gibraltar como refugio del narcotráfico o como puerto de peligrosos navíos atómicos, Gibraltar como deudora de los inmigrantes españoles cuyas pensiones era preciso revalorizar, Gibraltar como escenario de provocadoras visitas reales o principescas: todo ha ido sirviendo de excusa para mantener encendida la brasa de la discordia, hasta llegar a esta crisis en la que la Guardia Civil habla ya, con razón, en asombrosos términos prebélicos. Nada ha cambiado, en realidad desde los tiempos de Martín Artajo o Castiella o los muy discretos de Fernando Morán: Gibraltar constituye un gigantesco negocio con más bancos que habitantes, además de un punto básico en la estrategia naval británica al que nunca renunciará el usurpador. Y los llanitos lo saben, sobre todo ahora que ya no viven de vendernos tabaco de picadura o penicilina sino que se ha convertido en una gigantesca lavadora de dinero negro.

No hay que pedirle a nuestros cancilleres, por supuesto, que tensen la maroma sino que procuren que la colonia no prospere más allá de lo tratado y que sean las diplomacias y no un alcalde de aldea quienes controlen la situación. La imagen de la Royal Navy enfrentándose peligrosamente a las inermes patrulleras españolas resultan absurdas más que espeluznantes, como ver a dos miembros de la OTAN apuntarse con sus armas desiguales resulta escandaloso. Europa no funciona como debiera ni a la hora de pacificar un pleito tan viejo como probablemente insoluble.

¡Sálvese quien pueda!

Mal debe de ver las cosas un despacho tan acreditado como el de Garrigues cuando ha exhibido ese informe jurídico en el que, nada menos que en 2009, avisaba a la Junta de la ilegalidad que estaba cometiendo y dejando claro que ni el director general tenía facultades para otorgar subvenciones, ni el famoso convenio suscrito por la consejería con el IFA (luego IDEA) estaba en vigor, ni las resoluciones se sometían al obligado control  financiero, ni siquiera se publicaban en el BOJA. Queda claro que la Junta era perfectamente consciente de lo que ocurría con el “fondo de reptiles” y sólo planea una duda sobre ese laberinto: ¿qué hizo el bufete citado cuando vio que no le hacían ni caso, se deshizo del cliente tramposo o continuó trabajando y facturando para él? Da la impresión de que empezó la desbandada y aquí ya no sirve más que el “sálvese quien pueda”.

Magníficos rectores

La autonomía universitaria es una cosa muy puesta en razón siempre que sea ejercida desde la perspectiva del “alma mater” y no se meta en políticas, como Franco aconsejaba cuando los Rectores Magníficos, salvo ilustres excepciones, eran simples funcionarios de la dictadura en lugar de comisarios de su Junta respectiva. El espectáculo del plantón al ministro del ramo viene a reforzar la razón de cuantos hemos defendido, con mayor o menor prudencia, que uno de los más graves efectos negativos de esta democracia desnortada ha sido, sin duda, transferir a las comunidades las competencias en materia educativa, una ingenua decisión que ha logrado, por ejemplo,  que en España se enseñen múltiples versiones de la Historia nacional y que, de hecho, hayamos conseguido instalarnos en las cotas más bajas de la clasificación europea y mundial. Escucho por la radio a la rectora de Málaga desgranar una sosegada pero radical argumentación del referido plantón y coronarla con el disparate de que ella no recordaba un despotismo mayor ni siquiera en tiempos anteriores a la democracia, como si con Franco vivo hubiera osado algún rector –empezando por ella– plantar al ministro como quien no quiere la cosa. ¿Cómo pretenden los Rectores imponer el orden del día a una convocatoria del Ministro? Hoy por hoy muchas de esas universidades están arruinadas debido a la mala administración de las autonomías cuando no a las iniciativas de los propios “magníficos”, y no los hemos escuchado ni visto plantarse ante las Juntas correspondientes para exigir siquiera el pan y la sal. La rebelión de los Rectores ilustra espléndidamente esta crisis de autoridad que el abuso autonómico ha provocado apoyándose en el vacío competencial del Estado que, puede que con la mejor voluntad,  hemos conseguido entre todos. Dice el Ministro que el cónclave rectoral no ha estado a la altura que cabía esperar. ¡A buenas horas se ha enterado de ese drama!

Esos rectores rebeldes contrastan con una realidad tremenda: que no hay una sola universidad española –y eso que hay más universidades que provincias– entre las doscientas más importantes del planeta. Y asumir su culpa: la de haberse prestado a depender de su Junta regional, incluso cuando ésta los maltrata y los trae tiesos, y vivir de milagro aguardando con paciencia la subvención que no llega. Yo he oído últimamente a algún rector dar un mitin partidista en su discurso de toma de posesión corroborando la índole política, partidista, de su cargo, y ahora los hemos visto burlar en bloque al Ministro. Desde luego, si aquí hubiera autoridad se iban a enterar.

Dama sonriente

Un par de sonrisas sorprendidas por las cámaras en el gesto, por lo general adusto, de Angela Merkel han revolucionado nuestro observatorio nacional. Se han multiplicado las portadas de los periódicos y más de un opinador ha querido ver en esa mueca amable el signo de una conversión de esa dama al credo del crecimiento y una abjuración del dogma del ahorro. Nuestro análisis político resulta cada día más subjetivo, como se ve, tal vez porque la objetividad se está poniendo imposible en este teatrillo sin candilejas de un mundo a la deriva. La Merkel carece de carisma suficiente para funcionar como jefe de filas en un continente tan machorro como es Europa y por eso mismo una sonrisa suya es susceptible de ser interpretada  tan unánimemente en términos simbólicos, pero tampoco rebosa atractivo un tipo tan corriente como Hollande y antes de haber tenido tiempo de hacer casi nada ya ha sido recibido por sus partidarios  como una especie de milagrero que nos va a sacar del pozo de la crisis con sólo dar en esos foros de Dios unos cuantos pases mágicos sobre la estadística. Hemos recibido con albricias esa sonrisa amable que, todo hay que decirlo, ha desconcertado al macho alfa que la mayoría llevamos en el subconsciente, algo que no creo que hubiera ocurrido si el sonriente hubiera sido un canciller y no una cancillera, porque todos recordamos aún la perenne sonrisa del padrecito Stalin y la taimada que el ogro que era Hitler esbozaba para saludar a los niños antes de enviarlos a la línea de fuego. Cuando hace poco algún experto sugirió que la Gioconda podría ser un autorretrato disimuladamente andrógino del propio Leonardo, faltó tiempo para que la sonrisa saltara a la réplica como prueba definitiva contra semejante teoría. Merkel podría sacar mucho partido a ese gesto simplemente prodigándolo en este mundo masculino.

Hay que ver lo simple que resulta pasar de Friedman a Keynes con sólo estirar los labios y mostrar la dentadura en señal de paz para tranquilizar al zoo. Cuando Gorvachov visitó a Reagan por primera vez, las reticentes televisiones de ambos lados del telón de acero fijaron su objetivo en un intercambio de sonrisas presidenciales que funcionaba como un clarinazo anunciador de la tregua o incluso la paz caliente en medio de la Guerra Fría. Y ahora es la señora Merkel la que ha subastado a la baja su marmórea dureza logrando, con unas cuantas fotos amables, desconcertar a sus detractores. Conviene sonreír lo más posible en este mundo arisco en el que todo son malas caras. No hay esperanza sin alegría, sin el bálsamo de esa careta propicia que doña Angela ha comprendido por fin que era preciso relajar.

El agua y el aceite

La expresión es del propio co-presidente Valderas y se refiere a la relación hostil que PSOE-IU han mantenido toda la vida. Pero ahora que él ya se ha integrado cómodamente en el sillón, son los comunistas orgánicos quienes le critican su postura sumisa reclamándole que ejerza la oposición parlamentaria y se enfrente a los “recortes” de Griñán tanto como a los de Rajoy. Valderas se pasará por el forro los acuerdos del PCA, ya lo verán, pero no cabe duda de que esta oposición interna degrada su ya malparado perfil también por el lado izquierdo. ¿Ésa era la Izquierda moral que venía a cortar por lo sano la corrupción y a dinamizar la política de la autonomía? IU saldrá mal de esa trampa seductora que permite el negocio de unos cuantos a cambio de plegarse todos a la hegemonía de un PSOE en su peor momento.