La antipolítica

Si algo no puede negársele al movimiento de los “indignados” es su pertenencia a esa corriente ideológica actual que desdeña la política cuando no se le opone abiertamente. Hay datos preocupantes. El que nos informa de la crisis del sentimiento democrático en países como la propia Francia. El hecho de que un cómico como Beppo Grillo haya obtenido en las recientes parciales italianas nada menos que un apoyo del 14 por ciento que alcanza cotas superiores en algunas ciudades importantes. El creciente desdén de los españoles por los políticos que ilustran los sondeos. La rebelión suicida de los griegos contra el Poder que, en este caso, como en el de Italia, ya no está en manos de políticos electos sino de tecnócratas. Vivimos una crisis de la política que, en realidad, es una crisis de la democracia, del sistema de representación mismo que algunos sociólogos como Pierre Bourdieu vienen profetizando hace décadas y visionarios como George Orwell anunciaron nada más concluir la segunda Guerra Mundial. Grillo no se corta ya en decir que “los partidos no existen, que se han pulverizado” y que, en consecuencia, iniciativas como su Movimiento 5 Estrellas (M5E) no son sino un precipitado del desconcierto público que viene a rellenar el hueco dejado por las viejas organizaciones. En Grecia, dada la gravedad de la situación, se insiste en la suplantación del político convencional –de hecho, un espontáneo con más o menos suerte— por un todavía indefinido gobierno de las masas, del protagonismo de las asambleas sobre los parlamentos que no es, en fin de cuenta, nada demasiado diferente a los que nuestros bisabuelos llamaron “acracia”. Y todo ello en medio de una crisis socioeconómica, cuyo mecanismo se desconoce en realidad, pero que mantiene en el alero a medio mundo. Un loco lúcido como David Icke se está forrando a base de predicar que el gobierno del planeta es cosa de unos cuantos ocultos, que la democracia es una farsa y que el dinero no existe más que en los ordenadores. Desde lo de Sócrates, se veía venir.

Es posible que los “indignados” no sepan siquiera lo que pretenden en concreto, pero también lo es que la casta política está en almoneda. Se viene abajo el tópico de la “tarea nobilísima”, la gente no cree ya en mandangas y el Sistema cruje por los cuatro costados no porque unos miles de ingenuos muestren las manitas o vivaqueen en nuestra plazas sino porque la opinión actual, más y mejor informada que nunca, le ha visto la punta al Sistema y al Oficio. Vivimos entre el desencanto y la pesadilla de la conspiración. Lo último ha sido descubrir que los bancos están tan tiesos como los peatones.

El caldo y las tajadas

Esta IU de Valderas pretende aprovechar la lotería que le caído en las manos para zamparse el caldo pero también las tajadas. Su nota aclaratoria de por qué aprobó las medidas ultraliberales en el Gobiernillo andaluz resulta cómica en su intento de responsabilizar de ese liberalismo a Rajoy aunque sólo sea porque permite ver claro –¡tan pronto!—que IU se ha convertido en esa “marca blanca” del PSOE de que venimos hablando y que está dispuesta a apoyar tan esquilmadoras medidas y las que están por venir con tal de conservar su ilusorio poder en el tinglado del “régimen”. Esos ingenuos que la votaron para salvarnos de Griñán comprenderán ahora que lo que han conseguido es prolongar este esperpento. Ni Valderas podría llegar a más ni el PSOE a menos en esta Andalucía a la que no le llega la camisa al cuerpo.

Bendita ignorancia

Tal como van las cosas, a la vista de la primera página del periódico y el machaqueo de los telediarios, cada día celebro más no saber de economía más que los rudimentos. Debe de ser una tragedia, siquiera como la teológica, trabajar con esa materia fluida y evanescente que, encima, se representa en números arábigos, pero en la que parece evidente que toda hipótesis de los expertos es meramente conjetural. No les voy a recordar el bastinazo de Standard and Poor’s cuando le dio sobresaliente con matrícula de honor a los mangantes de la banca americana que traficaban con las famosas hipotecas “subprime” o el que antes cosechó en Islandia, primero porque no entiendo eso de que unas agencias privadas le marquen la agenda a los Gobiernos y, lo que es peor, a los pueblos; y segundo, porque también hay que comprender que en este rollo de la volatilidad financiera, en cuyo ámbito todo resulta imprevisible, tiene mucho que ver la cultura de la virtualidad. Hace años un “trader” tramposo arruinó a no me acuerdo que banco inglés trajinando desde Hong Kong y hace unos días nada menos que JP Morgan, el rey del mambo hoy por hoy, ha tenido que tragarse un sapo de dos “miliardos” de dólares porque a otro de esos pájaros –un francés establecido en Londres– se le ha ido de las manos un negocio de especulación y riesgos que, con dinero ajeno, naturalmente, se venía trabajando con éxito, cosa que no hubiera ocurrido si la gran banca no se hubiera opuesto a esa iniciativa conocida como la “regla Volcker” que pretendía suprimir el corretaje sobre fondos propios, y que ahora le ha costado que la propia S&P sancione al gran banco rebajándole su nota. ¡Ah, el antiguo banco, con sus contables anotando en sus altos atriles y su cajero con el manojo de llaves, aquella liturgia del culto a la seguridad averiada definitivamente por la cultura virtual! Un amigo mío dice que un banco es hoy como una gran caja fuerte con un agujero informático, pero yo suelo argüirle que ni los “brockers” ni los ordenadores funcionan solos.

Que me expliquen, ya digo, cómo es posible que el Banco de España no supiera lo que viene pasando hace treinta años en las Cajas de Ahorro, que nadie supiera lo de la chorba valenciana, que ni Rato ni su antecesor ni los sindicatos presentes se hayan enterado de la película hasta que el oso se había comido ya medio madroño y parte del otro medio. O mejor, que no me expliquen nada. La gente se pregunta por qué hay que arrimarle dinero a los bancos que cuando ganan –¡y hasta cuando pierden!–  se lo llevan crudo o vuelta y vuelta. Marx se retorciendo de risa en su rincón de Hight Gate.

Justicia imposible

Nunca me pareció un progreso sino todo lo contrario la transferencia de la Administración de Justicia –en buena teoría, separada e independiente—a la Junta autónoma. Y ahí están los resultados, para que el nuevo fiscal-consejero despabile en lugar de meterse donde no debe. Los 16 magistrados de la Audiencia de Sevilla le han enviado a su Presidente un valeroso escrito en el que le denuncian que no pueden con su carga de trabajo y que ello les impide “ofrecer respuestas en plazos y formas adecuados”, es decir, con las debidas garantías constitucionales. “Hemos esperado pacientemente… en vano”, dicen los ropones. Ya ve el consejero De Llera –hasta antier miembro de esa Audiencia– que el problema no es la jueza Alaya.

Pobreza y honor

Una limpiadora de autobuses granadina ha devuelto a su dueño un bolso extraviado que contenía una pequeña fortuna. Lo ha hecho, según ella, porque su conciencia no le permitía adueñarse de lo ajeno, es decir, todo un clásico de la prensa que, como es obvio, posee sus filias y sus fobias, pero no caprichosas sino, de algún modo, compatibles con la moral y la estética social imperante. Es un clásico, ya digo, de la prensa sensible, en el que el protagonista debe ser pobre por definición si aspira a la honradez, y un  clásico sexista, pues ese concepto ennoblecedor es más propio de machos que de hembras, para a las cuales, según don Julio Cejador, no consiste más que en “la honestidad y el recato”. El honor y la honra no son una misma cosa, aunque en ello insistan tan ilustres filólogos (ni Cejador ni María Moliner incluyen en sus repertorios la voz “honor” sino que lo remiten a lo dicho en “honra”), porque el primero es valor que concierne a varones de alta condición social mientras el segundo suele aplicarse al gineceo y atenido sólo al comportamiento sexual. Lo de pobre está tan claro que el maestro Covarrubias, en su “Tesoro”, dice que “Honra y provecho no caben en un saco”, y no hay más que ver los funambulismos picarescos o los de García Valdecasas a propósito del honor hidalgo –es decir, del noble venido a menos– para verlo claro. Y en cuanto a lo de la atribución sexual, lo sabe cualquier lector de Calderón e incluso de Lope, convencidos ambos de que –encumbradas e idealizadas damas aparte—la honra de la hembra ha de buscarse de cintura para abajo mientras que la del varón, incluso si va de paranoico, le basta con ostentarla en la cabeza. Noticias como la del pobre o la pobre que dignamente devuelven lo que la fortuna puso en su camino, más que confirmar la virtud de esos héroes morales, lo que hacen es prestarle cuerpo a esa suerte de pedrea honorífica, de estirpe inmemorial pero de definición romántica, que siempre le puede caer en lo alto a un tieso fiel a su conciencia.

Lo más que puede hacer alguien del común para decorar su dignidad es asumir idealmente la axiología patricia, hacer suyo, sin serlo, ese severo código que antepone el deber a la oportunidad y eso, lo que ha hecho nuestra Palmira Díaz, es, en consecuencia, una acción memorable pero también un claro ejercicio de enajenación moral, de asunción de valores prestigiosos pero ajenos. ¿Por qué serán más fanáticos de la propiedad privada los que menos tienen frente a los preferidos por la fortuna? Llevaban razón los viejos revolucionarios cuando sostenían que la honradez en el expoliado no deja de ser un gesto reaccionario de sumisión.

Ni idea

Por fin conocemos algún proyecto concreto emanado del pacto PSOE-IU: el de la creación de una “banca pública andaluza”. Se trata de una vieja idea que no excluye a los totalitarismos de toda laya (fue, por ejemplo, un santo y seña nunca rematado del falangismo) y que, en estos momentos de confusión del sistema financiero, hay que ser insensato o tener mucho sentido del humor para plantear. O sea que propician la ruina de las Cajas de Ahorro y a renglón seguido proponen levantar una nueva en la que, ni que decir tiene, cada partido tendría su parcela. Si la banca privada anda como anda, pueden imaginar cómo andaría una pública en manos de los Valderas y sus socios. Si a Chaves le condonaron su deuda millonaria en una de las privadas, pueden hacerse una idea de lo que podría ocurrir en una “pública”.