Dso crespones negros

Desde el otoño acá hemos perdido dos de los grandes pensadores de esta España tan escasamente reflexiva. Se fue Gustavo Bueno, el insobornable, el radical de la razón, el intratable dialogante ne menos que tuvo la “corrección política”. Una vez, en la tv, la reconvino ingenua la locutora con el tole-tole de que toda opinión merece respeto. “¡Quien han dicho eso!”, se rebeló Gustavo. Acaso tengo yo que respetar a uno que venga diciendo que acaba de pasar un burro volando?. Todo un pensador y, si me lo permiten, un moralista a ultranza, incapaz de aceptar el sofisma más nimio. Y con una obra memorable, escrita sin dejar de hablar –su escuela asturiana da fe de su influencia—que, más o menos, hemos ido digiriendo siquiera algunos no siempre conformes con sus postulados. Su magno proyecto, “El cierre categorial”, ésa penúltima reflexión sobre la Ciencia y su circunstancia –que debe no poco, a mi juicio, a las dos obras mayores de John D. Bernal—constituye para muchos de nosotros una de las claves de bóveda del pensamiento filosófico –más buen epistemológico— de la postmodernidad. Nos hablábamos casi mensualmente, sobre todo desde la desdichada hospitalización de su mujer, y no me he topado con mayor afecto y comprensión que el que me regaló ese “intratable”. Cuando me ofreció clausurar en Sevilla el Congreso de Filósofos Jóvenes aceptó mi entonces vago agnosticismo con una exquisita sensibilidad.

Con él se ha ido también Gonzalo Puente Ojea, una de las cabezas más potentes que he conocido, más allá de su obsesiva y creciente obsesión ateísta que le hizo abominar incluso de los agnósticos. Gonzalo, diplomático de carrera, escribió en los años 70 una obra memorable, “Ideología e Historia”, en la que aclaró definitivamente, entiendo yo, muchos aspectos controvertidos del cristianismo primitivo así como del papel histórico de la corriente estoica. Aunque luego, a su vuelta del Vaticano –donde le enviaron maquiavélicamente los provocadores del gonzalismo—se enzarzara en una inacabable pelea ideológica con la creencia religiosa. José (Pepín) Vidal Beneyto y yo le cedíamos nuestras dos clases una vez al año en la Facultad de Sociología de la Complutense, cuando todavía no andaba extraviado en esta postrera obsesión. Dos pérdidas demasiado importantes para nuestra precita reflexión nacional, insustituibles tal vez aunque nos refugiemos en sus decisivas obras. Dos españoles muy singulares que suponen una irreparable pérdida para nuestra cultura.

Decíamos antier

Decíamos antier en este mismo recuadrillo que el partido Ciudadanos, o sea C’S, no se limitó en Andalucía a lubricar la investidura de Susana Díaz sino que tramó con ella en secreto un acuerdo de legislatura como una casa. Y ayer mismo comprobábamos en el Parlamento andaluz que, en efecto, melindres y morisquetas aparte, el partido de Albert Rivera sostiene al “régimen” del PSOE con todas sus consecuencias, dando la espalda a problemas populares tan graves como el expuesto por las llamadas “mareas blancas” para propiciar el silencio parlamentario. Abrasado por el ansia de poder, este partido tiene ya poco que ver con el que avalaran Boadella, Arcadi Espada y otros. A quien se parece cada día más en Andalucía es a su socio, el PSOE de toda la vida.

La Junta va por libre

Nadie va a extrañarse a estas alturas de los desplantes al Gobierno de la nación de una Junta autonómica que, como la andaluza, ejerce de oposición a Madrid cuando no es su partido el que gobierna. Esa Junta se sigue autodenominando “gobierno” a pesar de los tajantes reparos judiciales y hasta hay consejero –el de Medio Ambiente– que se presenta, sin que nadie lo llame al orden, como “regional minister”. Su última hazaña ha sido plantar en el Senado a la Vicepresidenta del Gobierno (del de verdad) “delegando” su representación en la extremeña. ¡Ay, si a alguien se le ocurre plantar a Guerra en sus buenos tiempos! Cada día se hacen más cuestionable unas Autonomías que no respetan ni por asomo al Gobierno de su propio Estado.

Bisagra engrasada

C’S, o sea Ciudadanos, funciona como una bisagra pero bien engrasada aunque de momento se ignore con qué grasa. Lo que perece seguro es que su pacto con la Junta de doña Susana va mucho más allá de la investidura, pues funciona como un acuerdo “para todo”. Lo van a ver ahora, cuando impida que se celebre un pleno extra sobre el gran problema sanitario descubierto por las “mareas blancas”, como antes impidiera tantas otras acciones regeneracionistas en el Parlamento. ¿No dice su virrey andaluz, Juan Marín, que “Hoy por hoy seríamos mucho más determinantes en una formación del Gobierno andaluz”? Pues ahí lo tienen ya, como dicen en Cádiz: el ansia de poder de C’S –aquí y en Madrid– huele a la legua. No se explica de otra forma su papel en Andalucía.

El lujo de heredar

Suprimir la herencia fue el sueño infantil del izquierdismo decimonónico –recuérdese a Bakunin y al Congreso de La Haya–, un sueño jamás logrado que, sin embargo, está consiguiendo de hecho la rapacidad fiscal de algunas de nuestras autonomías, entre ellas la nuestra. No tenía desperdicio el trabajo que antier firmaba aquí A.R.Vega, incluyendo los trenos y lamentaciones de algunas víctimas. “No sé por qué tenemos que pagar tanto en Andalucía cuando en Madrid no se paga”, lamentaba una de ellas; “No quiero que a mis hijos mileuristas les pase lo mismo cuando yo muera”, se quejaba otra. No quieren reconocer que el déficit de esta pródiga taifa no se debe a que la autonomía ingrese poco sino a que gasta demasiado e, incluso, sin ton ni son.

Pie en pared

Alguien, tendrá que poner pie en pared para que el imprescindible movimiento igualitario entre los sexos no acabe volviéndonos  a todos tontos del bote. Ya conocíamos solecismos como ésos de “jóvenes y jóvenas” o “miembros y miembras”, pero a dónde no esperábamos que llegaran es a la confección de un/a “calendariA” en el que los meses pasan a llamarse “enera, febrero o marza”. Y sin embargo lo ha editado la Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada cuyo responsable, Miguel Lorente, fue ya Delegado del Gobierno en Materia de Igualdad en el nosocomio zapateril. Se trata de evitar el “transcurso de un tiempo cómplice con la desigualdad y la violencia”, dice… ¿No habrá Rector en esa universidad o acaso todo el monte es ya orégano?