La sanidad por dentro

Ayer daba a conocer ABC las cifras del gasto que la Junta hace en “fundaciones” sanitarias, esto es, en otra vía paralela de nuestra Administración duplicada. El hecho de que en ellas figuren 2.240 contratados apunta, sin duda, a la vieja estrategia clientelar de una gestión autonómica que ante todo busca el rédito electoral del partido gobernante. Pero, además, cuenta el papel intermediario que esas “empresas” junteras, por completo al margen del control de la Intervención, como lo demostraría el dato, negado por la Junta, las relaciones de alguna de ellas frente a los laboratorios suministradores de nuestros fármacos. Ahí tiene la leal Oposición –con permiso de Ciudadanos—un tema que no debía ser siquiera aplazable.

Un médico humanista

Sería como a mediados de los 60 cuando, por mediación de mi primo José Villadeamigo, el médico y escritor sevillano José María Osuna –un carrionero refugiado en Cazalla— me envió a Madrid un libro de poemas intensos e inquietantes titulado “Oraciones al Dios difícil”, al que enseguida dediqué una crítica en Cuadernos Hispanoamericanos. Desde entonces mantuve con aquel médico-poeta una afectuosa relación que fraguó sólida cuando, en unas vísperas vacacionales, lo conocí en su casa de la sevillana calle de Monsalves. Recuerdo a aquel hombre imponente en su llaneza, embutido en su batín y calzado con sus zapatillas caseras, su perfil algo quijotesco, su hablar pausado y un cierto aura desengañado que prestaba a su figura un singular atractivo humano. Yo había leído ya para entonces su estupendo libro sobre “Los curanderos” –un verdadero hallazgo del que don Julio Caro Baroja me hizo interesantes elogios cuando le proporcioné un ejemplar— y “Andalucía en el fiel” pero, sobre todo, teníamos subrayado en Triunfo, lo mismo Víctor Márquez Reviriego que yo, “La novena provincia andaluza”, un inteligente atisbo sociológico sobre la emigración andaluza a Barcelona que bien merecía la pena que leyeran los actuales merluzos del antiespañolismo.

Encima de la mesa de su comedor, donde me recibió una tarde, me llamó la atención la fuente de almendras que convidaba al visitante para explicarme luego los beneficios de ese fruto para el páncreas , detalle que retengo para situar su eminente figura médica en el extraño plano en que convergen el sabio estudioso y el “médico de pueblo”, atento observador de la realidad, que él presumía de ser. Mucho discutí con él –¡gran paciencia la suya con mi vehemencia juvenil!— sobre las ilusiones que el viejo comunista desengañado se hacía sobre la herencia árabe y, más si cabe, sobre su pretendido rescate del andalucismo de Blas Infante que luego enarbolaría el PSA. Y mucho aprendí de sus juicios –científicos, literarios, políticos—en aquellas visitas y a través de una frecuente correspondencia que conservo. Aquel “médico rural” tan balzacsiano escondía un intelectual riguroso, de levantada espiritualidad y grave pero contenida pasión política. Hoy lo recuerdo –alta figura, bigotito breve, delicadas manos—apasionado contra la superstición y rendido, como tantos talentos andaluces, a un inexorable destino que él sabía orientado irremisiblemente al olvido.

Barruntos electorales

Algo flota en el ambiente que sugiere la posibilidad nuevas elecciones autonomicas como consecuencia del triple salto mortal de la presidenta Diaz hacia Madrid. No hay mas que atender a las maniobras de acercamiento entre Podemos y el PSOE o a las sugerencias que se lanzan mutuamente el PP y Ciudadanos, pensando todos y cada uno ya en un posible pacto postelectoral y tal vez confiando en aquello de que a quien madruga Dios le ayuda. Los hay, como puede verse, que valen lo mismo para un barrido que para un fregado o quiza lo que ocurre es que de esa regla no se escapa ninguno. El partidismo es aleatorio y carece de escrupulos porque el dinero del sueldo es del mismo color en todas las nominas.

La otra crisis

A Andalucía se le ha añadido una crisis política a la económica al verse entre un PSOE partido por gala en tres y un PP en el que también se perciben aires de fronda. ¡Las ambiciones políticas por encima del interés general! Y encima, Ciudadanos amagando con romper el “pacto de estabilidad” y echar a su socia a los leones por no cumplir los compromisos adquiridos. Nuestros partidos vuelven a jugarse a los dados los intereses acuciantes de esta afligida región, siempre con la muletilla de la “renovación” en la boca. ¿Qué ocurriría en el supuesto, nada inverosímil, de unas elecciones anticipadas? Se lo pregunté antier a un manifestante contra el impuesto de sucesiones y me contestó: “Pues nada hombre, nada. Aquí nunca pasa nada…”.

Elegir el juez

Varios altos cargos de la Junta han recurrido la recusación del PP del juez que antes fue alto cargo de la Junta. Normal. Ellos dirán que o todos o ninguno, y en consecuencia, que si Chaves y Griñán van a gozar de ese privilegio que supone ser sentenciado por un antiguo subordinado,  a ver por qué ellos no van a participar de la misma bicoca. Nunca un juez fue tan ansiado por sus justiciables y, ya digo, era de esperar, por mucho que a alguna defensa le resulte “descabellada” la idea que se opone a que un escandalazo como el saqueo de los ERE termine en manos de “un agradecido correligionario político amigo de los acusados” (sic). ¡Lo que hay que oír! Lo que aquí se juega no son los intereses de éstos sino el prestigio de la propia Justicia.

Política y gobierno

Política y gobierno son cosas bien diferentes. Miren a Andalucía: verán una frenética actividad partidista, pero los resultados de la autonomía son manifiestamente cortos. Ejemplos: miles de ciudadanos andaluces han fallecido antes de que la Junta fuera capaz de darles la ayuda a que tenían derecho con la ley de Dependencia en la mano; la Junta no ve más solución al disparate del impuesto sucesorio que devolverle la competencia al Estado (¡) a cambio de 500 millones en mano; las ayudas para evitar el llamado “combustible vegetal” no funcionan hace un lustro y el dinero europeo destinado a crear empleo femenino se filtra del canasto. ¿Lo ven? Demasiada política y poco gobierno. Eso del “interés general” es una almendra vacía.