¡Sálvese quien pueda!

Mal debe de ver las cosas un despacho tan acreditado como el de Garrigues cuando ha exhibido ese informe jurídico en el que, nada menos que en 2009, avisaba a la Junta de la ilegalidad que estaba cometiendo y dejando claro que ni el director general tenía facultades para otorgar subvenciones, ni el famoso convenio suscrito por la consejería con el IFA (luego IDEA) estaba en vigor, ni las resoluciones se sometían al obligado control  financiero, ni siquiera se publicaban en el BOJA. Queda claro que la Junta era perfectamente consciente de lo que ocurría con el “fondo de reptiles” y sólo planea una duda sobre ese laberinto: ¿qué hizo el bufete citado cuando vio que no le hacían ni caso, se deshizo del cliente tramposo o continuó trabajando y facturando para él? Da la impresión de que empezó la desbandada y aquí ya no sirve más que el “sálvese quien pueda”.

Magníficos rectores

La autonomía universitaria es una cosa muy puesta en razón siempre que sea ejercida desde la perspectiva del “alma mater” y no se meta en políticas, como Franco aconsejaba cuando los Rectores Magníficos, salvo ilustres excepciones, eran simples funcionarios de la dictadura en lugar de comisarios de su Junta respectiva. El espectáculo del plantón al ministro del ramo viene a reforzar la razón de cuantos hemos defendido, con mayor o menor prudencia, que uno de los más graves efectos negativos de esta democracia desnortada ha sido, sin duda, transferir a las comunidades las competencias en materia educativa, una ingenua decisión que ha logrado, por ejemplo,  que en España se enseñen múltiples versiones de la Historia nacional y que, de hecho, hayamos conseguido instalarnos en las cotas más bajas de la clasificación europea y mundial. Escucho por la radio a la rectora de Málaga desgranar una sosegada pero radical argumentación del referido plantón y coronarla con el disparate de que ella no recordaba un despotismo mayor ni siquiera en tiempos anteriores a la democracia, como si con Franco vivo hubiera osado algún rector –empezando por ella– plantar al ministro como quien no quiere la cosa. ¿Cómo pretenden los Rectores imponer el orden del día a una convocatoria del Ministro? Hoy por hoy muchas de esas universidades están arruinadas debido a la mala administración de las autonomías cuando no a las iniciativas de los propios “magníficos”, y no los hemos escuchado ni visto plantarse ante las Juntas correspondientes para exigir siquiera el pan y la sal. La rebelión de los Rectores ilustra espléndidamente esta crisis de autoridad que el abuso autonómico ha provocado apoyándose en el vacío competencial del Estado que, puede que con la mejor voluntad,  hemos conseguido entre todos. Dice el Ministro que el cónclave rectoral no ha estado a la altura que cabía esperar. ¡A buenas horas se ha enterado de ese drama!

Esos rectores rebeldes contrastan con una realidad tremenda: que no hay una sola universidad española –y eso que hay más universidades que provincias– entre las doscientas más importantes del planeta. Y asumir su culpa: la de haberse prestado a depender de su Junta regional, incluso cuando ésta los maltrata y los trae tiesos, y vivir de milagro aguardando con paciencia la subvención que no llega. Yo he oído últimamente a algún rector dar un mitin partidista en su discurso de toma de posesión corroborando la índole política, partidista, de su cargo, y ahora los hemos visto burlar en bloque al Ministro. Desde luego, si aquí hubiera autoridad se iban a enterar.

Dama sonriente

Un par de sonrisas sorprendidas por las cámaras en el gesto, por lo general adusto, de Angela Merkel han revolucionado nuestro observatorio nacional. Se han multiplicado las portadas de los periódicos y más de un opinador ha querido ver en esa mueca amable el signo de una conversión de esa dama al credo del crecimiento y una abjuración del dogma del ahorro. Nuestro análisis político resulta cada día más subjetivo, como se ve, tal vez porque la objetividad se está poniendo imposible en este teatrillo sin candilejas de un mundo a la deriva. La Merkel carece de carisma suficiente para funcionar como jefe de filas en un continente tan machorro como es Europa y por eso mismo una sonrisa suya es susceptible de ser interpretada  tan unánimemente en términos simbólicos, pero tampoco rebosa atractivo un tipo tan corriente como Hollande y antes de haber tenido tiempo de hacer casi nada ya ha sido recibido por sus partidarios  como una especie de milagrero que nos va a sacar del pozo de la crisis con sólo dar en esos foros de Dios unos cuantos pases mágicos sobre la estadística. Hemos recibido con albricias esa sonrisa amable que, todo hay que decirlo, ha desconcertado al macho alfa que la mayoría llevamos en el subconsciente, algo que no creo que hubiera ocurrido si el sonriente hubiera sido un canciller y no una cancillera, porque todos recordamos aún la perenne sonrisa del padrecito Stalin y la taimada que el ogro que era Hitler esbozaba para saludar a los niños antes de enviarlos a la línea de fuego. Cuando hace poco algún experto sugirió que la Gioconda podría ser un autorretrato disimuladamente andrógino del propio Leonardo, faltó tiempo para que la sonrisa saltara a la réplica como prueba definitiva contra semejante teoría. Merkel podría sacar mucho partido a ese gesto simplemente prodigándolo en este mundo masculino.

Hay que ver lo simple que resulta pasar de Friedman a Keynes con sólo estirar los labios y mostrar la dentadura en señal de paz para tranquilizar al zoo. Cuando Gorvachov visitó a Reagan por primera vez, las reticentes televisiones de ambos lados del telón de acero fijaron su objetivo en un intercambio de sonrisas presidenciales que funcionaba como un clarinazo anunciador de la tregua o incluso la paz caliente en medio de la Guerra Fría. Y ahora es la señora Merkel la que ha subastado a la baja su marmórea dureza logrando, con unas cuantas fotos amables, desconcertar a sus detractores. Conviene sonreír lo más posible en este mundo arisco en el que todo son malas caras. No hay esperanza sin alegría, sin el bálsamo de esa careta propicia que doña Angela ha comprendido por fin que era preciso relajar.

El agua y el aceite

La expresión es del propio co-presidente Valderas y se refiere a la relación hostil que PSOE-IU han mantenido toda la vida. Pero ahora que él ya se ha integrado cómodamente en el sillón, son los comunistas orgánicos quienes le critican su postura sumisa reclamándole que ejerza la oposición parlamentaria y se enfrente a los “recortes” de Griñán tanto como a los de Rajoy. Valderas se pasará por el forro los acuerdos del PCA, ya lo verán, pero no cabe duda de que esta oposición interna degrada su ya malparado perfil también por el lado izquierdo. ¿Ésa era la Izquierda moral que venía a cortar por lo sano la corrupción y a dinamizar la política de la autonomía? IU saldrá mal de esa trampa seductora que permite el negocio de unos cuantos a cambio de plegarse todos a la hegemonía de un PSOE en su peor momento.

El imbécil colectivo

Desde un pesimismo que no deja de resultar tentador, el filósofo brasilero Olavo de Carvalho, tituló hace años su ajustada e hilarante crítica a la sociedad donde vive como “O imbecil coletivo”. Mirando hoy alrededor en nuestra propia sociedad, la verdad es que resulta sugestivo ese concepto que viene a ser muy durkheimiano y quizá también muy próximo al elitismo de Ortega en la medida en que desde todas esas posiciones ideológicas se comparte la idea de que son las masas y no los individuos quienes, con el consiguiente peligro, protagonizan la vida social. Nuestro imbécil colectivo viene dando muchas muestras de idiocia pero acaso ninguna tan extravagante como la operación nacionalista de convertir una final de la Copa en una demostración de antiespañolismo y de desprecio por las instituciones y símbolos constitucionales­ más señeros. Cuando en Francia la hinchada se dedicó a silbar la Marsellesa en los estadios, Sarkozy dispuso, sin pensárselo dos veces, que allí donde se repitiera el caso fueran suspendidos los encuentros, y ya pueden imaginar cual sería la respuesta de la autoridad en los Estados Unidos si una masa dirigida tratara de reventar un acontecimiento nacional despreciando la bandera o insultando a viva voz al Presidente. Claro que las masas no surgen por generación espontánea sino cultivadas por las elites, se mueven no poco inercialmente agitadas por motivaciones ideológicas que les llegan desde arriba, como en este caso extremo de la final copera que ha contado con ese aliento nacionalista especializado en crear problemas donde no tiene por qué haberlos, para repetir la lamentable exhibición registrada en alguna ocasión anterior. Se invoca la libertad de expresión de las “aficiones” como si no fuera evidente que de lo que se trata es de una planeada estrategia de ciertos partidos políticos para transformar un acontecimiento deportivo de máxima difusión en un escándalo político, y eso no es más que deslealtad institucional, por más que no creo que resultara fácil convencer de eso al imbécil.

Estamos que nos caemos, vivimos momentos dramáticos y no sólo en el país sino en medio mundo, atravesamos una auténtica crisis de civilización tras la cual pocas cosas volverán a ser lo que eran, y en esa coyuntura fatal los nacionalistas no tienen mejor ocurrencia que soliviantar al imbécil colectivo y enviarlo a reventar la final de la misma Copa en la que participan y a la que aspiran. No hay maquiavelismo más despreciable que esta utilización de la masa, esa bestia elemental movida por el instinto y la sinrazón en que se convierten los individuos abducidos por las pasiones. Los manejan como quieren precisamente por eso.

La bicefalia, funciona

No sé si Griñán manda más que Valderas o es al revés, pero lo que recuerdo bien es que el segundo se comprometió por activa y por pasiva, antes de que le tocara la fabulosa pedrea electoral, a investigar en el Parlamento qué ha pasado en realidad con el “fondo de reptiles” para determinar, en la medida de lo posible, las responsabilidades políticas, pues de las penales se ocupa ya ejemplarmente la juez Alaya. Ha quedado claro que de lo que se trataba era de conseguir unos cargos bien pagados y que a ello ha quedado reducido el proyecto “regenerador” de IU. “Primun vivere deinde investigare”. El Vicepresidente de pacotilla le ha corregido la célebre máxima a Hobbes.