Países de misión

Mientras un sociólogo amigo mío vaticina que pronto los países occidentales serán, de hecho, para las iglesias cristianas, países de misión, y no precisamente por la erosión secularizadora, una asidua y querida visitante de mi blog, Marthe Sicard, me remite por correo aparte un informe que alguien ha hecho en Francia sobre la crecida de la ola anticristiana expresada en actos salvajes como son las profanaciones, los sacrilegios, los ataques y los insultos soportados por sus instituciones y fieles. El prestigioso Le Figaro ofrece también un balance realmente inaudito sobre las primeras, según el cual, durante 2010 se ha producido en Francia 226 profanaciones, de las cuales seis habrían sido de carácter antimusulmán, cuatro de naturaleza antisemita y nada menos que 216 dirigidas contra el mundo cristiano, extravagante resultado tratándose de la “católica Francia” que, sin embargo, ha pasado perfectamente silenciado por los medios de comunicación que, si acaso se han hecho eco de algunos de los sucesos, ha sido casi sin excepción para protestar por los perpetrados contra las religiones semitas. En Gond, un sencillo nacimiento ha sido vandalizado estas Navidades, en Montfermeil han incendiado una iglesia evangelista, en Avignon han metido fuego al ciprés de la parroquia y un vándalo ha irrumpido en la iglesia en pleno culto para orinar sobre el pavimento y amenazar con la tea a fieles y monumentos, en Estrasburgo extremistas islámicos han encartelado la puerta de un templo con una llamada a la yihad, en Bazas han profanado una iglesia y otra en Echillais, en la que ha entrado en plan motocross otro grupo salvaje. ¿Las autoridades? Pues las autoridades reclamando paciencia y barajar, “bon sens” y resignación cristiana, placebos que poco tienen que ver, por supuesto, con las enérgicas triacas recomendadas cada vez que las agresiones se producen contra los no cristianos. Le Pen y los suyos se han quedado solos defendiendo lo que los enervados poderes “republicanos” no tienen ya hace tiempo energía para impedir o sancionar.

No creo que ninguno de estos héroes de pacotilla tenga redaños para irrumpir en una mezquita y ciscarse en el “haram” y desde luego estoy convencido de que de perpetrarlo algún loco el escándalo mediático sería mayúsculo. Las Juventudes Socialistas publican aquí mismo estos días una publicidad del condón claramente blasfema y nadie les dice nada aunque yo me pregunto qué ocurriría si en la puerta de uno de esos centros de oración alguien convocara a una nueva Cruzada o si algún descerebrado injuriara al Corán en público. Dejo la respuesta al lector, ahora que aún estamos a tiempo al menos de plantear preguntas.

Una de Hitchcock

No está tan claro, al menos para algunos, el motivo alegado para explicar las muertes masivas de pájaros registradas estos días. La imagen de mirlos y grajillas, estorninos y turpiales, esparcidos por el suelo urbano en un desconcertado paisaje apocalíptico ha dado pie a las más bizarras teorías que incluyen desde la plaga bíblica a la fuga nuclear, pero los servicios sanitarios han determinado que la causa de esa temible mortandad no ha sido otra que el soponcio colectivo causado en las aves dormidas por los estampidos propios de los fuegos artificiales que habrían provocado entre ellas desbandadas sin freno. Claro que esto puede valer para Falköping, ciudad sureña, pero a ver cómo se explican fenómenos semejantes y simultáneos como los acaecidos en Arkansas en Año Nuevo y los que tuvieron lugar en Luisiana, Maryland y hasta en la propia Suecia, extraña secuencia, ciertamente, que abre anchas posibilidades a la imaginación alarmista. No se discute que al personal le molan más las hipótesis misteriosas o simplemente aterradoras, lo que explica que los organismos responsables hayan comparecido para dejar claro, al más alto nivel, que no hay en estas escabechinas nada de fantástico y menos de preternatural, pues las autopsias (el menos las realizadas en el primer lugar citado) revelan que las muertes se debieron a las tremendas lesiones provocadas por los choques de la asustada pajarera contra la dura realidad. Pero las especulaciones continúan. El ciudadano tiene derecho a extremar su imaginación mientras quede un solo cabo suelto y en este asunto, qué duda cabe, hay más de uno y más de dos que, en el estado actual de la investigación, parece que no tienen atadura posible.

 

La teoría de la conspiración nos priva. Cualquier incidente dará paso a elucubraciones que conduzcan a ella, aunque sea preciso reconocer que entre esos incidentes posibles los hay tan espectaculares que lo raro sería que no arrastraran a la opinión sobresaltada, si no a la convicción apocalíptica, al menos a la grave duda. Y esta ocurrencia de fin de año, con su paisaje desolado de bellos pájaros muertos a un tiempo y a distancias tan enormes, es uno de esos casos que incitan y potencian la fantasía por encima incluso del sentido común. Cuando el filme de Hitchcock es fama que hubo ciudades de la América profunda que blindaron sus ventanas y envenenaron sus campos para defenderse de la inexplicable plaga para la que no había remedio. Hoy la cosa no creo que llegue a tanto pero ahí está la sombra de la sospecha empinándose sobre los cadáveres de los pájaros en busca de una imaginaria perspectiva que, seguramente, nadie ha de encontrar.

Todo llega

A medida que las denostadas encuestas insisten en la debacle electoral del PSOE crece el número de mutantes que acepta el hecho hasta ahora negado y hasta el de profetas del pasado que empiezan a ver claro el cambio que parece que viene. El pronóstico es cosa vana si no se compensa con la realidad, y es probablemente esa realidad aplastante la que está propiciando el cambio descrito. Que esto va rematadamente mal no hay ya quien lo niegue, y ésa es la mejor baza para los que vienen apretando el paso tras estos instalados que se están demostrando incapaces de cualquier reacción valiosa. Todo llega en esta vida, no hay nada permanente sin término. Hasta los tópicos tienen su fecha de caducidad.

Comprar el cielo

Circula una rara especie por ahí en torno nada menos que a la compra de los astros. Mi amigo Manolo G., sin ir más lejos, le ha regalado a su sobrina una estrella y garantizado su presente con el recibito que le enviado una agencia creo que americana, de modo y manera que la beneficiaria será en adelante única y cósmica soberana del astro en cuestión. Por su parte una gallega ha formalizado ante notario su derecho de propiedad sobre el Sol que, por lo visto, no era a estas alturas más que una “res nullius” o bien mostrenco, y ha conseguido ser declarada dueña por el fedatario “al no conocérsele en cinco mil millones de años propietario alguno”, lo que habría propiciado su propósito “por usucapión” y santas pascuas. A la gallega, es verdad, le ha surgido un problema con un profesor rumano que entiende haber tomado posesión de nuestra estrella con anterioridad aunque admite que este tipo de adquisiciones no deja de ser una ridiculez las haga Agamenón o su porquero, sin que por el momento se sepa cómo podría zanjarse ese pleito. Ignoro, como es natural, que decidirán los leguleyos, pero nada más leer la bizarra noticia se me ha representado la antigua advertencia de Bastiat en el sentido de que la propiedad es siempre anterior a la ley puesto que ésta está ahí para garantizarla, principio que beneficiaría, llegado el caso, lo mismo a la gallega que al profesor rumano e incluso –que es lo que más celebro—a la sobrina de mi amigo, que podrán mirar al cielo en adelante seguros de ver (o de ni ver siquiera, quién sabe) lo que es suyo realengo. En este mundo ya no podemos asombrarnos de nada y si no ahí tienen la historia de Dennis Hope, un yanqui averiguado, que se ha puesto las botas vendiendo solares en la Luna y en Marte, según asegura estupefacta la prensa seria de su país.

 

Es avasalladora la idea que el hombre tiene de la propiedad como derecho emanado de la Naturaleza. Y quizá por eso decía Rousseau que el primero que levantó unas bardas alrededor de una propiedad y logró que los ingenuos creyeran en su derecho, fue el verdadero creador de la sociedad civil –ésa de que tanto se habla hoy sin saber de qué se habla—origen de la catástrofe sin pausa que vino después. A mí, de todas formas, la idea de comprarse una parcelita celeste me resulta poética y más o menos, dadas las circunstancias, igual de realista que comprar ciertos bonos del Estado. ¿No hay ya quien anda organizando con éxito el turismo espacial? A mí, eso de la usucapión, que estudiábamos antiguamente, me ha llegado al alma y me ha hecho añorar con nostalgia ese cielo estrellado e inmutable que, por supuesto, no podemos ver desde nuestras ciudades.

Primum vivere

No veo la razón del cabreo de muchos por la estrategia doble de CCOO y UGT, entregadas por una parte a la Junta y, por la otra, enfrentadas al “Gobierno hermano”. Hay que vivir, señores, hay que comer todos los días y hay que mantener toda una mesnada, para pagar la cual no bastan ni de lejos las escasas cuotas que los sindicatos reciben de su mínima afiliación. Por tanto, leña al Gobierno que queda más lejos y entra en el lote demagógico, y caricias a la Junta que es la que suelta la pasta año tras año. El aforismo de Hobbes les viene como anillo al dedo a los dos grandes “sindicatos de clase” que, probablemente, estén minando ellos mismos sus propios cimientos.

El año que viene

Hay una gran diferencia estimativa sobre el porvenir respecto al año que acaba de comenzar. Una diferencia que no deja de ser elocuente, si bien se mira, porque ya sabemos que, por encima de todo lo que se ha venido diciendo del pesimismo quizá no sea posible encontrar un dictado tan penetrante como aquel de Cioran que veía en él “la crueldad de los vencidos” incapaces de perdonarle a la vida el hecho de haber truncado su esperanza. En Europa, el pesimismo –véase la gran encuesta BVA-Gallup recién aparecida—parece haber tocado techo con unas tasas de desesperanza que, en general, duplican prácticamente las del resto del mundo, con la excepción de una Alemania que camina con pie firme porque confía en haber hecho bien los deberes impuestos por la severa crisis. Es el paro, por supuesto, el factor que dispara la hipocondría en el “primer mundo”, pero no en todo él, puesto que en América del Norte (EEUU y Canadá), donde la crisis laboral pesa todavía fuerte, uno de cada cuatro ciudadanos opina que todo irá mejor en 2011 para todo el planeta e incluso la mitad de ellos espera mejorar sus condiciones de vida durante su transcurso. Se explica que en países en conflicto abierto, como Irak o Afganistán, sea una exigua minoría la que teme un empeoramiento de las circunstancias y que no sólo en otros exitosos, como Brasil, India o China, sino alguno que acaba de salir de la catástrofe, como Nigeria, crezca como la espuma la esperanza en la mejoría. Pero es en el olvidado Vietnam, comunista alineado en la vía china, donde los optimistas acogen el año nuevo como una bendición de manera casi unánime, lo cual no es extraño en un país que el año pasado creció casi al 7 por ciento del PIB mientras el gran mundo forcejeaba a brazo partido con la recesión. Hay que recordar un dicho vietnamita que ilustra mucho el caso: “No existen situaciones desesperadas sino hombres que se desesperan ante las situaciones”. Quién sabe cuánto podemos aprender a estas alturas del sufrido “Charlie”.

 

Muchos estamos convencidos de que el pesimismo, por más que parezca justificarse a sí mismo en la experiencia objetiva, no deja de ser un instrumento nada despreciable en manos de los especuladores. En el mercado mundial, por ejemplo, se tiene en cuenta un panorama de actitudes como el descrito porque todo en la vida económica –inversión, ahorro, gasto—se origina en algún momento en los entresijos de la duramadre. Hay que reconocerle a Cioran su parte de razón y agradecerle a los vietnamitas su tónico de la voluntad. Creo que alguien dijo que para ser profeta basta con ser pesimista. No me digan que no lleva razón.