El dedo de la Junta

Cerca de quinientos puestos de libre designación (PLD) de la Junta de Andalucía han sido anulados por el Tribunal Supremo en numerosas sentencias firmes –dieciséis en un plazo de 18 meses—a instancias del sindicato Safja. La decisión demuestra el empecinamiento de la Junta y un fracaso de sus servicios jurídicos, incomprensiblemente resistentes ante esta avalancha jurisprudencial, hasta ahora burlada por esos servicios a base de convocar otra vez esos mismos puestos de trabajo y justificarlos con una disposición también nueva. El PSOE está atado sin remedio al clientelismo que él mismo viene practicando desde hace tres decenios pero todo indica en que las cosas pueden cambiar si la Justicia aprieta y obliga a cumplir sus sentencias.

Vuelve la amazona

Como lo cierto es que la prevención masculina frente al dominio de la mujer ha sido una constante histórica, los resultados de los JJOO de Londres, con el espectacular ascenso de nuestras hembras y el fracaso relativo de los machos, está provocando no poca inquietud en la tribu. En este erial postmoderno, las mujeres han ganado ya hace tiempo el pulso en una competición profesional en la que superan por sistema a los hombres sin necesidad de “cuotas” ni de mutilarse –“a”, sin; “”mazos”, pecho–, para ajustar más fácilmente el carjac y blandir con mayor comodidad el hacha doble con que Diodoro contó que se propusieron la conquista de Egipto. El mito de la amazona revela la inseguridad del hombre ante una hembra cuya leyenda, a la vista de su papel en Esparta, entrevió el ateniense como un riesgo hasta el punto de imaginar imprescindible para su seguridad la intervención de Aquiles o Hércules, pero que todavía en pleno Renacimiento, Orellana las buscaba inquieto en un Nuevo Mundo, como se ve, no tan diferente del Viejo. No se trata del recuerdo del matriarcado, sino del simple temor “de género”, como se dice (mal) ahora, es decir, de la resistencia masculina a asumir una sociedad paritaria en todos sus niveles. Las españolas, como todas las terrícolas, avasallan hoy en la universidad, copan juzgados y notarías, son policías o empresarias, pero también triunfan en las disciplinas atléticas que hasta ahora parecían impropias de su condición,¬ a pesar de que la distribución de ayudas administrativas es clamorosamente injusta por desproporcionada. La Humanidad ha tardado demasiados siglos en entender que su normal funcionamiento impone la igualdad de sus dos mitades no por razones ideológicas sino por imperativo de naturaleza.

Quizá haya que recordar que si el mito las presenta como hijas del dios de la Guerra, Ares (Marte), su madre era Harmonía, la ninfa pacífica y bellísima que enamoró al Dios. Hay una escultura en el Museo de Berlín que parece sugerir la inexorable paz final en la secreta guerra de los sexos: es la de la “Amazona descansando” atribuida a Policleto. La lucha por la vida ha ido nivelando las funciones hasta quebrar el risco de la presunción machista. Y ahí las tienen, mordiendo sus preciosas medallas, como si tal cosa, como si no estuvieran anunciando una nueva era, ante la que el patriarca desorientado no sabe, en el fondo, a qué carta quedarse.

Nunca vienen solas

Como las desgracias no vienen nunca solas, a la leña de la crisis se le juntado el estafón bancario de las llamadas “participaciones preferentes”, un palo de cierta banca a los modestos ahorradores que resulta incomprensible que no haya movilizado a la Comisión de Valores ni obtenido de la Fiscalía más que una declaración en la que se reconocía que constituyen “una práctica totalmente abusiva, expresamente prohibida y contraria al ordenamiento jurídico”. Los estafados, eso sí, continúan con el alma en vilo y sin ver ni de lejos su dinero, retenido por esa banca mimada a la que, al mismo tiempo, se le buscan fabulosas inyecciones de dinero. Todo el mundo habla de la crisis pero nadie cuestiona la responsabilidad de esos gestores bancarios, que tienen nombre propio, y cuya labor califica la Fiscalía con la dureza que reseñamos.

El saco roto

Recibo las quejas de un muy amigo hispano-alemán por haber dicho en esta misma columna que Alemania iba a conseguir en estos cinco años de crisis lo que no consiguió con tres guerras europeas consecutivas. Le digo que lo siento, pero que no suelo callarme aquello en lo que creo, y él me corresponde reconociendo que su país, Alemania, en su “ensimismamiento” –él dice “zurückgezogeilt auf sich selbst”…–, está corriendo un serio riesgo que podría dar al traste con su propia hegemonía, con el euro, con Europa , con Norteamérica y con la Biblia en pasta. Y me da algunos datos realmente significativos, como el de que, por vez primera, y a pesar de la inmigración, haya subido su tasa de paro; que la producción de su industria ha bajado casi un punto en un mes, algo especialmente grave si se tiene en cuenta que su potencia se sostiene sobre el éxito de las exportaciones, que han bajado, también en un mes, un 1’7 por ciento, sin duda como consecuencia del retraimiento de la demanda europea –nada menos que los dos tercios de su comercio exterior– que ha caído casi un cinco por ciento en ese mes de marras. ¿Es posible ese “ensimismamiento” en el marco de una Europa parafederal y, en última instancia, dependiente de su propia unidad y fortaleza? Mi amigo me dice que no, y que lo mismo que él, creen los empresarios alemanes, que andan ya decididos a aplicar programas de reducción de costes, es decir, algo que antes o después, llevaría a la reducción del empleo, incluso en las empresas más poderosas, como ocurre ya en Siemens o en Puma. Puede que la ambición acabe rompiendo el saco, como en la fábula, y una mañana cualquiera sorprenda al líder europeo contra las cuerdas de su propia recesión en el horizonte. Se lo tendrían merecido.

No sé. Yo lo que creo es que esta crisis ha sido una jugada fenomenal del Sistema (debe entenderse capitalista) para forzar el retroceso de un horizonte progresista a la altura en que se encontraba cuando comenzó el movimiento obrero, esto es, para refundar el sistema de explotación sobre bases nuevas y más ventajosas aún para el explotador. ¿Qué no? Escuchen al BCE augurar una “caída acusada” de los salarios en España y, en consecuencia, en los demás socios. Francia está ya en recesión y España e Italia con un pie en el alero. Mi amigo, que es socialdemócrata “etiqueta negra”, me dice que hoy la cosa está en manos de Alemania. Mañana cualquiera sabe dónde estará.

En otoño hablamos

¿No tiene vacaciones la juez Alaya?, se preguntan con desasosiego en la Junta a la vista de su incansable instrucción. Y ¿podría yo adelantar las mías?, repiten en el eco los letrados del Parlamento. En lo único que lleva razón el “out sider” Gordillo es en que, con la que está cayendo, carece de sentido que los diputados y responsables junteros anden broceándose en la playa, mientras la propia Junta descubre que gastó 1.437 millones por el mismo procedimiento empleado en el “fondo de reptiles”, dato que, a mi entender, complica gravemente la cosa. La única que sigue llegando al trabajo a su hora es la denostada juez. Para los demás, parece que no hubiera ocurrido nada.

Fútbol podrido

Hace unos años Italia entera se conmocionó con el escándalo de los “arreglos” de partidos de fútbol por parte de una pequeña mafia de mediadores y árbitros en un asunto conocido como “Calciopoli”. Se trucaban los encuentros, se defraudaba al espectador lo mismo que al quinielista, y lo malo es que quienes tanto se habían degradado no eran cuatro pelagatos de cuarta fila, sino unos cuantos equipos italianos de la mayor consideración. Como consecuencia, la Fiorentina, la Juventus, el Milán y la Lazio, resultaron ser reos todos ellos de haber aceptado sobornos para alterar los resultados. Seis años después, el entrenador de la Juventus –que ya con motivo de aquel embrollo hubo de descender de categoría—ha sido condenado a diez meses de suspensión por la comisión disciplinaria. No pocos jugadores han sido empapelados y privados de libertad, incluyendo a algún famoso como el capitán a la Lazio, Stefano Mauri, pero las medidas sancionadoras constituyen ya una verdadera marea negra que deja al fútbol italiano con la peor imagen posible. Es probable que acabe abriéndose paso la teoría de algunos sociólogos que desde hace tiempo vienen explicando la propagación del fraude como un fenómeno inherente al “exemplum” social, es decir, como un fracaso ético y moral universalizado que alcanza desde los españolitos que obtienen fármacos con la tarjeta sanitaria del abuelo a los griegos que siguen cobrando las pensiones de sus deudos difuntos, pasando por los propios bancos que arruinan a los ahorradores –como con las famosas “preferentes”—estafándolos con la mayor naturalidad. El fraude es hoy universal, la crisis económica no es más que la superficie visible del iceberg desmoralizado que cualquier día acabaremos descubriendo en su enormidad a no ser que antes nos haya hundido él a todos.

Es tremendo para la mayoría silenciosa, en cualquier caso, que ya no pueda uno fiarse ni de las quinielas en un mundo podrido de arriba abajo en el que la misma Iglesia guarda sus limosnas en los paraísos fiscales ni más ni menos que como nuestros deportistas de élite, nuestro financieros o nuestros políticos. El fraude se ha hecho fuerte y universal en el periodo final del sistema capitalista, tras el cual nadie en sus cabales sabría pronosticar qué es lo que aguarda a esta sufrida Humanidad que mantiene, sin embargo, una extraña fidelidad a sus exigencias.