Al mal tiempo

Al mal tiempo, buena cara, no falla. La sonrisa y el puño alzado de Griñán como un signo triunfal son más bien el ornato forzado de una victoria pírrica. Nunca el PSOE había sido derrotado en Andalucía, nunca, ni cuando la bronca de los guerristas, se había mostrado tan demediado y áspero. No es fácil gobernar un partido como el PSOE con 3 o 4 de cada diez militantes en pie de guerra, con el agravante de que su recuperación resulta más difícil que nunca tras la actual fractura generacional. Y menos en una situación en la que ya se dice que la posición va noqueada por la vida, repitiendo un par de “leiv motiv” contra el Gobierno mientras le mueven la alfombra sus propios conjurados, y en la que cada mañana es peor que la anterior. A poco que de sí el “caso ERE”, Griñán sabe que su propia suerte está en el alero de un partido que jamás tuvo tan malas perspectivas.

El octavo día

Un tribunal superior de la región alemana de Colonia ha provocado una considerable escandalera entre las comunidades hebreas al fallar que la circuncisión del niño por motivos religiosos constituye una actuación médica condenable dado que esa “herida corporal” modifica el cuerpo circuncidado “de manera irreparable”. Sigue merodeando, como se ve, la estremecedora escena del oficial nazi revistando la fila de varones sin pantalón para comprobar la condición de judíos pero, sobre todo, la que sigue viva increíblemente es la vieja cuestión que ya en el siglo I zanjaría el apóstol Pablo para abrir su proyecto a los gentiles. Miles de años ha subsistido el fetiche del prepucio que, por cierto, más de un estudioso y más de dos interpretan como una remota medida higiénica que evitaba al circuncidado la posible estenosis y su consecuencia, la balanitis, por lo general crónica, aunque llame la atención que nadie ha objetado nunca las fimosis practicadas en países no semíticos por idénticos motivos. La circuncisión se practicaba entre los judíos al octavo día del nacimiento del varón y se encomendaba, por lo general, a un “mohel” profesionalizado y conocedor de lo que, en definitiva, no es más que “rito de paso” que sólo se puede considerar como una agresión desde una mentalidad fetichista que vea en el prepucio no lo que es sino algo más, cuyo origen hay que buscar en le conciencia religiosa. El racismo latente es mudadizo y original, como Proteo, pero no deja de ser racismo.

Los tópicos perduran por encima de la propia experiencia que, en este caso, se supone que sabe que el 30 por ciento de los varones mayores de quince años están circuncidados y que en EEUU esa intervención se ha convertido en sistemática por las mencionadas razones higiénicas . De Rosseau a Peyrefitte –y antes desde Alfonso de Valdés—ha habido mucha guasa a propósito del Santo Prepucio por fortuna desaparecido de la circulación piadosa después del Vaticano II y, sobre todo, tras su misterioso robo, pero esa misma devoción popular declaraba el alcance del fetichismo como factor de la piedad popular. ¿Prohibiría la Justicia la cirugía estética, hoy tan de moda? Mucho me temo que también para esos jueces ha influido el fetiche que no ha cesado de dar la murga desde Jerusalén a Antioquía. Los tópicos son tenaces a poco que rocen el tabú sexual. En la Alemania de la Merkel como en la Sión de Santiago.

Mysterium fascinans

Está que arde la comunidad científica por el hallazgo, parece que algo más que presunto, de esa partícula que faltaba para hacer coherente el “modelo estándar” que manejan los físicos, el llamado “bosón de Higgs”. Son muchas las probabilidades estadísticas de que el descubrimiento sea correcto en esta ocasión, lo que permitiría a esos sabios, comprender y explicar el papel fundamental de esa “partícula de Dios” que, por lo visto sería la responsable de la existencia de la masa. Ahora queda repetir el ensayo, incluso aplicar la experiencia de la falsación popperiana, pero de hecho ya podemos ronear de haber descubierto uno de los secretos mejor guardados de la Creación. Admirable esa capacidad de los científicos de pronosticar lo desconocido bajo la autoridad de la matemática y el comodín de la lógica, que es lo que hizo Higgs en 1964 al establecer que “necesariamente” tenía que existir una ignota partícula  para que nuestro paradigmático modelo de lo real quedara completo. Los físicos son profetas laicos, veedores del futuro a partir de su propia sindéresis, gente capaz de predecir la existencia y función de lo que todavía no es real pero que, precisamente por esa lógica, tiene que serlo. Pienso en el solitario Mendeléyev cuando, casi un siglo antes, se las arregló para convencernos de que los “elementos” que aún faltaban para que el sudoku de su Tabla Periódica tenían que confirmarse tarde o temprano, como se confirmaron. Admirable, digo, ese don de penetrar el misterio hasta destripar su oculto mondongo –aunque según Goldamnn una cosa sea “explicar” y otra muy distinta “comprender”–, esa facultad de la profecía estrictamente racionalista que hace posible definir realidades atenidos en exclusiva a la potencia del razonamiento.
 
Bien, ya hemos reducido el “Génesis” a una metáfora que no deja de ser tan metafórica como la elegante predicción que Higgs hiciera hace años. Pero la realidad es que ni con este descubrimiento, ni con la luz que él mismo acabe proyectando sobre la “materia oscura” o sobre la misteriosa entidad de los “agujeros negros”, ni siquiera con una tesis global que diera razón del Universo en su conjunto, habríamos resuelto el enigma sobrehumano del origen y del autor de la realidad. Dios debe de sonreír en su lecho celeste ante estas proezas de los hombres. El bosón de Higgs no cierra sino que abre un futuro de incógnitas que no cerraremos jamás.

Los funcionarios, de negro

El luto ha llegado a la Junta de Andalucía con motivo del “recortazo” Griñán-Valderas. Todos los viernes –y ayer fue el primero—los funcionarios han decidido acudir a sus despacho de negro riguroso, metáfora de una situación que se pudre a ojos vista mientras los propios enlutados descubren que a los altos cargos les pagan pródigamente incluyendo lo que no está en los escrito. No será esquilmando a esa grey como saldremos de esta crisis sino haciendo aquella Reforma de la Administración que prometía ya Escuredo y que se ha hecho justo al revés, es decir, duplicándola con empresas paralelas, forrando a los altos cargos y, finalmente, metiéndoles a los trabajadores públicos la mano en la faltriquera.

Hombre en venta

La luna de la crisis tiene una cara visible, sobre la que los ecónomos echan sus dados con más ton que son, y otra oculta ante la cual la opinión ni siente ni padece. Mucha gente ha sentido ya ese impacto, nuncio de otros que, vendrán todavía sobre los selenitas, pero hay otra mucha, tal vez más vasta y, desde luego, más débil, cuya desdicha ignoramos por aquello de que ojos que no ven, corazón que no siente. Y sin embargo… Nos enteramos de que un desesperado ofrece un riñón o parte de su hígado a cambio de un empleo, de una faena con cuyo producto mantener a su prole — dos hijas menores de quince añitos–, una noticia que no es novedad, ciertamente, pues hemos visto ya no pocas similares, pero que conmueve el alma a cualquiera que no tenga el almario blindado y bajo siete llaves, aunque sólo fuera por la explicación que el desdichado oferente da de su decisión: “La salud, hoy en día, es lo de menos. Peor es estar frente a este sinvivir”. ¡Un hombre en venta, por piezas, expuesto en la desalmada casquería para uso de pudientes necesitados! Es verdad que el negocio sin fronteras lleva años trajinando con córneas o riñones de niños indefensos y no hace mucho que pudimos comprobar, en un reportaje periodístico, hasta qué punto ese mercadillo cuenta con la connivencia canalla de autoridades e instituciones. Pero un hombre en venta, un desdichado que se desnuda moralmente para que la demanda pueda comprobar sin molestarse el estado de sus vísceras, resulta igualmente insufrible y, en todo caso, constituye un argumento definitivo contra la perversión que se esconde bajo las apariencias más benignas.

 

Y, ojo, porque no estoy especulando con la maldad que pudiera acechar tras una hipótesis, sino que hablo de un peatón marginado, excluido de esta sociedad desigual, que se conforma con vivir desriñonado con tal de que sus hijas tengan pan. Gismero, que así se apellida nuestro hombre, no es un héroe; es, simplemente, una afrenta para nuestra humanidad. Esta vez no se prodiga la imagen del 29, con aquellos peleles volantes desde los rascacielos de Nueva York, sino esta miseria discreta, como hidalguesca, que sabe que no tiene otra fortuna que su propio cuerpo serrano que ni siquiera alquilan en un descampado, como las putas, sino que venden en pública subasta al mejor postor. El Hombre es un fracaso moral por más trasplantes con que acredite su sabiduría.

Un proceso de abrigo

Casi todos los comparecientes ante la juez Alaya en el asunto de los ERE y las prejubilaciones falsas se las han traído tiesas con su Señoría sin lograr, en modo alguno — ahí está el mérito de esa dama– sacarla de sus casillas. El último, por ahora, ha sido el ex-director general Juan Márquez, cuyas propias declaraciones contrastan con la informalidad de su testimonio que mereció no pocos parones por parte de la instructora, que al fin lo dejó en libertad con cargos –cuatro presuntos delitos continuados de prevaricación,  malversación de fondos, falsedad en documento y omisión del deber de perseguir delitos. Márquez no se lo creía cuando su letrado le comunicó la decisión de no encarcelarlo. A ver cómo se las avían ahora PSOE  e IU en el Parlamento para sacar adelante este inverosímil saqueo.