Aviso al presidente

El colectivo de expertos del Observatorio Económico de Andalucía envió ayer en público un mensaje al Presidente de la Junta destapando el secreto a voces de una estrategia tan simplona como la que Griñán se trae entre manos: “Se ha avanzado muy poco en ajustes pero estos se van a tener que producir”. Ahí quedó. Pero no sin que antes, los que saben expusieran sus razones, y entre otras la advertencia de que el PER, “nació hace 30 años para evitar tensiones agrarias” pero que, en definitiva, “sólo ha servido para mantener una renta de miseria” aparte de “traer mucho fraude y un sistema de amiguismos que conoce cualquier europeo”. Y no se equivoque nadie, porque entre esos sabios los hay que han estado muy próximos a la Junta y a sus Presidentes. Si ahora claman estas razones, por algo será.

Prestar a ciegas

Como las desgracias no suelen venir solas, tras el disparate bancario de los créditos masivos que nos han llevado a donde nos han traído, se junta ahora la pretensión de los arruinados de obtener créditos “sin condiciones”. Cataluña, tras la ominosa ruina en que la han dejado los muníficos del Tripartito, recurre ahora al fondo estatal para exigirle préstamos “sin condiciones” y tras ella, incluso antes de recurrir, Andalucía pretende lo propio como si alguna vez hubiera existido un sistema crediticio sin garantías. Un alto responsable del partido del Gobierno ha resumido la cuestión afirmando que “hay que tener mucho morro” para formular semejante petición, pero sin llegar a ese vulgarismo –tan certero, por otra parte—, lo que resulta obvio es que nadie en ningún sistema financiero va a darle dinero a un arruinado sin condicionar en mayor o menor grado su autonomía. No sé por qué va a ser humillante para un gobiernillo despilfarrador que el fondo o el banco que consienta en sacarlo del apuro lo obligue, en la letra grande o en la chica del contrato, a limitar su autonomía al menos en el mismo grado que se obliga a los particulares. ¿Cómo osa un mal administrador reclamar préstamos a ciegas, cómo pretenden manos libres quienes ya han provocado, al menos una vez, la insolvencia de sus instituciones? Si durante un tiempo, fuimos felices y parecía que todos ganábamos al optar por un modelo financiero que nos dejó en la indigencia asentados sobre el frágil suelo de las hipotecas, ahora es evidente que la crisis exige rigor tanto a los que prestan como a los que reciben, pues sería de traca mantener la plena autonomía de regímenes fallidos sin imponerles severas condiciones. El que hace un cesto hace ciento, dice el adagio. Nuestros demandantes de ayuda deben aceptar al menos que les encasqueten el flotador.

Más aún, yo creo que los préstamos, sea cual sea la vía por la que fluyan, que solicitan nuestras Administraciones son tan urgentes como tendrán que ser severos, por la sencilla razón de que cuando uno acude al prestamista se supone que lo hace aceptando de antemano que el que suelta la pasta adquiere desde el primer momento un razonable derecho a la garantía. No es nada abusivo que el Fondo de Liquidez imponga condiciones a Cataluña o a Andalucía sino que resulta lógico a la vista de sus respectivos balances. Otro Gallo Cantaría si se le pidieran cuentas a sus arruinadores.

Las tijeras de Griñán

¿Recuerdan lo que largaron esos cuerpos cuando Esperanza Aguirre metió las tijeras en la educación madrileña? Pues ahora que las han metido ellos, y bien metidas, resulta que el recorte es imprescindible pero que la culpa es de Madrid. Este año nuestra precaria enseñanza pública contará con 4.500 profesores menos, merma de la que, ni que decir tiene, tiene toda la culpa el Gobierno “no amigo”. Aquí nadie es responsable de nada –a pesar de lo que estamos viendo—y, desde luego nadie meterá esas tijeras en lo fundamental, que es la estructura burocrática de la autonomía. Hoy va usted a Empleo y no tropieza más que con contratados de la Faffe, es decir, con gente de confianza, y si a va Medio Ambiente encontrará a media Egmasa. Y eso es lo que Griñán nunca recortará a no ser que lo acabe asfixiando una situación que se ha demostrado tan clientelista como despilfarradora.

Azotea de otoño

Va cediendo el calor. Huelen cada día menos los jazmines, se agostó el hato de tomillo y luce el macetón de incienso, desborda la esparraguera que sabe que pronto vendrán climas y aguas, se han arrancado al naranjo bonsay sus frutos y, enseguida, ha apuntado –¿erróneamente?—el azahar que promete otra cosecha abundante, las mitológicas manzanas de oro. La malvarrosa juega con su metáfora de la metempsícosis –hoy abrumada por las pasadas solaneras ante las que los áloes, tan queridos de Dioscórides, resistieron enhiestos—dispuesta a reinventarse otra fragante existencia, con su olor contagioso y humilde. Una azotea, incluso reducida, es un mundo agrandado en esa fenomenología que va de la semilla al fruto pasando por la flor, cuando no reproduciéndose a sí misma en esquejes surgidos del bulbo. Cuiden bien una yerbabuena y verán crecer enhiestos sus vástagos fragantes, descuiden la parrita trepadora y la verán sucumbir, riéguenla luego con tiento y han de verla volver por sus fueros, enredando sus tentáculos. De un palitroque ha surgido, visto y no visto, un azofaifo que enseguida reclamará más tierra, más agua y más aire, como sucede con todo lo que renace tras el sueño, lo mismo que ya hace el milagro de las buganvillas –rojo pasión, rosa pálido, tímida magenta, azulencos secretos—sobre la tapia encalada. El verano pasó y llega el otoño con sus probables lluvias, dispuesto a amustiar los verdores y a echar las flores por tierra, aunque la gardenia, que ya dio en mayo su cosecha tempranera –aroma entre el jazmín y el limón– prodiga de nuevo sus capullos como ávida por duplicar su vida. Hasta el pino antañón de alguna Navidad lejana parece consolarse, allá en su rincón, con sus raíces atenidas a su exigua maceta, envidioso tal vez del pacífico que sacrifica su ofrenda, flor de un día, entre naranja y fucsia.

Y como el jardín, la vida, porque pronto, con los días más cortos y menos luminosos, se serenarán los sanos y firmes de espíritu frente a la murria de los débiles que volverán a aferrase al brazo fuerte del psicótropo para frenar el sinvivir. La vegetación replica al hombre como una segunda humanidad atenida a idénticos ritmos, con sus buenos y sus malos, sus mansos y sus soberbios, sus remedios benéficos y sus tósigos tentadores. Ya vendrá el invierno, entreacto de esa vida que durará hasta que la primavera alce de improviso, ante unos y otros, su recamado telón.

Cuestiones semánticas

Sólo la precariedad de fondo de muchos de nuestros políticos explica esta guerra de palabras que se traen entre unos y otros a propósito de lo que verdaderamente importa a todos: escapar del atolladero financiero en que la mala gestión de la crisis los ha encajonado. Fíjense en la número dos de Griñán –Valderas, salvo en la nómina, es un simple tercero—que es capaz de decir, en menos que canta un “twit”, que la Junta solicita un “adelanto” al Gobierno, sin descartar “en ningún momento” acudir al Fondo de Liquidez lo que, a su juicio, no significa “acudir a un fondo de rescate”. Si pero no o todo lo contrario, ya lo ven. Todo sea por evitar la imagen de una herencia catastrófica y de una administración insostenible.

Muerte de Arafat

La suerte de Arafat ha llegado a ser legendaria. Muchos son los atentados a los que ha sobrevivido ese terrorista, cuña de la misma madera, incluyendo el que supone la convivencia con su esposa Souha, que tiene tomate, la señora. Pero ahora, a los ocho años mal contados de su muerte, el tribunal de Nanterre, con el consentimiento de la viuda, ha abierto una causa por asesinato “contra X”, después de que la emisora Al Yazira difundiera un documental en el que el Instituto de Radiofísica de Lausana afirmaba que, entre los efectos personales del difunto “Rais”, se habría detectado una cantidad anormal de polonio, ese veneno con que Putin liquida a los espías disidentes. Los expertos sostienen, sin embargo, en contra de esta hipótesis, que –no habiéndose efectuado ninguna autopsia al cuerpo de Arafat—convendría practicarle una dado que múltiples indicios apunta a otra causa mucho menos postmoderna y mucho más propia de la perfidia romana o de la renacentista: la ingestión de una seta venenosa, la “amanita phaloide”, ese fantasmal peligro que tanto nos inquieta a los amantes del gurumelo o “amanita ponderosa”. Lo que no han logrado los infalibles servicios secretos israelíes ni los diferentes sectores de su propio bando, resulta que estaba al alcance de la mano con sólo recurrir al viejísimo remedio, prácticamente casero, que es la seta venenosa. ¿Ven como no está de más, en caso de carecer de gato, mantener siempre a sueldo a un catador que, como el oficial de día en los cuarteles, pruebe la comida antes de ser consumida? Hay personajes a los que se les niega incluso la paz del sepulcro, y yo diría que, en ocasiones, no sin alguna razón.

Por supuesto, Israel se ha precipitado a despejar a bote pronto, asegurando que nada han tenido que ver en el presunto asesinato sus legendarios espías y lo mismo ha hecho la viuda con ese gesto de autorizar la exhumación que se llevará a cabo en Ramala, pero en un caso como el de Arafat el problema es que no tendríamos dedos bastantes para contar los muchos enemigos que se agenció en su procelosa vida. Y ya ven, una seta de apariencia inocente, de esas que menudean por los campos, ha resultado tanto o más eficaz, como bien sabían Nerón o César Borgia, que el puñal o la bomba del sicario. Lo que me pregunto es para qué querrá saber la viuda Souha la causa de esa muerte cuyo verdugo, como bien sabe ella, sería tan difícil de determinar.