Griñán nos quiere griegos

Por “medios legales, constitucionales y de todo tipo (¿)” dice el Presidente Griñán que se opondrá a las medidas de ahorro de Rajoy, no a las suyas propias, y para ello ya ha anunciado la consejera de Presidencia una campaña de agitación que alcanzará a toda la provincia de Sevilla antes de fin de mes. Lo esperados, pues: una Junta dedicada a obstruir la labor del Gobierno de la nación en el peor momento de nuestra historia. Con tal de debilitar al partido que les ha ganado las elecciones serán capaces de reproducir la situación de desgobierno que ya costó a Grecia lo que le costó. No defienden a Andalucía; atacan al PP. Y eso no es un gesto de legítima autonomía sino una estrategia irresponsable.

Saber y recordar

Nuestros nietos tendrán, como tuvimos nosotros en su día, tres reválidas por delante, una al finalizar la “primaria”, que nosotros llamábamos “examen de ingreso”, otra al término de la fase “elemental”, que fue nuestra primera reválida, y una tercera, que había que enfrentar tras superar el bachillerato superior, y en la que se trataba de acercar al alumno a ese planeta de los estudios superiores garantizando que en la memoria iba intacto lo aprendido durante todos esos años. Las reválidas han ido y venido por nuestros “planes de estudio” que fueron todos –desde el Reglamento de 1821, los planes del Duque de Rivas y de Pidal o la Ley Moyano del 57—fruto e instrumento de porfías ideológicas entre los diversos partidos aunque sin llegar a la rígida politización impuesta por el franquismo ni a la versión secularizada, digámoslo así, del intento sociata de cierta controvertida asignatura– , cambios que dañaron, cada cual a su manera, la conservación inalterable de la enseñanza. Las “reválidas”, sobre todo la anterior a la reforma de Ruiz-Jiménez de 1953, que se llamaba temerosamente “Examen de Estado”, constituían un auténtico “rito de paso” en virtud del cual quienes lo superaban conseguían de modo automático, aparte del tratamiento de “don”, el privilegio de alcanzar una Universidad no poco clasista todavía tras superar todavía un incierto curso intermedio de adaptación que duró lo que pudo resistir su misma evanescencia. Y hoy vuelven esas pruebas, imaginamos que desritualizadas en lo posible, y en las que esperemos que lo que se busque sea ratificar el fondo de saberes bachillerescos sin recurrir a la rígida truculencia de los viejos tribunales. Hoy no habría tiempo ni circunstancia para aquellos montajes en el que el catecúmeno debía responder a cualquier materia ya aprobada y elegida al azar.

La educación ha ido tendiendo a la facilidad, estoy convencido de que por razones electorales, pero la recurrencia a las viejas reválidas no debería restaurar aquel medroso aparato sino, más bien, comprobar en términos generales la solvencia conseguida por el alumno. Hemos extraviado en buena medida a un par de generaciones con la engañifa del “buen rollito” y se trataría ahora de restablecer la exigencia razonable de esfuerzo y recompensa. Un país es su bachiller, me dijo en una ocasión Ridruejo. Nunca he olvidado tan osada como certera visión.

En manos de insensatos

Hemos insistido mucho en que encumbrar a los “ninis” es una temeridad lo haga quien lo haga. Pero pocos, quizá ningún caso como el de los “griñaninis” del presidente “Pepe” Griñán, el que dijo alguna vez a una asamblea de mujeres: “Llamadme Presidenta”, y ahora ha entregado su mano derecha al más “nini” de todos que es, encima, el más agresivo. Ha dicho, en efecto, ese Jiménez que los “recortes” de Madrid –que boicotea la Junta desde Sevilla al tiempo que trata de eludir los propios—son comparables ¡al golpe de Estado del 23-F!, que él debió vivir todavía a gatas. Estamos, como se ve, en manos de insensatos que han montado un frente contra el Gobierno de la nación en plena catástrofe. Yo creo que llamar golpista al Gobierno es algo que tendría que acabar en mano de un juez, aunque fuera con la atenuante de que el agresor, como en este caso, nunca pasó de primero de Derecho.

Europa al paro

Nadie sabe qué le ocurre a Europa, por qué esos duendes poderosos, los “mercados”, parecen complacidos en arrebatarle toda lógica al costoso proceso de recuperación que se está haciendo. No querría repetir lo de Ortega: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”. Europa misma ha adolecido siempre de una idea fatal de sus posibilidades, como lo prueba que su historia es la crónica de sus guerras intestinas, aunque no menos que se forman a partir del XVI cada cual empestillado en ese trvial comodín de los “caracteres nacionales”. Muchas buenas cabezas se han ocupado de Europa. Entre las últimas, la de Ortega, diseminada entre tantas páginas, la de Díez del Corral en su “rapto de Europa”, la de Adrados en su discurso de entrada en la Academia de la Historia y la Carmen Iglesias en su contestación, por hablar sólo de las de casa. Y muchas de por ahí, entre las que me quedaría con la de Edgard Morin. ¿Qué pasa para que todos se empeñen en gobernar una realidad federalizada pero sin federalismo, incluida la Izquierda que nunca llegó a superar el virus del cantonalismo subyacente en lo que aquí se entiende por soberanismo regionalista. Me encuentro en un libro de Aquilino Duque una propuesta de Vicente Risco que me deja parado: “La esencia de Europa es la inestabilidad, la variación, el cambio, la ‘viravolta’. Europa es la parte del mundo que se cansa de todo, del Bien, de la Justicia, de la Paz. Se cansa de ser la primera, de ser ejemplo y modelo, se cansa de sí misma. Si Europa no se cansase seguiría siendo la Cristiandad”, es decir, la única “civilización” de la Historia que ve en los “derechos humanos” el fundamento de su entidad. Europa, añadiremos, es el espacio más bélico del planeta, una unidad de destino en lo militar, un manicomio entre Freud y el electroshock.

Tiene no poco de utopía la idea de unirla para garantizar la paz. Pero ¿y para vivir, cómo podría vivir plenamente unida? Eso temo que no lo sepa nadie, incluyendo a los gurús, lo cual nos lleva derechos a la teoría de la conspiración. Hay gran distancia entre Grocio y Risco, pero, miren, ambos comparten un ideal asociativo. ¿La Merkel? La Merkel no es más que una que ha hecho bien sus deberes pero que no sabe qué hacer con el sueño continental. Como no lo sabe Hollande ni ninguno. Nuestra única esperanza está en la refundación del continente. La doncella lleva demasiado tiempo a lomos del toro blanco.

Vender el alma

Los políticos de esta partitocracia conciben la función pública, no como una garantía de la Administración, sino como un instrumento sumiso a sus deseos. Escuchen al recién imputado por la golfería de los ERE y las prejubilaciones falsas, el último director general de Empleo, espetarle a una funcionaria que se resiste a delinquir vulnerando la legalidad: “Si faltas a la relación de confianza, prescindiré de ti”. Tres cuartos de lo mismo que tuvo que escuchar de su directora el funcionario recto de Invercaria: o tragas o a la calle, la legalidad es para los demás, para “los otros”. Cuando Zoido sugiere la posibilidad de que estas golferías puedan obligar a Griñán a convocar nuevas elecciones, sabe bien lo dice. Por algo es magistrado.

Cabeza de turco

Hace veinte años, un oscuro personaje, El Boca por mal nombre, fue detenido en Huelva como presunto autor de  la violación y muerte de una niña. La Justicia lo juzgó, desechó la presunción y acabó condenándolo a 44 años de cárcel, 28 por el asesinato y 16 por la violación, de los que ha cumplido sólo 20 porque así es y así funciona nuestro Ordenamiento. No se le ha aplicado la “doctrina Parot”, como habían solicitado esos padres inconsolables, denegada por la Audiencia de Huelva acorde con la jurisprudencia del Tribunal Supremo y el criterio del TC –lo que ha provocado una violenta protesta — sino que se la ha puesto en libertad, desterrado de la capital. También lo localizó por su cuenta –el morbo es el morbo —algún programa de TV, el de Ana Rosa—donde, claro está, El Boca se proclamó inocente como una paloma –“Había que buscar un cabeza de turco y ese fui hoy”, explicó a la audiencia–, asegurando que la víctima era él, al menos tanto como aquella niñita cuyo cuerpo fue localizado en la marisma separado de la cabeza. Tremendo escucharle decir cínicamente “He ganado la batalla a la ley” y remachar la consabida protesta de normalidad y buenos propósitos, pero en la TV manda el morbo incluso cuando el morboso es repugnante y antisocial. Y bien, ya en Madrid –“Madrid es muy guay”, según ese canalla—el Boca ha sido detenido de nuevo acusado, esta vez de haber violado presuntamente a una mujer bajo la amenaza de un cuchillo de cocina. ¡Cabeza de turco! Odia el delito y compadece al delincuente, decía la Arenal con elegante candidez. Bueno, pues vale. Ahora podremos compadecernos doblemente de El Boca.
 
Sí, ya sé que los jueces no pueden prever la reincidencia, ni siquiera cuando las estadísticas, como en el caso de los violadores, son aplastantes. Y tengo amigos que son grandes penalistas y por los que pondría mano en candela que sostienen que la legislación penal española es la más dura de Europa. Así será, no digo yo que no. Me limitaré a recordar aquella mañana de angustia en que apareció en la marisma esa criatura violada y decapitada. No es bueno legislar, ni siquiera opinar, “en caliente”, dicen los que saben. Así debe de ser, pues, pero es evidente que urge proveer legalmente de manera que la sanción conserve su función disuasoria y preventiva. Una malva, El Boca frente a Ana Rosa. Lo que no sabemos es si escondía ante las cámaras el cuchillo de cocina.