Eros y porno

Es común a la mayoría de los filósofos que en el mundo ha sido, la idea de que en el amor, o más concretamente, en la práctica del sexo, está todo descubierto y bien descubierto desde muy antiguo, así como el amor genuino, esto es, el amor romántico, no es más que un producto reciente de la imaginación de los trovadores. Hombres y mujeres repiten el mismo gesto sexual desde la noche de los tiempos, por más que la evolución de las relaciones –la civilización, digamos—haya ido imponiendo repertorios más o menos pasajeros que no son sino matices de un mismo modelo inconsciente. Las “madames” de lujo engatusan con éxito a los membrillos pródigos con técnicas capaces de revolucionar su erotismo no por otra cosa sino porque estos “experimentadores” convierten en demandas propias, a las primeras de cambio, la oferta de novedades que le llegan del negocio psicalíptico. El “Kama Sutra”, “El Satiricón”, “La Lozana andaluza”, los inventos Diderot o de Chaderlos Laclos, los cuentos de Henry Miller o Bukowski, las ingenuas maldades de Bataille o Pierre Louys, son todos ellos, en el fondo, una misma cosa, no les quepa la menor duda, porque si hubiera alguna posibilidad al margen de las prácticas convencionales por supuesto que se sabría.
Las novedades que ofrece la industria del erotismo son, por lo general, puras estafas piramidales de las que, eso sí, los primos que las consumen son sus más ardientes propagandistas. En USA, por ejemplo, está arrasando una moda llamada “mommy porn” (porno para las mamás, más o menos) y en especial una obra vendida por cientos de millares que, bajo el título de “Fifty Shades of Grey”, parece ser que es la actual favorita de las amas de casa, y que consiste en el relato de una historia apasionada entre una jovencita y un joven arrebatador que la introduce en el “sancta sactorum” del placer invitándola a su “red room of pain”, su cámara del dolor, hasta logar su felicidad en esa cuatrilogía que ha hecho célebre la sigla “BDSM” y que quiere decir, descodificada, ni más ni menos, que “esclavitud, dominación, sumisión y masoquismo”. La autora de ese invento es una madre con dos hijos que confiesa haber ignorado todo sobre esas “técnicas” antes de escribir su relato con que se está forrando a base de ilusionar a las mamás ávidas de nuevas sensaciones. Hace mucho que sabemos que el amor es un fracaso que solo los ingenuos creen que puede redimir la perversión.

Efectos del calor

“Yo no era el todopoderoso, era el interruptor”, Gaspar Zarrías, ex–todopoderoso. El sistema (de los ERE) era legal”, Carmen Martínez Aguayo, consejera de Hacienda. “No todos somos iguales”, Juan Ignacio Zoido, presidente del PP. “El informe dirigido al consejero no debe quedarse en un estante”, Manuel Gómez, ex-Interventor General de la Junta. “¿Connivencia con los propietarios? O el ministro de Interior estaba borracho o es que es así de tonto”, Juan Manuel Gordillo, diputado autonómico. “Si no hubiera sido por los asaltos a los supermercados el Gobierno no habría renovado la ayuda de 400 euros”, Diego Cañamero, portavoz del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). “Se ha cometido un error garrafal”, fuentes sindicales de la Policía. “Cada uno puede decir las tonterías que quiera”, José Antonio Martín, Fiscal Jefe de Córdoba.

¿Tirar la llave?

De nuevo salta a la actualidad el debate sobre la cadena perpetua, motivado en esta ocasión por el presunto e inconcebible parricidio de los niños de Córdoba, de una parte, y de otra, por la libertad al secuestrador Bolinaga. ¿Debe ampararse a criminales de tan extrema naturaleza con los beneficios “humanistas” o sería más prudente mantenerlos fuera de la sociedad, no por venganza sino por precaución? El maestro Gimbernat –nuestro Beccaria—sostiene (“La insoportable gravedad del Código Penal”) que España es el país más represivo de Europa a pesar de que en la mayoría de los países europeos exista la “perpetua”, cree él, que a título simbólico, mientras que en España tenemos la posibilidad de prolongar el control del condenado a 40 años efectivos, una vez cumplida esa condena, con la aplicación de la pena de libertad vigilada durante otros 20 años. Nuestro stendhaliano Aquilino Duque, ese memorión implacable, me recuerda, en cambio la vigencia de hecho del “ergastolo” italiano, una perpetua efectiva que los abolicionistas alegaban con el fin de impedir la pena de muerte. Es verdad que hay que distinguir entre la pena, de suyo aflictiva, y la medida de seguridad pero me juego la mano al decir que no hay manera de meterle eso en la cabeza al pueblo soberano. Por mi parte, entiendo que una perpetua revisable no resultaría demasiado diferente del supuesto máximo que describe Gimbernat, sobreentendido que esa libertad vigilada no tendría por qué ser también aflictiva. Lo que no se entiende es que a un De Juana Chaos el asesinato de una persona le salga por unos cuantos meses, ni cabe en cabeza humana que al presunto parricida cordobés le aguarden beneficios penitenciarios.

Llevan razón los “humanistas” en que tanto el legislador como el juez suelen actuar condicionados gravemente por la presión mediática y la misma opinión pública. Pero también es forzoso reconocer que frente a la delincuencia actual –y no sólo de la perspectiva irracionalista– hay que hacer algo más que esgrimir unos principios fundados en un humanismo que será un paso de progreso, pero que resulta, sin duda, idealista. ¿Cómo soltar a un tío que dice no arrepentirse de haber matado a tres personas y mantenido a otro precisamente en una “ergástula” quinientos días? Le he dicho a Gimbernat que lo que nos está pasando es el resultado de innumerables chapuzas y en su silencio honrado entiendo que me da la razón.

Una voz libre

¿Ven por qué los políticos desconfían y maltratan a los funcionarios? Una sola voz independiente ha desmontado ante la Comisión parlamentaria que investiga el caso de los ERE y las prejubilaciones falsas la antilógica que sustentaba la versión oficial de los hechos. Es la del Interventor General, Manuel Gómez, que ha establecido estos tres principios: que las ayudas del “fondo de reptiles” nunca estuvieron sujetas a control legal; que la Intervención jamás aprobó el sistema de los ERE; y que el buco al que la Junta quiere sacrificar, el ex-director general de Empleo, no era competente para conceder esas subvenciones. Gómez asegura que avisó quince veces y que nadie le hizo caso, y de su declaración se deduce que tanto Chaves como Griñán conocían y autorizaron esa práctica que terminó en saqueo.

El pingüino emperador

Entre tantas definiciones como se han intentado, me parece que para el peronismo la mejor de todas es la que ve en él una religión popular, un mito diría yo, que vertebra e informa el “régimen” crónico que padece Argentina. Un libro publicado el año pasado, “El pingüino emperador” (Ed. Pluma y Papel), escrito por un abogado demasiado próximo al Poder, Álvaro Lamadrid, nos permite asistir a una interesante proyección de los avatares vividos por la familia Kirchner, en la que incluye no sólo al matrimonio presidencial, sino a hermanos, parientes y funcionarios leales, que explicaría el enriquecimiento exponencial de ese clan feliz. Mucho se ha hablado en aquel país de estas trapacerías del último peronismo, pero pocas historias he oído sobre el tema, con haber escuchado muchas, como la que Lamadrid cuenta desde que Néstor Kirchner era intendente de Río Gallegos –donde, al parecer, juntó su primer millón de dólares—hasta llegar a esta etapa de kirchnerismo póstumo que regenta su viuda. Lamadrid se refiere a estos 20 años de gobierno de la familia (los pingüinos tienen también una vida media de 20 años) como a una etapa política de “poder bruto” en el que ha llegado a normalizarse en la vida pública el autoritarismo, la corrupción y la violencia política, mientras el clan se enriquecía comprando terrenos públicos a precios irrisorios y revendiéndolos con beneficios enormes. En un ambiente cinematográfico, asistimos en estas páginas a espectaculares escenas de ese saqueo sistemático, en cuya tramoya no falta siquiera el avión nocturno para extraditar las fortunas a los paraísos fiscales.

La Argentina no tiene arreglo, probablemente. Una vez que le plantearon esta cuestión a un Presidente uruguayo, Jorge Batlle, oímos divertidos de tan alto mandatario la mejor síntesis posible: “Esa manga ‘e ladrones…”. Batlle tuvo que retractarse, por supuesto, pero ahí quedó bien firme el retrato del gremio. Al tardocapitalismo especulador, éste que nos trae de cabeza con sus manejos y truhanerías, se la ha ido el timón de las manos, y quizá nada mejor para caracterizar su crítica situación actual que una realidad de la corrupción que ha existido siempre pero que ahora parece haber perdido el norte hasta el punto de estrangular su gallina de los huevos de oro. Los Kirchner y su ralea no son una excepción en el Sistema, aunque quizá pudieran ser su mejor caricatura.

Gordillo, el listo

Bien mirado, la estrategia de Gordillo de alejarse por esos pueblos de Dios, contenta tanto a los dos partidos en el Gobierno como le evita a él el trago difícil de plantarse ante el Parlamento a exigir Justicia en la comisión investigadora del saqueo de los ERE. Gordillo se las sabe todas, y es consciente de que resulta mucho más difícil prestar su montaje para atizar el lío milmillonario de los ERE y las prejubilaciones falsas que irse de romería denunciando obviedades y perpetrando alguna que otra trapacería. Sabe que de enfrentarse a los dos partidos en el Gobierno, el suyo podría decidir al fin librarse de él y confinarlo en Marinaleda. Y que, en cambio, manteniéndose al margen, alguien habrá que se lo tenga en cuenta. La utopía de Gordillo es como su pasmina palestina: un adorno. De la gran batalla andaluza de hoy no quiere saber nada.