En manos de insensatos

Hemos insistido mucho en que encumbrar a los “ninis” es una temeridad lo haga quien lo haga. Pero pocos, quizá ningún caso como el de los “griñaninis” del presidente “Pepe” Griñán, el que dijo alguna vez a una asamblea de mujeres: “Llamadme Presidenta”, y ahora ha entregado su mano derecha al más “nini” de todos que es, encima, el más agresivo. Ha dicho, en efecto, ese Jiménez que los “recortes” de Madrid –que boicotea la Junta desde Sevilla al tiempo que trata de eludir los propios—son comparables ¡al golpe de Estado del 23-F!, que él debió vivir todavía a gatas. Estamos, como se ve, en manos de insensatos que han montado un frente contra el Gobierno de la nación en plena catástrofe. Yo creo que llamar golpista al Gobierno es algo que tendría que acabar en mano de un juez, aunque fuera con la atenuante de que el agresor, como en este caso, nunca pasó de primero de Derecho.

Europa al paro

Nadie sabe qué le ocurre a Europa, por qué esos duendes poderosos, los “mercados”, parecen complacidos en arrebatarle toda lógica al costoso proceso de recuperación que se está haciendo. No querría repetir lo de Ortega: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”. Europa misma ha adolecido siempre de una idea fatal de sus posibilidades, como lo prueba que su historia es la crónica de sus guerras intestinas, aunque no menos que se forman a partir del XVI cada cual empestillado en ese trvial comodín de los “caracteres nacionales”. Muchas buenas cabezas se han ocupado de Europa. Entre las últimas, la de Ortega, diseminada entre tantas páginas, la de Díez del Corral en su “rapto de Europa”, la de Adrados en su discurso de entrada en la Academia de la Historia y la Carmen Iglesias en su contestación, por hablar sólo de las de casa. Y muchas de por ahí, entre las que me quedaría con la de Edgard Morin. ¿Qué pasa para que todos se empeñen en gobernar una realidad federalizada pero sin federalismo, incluida la Izquierda que nunca llegó a superar el virus del cantonalismo subyacente en lo que aquí se entiende por soberanismo regionalista. Me encuentro en un libro de Aquilino Duque una propuesta de Vicente Risco que me deja parado: “La esencia de Europa es la inestabilidad, la variación, el cambio, la ‘viravolta’. Europa es la parte del mundo que se cansa de todo, del Bien, de la Justicia, de la Paz. Se cansa de ser la primera, de ser ejemplo y modelo, se cansa de sí misma. Si Europa no se cansase seguiría siendo la Cristiandad”, es decir, la única “civilización” de la Historia que ve en los “derechos humanos” el fundamento de su entidad. Europa, añadiremos, es el espacio más bélico del planeta, una unidad de destino en lo militar, un manicomio entre Freud y el electroshock.

Tiene no poco de utopía la idea de unirla para garantizar la paz. Pero ¿y para vivir, cómo podría vivir plenamente unida? Eso temo que no lo sepa nadie, incluyendo a los gurús, lo cual nos lleva derechos a la teoría de la conspiración. Hay gran distancia entre Grocio y Risco, pero, miren, ambos comparten un ideal asociativo. ¿La Merkel? La Merkel no es más que una que ha hecho bien sus deberes pero que no sabe qué hacer con el sueño continental. Como no lo sabe Hollande ni ninguno. Nuestra única esperanza está en la refundación del continente. La doncella lleva demasiado tiempo a lomos del toro blanco.

Vender el alma

Los políticos de esta partitocracia conciben la función pública, no como una garantía de la Administración, sino como un instrumento sumiso a sus deseos. Escuchen al recién imputado por la golfería de los ERE y las prejubilaciones falsas, el último director general de Empleo, espetarle a una funcionaria que se resiste a delinquir vulnerando la legalidad: “Si faltas a la relación de confianza, prescindiré de ti”. Tres cuartos de lo mismo que tuvo que escuchar de su directora el funcionario recto de Invercaria: o tragas o a la calle, la legalidad es para los demás, para “los otros”. Cuando Zoido sugiere la posibilidad de que estas golferías puedan obligar a Griñán a convocar nuevas elecciones, sabe bien lo dice. Por algo es magistrado.

Cabeza de turco

Hace veinte años, un oscuro personaje, El Boca por mal nombre, fue detenido en Huelva como presunto autor de  la violación y muerte de una niña. La Justicia lo juzgó, desechó la presunción y acabó condenándolo a 44 años de cárcel, 28 por el asesinato y 16 por la violación, de los que ha cumplido sólo 20 porque así es y así funciona nuestro Ordenamiento. No se le ha aplicado la “doctrina Parot”, como habían solicitado esos padres inconsolables, denegada por la Audiencia de Huelva acorde con la jurisprudencia del Tribunal Supremo y el criterio del TC –lo que ha provocado una violenta protesta — sino que se la ha puesto en libertad, desterrado de la capital. También lo localizó por su cuenta –el morbo es el morbo —algún programa de TV, el de Ana Rosa—donde, claro está, El Boca se proclamó inocente como una paloma –“Había que buscar un cabeza de turco y ese fui hoy”, explicó a la audiencia–, asegurando que la víctima era él, al menos tanto como aquella niñita cuyo cuerpo fue localizado en la marisma separado de la cabeza. Tremendo escucharle decir cínicamente “He ganado la batalla a la ley” y remachar la consabida protesta de normalidad y buenos propósitos, pero en la TV manda el morbo incluso cuando el morboso es repugnante y antisocial. Y bien, ya en Madrid –“Madrid es muy guay”, según ese canalla—el Boca ha sido detenido de nuevo acusado, esta vez de haber violado presuntamente a una mujer bajo la amenaza de un cuchillo de cocina. ¡Cabeza de turco! Odia el delito y compadece al delincuente, decía la Arenal con elegante candidez. Bueno, pues vale. Ahora podremos compadecernos doblemente de El Boca.
 
Sí, ya sé que los jueces no pueden prever la reincidencia, ni siquiera cuando las estadísticas, como en el caso de los violadores, son aplastantes. Y tengo amigos que son grandes penalistas y por los que pondría mano en candela que sostienen que la legislación penal española es la más dura de Europa. Así será, no digo yo que no. Me limitaré a recordar aquella mañana de angustia en que apareció en la marisma esa criatura violada y decapitada. No es bueno legislar, ni siquiera opinar, “en caliente”, dicen los que saben. Así debe de ser, pues, pero es evidente que urge proveer legalmente de manera que la sanción conserve su función disuasoria y preventiva. Una malva, El Boca frente a Ana Rosa. Lo que no sabemos es si escondía ante las cámaras el cuchillo de cocina.

¿Quién manda aquí?

Muchos españoles andan inquietos esta temporada ante el anuncio de la pérdida de “soberanía”, inquietud que se ha disparado bastante ante la noticia de que la UE se ha hecho con el control de nuestros bancos. ¡Menos mal!, dirán otros muchos, entre los que me cuento. La “soberanía” es un concepto complejo que apunta a finales de la Edad Media y cuaja como necesidad de los Estados nacionales que aparecen en el Renacimiento, ni que decir tiene que vinculando su concepto con la monarquía absoluta. Sólo mucho después, tras la Revolución Francesa, se hablará de “soberanía popular” para diferenciarla de la del Estado, pero es obvio que cualquier relación firme establecida con entidades foráneas comporta una limitación de esa facultad omnímoda. ¿Será que el universo europeo heredado a través de Bodino, Maquiavelo, Hobbes, Locke, Rousseau, los doctrinarios y otros tantos, habrá agotado sus posibilidades ante un mundo cambiante y progresivamente global, que aconseja “federar” más o menos las soberanías nacionales? ¿No será que el mismo proyecto de UE germinado en el Tratado de Roma se ha quedado obsoleto y exige una revisión de las relaciones en el sentido predicado por el viejo federalismo? Si no hemos oído quejas en España mientras la UE nos enviaba ingentes remesas de capital con el que hemos modernizado el país en los últimos lustros, por qué inquietarse ahora por estos aún tímidos ensayos federalistas que reclaman una potencia única, con unidad fiscal, estrategias económicas y política exterior mancomunadas? Esta Europa, este mundo tiene poco que ver con el que ha durado hasta antier y quizá ha llegado la hora de dar ese paso y federarnos con todas las de la ley. Uno se siente más cerca de Proudhom o de Pi y Margall que de esta pandilla de mangantes que han reventado impunemente nuestro mundo feliz.

El futuro de Europa será federal o no será nada y, en consecuencia, el de España tendrá que pasar por un fuerte giro mental hasta aceptar que pactar soberanía no es lo mismo que perderla. De hecho se ha dicho que tras la Guerra Mundial los Estados han ido limitando sus soberanías pero hoy, en medio de la debacle, urge asumir esa cesión a nuestros socios sin perjuicio de la incolumidad de la jurisdicción interna. No es a Donoso a quien hay que volverse, sino a los Jefferson y a los Payne. Por lo demás, que le quiten las llaves de la caja a esta cuadrilla no es lo peor que podría ocurrirnos.

Más maera

La imputación de esos cuatro delitos al ex-director de trabajo, Daniel Rivera, al que, por lo que sea, la Junta de Griñán le paga la defensa, eleva gravemente la tensión en el caso de los ERE y las prejubilaciones falsas, porque concierne ya sin lugar a dudas al mandato de Griñán. ¿Habrán pensado los buhoneros que han amañado la comisión parlamentaria en que esta decisión complica las cosas y en que no ha de ser, seguramente, la última que les ponga cuesta arriba el apaño que pretenden? ¿Qué va a decidir el Parlamento en ocho o diez días frente a lo que la juez Alaya lleva investigando años? Es muy probable que esta breve y tardía comisión acabe rebotando contra los mismos que han creído que habría de servirles de salida de urgencia.