Sabios secretos

Hay sabios secretos, hombres que pasan su vida, día tras día, atenidos al estudio, que publican incluso libros de importancia, pero que, fuera de foco, ajenos a la publicidad y a los circuitos académicos, se excluyen –quién sabe si a propósito—de la difusión que proporciona la fama y el reconocimiento. Hace muchos años que conozco a Antonio Herrera, que lo veo en su amable retiro aljarafeño, sentado bajo el “amasco” (él se empeña en el localismo) cargado de frutos o rumiando bajo el limonero sus saberes adquiridos en los grandes Archivos –el de Simancas, los sevillanos, el Histórico Nacional— , engarzando pieza a pieza el pasado de su tierra, sobre el que ahora se propone publicar un “corpus documental” que, sin duda, será estación obligada para todo investigador. Hablé de él con Sir John Elliot y vi complacido cómo el gran maestro le dedicaba un elogio mayúsculo, y no conozco a ningún colega –y es ése gremio donde no escasea la mala leche—que no le reconozca un magisterio escondido. Hay sabios secretos, ya lo creo, hombres que se atienen de por vida no a la humildad ni a otras zarandajas sino al sentimiento del deber cumplido y a la satisfacción, al placer del conocimiento. Herrera hace historia local y se atiene a una conciencia documentalista que desdeña otras modalidades, hasta el extremo de que una vez que le sugerí cierta brillante interpretación de Godelier sobre la evolución de la propiedad, se limitó a recoger mi opinión a pie de página, erre que erre con su verdad desnuda y su objetivismo irrenunciable. Envidio a hombres como Antonio Herrera a los que, desde esta última vuelta del camino, como decía Baroja, veo crecidos en mi perceptiva y agradezco su silencioso saber.

¿Qué es la Historia, dónde reside el núcleo del pasado que nos interesa conocer? Estos sabios secretos –tantas veces saqueados por los oportunistas—creen a pies juntilla que en los documentos, en esas resmas a menudo polvorientas sobre la que consignaron los hechos, con péndola inquieta, los testigos más próximos. Herrera tiene ya una obra decisiva que me temo que más acabe sirviendo a los filibusteros del “corta y pega” que a una opinión tan prosaica que apenas valora su propio ayer. Su obra servirá de peana a mucho saqueador y yo creo que con eso se conforma el sabio. Los que tanto hemos aprendido de él esperamos confiados en que sea su nombre el que flamee un día en la memoria histórica.

Vergüenza ajena

Que el PSOE no salga del burladero en la Comisión de los ERE es cosa que entiende cualquiera. Que su representante abrace de modo efusivo a un compareciente/imputado es ya harina de otro costal, aunque sólo fuera por aquello de guardar las formas. Que IU pregunte con insistencia por la complicidad de la Junta a sabiendas de que no van a responder bien puede ser una estrategia calculada. Que el diseño de la Comisión parezca de broma es lo lógico si se miran las cosas desde la perspectiva de los que no quieren y temen que funcione de verdad. Entre este bululú de los ERE y la tragicomedia de la banda de Gordillo, Andalucía tiene asegurada su presencia en “prime time” no sólo en España sino en toda la UE.

El martirio público

Hay que entender al Gobierno español cuando, a propósito del despropósito de los “cooperantes”, ha ampliado su prevención a todo el territorio de Mali. Al menos eso sugieren las noticias que nos llegan de la zona, por ejemplo, la de la lapidación pública de una pareja acusada de haber tenido hijos fuera del matrimonio, perpetrada por un grupo de tuaregs islamistas del Norte. Una terrible escena: hombre y mujer enterrados hasta el cuello en sendos agujeros, un grupo de apedreadores y un público forzado a asistir al suplicio e incluso invitado a participar en él, la pronta muerte de la hembra desmayada a la primera pedrada, la súplica inútil del hombre, que resistió algunas otras. La respuesta dada por los salvajes al New York Times es sencilla: “No tenemos porque explicar a nadie la aplicación de la charia”. Y la reacción de la población ha sido la obvia: el pueblo del suplicio ha huido en masa a Algeria, se calcula en 300.000 las personas que han escapado al terror inquisitorial, mientras los fanáticos destruían –como ya hemos comentado aquí—los importantes monumentos protegidos por la UNESCO. Tampoco se puede fumar: al principio del verano tuvo lugar una quema pública de paquete de cigarrillos y la correspondiente tallina a los fumadores. Una semana después, en pleno Tombuctú, una pareja no casada recibía cuarenta latigazos ante un público aterrado. Por haber bebido alcohol, alguien se llevó hace unos días otros cuarenta. Tras la caída del presidente Touré, la zona ha quedado en manos de los exaltados que coordina Al Qaeda. El pulso con una resistencia débil lo gana de lejos el fanatismo mientras el país se deshace social y económicamente.

Hay situaciones que no deberían ser consentidas por eso que se ha dado en llamar el “orden internacional”, nadie puede negar el derecho de injerencia cuando un país o una región del planeta queda en manos de dirigentes sádicos que reviven la peor Edad Media. Un hombre y una mujer enterrados hasta el cuello para ser luego lapidados a cantazos es una escena que el mundo civilizado no debería consentir en nombre de unos derechos humanos universales que ningún mandato religioso puede vulnerar a la sombra de un multiculturalismo imposible. ¿De qué “alianza de civilizaciones” nos hablaban hasta antier? Mali está demasiado cerca y demasiado lejos a un tiempo. Si es que no lo tenemos dentro ya.

El papel de IU

Se comprende que IU –la IU de los Valderas, no la de los Anguita y los Rejón—haya de pagar un alto precio por las sinecuras que le han tocado en la doble pedrea de las urnas. Lo que no se entiende es que se preste al triste papel de cirineo y prestidigitador del PSOE en el más grave caso de corrupción perpetrado en la autonomía, es decir, en hacer de peón de brega para ponerle en suerte el toro de los ERE y de las prejubilaciones falsas a un PSOE acorralado. El mismo formato de la Comisión y los aires de prefecto que está tomando su presidente, Ignacio García, anuncian un lamentable espectáculo que probablemente dejará tocado sin remedio al propio Parlamento. ¡Con lo que han bramado contra el PSOE los “valderitas”! El Diario de Sesiones demuestra que las democracias se pudren en cuanto pintan oros y se atisba el coche oficial.

6 toros 6

Me ha llevado a ver su breve exposición en la sevillana Casa de la Provincia mi amigo el pintor Fausto Velázquez. Seis soberbias cabezas de toro y tres sentimentales zapatillas que calzó en triunfo el gran Emilio Muñoz, bocetos para un cartel de su pueblo, La Algaba, que se distancia del cartelismo taurino al uso, esos mamarrachos. Toros bravíos, desafiantes, jaboneros, chorreaos, zaínos, ofreciéndonos ese aroma campero que en la dehesa –antesala de la mítica muerte—trasmina con las calores a las modestas yerbas, el tomillo, la matricaria, la lavanda. Seis toros de verdad, quiero decir, reales, como vistos desde la talanquera, no ignominiosamente reducidos a un garabato ni a un cartelón de taberna. Todavía hay arte, un arte eterno, nada platónico, menos aún surrealista. Nada de “performances”, como las famosas latas de “Merda d’artiste” con que Piero Manzoni ganó una fortuna, el ahorcado de Sevilla, los Cristos erectos de la Bienal veneciana, el orinal de Duchamps, nada de elitismo cultural, menos aún de “cancelar la diferencia entre representación y realidad”, como se ha dicho, ni rastro de la pulsión nihilista que enamoraba a Peggy Guggenheim y al Max Ernst que la chuleaba. Miro esas cabezas de toro, dibujadas con raro primor, sorprendidas en los exactísimos tonos de sus capas, las zapatillas gastadas en las que se funden la sangre del animal sagrado y la del maestro, sombra de Teseo, pecado de Pasifae.

Los miro, devoto, aliviado de la opresión que a muchos nos produce ese arte aniquilador que se ha resuelto en la aniquilación del arte, descargado de la ofensa que nos hace ese lenguaje creativo que el común de los mortales se siente incapaz de entender, como ha escrito, en un libro ejemplar, José Javier Esparza. Fausto vive de su pintura, exacta, sincera, minuciosa, recreando el “presente eterno” en la cabeza de un toro encastado y en unas zapatillas gastadas, en una leve pluma eternizada sobre un fondo gris o en la mirada de un niño sorprendida en el sortilegio de su ingenuidad. Fugurativo: Fausto Velázquez no pacta con las vanguardias –de las que dijo Valéry que todo cambia menos ellas–, ni parte peras con los estafadores. Paso y repaso toro a toro, me paro ante las zapatillas transfiguradas en reliquias. El arte que no cesa, ajeno al mercadeo de los iniciados y los millonetis. Fausto se va. La mañana de agosto deslumbra con una luz velazqueña que no les quiero no contar.

El milagro de Gracia

Pretende el Parlamento resolver en menos de mes y medio los misterios, poco misteriosos ya, que la jueza Alaya lleva anotados en casi 23.000 folios. ¿Alguien puede creerse que, a estas alturas, esa Comisión investigadora tiene otro sentido que no sea el puntillazo? Dos Presidentes, muchos altos cargos, cintas grabadas, “maletines Ollero” (¿se acuerdan?), documentación requetefiltrada y secreta… A finales de Septiembre, ya lo verán, la mayoría PSOE-IU decretará que aquí no pasado nada fuera de que “cuatro golfos” han metido la mano en un cajón que, por descontado, sólo un Presidente puede abrir con su llave maestra. ¿Y quién pagará el viaje? Pues, de nuevo el contribuyente. Entre unas cosas y otras, este saqueo nos va a salir por un pico.