El tiro de culata

Desde la más inmediata postguerra, la Dictadura se propuso crear un centro universitario que funcionara como semillero de “cuadros” para un Régimen que reconocía sus debilidades tras el conflicto y la diáspora que éste provocó. La idea, de embrión republicano, fue apadrinada, al parecer, por Fernando María Castiella –ya de vuelta de la División Azul— junto a personajes como los economistas Manuel de Torres o Valentín de Andrés, y cuajó, finalmente, en un Instituto de Estudios Políticos en el que se muñó el proyecto más ambicioso de una Facultad de Ciencias Políticas y Económicas. La Facultad se creó, en efecto, en 1943 dirigida por Fernando Castiella y en ella recaló un profesorado en buena medida adicto al franquismo –encabezado por Jesús Fueyo, Juan Beneyto o Fraga— pero con el que un sector notorio había roto ya amarras. En este último figuraron personajes de la talla de José Antonio Maravall, Díez del Corral, el protosociólogo Gómez Arboleya, Carlos Ollero, Sampedro, Manuel de Terán, Valdeavellano o Antonio Truyol, aparte de juristas como Garrido Falla, Pérez Botija y economistas como Fuentes Quintana o Luis Ángel Rojo. Todo un elenco (en el que faltan no pocas menciones) que muy pronto hubo de lidiar con un alumnado de lo más inquieto por no decir rebelde.

Pocos ejemplos tan patentes como éste de ensayos clientelares que acabarían saliéndole al tirador por la culata. En efecto, sobre todo la sección de Ciencias Políticas, se convirtió, desde los primeros años 60, en un polvorín en permanente estado de alarma, casi siempre en cabeza de la protesta universitaria y del que, finalmente, ha surgido íntegro el núcleo duro de Podemos. De un proyecto de “integración” indisimulada, la Facultad de CC.PP. ha pasado a ser el crisol de la más rotunda respuesta antisistema, hoy en día, todo hay que decirlo, muy devaluada desde la perspectiva intelectual pero de imprevisibles consecuencias en nuestra vida pública.

Los grandes maestros jugaron limpiamente esa difícil partida, aunque yo diría que sin mayores esperanzas. Recuerdo una soleada mañana de primavera en la que, charlando con Maravall y Valdeavellano, presenciamos en el “campus” una sugerente exhibición de “streaking”, algo que indignó a mi maestro tanto que Valdeavellano, ya en la edad provecta, se creyó forzado a desdramatizar con su fina retranca arnichiana: “Pero, hombre, José Antonio. ¡Ya era hora de que en esta Facultad se enseñara algo que mereciera la pena…!”.

“Ciudadanos” ambidextros

Ha causado gran estupor la toma de posición del portavoz de Ciudadanos en Andalucía al sumarse a la “marea blanca” y exigir a la Junta –es un decir—que “dé marcha atrás” en su política sanitaria porque “ése no es el camino”. En cambio, desde el PP denuncian su reticencia a intentar siquiera un acuerdo en torno a las enmiendas al Presupuesto de doña Susana que, no hay que olvidarlo, aquel partido ambidextro apoya ¡desde antes de conocerlo! Se ignora, de momento, si lo de C’s es ductilidad u oportunismo, criterio abierto o ventajismo calculado. Lo que sí se sabe ya es que la baraja con la que juega en Madrid no es la misma que la que gasta en Andalucía y que ésta de nuestro casino habría que mandarla cambiar por otra como hacen los buenos jugadores. Distinta sería la crónica de nuestra autonomía si el PSOE no hubiera contado cada vez que lo necesitó con una entusiasta bisagra.

No enmendalla

Mantenella y no enmendalla es el propósito firme de la Junta frente a una sanidad pública en la que se empeña en ahorrar. Su argumento es que quienes denuncian esos fallos –el SAS es un buen sistema de salud por obra y gracia de sus sanitarios y a pesar de los políticos— lo que pretenden es privatizar ese servicio básico. ¡Pero si ella paga ya 500 millones de euros a las privadas! Por supuesto que a doña Susana la distraen poco estos problemas ajenos a su pretendida asunción a los cielos matritenses, pero me cuentan que en Huelva, por ejemplo, nunca se había vista tanta gente airada en la calle desde el conmovedor entierro de Manolito el Litri. Como en Málaga y en Granada, más o menos. Han pasado lustros desde que Chaves prometió el fin de las listas y las habitaciones individuales. ¿Protestará la gente por gusto?

El pobre Kichi

Las gaditanas paradas y “en situación de vulnerabilidad social” han recibido un curso en la Fundación Municipal de la Mujer del Ayuntamiento que preside “Kichi”, en el que, entre otras materias, se les ha enseñado técnicas de estimulación del clítorix, ya ven qué ingenuidad. Y ante el aluvión de críticas provocadas ha salido al palenque la Asamblea Feminista de Cádiz protestando contra el hecho de que “la masturbación femenina siga siendo un tabú”, y argumentando, además, que esa habilidad se incluye entre las que la hembra necesita para “empoderarse” como es debido. ¡Cómo carajo no habíamos caído en eso! Es verdad que otros se han llevado antes por la cara el dinero de los parados, pero no me dirán que esta ocurrencia botarate no colma el vaso. Sabíamos que Podemos es antisistema. Ahora sabemos también que incluye su cuota de tontos y obsesos.

Noticia apresurada

Por el año 58 yo andaba descubriendo Madrid, su universidad, sus bibliotecas y sus cabarets. Cada tarde nos llegaba el “Pueblo” y algunos recibíamos clandestinamente Le Monde o el New York Times en los sótanos de una librería de Marqués de Urquijo. No nos interesaba la información interna, pero nos traía deslumbrados la aventura que en Cuba llevaba a cabo un grupo heterogéneo, joven en su mayoría, comandado por un tal Fidel Castro, alumno de colegios católicos en su niñez y de la universidad jesuítica luego. En los periódicos extranjeros tropezábamos con un movimiento general de simpatía hacia ellos –New York Times, Washington Post, gran parte de la prensa europea—, considerados como héroes rebeldes contra la dictadura mafiosa del ex-sargento Batista. En el “Pueblo” de Emilio Romero se siguió la aventura con gran interés: en una entrevista famosa, realizada en Sierra Maestra, Fidel mostraba al periodista español sus dos libros de cabecera: ¡los Evangelios y una edición franquista de las obras completas de José Antonio! Cosas veredes.

Yo fui castrista emocional. En Sevilla, cuando lo trajo Rojas-Marcos, tuve oportunidad de saludarlo y hablar con él. Poco después –estábamos en el mítico 92—viajé a La Habana y luego a Varadero, conviví con personas incluso privilegiadas del régimen hasta comprobar el fracaso de un proyecto que había desembocado en la indignidad: no había libertad, escaseaban la comida y los fármacos, se impedía a los cubanos acceder a “nuestros” hoteles y la TV repetía incansable unas consignas perfectamente intercambiables con las clásicas de la CNS franquista. ¿Dónde estaba el paraíso recobrado, el esplendor de la sanidad, la libertad cívica? En Nochebuena vi en la Catedral como los provocadores fumaban puros mientras se celebraban los oficios. Durante la cena comprobé hasta qué punto estaba hambrienta hasta la ciudadanía cualificada.

Volví desolado. No debería robársenos así la ilusión. Pero así eran las cosas. Lo recuerdo con tristeza al conocer la muerte de Fidel, inquieto ante el horizonte imprevisible que con ella se abre. A Castro lo apoyaba con entusiasmo aquella prensa coetánea, la misma que luego lo detractó durante años. No he vuelto desde entonces aunque suelo conmoverme cada vez que escucho la habanera de Antonio Burgos. La Historia está llena de fracasos pero las culpas, no se olvide, no siempre son exclusivas de los fracasados.

Susana, estadista

El premio del humor de este año de gracia habrá que reservarlo, sin duda, para el portavoz de la Junta, ese devoto fervoroso que justifica el discutido viaje de la presidenta Díaz a Bruselas con una frase digna del mármol: “La presidenta ha ido a Bruselas “a cambiar las políticas económicas de la Unión Europea”. ¡Ahí queda eso! Aquí se inventa a un estadista en menos que canta un gallo aunque su currículo quepa en un papel de fumar, y se confunden los pasillos del partido –esa jungla feroz—con los más altos foros de la gran política. Doña Susana no busca otra cosa que rellenar el vacío de su álbum. Pero osar chupar cámara en plan señora Merkel raya en la osadía aparte de que demuestre lo estrecho que el sayo andaluz se le ha quedado ya a su ambición.