Hombre en venta

La luna de la crisis tiene una cara visible, sobre la que los ecónomos echan sus dados con más ton que son, y otra oculta ante la cual la opinión ni siente ni padece. Mucha gente ha sentido ya ese impacto, nuncio de otros que, vendrán todavía sobre los selenitas, pero hay otra mucha, tal vez más vasta y, desde luego, más débil, cuya desdicha ignoramos por aquello de que ojos que no ven, corazón que no siente. Y sin embargo… Nos enteramos de que un desesperado ofrece un riñón o parte de su hígado a cambio de un empleo, de una faena con cuyo producto mantener a su prole — dos hijas menores de quince añitos–, una noticia que no es novedad, ciertamente, pues hemos visto ya no pocas similares, pero que conmueve el alma a cualquiera que no tenga el almario blindado y bajo siete llaves, aunque sólo fuera por la explicación que el desdichado oferente da de su decisión: “La salud, hoy en día, es lo de menos. Peor es estar frente a este sinvivir”. ¡Un hombre en venta, por piezas, expuesto en la desalmada casquería para uso de pudientes necesitados! Es verdad que el negocio sin fronteras lleva años trajinando con córneas o riñones de niños indefensos y no hace mucho que pudimos comprobar, en un reportaje periodístico, hasta qué punto ese mercadillo cuenta con la connivencia canalla de autoridades e instituciones. Pero un hombre en venta, un desdichado que se desnuda moralmente para que la demanda pueda comprobar sin molestarse el estado de sus vísceras, resulta igualmente insufrible y, en todo caso, constituye un argumento definitivo contra la perversión que se esconde bajo las apariencias más benignas.

 

Y, ojo, porque no estoy especulando con la maldad que pudiera acechar tras una hipótesis, sino que hablo de un peatón marginado, excluido de esta sociedad desigual, que se conforma con vivir desriñonado con tal de que sus hijas tengan pan. Gismero, que así se apellida nuestro hombre, no es un héroe; es, simplemente, una afrenta para nuestra humanidad. Esta vez no se prodiga la imagen del 29, con aquellos peleles volantes desde los rascacielos de Nueva York, sino esta miseria discreta, como hidalguesca, que sabe que no tiene otra fortuna que su propio cuerpo serrano que ni siquiera alquilan en un descampado, como las putas, sino que venden en pública subasta al mejor postor. El Hombre es un fracaso moral por más trasplantes con que acredite su sabiduría.

Un proceso de abrigo

Casi todos los comparecientes ante la juez Alaya en el asunto de los ERE y las prejubilaciones falsas se las han traído tiesas con su Señoría sin lograr, en modo alguno — ahí está el mérito de esa dama– sacarla de sus casillas. El último, por ahora, ha sido el ex-director general Juan Márquez, cuyas propias declaraciones contrastan con la informalidad de su testimonio que mereció no pocos parones por parte de la instructora, que al fin lo dejó en libertad con cargos –cuatro presuntos delitos continuados de prevaricación,  malversación de fondos, falsedad en documento y omisión del deber de perseguir delitos. Márquez no se lo creía cuando su letrado le comunicó la decisión de no encarcelarlo. A ver cómo se las avían ahora PSOE  e IU en el Parlamento para sacar adelante este inverosímil saqueo.

Lo malo conocido

En México ha vuelto el PRI. El Partido Revolucionario Institucional –esa “contradictio in terminis”—ha gobernado el país setenta años para hibernar luego diez o doce, no me acuerdo, pero fue su dictadura legal, su “régimen”, el que marcó a ese gran país emergente con el sello de la corrupción. John Reed (“México insurgente”) contribuyó sobremanera a crear el mito del México heroico que luego evolucionó a “México lindo” en los acentos de Jorge Negrete y en el trabalenguas de Cantinflas, que una vez llegó a presentarse, por cierto, a las elecciones de la Presidencia. México crece en estos años a un ritmo de vértigo pero tiene la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza –otra vez la película cantinflesca, con sus ricachones y sus cuates—y cuenta ya por decenas de miles los muertos en la guerra civil soterrada que mantiene con los narcos, un “Estado dentro del Estado”. ¿Y por qué vuelve el PRI, entonces, tan mal les ha ido con sus sucesivos presidentes a los mexicanos que han tenido que recurrir a lo malo conocido, a ese tragicómico recurso a la memoria de revolución pero ya por completo descafeinada, en medio de una sociedad corrupta de arriba abajo que ha hecho de la “mordida” su emblema nacional? Es pronto para contestar a esa pregunta pero quizá no lo sea tanto para augurar el fracaso a estas segundas partes que ya sabemos que nunca fueron buenas. Tengo entendido que en la capital se ignora el número de habitantes, que la policía resulta casi tan peligrosa como la delincuencia y que los compadritos levantan sus chabolas junto a las redes eléctrica para conectarlas gratis en vastas barriadas en las que ni el ejército se atreve a entrar. Y que ese Ejército se las trae tiesas con el de los narco, con el que trata de tú a tú, con un balance de 60.000 muertos en el último mandato. ¿Va resolver el viejo cacique lo que no han logrado frenar las diversas alternativas que lo relevaron?

 

El fracaso del PRI latía ya en las conciencias cuando todavía los Villas y los Maderos, incluso Zapata, trataban de organizar el caos primordial que ellos mismos habían contribuido a enredar, decepcionando a tirios y troyanos. “Si me vuelven a llamar/ para otra revolución,/ les digo ‘estoy ocupado/ sembrando para el patrón”, cantaba un cristero: el corrido es lo más creíble en esa historia contemporánea. El resto es retórica. Y el PRI es el gramático de esa retórica que ha vuelto a la escuela en medio de la trifulca.

Cómo anda el patio

“La fcorma de actuar del Gobierno con Andalucía se asemeja al acoso político y al bloqueo financiero desplegado por el Gobierno Aznar”, Miguel A. Vázquez, portavoz de la Junta. “Están dejando morir a un sector estratégico como la construcción”, Círculo de Empresas Andaluzas para la Construcción. “Marisol Yagüe pudo equivocarse pero no hubo delito”, abogado de la ex-alcaldesa de Marbella. “El PSOE es una gran familia. ¿En qué familia no discuten dos hermanos?”, Susana Díaz, consejera de Presidencia. “No creo que los trabajadores lean el BOJA”, Juan Márquez, ex-director de Empleo a la juez Alaya. “Pedir indiscriminadamente tanta información  no conduciría más que a bloquear la Comisión” parlamentaria sobre los ERE, Ignacio García (IU), presidente de la Comisión.”El Parlamento andaluz me ha llamado e iré con mucho gusto”, Manuel Chaves, ex–presidente de la Junta.

El parto de los montes

La montaña, como era previsible, acabó pariendo un ratón, y después del desastre que ha supuesto en los últimos años el partidismo nato de los miembros del Tribunal Constitucional, los partidos mayoritarios han resuelto el inabordable problema con la expeditiva fórmula de repartirse los nuevos magistrados y dejar uno, en plan cuota, para contentar a CiU y otro para IU. Yo recuerdo que, en agosto de 2011, la hoy vicepresidenta anunciaba que el PP incluiría en su programa electoral una propuesta para reformar el sistema de elección de esos magistrados (que no siempre son jueces) “para fortalecer su profesionalidad e independencia” de forma que sus nombramientos fueran separables de las mayorías parlamentarias, una fórmula con que se deshacía de su anterior sugerencia de un sistema de magistratura vitalicia como el vigente en Norteamérica. También Gallardón anunció en diciembre pasado su doble intención  de modificar el procedimiento para elegir los vocales del CGPJ y los requisitos de los candidatos a miembros del TC. Y hace poco, Esperanza Aguirre, lanzó un órdago a la grande al proponer la disolución de sea superinstancia y crear una Sala en el Supremo para velar por el cumplimiento de la Constitución, como ocurre en muchas democracias. Pues bien, ya han visto lo que dura el compromiso: repartiéndose escrupulosamente en dos esa tarta supremísima dejando la imprescindible cuña para contentar a algún minoritario. Todo hace temer, en consecuencia, que nada variará en el futuro, es decir, que seguiremos augurando los fallos con nada más que contar esos votos que –salvo una sola excepción hasta ahora—son simples votos de partido.

La primitiva idea de que el Poder Judicial se constituyera a solas le duró a Guerra medio minuto. A nuestra democracia le va a costar otro par de mandatos sin separación de poderes. Esta democracia averiada se basa en la superioridad arbitraria del Legislativo, como si ello fuera alguna garantía de neutralidad o ventaja de justicia, y ahí vamos, de peor en peor, dispuestos ahora a reemprender la porfía de los partidismos judiciales a los que ni el PP ni el PSOE están dispuestos a renunciar. La partitocracia tiene sus reglas y sus costes, a ver qué creían. Y los partidos –todos—tienen sus cuentas con la Justicia que han de ser puestas a buen recaudo. El pueblo no sabe de ellas. Estoy por decir que menos mal.

IU entre dos fuegos

¿Cumplir el compromiso de investigar la corrupción? Valderas sabe que eso le costaría lo que le queda, que son los cargos. ¿Romper la baraja y unirse al PSOE como un lazarillo para salir lo antes posible del brete de la Comisión parlamentaria? Puede que Valderas no sepa que CON ello liquidará la poca confianza que todavía inspira esa coalición. Empezar negando al PP –la mayor fuerza de la Cámara—dos tercios de sus comparecientes significa ni más ni menos que IU está pasando de ser el azote del PSOE a ser su guardaespaldas ,y permite concluir que de esa Comisión no saldrá luz alguna aunque sí la evidencia de las complicidades. Valderas ha dilapidado en el primer cuarto de hora, como hubiera sido previsible, su escasa credibilidad. Ni él podría haber llegado a más ni nuestra autonomía a menos.