Gibraltar va por libre

Hubo un tiempo –durante las dos legislaturas de confrontación al Gobierno Aznar—en que el mismísimo presidente de la Junta encabezaba manifestaciones populares en la raya de Gibraltar protestando por esto y por lo otro. Pero eso ya pasó, por lo que se ve, pues a la tomadura de pelo de ese concejal/ministro gibraltareño no responden ya ni el Gobierno de la nación ni la Junta de Andalucía, a pesar de que con su cínico tejemaneje aquel tenga en la cuerda floja a miles de familias de pescadores españoles. Es verdad que el anterior Gobierno concedió tratamiento de “Alta parte” a la Roca y que el actual ha desactivado aquella estupidez. Pero Gibraltar va por libre, como siempre, pasándose el derecho internacional por la entrepierna y extendiendo día tras día el territorio colonial. Sería lógico llevar el contencioso entre los Gobiernos y no con un gobiernillo de pueblo.

Nueva esclavitud

Un interesante informe de una ONG tan prestigiosa como China Labor Wacht, aparecido hace unos días, ha vuelto a poner de actualidad el debate sobre los abusos que las grandes marcas internacionales hacen de la mano de obra barata. Niños de ambos sexos, menores de dieciséis años muchas veces, trabajan como esclavos, en jornadas de catorce horas y más, en empresas subcontratantes del Tercer Mundo –sobre todo del Sudeste asiático—a cambio de salarios ridículos y en condiciones, a veces, infrahumanas. Pero si hace años provocó gran escándalo el descubrimiento de que Nike fabricaba sus productos en países africanos y en régimen de semi-esclavitud, ahora sabemos que la globalización galopante ha convertido en común y habitual esa práctica infame que recrea, de hecho, una nueva esclavitud, con el agravante de que ahora se conocen los nombres de esas firmas que pasan por ejemplares entre nosotros. Según agencias de de reconocida solvencia, como Intermón, esa práctica se halla generalizada por empresas tercermundistas que trabajan para Zara, Maximo Dutti, Stradivarius, Pull and Bear, Cortefiel, Benneton o Mango, del mismo modo que en otros países, sobre todo en Pakistán, menores prácticamente esclavizados trabajan para Adidas, Chicco, Inditex o Aldi (solamente en India se calcula que lo hacen 55 millones de niños), o en Tailandia, Indonesia, Filipinas o Vietnam una legión de niños y niñas se deja la edad de la inocencia en beneficio de Nike. Es muy probable que este negocio, por indignante que pueda resultar a muchos, no pueda detenerse ya, toda vez que se ha convertido en uno de los elementos de la estructura productiva mundial, de manera que podemos dar por hecha la existencia de una nueva esclavitud en todo el planeta. Las conquistas paulatina y dolorosamente conseguidas a medias por el progreso y por el movimiento obrero, sin ya pura leyenda.

Un nuevo colonialismo informa la actividad capitalista en esta era difícil que, paradójicamente, garantiza menos los derechos básicos de las personas y de los trabajadores que las de nuestros padres y abuelos. Baroja, evocando su aventura de panadero, no alcanzaba a comprender la actitud reivindicativa de los trabajadores, como no alcanzamos nosotros a ver en nuestra vestimenta o en nuestras zapatillas el símbolo de una explotación indecente. Hay que volver a empezar, por lo visto. El “eterno retorno” vale también para el mercado de trabajo.

El servicio exterior

La Junta ha puesto en venta el “apeadero” que tenía en Madrid (un ridículo balance y mucho gasto) al tiempo que se anuncia el cierre del chiringuito de Buenos Aires. No está mal, aunque parece que quedan todavía abiertas y vacías embajadas “andaluzas” en Nueva York, México, Londres, París, Casablanca, Bruselas, Dubai, Varsovia, Düsseldorf o Tokio. ¿A qué aguardaran para cerrarlas todas y dejar el servicio exterior en manos de nuestra diplomacia estatal? Ustedes no se lo creerán, pero la Diputación de Huelva llegó a tener (no sé si conserva) una oficina en Bruselas. A Griñán le queda mucho que recortar sin recurrir a ese truco asustaviejas del cierre de escuelas y hospitales.

Noticia del Imperio

No parece del todo claro que la campaña electoral vaya a resultar para Obama un paseo militar. Los conservadores, y más concretamente la derecha extrema, han aprovechado la disfunción de la crisis socioeconómica para sacar pecho. Entre ellos están los mormones –comunidad potentada en aquel país—que pretenden no sólo contar en la Casa Blanca con un Presidente sensible a las sugerencias de sus lobbies sino hacer visible su religión y atraer sobre ella la atención de los ciudadanos. Se habla de cifras fabulosas donadas ya a los recaudadores republicanos con las que tratan de conseguir el reconocimiento social a la sombra de un Presidente también mormón, aunque el debate en estos momentos se cifra en una película de Batman –“The Dark Knight Rises”—en la que el conocido héroe infantil se identifica con el propio Mitt Roney con un proyecto ambicioso y revolucionario que, como en una caricatura, propondría devolver el poder el pueblo, liberar a los presos, disolver la Bolsa, repartir la riqueza y, finalmente, crear un tribunal sumario, “popular” como es lógico, que dejaría a los rivales en un último gesto de liberalidad, elegir entre la muerte y el exilio. La película de Christofer Nolan ha sido calificada ya simplemente de fascista por el hecho de proponer en plan maniqueo la lucha entre el Bien (el heroísmo y el sacrificio, claro está) y un Mal que viene a identificarse con la imagen de una sociedad corrupta y desesperanzada. Hemos pasado, pues, de la propaganda subliminal a eso que Edgar Morin llamaba, en “El cine o el hombre imaginario”, la introyección, es decir, la capacidad que posee la imagen de apoderarse del inconsciente desarbolando la resistencia racional del espectador. El espectáculo dentro del espectáculo, en definitiva, el cautiverio del individuo seducido por la ficción.

No resulta nada tranquilizador este ensayo de integración de la política en la religión o viceversa y, menos aún, el auxilio de un héroe superdotado extraído de la mentalidad infantil para utilizarlo con vastas masas que, ciertamente, mucho tienen de infantiles, y aún habría que poner en cuarentena a esas máscaras invencibles que ahora actúan al servicio de poderosas sectas. Obama, ese negro nunca aceptado del todo, deberá romper lanzas con un campeón imaginario pero al que mira con fe una vasta y potentada feligresía que aspira a convertirse en lobby.

El dedo de la Junta

Cerca de quinientos puestos de libre designación (PLD) de la Junta de Andalucía han sido anulados por el Tribunal Supremo en numerosas sentencias firmes –dieciséis en un plazo de 18 meses—a instancias del sindicato Safja. La decisión demuestra el empecinamiento de la Junta y un fracaso de sus servicios jurídicos, incomprensiblemente resistentes ante esta avalancha jurisprudencial, hasta ahora burlada por esos servicios a base de convocar otra vez esos mismos puestos de trabajo y justificarlos con una disposición también nueva. El PSOE está atado sin remedio al clientelismo que él mismo viene practicando desde hace tres decenios pero todo indica en que las cosas pueden cambiar si la Justicia aprieta y obliga a cumplir sus sentencias.

Vuelve la amazona

Como lo cierto es que la prevención masculina frente al dominio de la mujer ha sido una constante histórica, los resultados de los JJOO de Londres, con el espectacular ascenso de nuestras hembras y el fracaso relativo de los machos, está provocando no poca inquietud en la tribu. En este erial postmoderno, las mujeres han ganado ya hace tiempo el pulso en una competición profesional en la que superan por sistema a los hombres sin necesidad de “cuotas” ni de mutilarse –“a”, sin; “”mazos”, pecho–, para ajustar más fácilmente el carjac y blandir con mayor comodidad el hacha doble con que Diodoro contó que se propusieron la conquista de Egipto. El mito de la amazona revela la inseguridad del hombre ante una hembra cuya leyenda, a la vista de su papel en Esparta, entrevió el ateniense como un riesgo hasta el punto de imaginar imprescindible para su seguridad la intervención de Aquiles o Hércules, pero que todavía en pleno Renacimiento, Orellana las buscaba inquieto en un Nuevo Mundo, como se ve, no tan diferente del Viejo. No se trata del recuerdo del matriarcado, sino del simple temor “de género”, como se dice (mal) ahora, es decir, de la resistencia masculina a asumir una sociedad paritaria en todos sus niveles. Las españolas, como todas las terrícolas, avasallan hoy en la universidad, copan juzgados y notarías, son policías o empresarias, pero también triunfan en las disciplinas atléticas que hasta ahora parecían impropias de su condición,¬ a pesar de que la distribución de ayudas administrativas es clamorosamente injusta por desproporcionada. La Humanidad ha tardado demasiados siglos en entender que su normal funcionamiento impone la igualdad de sus dos mitades no por razones ideológicas sino por imperativo de naturaleza.

Quizá haya que recordar que si el mito las presenta como hijas del dios de la Guerra, Ares (Marte), su madre era Harmonía, la ninfa pacífica y bellísima que enamoró al Dios. Hay una escultura en el Museo de Berlín que parece sugerir la inexorable paz final en la secreta guerra de los sexos: es la de la “Amazona descansando” atribuida a Policleto. La lucha por la vida ha ido nivelando las funciones hasta quebrar el risco de la presunción machista. Y ahí las tienen, mordiendo sus preciosas medallas, como si tal cosa, como si no estuvieran anunciando una nueva era, ante la que el patriarca desorientado no sabe, en el fondo, a qué carta quedarse.