¡Que no decaiga!

Puede que ustedes no me crean pero en Andalucía han sido condenados a duras penas algunos payos por matar un par de jilgueros, uno, y por arrancar una mata de poleo, el otro. EL TSJA, sin embargo, sostiene que en la razzia que, de pueblo en pueblo, lleva a cabo el SAT del diputado Gordillo y Cañamero, no hay más que “faltas”, un quíteme allá esas pajas por las que un Juzgado de Córdoba ha condenado a esos insurgente y a una decena más de personas a penas de risa por ocupar una estación como la de Córdoba y bloquear el AVE. En comparación, por bañarse en la piscina de la finca Moratalla, hasta puede que les den una dieta. A esta Justicia no hay Dios que la entienda. El que los entiende a todos es Gordillo.

Opciones políticas

El hecho político más destacable del último tercio del siglo XX y del introito del XXI ha sido, a mi entender, el de unificar las opciones políticas y someterlas al Sistema. No existen ya como tales la Derecha y la Izquierda, al menos en el sentido conceptual que, todavía en 1996 permitían ensayar caracterizaciones desde la sociología y la antropología, como la que yo mismo publiqué escoltado por Vázquez Montalbán y Antonio Burgos. Y no estoy pensando ahora en España, sino en Europa entera, donde todos huyen de la depresión a trancas y barrancas a base de apretar bien la cartera ajena, en esa misma Francia donde un Hollande está batiendo todas las marcas de impopularidad y cayendo en picado desde que llegó al Poder, hasta llegar a este raro momento en que, según los sondeos, cuatro de cada cinco franceses sostienen ya que con Sarko les hubiera ido mejor a todos. ¿No era Hollande el remedio opuesto a Rajoy, no era la creación de empleo y no el “recorte” lo más urgente al decir de Rubalcaba? Pues miren por dónde, resulta que el socialista francés ha impuesto un recorte milmillonario a sus ciudadanos mientras el paro le sigue creciendo como a todo quisque en el seno de esta extraña Unión o, más difícil todavía, vean cómo el PSOE vota en contra del mantenimiento de los 400 euros (ahora elevados a 450) con el falaz argumento de que el “Muro” parlamentario contra el PP carece de fisuras. ¡La socialdemocracia “recortando” en París y rechazando una ayuda del Gobierno de Derechas a los trabajadores menos favorecidos en España! Esto se parece cada día más a la política de la Restauración y la Regencia, en la que Cánovas y sus mejores discípulos tuvieron la habilidad de reservarse para ellos las decisiones de alcance social dejando para los sagastinos y su descendencia la suerte de bailar con la más fea.

Todos, unos y otros, han asumido la lógica de un Sistema que ha logrado, a su vez, hipostasiarse a sí mismo en Naturaleza, convenciendo al personal de que la realidad económica no tiene más que un camino a pesar de la evidencia de que lo que tenemos delante no es una ruta sino un laberinto. Insisto, el PP aumentando la ayuda al trabajador y el PSOE oponiéndose sin más razón que la de “xoder”, como decía el alcalde gallego. Esta crisis va a consagrar la hipótesis del “fin de las ideologías”. No debimos tomarnos a la ligera a Daniel Bell y ni a sus franquicias españolas.

El consejero y la opinión

Al consejero de Justicia –toda una vida en la Fiscalía– no le ha gustado la reforma del Código Penal y, menos aún, el establecimiento de la pena perpetua revisable para determinados delitos execrables. Dice el consejero De Llera que “no se puede legislar a golpe de suceso” –lo habitual es decir “en caliente”—ni dejarse llevar por una opinión pública que él parece confundir con la “publicada”. ¿En caliente? Será que no se acuerda que del crimen de Olga Sangrador han pasado veinte años y que, tras él, tal vez por mimetismo, se han producido los horrorosos crímenes de Huelva, Málaga, Sevilla y, finalmente, el presunto doble parricidio de Córdoba. ¿”A golpe de suceso”, dice? ¡Vamos, hombre! Quizá no se ha dado cuenta el fiscal-consejero de que legislar contando con la opinión es la esencia de la democracia.

El racismo latente

No creo que haya nadie tan panoli como para creerse en serio eso de que el racismo es agua pasada. No es fácil ni probable que una estructura mental –que, por otro lado, es universal y primitiva—cambie para bien de un día para otro sólo porque una ideología política circunstancialmente “correcta” así lo decida. Hay un racismo negro contra los blancos, cómo dudarlo, que se descubre en cuanto se rasca un poco en su epidermis convencional, como hay un racismo gitano contra los payos o los chinos paralelo al de éstos contra los calés. Ni Hitler ni Rosenberg inventaron esa disposición excluyente del espíritu sino que ésta formaba parte de la herencia ancestral de la especie. Lo último del género es que en una iglesia baptista de Mississippi, un pastor se ha negado a casar dos feligreses, no por esto ni por lo otro, sino simplemente por el solo hecho de ser negros, quiero decir “personas de color”, alegando que su piadosa feligresía le había exigido esa negativa como un solo hombre. En la First Baptist Church de Cristal Springs jamás se había vulnerado es tabú racial desde que fue creada en 1883, de manera que a ver por qué ahora habría que cambiar de actitud y abrir la puerta del templo a esos “gentiles” marcados fatalmente por la melanina. Los novios han rechazado la miserable discriminación preguntándole al pastor cómo es posible explicarle a su hijo pequeño que si en esa iglesia no te casan es, sencillamente, porque no eres del color que se considera superior y luego se han ido a casar en otra iglesia cercana. En España la pregunta típica es ésa de si aceptarías a un gitano en el rellano de la escalera y la respuesta ya la conocemos de sobra. En USA, al menos en Mississippi, ya sabemos que el rechazo alcanza a la misma iglesia. El racismo es una invariante humana sólo superable a fuerza de experiencia y cultura. Lo demás son cuentos.

Cada raza ha considerado un privilegio significativo el color de su piel al punto de que la leyenda de origen bíblico sobre la maldición de Cam por su padre, Noé, ha hecho corriente la interpretación absolutamente gratuita de que la raza negra sería la descendencia camita, condenada a ser sierva de las demás. El pastor de Crystal Springs debe moverse mentalmente por ese terreno que ciertamente no resulta imprescindible para sostener la pulsión discriminadora en la muchedumbre racista. Esos materiales psíquicos tan viejos no precisan de nada para perpetuarse.

La ganga política

Veo juntos en una foto al famoso alcalde del puticlub y a un sujeto al que el Ministerio de Trabajo le reclama que devuelva los 24 millones de pesetas que se llevó del ERE de la Franja Pirítica de Huelva siendo concejal y diputado provincial. Es el mismo personajillo que le vendió al PSOE la IU local y recibió, a cambio, beneficios tan notables como el de ser aupado a la tenencia de alcaldía, presidente de la Mancomunidad y, ya en la actualidad, “delegado de aeropuertos” en una provincia donde no existe ninguno. Es el ejemplo perfecto de lo que da de sí una “clase política” elegida por los “aparatos” sin exigir a cambio más que fidelidad al jefe. Y la mejor evidencia de que la política, hasta en los niveles menores de los pueblos, es ya una pingüe profesión, cuando no un negocio redondo.

La piedad animal

La cuestión de de la sensibilidad animal es una poderosa rama de la ciencia antigua y moderna. Plinio ya se fijó en aspectos notables de esa “otra vida” que conecta con la nuestra, con la fetén, en infinidad de casos. Intriga a los sabios –en este caso a unos de la universidad de California—la coincidencia de actitudes entre la fauna y “el rey de la Creación”, ese parecido emocional que conoce cualquier dueño de perro doméstico y que tanto se ha desarrollado en mano de los etólogos propiamente dichos como Lorenz, Thorpe, Gould y toda esa larga descendencia de las delicadas mirmicologías de Maeterlink hace poco puntualizadas rigurosamente por Hölldobler y Wilson. Los hombres tienen a admirarse cuando observan en el animal (no en el humano, sino en el otro) conductas que identifica con las propias, en general porque –como hacen los autores de este estudio californiano—creen ver en ese parecido una muestra de “inteligencia”, en lugar de ver en ella, como hacía Tinbergen, por ejemplo, una cara insospechada del “instinto”. Los sabios a que me refiero han “descubierto” que cierto pájaro local posee una inquietante sentido o sentimiento de la muerte que les lleva a reconocer al hermano difunto y a interpretar su estado como un peligro del que avisan a los demás. En fin, nada muy nuevo después de las desgarradoras escenas que todos hemos visto en la manada de elefantes, cuando uno de ellos muere y su madre o bien varios miembros tratan con desesperación de levantarlo durante días con inconfundibles manifestaciones de dolor. Pero ¿es eso “inteligencia” o puro “instinto”? ¿O acaso será que, después de todo, la inteligencia humana no es más que un caso particular del instinto común a todos los seres vivos? Ashley Montagu y Bertrand Rusell han acabado de enredar el tema conceptual, a mi entender, al tratar de aclararlo pero, a pesar de ello, no hay etólogo que no admita la unidad última de esa misteriosa fuerza que mueve la vida.

Subrayan los autores del estudio comentado que no sería más que presunción creernos los únicos animales capaces de lamentar la muerte, aunque pienso que esa borrosa intuición de la fatalidad no debe de ser demasiado diferente de ese sentimiento humano que Phillipe Ariès considera incapaz de entender la muerte propia aunque asuma la ajena, la “mort d’autrui”. Nos cuesta reconocernos en la fauna más allá de todas las evidencias.