Son como niños

Los bienpagados diputados autonómicos que componen la comisión parlamentaria investigadora de los ERE andan enzarzados en un litigio ridículo pero que pone de manifiesto la calidad de los bueyes con que aramos. Se trata de la disputa por el “tiro de cámara”, es decir, por una pasión protagonista tan desmesurada que han hecho un alto en ese pedregoso camino para discutir los lugares a ocupar por cada una de sus Señorías, ya que, como resulta inevitable, ese “tiro de cámara” favorecerá siempre a unos y perjudicará a otros en la foto resultante. ¿Ustedes creen que unos comisionados que “investigan” la responsabilidad de la Junta en un gasto ilegal que supera los mil millones de euros pueden ser tan infantiles? Pues ahí los tienen preocupados ante todo por pronunciar “patata” en el momento apropiado.

Verso y prosa

Siendo verdad que mucho prosista no procede ni cultiva la poesía, lo es también que, con frecuencia, un buen prosista procede del verso. Se lo escuché a Umbral hace muchos años –dominando una tertulia ocasional en los madrileños veladores de Santa Bárbara– y, ciertamente, él mismo es un buen ejemplo de escritor cuya prosa, a veces sin solución de continuidad, deriva de la poesía leída largamente y con entusiasmo. No hay más que pensar en Juan Ramón, un prosista excelso, aunque él considerara sus prosas como accidentales o poco menos, o en el propio Cervantes. La recitación o la escritura poética deben de ser, seguramente, el origen de todo este negocio de las letras, que tan cerca queda de la imaginación mítica, no sólo en Occidente, sino un poco por todas partes. Los etnógrafos de principios del siglo XX aprendieron de las narraciones que había dado de sí el llamado “pensamiento salvaje”, recitaciones que parecían relatos o al revés, que es lo mismo, en definitiva, que debió ocurrir con los aedos ante sus respectivos auditorios. Cierto que la poesía, cuando es profunda y no retórica, es capaz de sintetizar, exponiéndolo en ráfagas intuitivas, más de lo que pueda lograr el prosista más buido, y también que apenas es posible dar con una buena prosa que no esconda su almendra lírica, su alma en su almario. Pepe Hierro escribía en prosa divinamente, como saben sus lectores, lo mismo que Valente o Claudio Rodríguez que también me lo certificó un día, refugiados de la lluvia en un portal acogedor, poniéndome de ejemplo a don Jorge Guillén.

Cuando el trato con las letras es ya largo y familiar, se acaba descubriendo que el poeta y el prosista comparten un origen común y en modo alguno, como se cree vulgarmente, son dos especies distintas. Cuando se ha traducido a Homero en endecasílabo castellano no se ha logrado mayor elevación lírica que cuando la versión se ha atenido a una ordenada traslación del texto del griego al cristiano. El mundo del escritor está edificado con sutiles piedras que son siempre “ideas estéticas”, como decía don Marcelino, y que no pierden su idealidad ni siquiera cuando se trata de prosificarlas. Hay mucha poesía en los adustos renglones de Conrad y de tantos otros que crecieron escuchando atentos las leyendas o mirándose en la Biblia. Luis Rosales le dijo una vez a cierto prosista descontento con su estilo, que leyera más poesía. A él, que tuvo una prosa espléndida, no había que decírselo.

Belmonte

No será ninguna novedad para cualquiera que haya visitado, de grado o por fuerza, un Juzgado, que los nuestros son una cuasi catástrofe, en especial tras la transferencia de competencias y la gestión de la Junta. El Fiscal General de Andalucía acaba de decir en Sevilla que, en efecto, las condiciones en que trabaja la Administración judicial es más propia de un país tercermundista que de uno de la Unión Europea. Y no contento añadió que ha habido una inversión considerable pero ha faltado coherencia “para atender las necesidades”, aparte de que “el esfuerzo inversor de la Junta ha estado teñido de cierta inutilidad”. No obstante, el fiscal-consejero De Llera, se dispone a ahorrar un considerable porcentaje en su departamento. Quizá el no está ahí para mejorar el servicio sino para otros objetivos.

Siete vidas

Hay, por lo que se ve, personajes que viven varias vidas en una pero que son recordados sólo por una de ellas. Parece como si no hubiera modo de hacer un balance total en el que incluir lo bueno y lo malo, razón por la que la Historia puede ser tan simplificadora y tan injusta, tan maniquea. Carrillo, por ejemplo. Algunos que hemos conocido a Carrillo de cerca sabemos que nunca dejó de ser un personaje poliédrico. El hombre que, entre su padre y Stalin, eligió a Stalin no merece mucho elogio. El que –con la edad que ustedes quieran, da igual—creyó que una solución justificada por las circunstancias era liquidar a la “quinta columna” en Paracuellos, fue un asesino sin duda. El que quitó de en medio a los discrepantes, en algunos casos, tan tristemente, o el que decidió liquidar el maquis enviándoles al ejecutor, un criminal sin escrúpulos. El que obligó a irse de la organización –como a Semprún, como a Claudín—, un autócrata que no toleraba la diferencia de criterio. Carrillo tuvo, además, muchas vidas, en Rumanía, en Corea, en la URSS, en París…, mientras que el partido real, el de los militantes en el interior, no tenía donde guarecerse: un superviviente con enorme olfato político. Ah, pero ¿y el hombre que allá en los 60 proponía la reconciliación, el que supo dramatizar admirablemente su propia leyenda, el que importó desde el exilio la decisión de renunciar a lo que fuera – a la “dictadura del proletariado”, a la bandera republicana, a tantas cosas– con tal de salir del franquismo y propiciar una democracia, aunque sin abandonar nunca el ejercicio del “centralismo democrático”, el que desarboló el movimiento universitario o el vecinal, y en buena medida también el obrero, en busca de la credibilidad que se le negaba? Ése también cuenta, y hay que decir que un dirigente político (“revolucionario” entonces”) tuvo que ver muy clara la difícil salida para hacer posible una Transición que ni el Rey con Suárez hubieran logrado sin su concurso. En el lavadero que la Historia hasta la sangre de las manos se borra.

No hay hombres unidimensionales, personalidades diamantinas, sino seres complejos con sus solazos y sus nubarrones. Carrillo, desde luego ha sido una personalidad difícilmente resumibles desde la ética e, incluso, desde la política. Sin una noticia cierta de él no se entendería el éxito de los años 70 ni la perversidad de la guerra civil. Pero ni lo uno ni lo otro, ojo. Ser justos es lo único que nos queda.

¡Que no decaiga!

Puede que ustedes no me crean pero en Andalucía han sido condenados a duras penas algunos payos por matar un par de jilgueros, uno, y por arrancar una mata de poleo, el otro. EL TSJA, sin embargo, sostiene que en la razzia que, de pueblo en pueblo, lleva a cabo el SAT del diputado Gordillo y Cañamero, no hay más que “faltas”, un quíteme allá esas pajas por las que un Juzgado de Córdoba ha condenado a esos insurgente y a una decena más de personas a penas de risa por ocupar una estación como la de Córdoba y bloquear el AVE. En comparación, por bañarse en la piscina de la finca Moratalla, hasta puede que les den una dieta. A esta Justicia no hay Dios que la entienda. El que los entiende a todos es Gordillo.

Opciones políticas

El hecho político más destacable del último tercio del siglo XX y del introito del XXI ha sido, a mi entender, el de unificar las opciones políticas y someterlas al Sistema. No existen ya como tales la Derecha y la Izquierda, al menos en el sentido conceptual que, todavía en 1996 permitían ensayar caracterizaciones desde la sociología y la antropología, como la que yo mismo publiqué escoltado por Vázquez Montalbán y Antonio Burgos. Y no estoy pensando ahora en España, sino en Europa entera, donde todos huyen de la depresión a trancas y barrancas a base de apretar bien la cartera ajena, en esa misma Francia donde un Hollande está batiendo todas las marcas de impopularidad y cayendo en picado desde que llegó al Poder, hasta llegar a este raro momento en que, según los sondeos, cuatro de cada cinco franceses sostienen ya que con Sarko les hubiera ido mejor a todos. ¿No era Hollande el remedio opuesto a Rajoy, no era la creación de empleo y no el “recorte” lo más urgente al decir de Rubalcaba? Pues miren por dónde, resulta que el socialista francés ha impuesto un recorte milmillonario a sus ciudadanos mientras el paro le sigue creciendo como a todo quisque en el seno de esta extraña Unión o, más difícil todavía, vean cómo el PSOE vota en contra del mantenimiento de los 400 euros (ahora elevados a 450) con el falaz argumento de que el “Muro” parlamentario contra el PP carece de fisuras. ¡La socialdemocracia “recortando” en París y rechazando una ayuda del Gobierno de Derechas a los trabajadores menos favorecidos en España! Esto se parece cada día más a la política de la Restauración y la Regencia, en la que Cánovas y sus mejores discípulos tuvieron la habilidad de reservarse para ellos las decisiones de alcance social dejando para los sagastinos y su descendencia la suerte de bailar con la más fea.

Todos, unos y otros, han asumido la lógica de un Sistema que ha logrado, a su vez, hipostasiarse a sí mismo en Naturaleza, convenciendo al personal de que la realidad económica no tiene más que un camino a pesar de la evidencia de que lo que tenemos delante no es una ruta sino un laberinto. Insisto, el PP aumentando la ayuda al trabajador y el PSOE oponiéndose sin más razón que la de “xoder”, como decía el alcalde gallego. Esta crisis va a consagrar la hipótesis del “fin de las ideologías”. No debimos tomarnos a la ligera a Daniel Bell y ni a sus franquicias españolas.