En otoño hablamos

¿No tiene vacaciones la juez Alaya?, se preguntan con desasosiego en la Junta a la vista de su incansable instrucción. Y ¿podría yo adelantar las mías?, repiten en el eco los letrados del Parlamento. En lo único que lleva razón el “out sider” Gordillo es en que, con la que está cayendo, carece de sentido que los diputados y responsables junteros anden broceándose en la playa, mientras la propia Junta descubre que gastó 1.437 millones por el mismo procedimiento empleado en el “fondo de reptiles”, dato que, a mi entender, complica gravemente la cosa. La única que sigue llegando al trabajo a su hora es la denostada juez. Para los demás, parece que no hubiera ocurrido nada.

Fútbol podrido

Hace unos años Italia entera se conmocionó con el escándalo de los “arreglos” de partidos de fútbol por parte de una pequeña mafia de mediadores y árbitros en un asunto conocido como “Calciopoli”. Se trucaban los encuentros, se defraudaba al espectador lo mismo que al quinielista, y lo malo es que quienes tanto se habían degradado no eran cuatro pelagatos de cuarta fila, sino unos cuantos equipos italianos de la mayor consideración. Como consecuencia, la Fiorentina, la Juventus, el Milán y la Lazio, resultaron ser reos todos ellos de haber aceptado sobornos para alterar los resultados. Seis años después, el entrenador de la Juventus –que ya con motivo de aquel embrollo hubo de descender de categoría—ha sido condenado a diez meses de suspensión por la comisión disciplinaria. No pocos jugadores han sido empapelados y privados de libertad, incluyendo a algún famoso como el capitán a la Lazio, Stefano Mauri, pero las medidas sancionadoras constituyen ya una verdadera marea negra que deja al fútbol italiano con la peor imagen posible. Es probable que acabe abriéndose paso la teoría de algunos sociólogos que desde hace tiempo vienen explicando la propagación del fraude como un fenómeno inherente al “exemplum” social, es decir, como un fracaso ético y moral universalizado que alcanza desde los españolitos que obtienen fármacos con la tarjeta sanitaria del abuelo a los griegos que siguen cobrando las pensiones de sus deudos difuntos, pasando por los propios bancos que arruinan a los ahorradores –como con las famosas “preferentes”—estafándolos con la mayor naturalidad. El fraude es hoy universal, la crisis económica no es más que la superficie visible del iceberg desmoralizado que cualquier día acabaremos descubriendo en su enormidad a no ser que antes nos haya hundido él a todos.

Es tremendo para la mayoría silenciosa, en cualquier caso, que ya no pueda uno fiarse ni de las quinielas en un mundo podrido de arriba abajo en el que la misma Iglesia guarda sus limosnas en los paraísos fiscales ni más ni menos que como nuestros deportistas de élite, nuestro financieros o nuestros políticos. El fraude se ha hecho fuerte y universal en el periodo final del sistema capitalista, tras el cual nadie en sus cabales sabría pronosticar qué es lo que aguarda a esta sufrida Humanidad que mantiene, sin embargo, una extraña fidelidad a sus exigencias.

Estado de bienestar

No ha tenido demasiada repercusión el descubrimiento reciente de esa legión de tramposos que obtenían gratis los medicamentos utilizando la tarjeta de algún familiar jubilado. Nos hemos acostumbrado al fraude, entre otros motivos porque desde la autoridad se nos ofrece a diario el lamentable espectáculo del agio y corrupción. ¿Por qué va a pagar uno sus medicinas pudiéndoselas endosar al pobre abuelo, por qué pagar el IVA al lampistero o al albañil si los de arriba se lo llevan a espuertas? En la Italia de Monti se ha puesto en marcha un operativo que, de momento, en unos pocos meses, ha descubierto que podrían ahorrase sesenta millones de euros sólo con poner en su sitio a los 1.565 falsos ciegos que cobraban su pensión, y a los 1.844 pseudopobres que hacían lo propio. En Tolezo han descubierto a un tío teóricamente ciego cortando a hachazos la leña que necesitaría en invierno, en Pisa, otro invidente fue sorprendido cuando paseaba tranquilamente sin bastón ni perro y en Pieve Santo Stefano, un tercero fue sorprendido por los servicios públicos cuando recogía las preciadas trufas que sus perros olfateaban. Y no me cabe la menor duda de que una acción semejante haría su agosto en España por no hablar de esa Grecia que se ha revelado como modelo inalcanzable de la trapacería, con sólo manejar con cuidado los ordenadores que contienen tanta información sobre tanta gente.
Cuando se proclama la quiebra del Estado del Bienestar no suele repararse en estos abusos que perpetran demasiados ciudadanos de todas las clases sociales, imitadores a su manera del mal ejemplo entrevisto en las alturas, pues si es desde luego vituperable que un afanador se medicine gratis sin derecho, más lo es, sin duda posible, ver a un ministro de Obras Públicas trapicheando con un delincuente en una gasolinera, a uno de Interior permitiendo o ignorando toda una trama montada en su antedespacho para saquear la caja pública o a Juntas autónomas, como la valenciana o la andaluza, metidas hasta las trancas en el cenagal de las corrupciones. ¡Pero si es ya moneda corriente el recurso a las facturas falsas y hemos pasado como si tal cosa por el uso de una visa en un prostíbulo o por el tocomocho de las “preferentes” con que grandes bancos han arruinado a los ahorradores más confiados! Se dice que el pescado empieza a pudrirse por la cabeza. El problema está en que aquí la podre llega ya a la cola.

Los tres monos

No ver, no oír, no hablar. Ante el amago subversivo de IU, los tres monos japoneses recuerdan a un Griñán que debe esperar a que su Ejecutiva Federal condene los asaltos a supermercados porque él no se atreve con un socio, IU, que tal vez no ha medido bien sus fuerzas en este desafío. La prensa extranjera nos retrata ya como retrataba a Grecia hace unos meses y nosotros aquí soportando la defensa de los delincuentes a los que se trata con guante de seda. Desde la propia Presidencia de la Junta, desde IU, desde el PCA se justifica el delito de pillaje como una virtud. Y Griñán calla timorato en un rincón a la espera de que alguien –la Justicia, por ejemplo—le saque las castañas del fuego. La Junta bicéfala se tambalea antes de lo que se podía esperar para esta legislatura seguramente breve.

Saber es poder

Los políticos dan hasta lo que no tienen con tal de conseguir información sobre el prójimo. En pocas democracia se habrá espiado telefónicamente al Jefe del Estado, como ocurrió aquí en su día, y en pocas funcionarán las escuchas del rival político con la desvergüenza con que aquí funcionan. Estoy pensando, por supuesto, en el caso de las que, según la policía, habría instalado Rubalcaba en la pared contigua a la sede del PP para estar al tanto de cada cuento y cada chisme del rival, caso que se repite, pues hace años ya se descubrió prácticamente lo mismo y en el mismo sitio. Un político no puede apetecer nada mejor que conocer de antemano los planes de su opositor, y por eso Rubalcaba alardea de su información en público o refregándosela por la cara al propio escuchado. Poco a poco hemos ido extendiendo la red de escuchas, legales e ilegales, pasando de los presuntos delincuentes hasta los propios abogados y, pocas dudas caben de que también al ciudadano peatonal a poco que su conducta o su intención interesen al poderoso. “Yo lo sé todo de todos”, dijo ya en una ocasión Rubalcaba, ejerciendo de Fouché postmoderno, de la misma manera que ahora le ha dicho al portavoz del PP eso de “Yo veo todo lo que haces”, confesión de parte que descubre el alcance de la impunidad de que gozan quienes están al mando. Y menos mal que las pésimas instrucciones de Garzón han conllevado la anulación de un montón de esas escuchas –incluidas las últimas que han permitido la excarcelación de un puñado de narcos–, porque si no, estaríamos ya empantanados en un paisaje completamente orwelliano.

Eso sí, las escuchas, aunque sean legales, molestan mucho al Poder cuando a quien benefician es al Otro y hasta llegan a “desaparecer” –¡en sede judicial!– sus grabaciones cuando llega el caso, como ocurrió cuando Chaves hizo el ridículo sentando en el banquillo a los periodistas de El Mundo. Todo partido que funcione bien es leninista (sabiéndolo o sin saberlo) así como muchos políticos que predican graves éticas son, en la práctica, maquiavélicos en estado puro. Y es esto último lo que ha puesto en almoneda la intimidad, sin la cual ninguna democracia es legítima. Aparte de que así como en EEUU unas escuchas bastan para echar a un Presidente, aquí no dan más que para unos titulares. Monipodio se pasea tranquilo por la calle mientras el contribuyente honrado no puede ya ni abrir la boca.

Novecento

Pocas imágenes tan alarmantes como la de los activistas del SAT asaltando por su cuenta y riesgo los supermercados, por cierto impunemente. La foto del alcalde/diputado Gordillo dirigiendo a una distancia prudente el pillaje, descubre el arcaico revolucionarismo de esos marginales que, no obstante, figuran en la nómina del “socio” del Gobierno. Y peor aún los comentarios en twiter de la secretaria general de Vivienda, Amanda Meyer, dejando en evidencia a un tímido y desbordado Griñán que si no la cesa de inmediato quedará como un pelele y en manos de IU. El novecentismo apenas tiene que ver con la postmodernidad, pero la autoridad no tiene más que camino.