Caer en la red

Un desayuno con Ignacio Camacho resulta casi siempre demoledor. No sé por qué, la mañana refuerza su natural escéptico, pirroniano de estricta observancia, revuelto contra toda hipótesis que se tercie y no exento de un regusto narcisista por la originalidad y la paradoja, que son primas hermanas. Ignacio lleva sangre de dogos venecianos y eso debe de marcar mucho, imagino yo, pero la realidad es que a sus amigos más cordiales nos hace puré con su crítica de la vida cotidiana, disciplina en la que ya lo echaba yo a pelear con el mismísimo Montaigne y hasta, si me apuran, con la Agnes Heller. La última que me ha hecho ha sido intentar desmontarme toda esperanza sobre el futuro del escritor (del de periódicos, especialmente) al que él ve barrido ya por la invasión mediática de las llamadas “redes sociales”: no pasarán cinco años –según él– sin que nos veamos todos en la cola del paro mientras ese ejército de curiosos se pasan “updates” contándose mutuamente –y “en tiempo real”, no se olvide—la insulsa novela de la actualidad que es, como no podría ser de otra manera, una viñeta sin argumento. “Qué estás haciendo, colega”,  pregunta por ejemplo un curioso a otro para que éste, como quien le hace un homenaje a “la misère du quotidien” lefevbriano, le responda que acaba de cepillarse los dientes y se dispone a hacerse un café, todo ello en “tiempo real” (¡como si hubiera uno irreal!), que es, al parecer, lo decisivo. Por mi parte le digo –pensando yo a mi vez en mi adorable Luciano de Samósata—que muy bien, que vale, pero que dudo de que la especie acabe arrojando al desván la cultura en dosis superiores a los 140 caracteres, que es la propia de los twiteros, pero él me machaca con ese tweet famoso que reducía “Ana Karenina” a una simple “ama de casa despechada que su tira al tren”. ¡Noshajodío! Es cierto que Lefebvre hablaba también de la “grandeur du quotidien” pero probablemente no permitiría hoy asociarlo a este presentismo irrelevante por el que se pirran las nuevas generaciones y no sólo las víctimas de la LOGSE.

 

Por esta vez me salva mi convencimiento de que estas aviesas redes no irán muy lejos una vez que se pase la moda, a no ser que incorporen algo más sustancioso que la nuda intimidad, tan cálida y deseable como irrelevante, por lo común. ¿Cómo va a sustituir a la literatura ese infragénero que pretende hacer un periódico o una epopeya del vacío cotidiano? Que no, que no me lo creo, aunque no les oculto que, durante un buen rato, he visto anublada la mañana radiante con que ayer nos obsequiaba el anticiclón. Hay que tener mucho ojo con los skeptikoi aunque sea íntimos. Y estoy por decir que si son íntimos, más.

Mentiras repetidas

Insisten desde el PSOE, incluso tras descubrirse un segundo “fondo de reptiles” y otro aviso inatendido de la Intervención: para malos, los otros, para irresponsable, el PP, que tiene su propia corrupción y protege a sus corruptos. Hasta ahí es difícil disentir de la estrategia del PSOE, pero cuando empieza el plañido ése de los “cuatro o cinco” desahogados que “han podido traicionar al partido”, es cuando se ve con claridad que Griñán, Chaves y los demás, están contándonos una milonga porque no tienen otra posibilidad. La realidad los ha abrumado, están ahogándose en su propia imprevisión y no tienen otra salida. Pero ello no los librará del oprobio que esos “casos” demostrados suponen. Podrán alargar su agonía, pero no librarse de esa moribundia política.

Ganar y perder

Nunca llueve a gusto de todos y menos en el ámbito de la globalización. Lo estamos viendo estos días aciagos al comprobar el viejo apotegma de que en este perro mundo cuando uno gana un duro, otro lo pierde, y que lo que beneficia a unos perjudica a otros. ¿O no nos hemos percatado de que durante muchos días el terremoto de Japón ha eclipsado la crisis libia permitiendo al sátrapa rehacerse desde el agobio casi hasta la victoria? Los expertos en la Bolsa neoyorquina nos informan de que la crisis nuclear ha hundido los precios del uranio pero ha relanzado con inusitada fuerza los del carbón y el gas natural, mientras que desde el negocio turístico se confirma que las revoluciones en los países árabes están beneficiando en gran medida al sector español convertido de golpe y porrazo en alternativa del turismo mediterráneo. Parece que, por otra parte, no están claras las consecuencias de la masiva repatriación del yen sobre la apreciación de otras monedas, pero parece seguro ya que habrá de frenar los esfuerzos de recuperación que parecían no ir por mal camino en Occidente, y muy señaladamente el leve crecimiento que comenzaba a percibirse en la economía española. Es verdad lo que Tamames nos decía hace unos días –que la especulación es el alcaloide del Sistema—pero estamos descubriendo de paso que la interdependencia actual teje una trama inextricable de causas y efectos que poco tienen que ver con el “efecto  mariposa” pero cuyas consecuencias son los que éste anunciaba. La tierra tiembla en Japón, los pueblos árabes se rebelan en sus desiertos, y se vienen abajo o arriba los ganapanes de medio mundo y los del otro medio. Carbón por uranio, yen por dólares: cada pedrada en el estanque común alcanza con sus puntuales ondas hasta el último confín. La mortandad de Fukushima puede beneficiar la minería asturiana, el síncope egipcio o la batalla libia está compensando en nuestros aeropuertos el daño causado por las huelgas contra Aena.

 

Duro va, duro viene, insisto. No sé por qué dicen algunos que la lectura economicista de la Historia ha pasado a mejor vida, cuando su confirmación está a la vista miremos hacia donde miremos, por más que resulte obligado reformular los términos de aquel determinismo. Aparte de que si ésta es la lógica y virtud del Mercado, la “astucia de la Razón” y su “Mano Invisible”, aviados vamos. ¿Cómo estar seguro en esta escena movediza en la que el gesto de cada actor condiciona al de enfrente y viceversa? Baja el uranio y sube el carbón, se mueve el yen y compromete al dólar. La especie se ha universalizado dentelladas. El pesimismo de esta era se parecerá poco a sus antecesores.

Culpa común

El PSOE se empecina en mantenerla y no enmendalla tras la sentencia del TC que se carga el absurdo de la competencia exclusiva del Guadalquivir y la consiguiente ruptura del principio de unidad de cuenca. Los demás partidos callan, siendo como son igualmente responsables del disparate, uno más entre tantos como esos políticos enredadores utilizaron para vestir el muñeco del nuevo Estatuto. Nadie quiere reconocer que la culpa fue de todos y de cada uno aunque, ciertamente, entre todos tendrán que buscar ahora solución al problema que implica darle marcha atrás a esa moviola. Un pan como unas tortas, ese Estatuto. Pero es de justicia reconocer que la culpa no es de uno solo sino de todos.

El oso y el Dios

Dos imágenes han llevado al ánimo de los japoneses la gravedad de la hora en que vive su país. La primera es la de un osezno, un panda desconcertado por el seísmo, que buscaba amparo desesperadamente refugiando su cara entre las piernas de un policía del zoo que, a su vez, lo consolaba con visible ternura. La otra es la del propio emperador, la del “Hijo del Cielo”, la del que fuera trece siglos trasnieto del Sol Naciente y sólo jefe del Estado constitucional desde 1943, que se ha dignado asomarse al televisor rompiendo la norma de lejanía en que se ha fundado siempre su misterioso prestigio. La del oso habla por sí sola, en especial si recordamos que lo habitual en las catástrofes es que nos lleguen noticias del infalible instinto animal para presentirlas y poner tierra por medio. La del emperador, porque confirma la veneración residual de ese pueblo por sus tradiciones al tiempo que la inutilidad de una institución cuyo mensaje, a la hora aciaga de la verdad, apenas ha consistido en unos cuantos tópicos del todo prescindibles. Nunca se ha confirmado la leyenda de que Mac Arthur pensara en su día en la imagen rompedora de poner al dios de rodillas en el acto formal de la rendición y de que sólo la discreción de Washington lograra frenar el insensato proyecto, pero viendo a Akihito asomarse a la pantalla como un portavoz cualquiera y desgranar como un político más su breve sarta de banalidades, la verdad es que la miseria actual del mito se revelaba con insuperable rotundidad. Entre el cúmulo de observaciones y lugares comunes que estos días está provocando la tragedia japonesa, se me antoja que esas dos representaciones, conmovedoras cada cual a su manera, tardarán en borrarse tanto de la memoria propia como de la ajena. El tsunami no sólo ha herido de gravedad al país sino que ha servido para revelar súbitamente el secreto a voces, tan bien guardado por lo demás, de la liquidación del pasado.

 

Para lo que, de momento al menos, no hay imágenes es para ilustrar el futuro del Japón. Nadie sabe qué está ocurriendo y menos qué puede pasar una vez acallado el clamor si es que se logra superar la crisis de modo al menos razonable. Todo el mundo se hace lenguas de la disciplina nipona, de la capacidad de sacrificio de un pueblo que desde sus cenizas supo elevarse a la cima entre las grandes potencias, pero nadie puede imaginar siquiera qué suerte le espera a la salida de este apocalipsis. Un oso asustado buscando amparo en un gendarme y un emperador sin palabras son la única respuesta, por el momento, a ese interrogante. Japón está lejos pero cerca. Ni sus zoos ni sus palacios son tan diferentes de los nuestros.

¿Final de partida?

El escándalo del fraude en las jubilaciones se ha cargado a Griñán. Y no sólo al poner en almoneda su futuro sino al liquidar su pasado con la evidencia de que lleva años copresidiendo o presidiendo el desorden y la arbitrariedad de este partido sin reglamento. Y encima no puede cesar a su consejera insostenible porque es su propia coartada mientras que ésta lo tiene difícil para dimitir porque al hacerlo arruinaría el montaje completo. Lo que pretendieron que no era más que un incidente de aprovechados ha resultado ser una trampa mortal en la que puede que naufrague el “régimen” y se liquide toda una generación.