Las tijeras de Griñán

¿Recuerdan lo que largaron esos cuerpos cuando Esperanza Aguirre metió las tijeras en la educación madrileña? Pues ahora que las han metido ellos, y bien metidas, resulta que el recorte es imprescindible pero que la culpa es de Madrid. Este año nuestra precaria enseñanza pública contará con 4.500 profesores menos, merma de la que, ni que decir tiene, tiene toda la culpa el Gobierno “no amigo”. Aquí nadie es responsable de nada –a pesar de lo que estamos viendo—y, desde luego nadie meterá esas tijeras en lo fundamental, que es la estructura burocrática de la autonomía. Hoy va usted a Empleo y no tropieza más que con contratados de la Faffe, es decir, con gente de confianza, y si a va Medio Ambiente encontrará a media Egmasa. Y eso es lo que Griñán nunca recortará a no ser que lo acabe asfixiando una situación que se ha demostrado tan clientelista como despilfarradora.

Azotea de otoño

Va cediendo el calor. Huelen cada día menos los jazmines, se agostó el hato de tomillo y luce el macetón de incienso, desborda la esparraguera que sabe que pronto vendrán climas y aguas, se han arrancado al naranjo bonsay sus frutos y, enseguida, ha apuntado –¿erróneamente?—el azahar que promete otra cosecha abundante, las mitológicas manzanas de oro. La malvarrosa juega con su metáfora de la metempsícosis –hoy abrumada por las pasadas solaneras ante las que los áloes, tan queridos de Dioscórides, resistieron enhiestos—dispuesta a reinventarse otra fragante existencia, con su olor contagioso y humilde. Una azotea, incluso reducida, es un mundo agrandado en esa fenomenología que va de la semilla al fruto pasando por la flor, cuando no reproduciéndose a sí misma en esquejes surgidos del bulbo. Cuiden bien una yerbabuena y verán crecer enhiestos sus vástagos fragantes, descuiden la parrita trepadora y la verán sucumbir, riéguenla luego con tiento y han de verla volver por sus fueros, enredando sus tentáculos. De un palitroque ha surgido, visto y no visto, un azofaifo que enseguida reclamará más tierra, más agua y más aire, como sucede con todo lo que renace tras el sueño, lo mismo que ya hace el milagro de las buganvillas –rojo pasión, rosa pálido, tímida magenta, azulencos secretos—sobre la tapia encalada. El verano pasó y llega el otoño con sus probables lluvias, dispuesto a amustiar los verdores y a echar las flores por tierra, aunque la gardenia, que ya dio en mayo su cosecha tempranera –aroma entre el jazmín y el limón– prodiga de nuevo sus capullos como ávida por duplicar su vida. Hasta el pino antañón de alguna Navidad lejana parece consolarse, allá en su rincón, con sus raíces atenidas a su exigua maceta, envidioso tal vez del pacífico que sacrifica su ofrenda, flor de un día, entre naranja y fucsia.

Y como el jardín, la vida, porque pronto, con los días más cortos y menos luminosos, se serenarán los sanos y firmes de espíritu frente a la murria de los débiles que volverán a aferrase al brazo fuerte del psicótropo para frenar el sinvivir. La vegetación replica al hombre como una segunda humanidad atenida a idénticos ritmos, con sus buenos y sus malos, sus mansos y sus soberbios, sus remedios benéficos y sus tósigos tentadores. Ya vendrá el invierno, entreacto de esa vida que durará hasta que la primavera alce de improviso, ante unos y otros, su recamado telón.

Cuestiones semánticas

Sólo la precariedad de fondo de muchos de nuestros políticos explica esta guerra de palabras que se traen entre unos y otros a propósito de lo que verdaderamente importa a todos: escapar del atolladero financiero en que la mala gestión de la crisis los ha encajonado. Fíjense en la número dos de Griñán –Valderas, salvo en la nómina, es un simple tercero—que es capaz de decir, en menos que canta un “twit”, que la Junta solicita un “adelanto” al Gobierno, sin descartar “en ningún momento” acudir al Fondo de Liquidez lo que, a su juicio, no significa “acudir a un fondo de rescate”. Si pero no o todo lo contrario, ya lo ven. Todo sea por evitar la imagen de una herencia catastrófica y de una administración insostenible.

Muerte de Arafat

La suerte de Arafat ha llegado a ser legendaria. Muchos son los atentados a los que ha sobrevivido ese terrorista, cuña de la misma madera, incluyendo el que supone la convivencia con su esposa Souha, que tiene tomate, la señora. Pero ahora, a los ocho años mal contados de su muerte, el tribunal de Nanterre, con el consentimiento de la viuda, ha abierto una causa por asesinato “contra X”, después de que la emisora Al Yazira difundiera un documental en el que el Instituto de Radiofísica de Lausana afirmaba que, entre los efectos personales del difunto “Rais”, se habría detectado una cantidad anormal de polonio, ese veneno con que Putin liquida a los espías disidentes. Los expertos sostienen, sin embargo, en contra de esta hipótesis, que –no habiéndose efectuado ninguna autopsia al cuerpo de Arafat—convendría practicarle una dado que múltiples indicios apunta a otra causa mucho menos postmoderna y mucho más propia de la perfidia romana o de la renacentista: la ingestión de una seta venenosa, la “amanita phaloide”, ese fantasmal peligro que tanto nos inquieta a los amantes del gurumelo o “amanita ponderosa”. Lo que no han logrado los infalibles servicios secretos israelíes ni los diferentes sectores de su propio bando, resulta que estaba al alcance de la mano con sólo recurrir al viejísimo remedio, prácticamente casero, que es la seta venenosa. ¿Ven como no está de más, en caso de carecer de gato, mantener siempre a sueldo a un catador que, como el oficial de día en los cuarteles, pruebe la comida antes de ser consumida? Hay personajes a los que se les niega incluso la paz del sepulcro, y yo diría que, en ocasiones, no sin alguna razón.

Por supuesto, Israel se ha precipitado a despejar a bote pronto, asegurando que nada han tenido que ver en el presunto asesinato sus legendarios espías y lo mismo ha hecho la viuda con ese gesto de autorizar la exhumación que se llevará a cabo en Ramala, pero en un caso como el de Arafat el problema es que no tendríamos dedos bastantes para contar los muchos enemigos que se agenció en su procelosa vida. Y ya ven, una seta de apariencia inocente, de esas que menudean por los campos, ha resultado tanto o más eficaz, como bien sabían Nerón o César Borgia, que el puñal o la bomba del sicario. Lo que me pregunto es para qué querrá saber la viuda Souha la causa de esa muerte cuyo verdugo, como bien sabe ella, sería tan difícil de determinar.

Están que lo tiran

Literalmente: la Junta de Andalucía reconoce que “tiró” el equipamiento de un laboratorio de análisis de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir al menos en un 80 por ciento. Es la más clara prueba de descontrol y despilfarro que practica el gobiernillo autónomo y, en cualquier caso, un desaguisado por el que, sin retraso, alguien –la propia Confederación, por supuesto– debería reclamar a la consejería de Medio Ambiente, autora de semejante disparate, una explicación y las responsabilidades correspondientes. Y es una muestra de la descoordinación que practica la Junta desde sus inicios. Al destruir ese laboratorio, además, los destructores ponen de relieve su inepcia tanto como la desmedida tolerancia con que la Junta gasta el dinero público.

Vacas flacas

Un alto responsable de las empresas alimentarias acaba de predecir el empobrecimiento de los países europeos. Jan Zijderveld, prioste del imperio comercial holandés Unilever, no tiene ninguna duda sobre este vuelco de nuestra economía continental, en cierto modo coincidiendo con la idea expuesta en 1958 por Gabraith, en “La sociedad opulenta”, de que el gran pecado que entre todos hemos cometido es el de consumir los bienes de consumo descuidando los servicios sociales, una propuesta que fue contestada por Hayes quien no veía en la incitación publicitaria ningún riesgo sino todo lo contrario. Zijderveld, mucho más pragmático y sin retirar la mano de la registradora, da por seguro, en todo caso, que la pobreza volverá por sus fueros en Europa y se propone, en consecuencia, adaptar su oferta a las posibilidades de un consumo de presupuestos mucho más cortos como, según el Finacial Times Deustchland, está ocurriendo ya hace algún tiempo en el mercado español. Me entero, por otro conducto, de que una organización caritativa española ha debido recurrir a una especie de servicio a domicilio para acercarle la comida a familias de pobres vergonzantes que no son capaces de acudir directamente a los comedores a recoger su sustento. Vuelve la pobreza más bien severa, esperemos que no como la de otras etapas que hemos malvivido antaño, pero con la virulencia precisa para que, al menos durante una larga temporada de reajuste financiero, nada vuelva ser como era y tal vez el lastimoso espectáculo de las gurumías descritas por Galdós en la sufrida clase media y hasta en los cortejos de la miseria reproducidos con disimulada ternura en las tragedias de Valle.

El problema consiste quizá en que mientras se desmadeja el grueso de la sociedad sabemos que hay sectores que se han enriquecido hasta límites difíciles de concebir, especulando con la circunstancias de los “nuevos pobres”, en el mayor fracaso de un sistema económico no impuesto de que haya memoria. No volverá en mucho tiempo aquel excedente basado en el crédito amable que permitía a los ciudadanos medios un nivel de vida creciente y al dinero unos márgenes que se han demostrado ilusorios. Es la lógica de las vacas gordas y las vacas flacas enmascarada en la crítica teoría de la sociedad desigual. Los listos del mercado, simplemente, ha decidido adaptarse a las posibilidades reales de la pobreza.