La última trompeta

De nuevo reaparecen los avisos milenaristas que nos previenen sobre el fin del mundo que tendrá lugar –según dicen que dicen los códigos mayas—el próximo 21 de diciembre. La antropología precolombina ha sido desde hace mucho terreno casi exclusivo de los sabios franceses –los Jacques Soustelle y así—cosa que, por cierto, no encajan demasiado bien los mexicanos, que también tienen figuras eminentes en la disciplina, pero aún así los que verdaderamente resuenan en los medios como un eco lúgubre son las voces espontáneas que anuncian una y otra vez el fin del mundo. Ahora mismo acaba de anunciarse la inminente salida al mercado de una edición de “Les trois codex mayas” al cuidado de otro experto notable, Éric Taladoire, seguramente pensando en la curiosidad que la proximidad de la fecha pudiera repercutir en la ingenua demanda. Esos “codex” no son sólo los tres que Cortés envió al Emperador, por lo visto, pues se presume que, posiblemente, anden por ahí o se hayan perdido al menos una docena de ellos, lo que, sin duda, supondrá un escollo grave para los descifradores que se dejan las pestañas sobre ellos ahora ayudados por el ordenador. Lo cierto es que en los que ahora ha publicado Taladoire no hay ni la más leve mención a ese anunciado apocalipsis, ya que no son más que obras de escribas que tratan de cálculos sobre los tiempos, ciclos y otras predicciones, y que van dirigidas a los adivinos, por más que, por desgracia, no fueran finalmente descifradas por Champollion que, en pleno auge de su fama, es decir, tras descifrar la “piedra de Rosetta”, proyectó ir a América para investigarlas. Son tantos los avisos apocalípticos que hemos padecido en este último decenio que pareciera que el hombre tiene prisas por liquidar este “mondo cane” cada día más apocalíptico, ciertamente.

Es curiosa esta apertura de la imaginación humana a la idea del fin del mundo, estudiada en culturas tan distintas como la cristiana o la melanésica, por gente de la talla de Norman Cohn o Peter Worsley, y más curiosa si cabe, la credulidad que de vez en cuando florece como un fruto inmaduro de esa que Steven Mithen llamó “arqueología de la mente”. El cristianismo, como va dicho, encierra su peculiar relato milenarista, tradicionalmente atribuido a Juan, y en ello acaso estriba la explicación del éxito que esas doctrinas suelen tener en Occidente. Ortega mismo escribió su tesis sobre el asunto del año 1000 y se ocupó luego de que no quedara ni rastro de ella…

Discrepancias con base

Vaya vergajazo que le ha aplicado Luis Carlos Rejón a esa Izquierda Unida llamada en su día por sus críticos “Izquierda Hundida” y ahora “Izquierda Vendida”. Sostiene Rejón que en la coalición que él mismo lideró en su día, prima en este momento “la táctica ramplona sobre la estrategia política” y califica de “cantinflada” los manejos de Valderas y el señor que presidió la comisión parlamentaria investigadora de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas. Parece que la Izquierda vive hoy en el autoexilio, repensando planes como Anguita o escribiendo catilinarias como Rejón, pero a una distancia sideral de la que cobra en la nómina de las instituciones. “Porca miseria”, clama Rejón. Seguro que no estaría pensando en esas cobranzas.

El pozo del saber

Con creciente frecuencia se publican por ahí, incluso en órganos bien prestigiosos, noticias sobre descubrimientos científicos tan divertidos como peregrinos. Hace más de treinta años, había quien se reía de los trabajos que mi amigo Ginés Morata traía entre manos bombardeando enjambres de moscas drosophilas a las que la radiación alteraba su morfología –las he visto con alas en la cabeza u ojos en el dorso–, guasas que supongo habrán cesado tras llevarse Ginés por delante los más preciados premios de la especialidad e incluso el premio Príncipe de Asturias. Pero, en general, parece que sería conveniente un cierto orden acordado por la comunidad científica internacional capaz de determinar algo así como un plan que determinara prioridades y evitara el despilfarro en memeces. Estos días hemos sabido que unos sabios de la universidad de Granada, expertos en termografía, han descubierto y confirmado ciertos cambios térmicos del cuerpo humano que no serían sino reacciones provocadas por la actividad mental. Lo más llamativo en este caso es el hallazgo de que la mentira hace descender la temperatura de la punta de la nariz –obsérvese la intuición del autor de Pinocho—o que cuando una bailaora levanta los brazos taconeando al mismo tiempo, resulta que se le enfrían los glúteos y se le calientan los antebrazos, efecto al que nuestros sabios han denominado “huella térmica” del flamenco, advirtiendo que cada baile tendría su propia huella. Y, hombre, uno es lego, y por eso no me atrevería ni a insinuar la crítica a unas actividades que, en tiempo de austeridad general, acaso podrían considerarse aplazables cuando no expletivos.

Un sabio de mayor cuantía como José María Delgado me tiene explicado esas alteraciones de manera muy convincente. Él mismo ha concluido en su laboratorio de la Olavide sevillana que el cerebro de los ratones, al igual que el humano, aprende por observación, lo que a lo mejor explica que los sabios chinos proyecten a los pandas películas “porno” una vez descubierta la frialdad sexual de esa especie y confirmado el hecho notable de que sus cachorros se esconden disimuladamente en la fronda para observar los raros apareamientos de sus mayores. ¿Qué para qué sirve todo eso? Bueno, eso no lo podrían contestar más que los propios sabios, en tantas ocasiones discordes entre ellos. Al peatón le queda sólo asomarse a ese pozo profundo y pagar puntualmente su cuotaparte en los impuestos.

México lindo

La implosión nacionalista está volviendo majareta a este perro mundo. Mwe referí hace poco a las pretensiones separatistas de algunos Estados integrados en USA –lo que, en cierto modo siega la yerba bajo los pies al federalismo forzado de Rubalcaba y cía.—y hace bien poco que Luis Olivencia nos ha contado el caso extraordinario del proyecto secesionista que pretenden algunos en Baviera, consistente en volver a la vieja monarquía o principado, osada maniobra estando tan cerca como está todavía de la unificación de Alemania. Es posible que sea la globalización y cuanto ella ha traído de bueno y de regular, el disparador de este sentimiento terruñero que ha despertado en tan poco tiempo lo mismo en Eslovenia que en Cataluña o en Chechenia, acaso porque los pardillos del localismo saben que el nacionalismo suele ser un negocio pingüe para sus manijeros o tal vez porque la Humanidad no se verá libre nunca de esos que mueren por ser cabezas de ratón antes que cola de león. Hay una excepción notable, sin embargo, y es la del nuevo Presidente mexicano, Felipe Calderón, que proyecta cambiar el nombre oficial que lleva el país desde 1824, es decir, “Estados Unidos de México” y dejarlo sólo en México, que siempre entrará mejor en la letra de los corridos y que, en cierto modo resulta más expuesto a una eventual desintegración. El nacionalismo es una enfermedad senil, ya se sabe, que se contagia fácilmente incluso a la juventud por lo que tiene de mítica su única substancia, y a los poetas por lo que contiene de idealismo baturro, pero en lo que se suele ocultar es la sangre que han costado esos manejos a través de la Historia.

Hoy vivimos, y no sólo en Europa, la paradoja de un potente impulso unitarista secundado, en plan discordante, por los cantos de sirena de esos que Unamuno llamaba “políticos de campanario”. Calderón es una “rara avis” que seguramente quiere adelantarse a eventuales aventuras en un país tan bravo y que con tanta facilidad tira de pistola, y puede que lleve razón visto lo visto, sobre todo teniendo en cuenta el más o menos inminente relevo de hegemonías que nos llevarán a un planeta por completo diferente del que conocemos desde la Antigüedad. ¡Imaginen lo que sería una situación de insurgencia desde Chihuahua a Moroleón! Es posible que del modelo español ande pendiente más de un camorrista foráneo dispuesto a vender una patria compartida para comprarse una particular.

Voces de fronda

Que en el PSOE andaluz andan maniobrando activamente varios bandos es ya cosa inocultable. Sumen a las groseras descalificaciones del portavoz Jiménez –un “nini” recién llegado al poder, como quien dice—respecto a militantes de primer orden, las declaraciones del alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, interpretando estos movimientos como consecuencias del autocratismo de Griñán o las muy cuerdas conclusiones de otro militante histórico, Alfonso Lazo, publicadas en este periódico y alusivas a la que él denomina la “Contrarreforma” de Griñán y la eliminación de las figuras del partido. Es lo que le faltaba a un partido que va de la brida tras IU y que gobierna la comunidad autónoma peor parada de España. Griñán dice ya, incluso, que él no es ni socialdemócrata, y nadie le responde, para qué. Aquí sólo se ventila ya la conquista del Poder y pare usted de contar.

Niños mártires

Los balances cifran en cientos los niños asesinados entre los muchos miles de caídos en la guerra civil que Siria mantiene con el respaldo de Rusia y China y ante la inhibición del llamado “mundo libre”. En Youtube se ha podido ver una exposición de esas criaturas inermes y está confirmado que los ataques aéreos del Régimen han elegido deliberadamente como objetivos a colegios y espacios de esparcimiento infantil, con independencia de que consta la prisión, tortura y violación de otros tantos cientos de niños. Los ataques a ciudades como Alepo o Hula no han ahorrado siquiera el bombardeo de un patio de recreo cuyas imágenes han dado la vuelta al mundo en el telediario. No se trata ya de niños beligerantes –como los criminalmente utilizados en varias guerras africanas o en las “entifadas” que organiza el terrorismo árabe– sino de víctimas por completo ajenas a esta cruenta guerra en la que los países civilizados se tientan la ropa antes de entrar en ella, según muchos observadores, por miedo a que un vuelco de ese Régimen dé paso a otro de naturaleza islamista. El caso es que, con toda probabilidad, y exceptuada la delirante “Cruzada de los niños” del siglo XIII, no ha habido un momento en la Historia comparable con el actual zarpazo de la guerra sobre los menores, a pesar de que, a diferencia de tiempos pasados, semejante crimen de lesa humanidad le sea mostrado a diario a todo el mundo por los más diversos “medios”. Asad deberá responder en su día de esta tragedia ante el Tribunal Penal Internacional, pero ello no justifica esa pasividad de los países occidentales que contrasta con el entusiasmo con que han organizado varias guerras en tan pocos años desde Vietnam y Camboya hasta Afganistán o Irak. De manera paradójica, la santa infancia vive una de sus etapas más duras justo cuando las ínfulas justicieras apuntan más alto y tantos organismos internacionales dicen velar por ella.

Nunca creí la afirmación de Péguy de que el mundo acabaría siendo juzgado por los niños. Eso es literatura ingenua como literatura funeral es la exhibición de los infantiles cuerpos martirizados que, con creciente frecuencia, nos acecha en los informativos, demostrando que el ojo y la conciencia acaban asumiendo la barbarie a poco que el mensaje se repita ante ellos. En Irak todos son culpables y no sólo el gran verdugo. Ante el TIP deberían comparecer, en su momento, tanto él como sus consentidores.