La edad del derecho

Hasta que no se ha suicidado –y por cierto, en circunstancias intrigantes—una señora que se arrojó al vacío cuando vio el cortejo judicial que venía a desahuciarla, no se han encendido del todo las luces de alarma políticas. La tragedia, resulta casi siempre un acelerador en los procesos de cambio, y va a ayudar ahora a entender la urgencia de contextualizar ese derecho real de garantía que es la hipoteca romana. El derecho romano es sabio y tal vez por eso han perdurando rebotando de cultura en cultura apenas sin cambios apreciables, aunque sí cediendo cada vez que las circunstancias lo han forzado. No cabía la esclavitud en un régimen de libertades como no encajaba el “ius vitae nescisque” del “paterfamilia”, y por eso no han perdurado. Pero ahora estamos descubriendo que instituciones de derecho privado tan sólidas como la hipoteca pueden resultar impropias si un incendio o una glaciación se precipitan sobre la vida social, haciendo imposible, más allá de la mejor voluntad, el cumplimiento de la obligación contraída. Oigo decir dentro de un banco que si la hipoteca es aliviada en atención a la necesidad, se convierte en papel mojado, lo cual no es del todo cierto ni incierto, pero sí que resulta extraño escucharlo en boca de un banquero que ve no sólo como normal sino como imprescindible que los ciudadanos de un país –incluyendo a los que no tengan ninguna relación con la banca— paguen de sus bolsillos los dispendios y las consecuencias de los errores o abusos de los bancos. Si todos tenemos que apretarnos el cinturón a causa de ese rescate, ¿por qué no aflojárselo a su vez a los ciudadanos más abrumados por la crisis y enfrentados por ella a la miseria?

El derecho, ya digo, parece, en principio, un código exento, una sentencia grabada en piedra berroqueña, pero los hechos –una mujer que se arroja al vacío, millones de padres que lloran afligidos, familias en el alero—demuestran que ha de ser flexible dentro de los límites de la razón superior. No tendrían perdón ni el PP ni el PSOE si no rematan a cuatro manos una solución para la tragedia de las hipotecas impagables. Sin aguardar a que se despeñe más gente, sino convencidos de que el derecho, contra lo que pueda parecer, es siempre relativo e inferior a la necesidad. Montherlant pontificó que el derecho estriba en un juicio de valor que asiste a una fuerza sobre otra con menos poder. Aplicar las consecuencias compete sólo a la Política.

Cuerpos y almas

El copresidente Griñán ha dicho que la Junta está con la huelga general pero “con unos servicios mínimos del 100 por cien”. El otro copresidente, Valderas, avisa de que será él mismo quién se autoimponga esos servicios mínimos. Las patronales de la construcción, acreedoras de 800 millones de euros que les debe la Junta, reprochan a ésta “que no sepa” siquiera el montante de esa deuda. El diputado Gordillo se niega a declarar en el TSJA porque sostiene que no se le ha permitido “preparar debidamente su defensa”. Diego Cañamero se siente un perseguido y lo explica diciendo que “nosotros (el SOC) somos los únicos que hablamos de lo que quiere la gente”. Andalucía bate su propio récord de paro registrado mientras en Empleo y en Presidencia no hay ojos ya más que para el papeleo de los ERE. En fin, Griñán dice que “su alma le pide repetir en las próximas elecciones autonómicas”.

Crisis y naúfragos

Nada más elocuente de la paranoia que produce la crisis de los proyectos griegos de vender sus innúmeras islas menores. El Gobierno de coalición ya habría confeccionado una lista de 47 islas en venta provocando tal indignación popular que hubo de renunciar a su proyecto. Pero ahora ha recibido la sugerencia de la UE y del FMI de rematar ese proyecto que implicaría el desalojo de sus exiguas pero tradicionales poblaciones, concretamente de aquellas que no excedan de los 150 habitantes y parece que al menos un sector del Poder anda rumiando esa idea demostrativa de que la codicia capitalista no tiene límite. Por supuestos, todas las alarmas se han disparado a raíz del desmentido del Gobierno que la mayoría ha interpretado como una confirmación precedida por un globo sonda. Vender sus islas al mejor postor sería para Grecia una defección definitiva en la medida en que nada quizá tan helénico como esa visión micronésica de un pueblo navegante que a su oficio debe su imaginación y su astucia, pero sobre todo, constituiría un gesto supremo de desprecio por los derechos de esos isleños que habrían de ser trasladados a la fuerza a pesar del inmemorial derecho adquirido por su estirpe. Los críticos griegos saben que el proyecto no es ninguna fabulación dados los precedentes registrados en Brasil o India, donde millares de lugareños han sido expulsados de sus territorios en beneficio de inversores sin escrúpulos en un proceso que algunas voces han reprobado con energía, mientras que los economistas y geógrafos avisan de que ni la operación de venta solventaría esa crisis terminal, ni se deberían despreciar las prospecciones que avisan de la probable existencia de grandes veneros de oro bajo sus fondos marinos. Esta crisis se está demostrando capaz de obnubilar a los responsables políticos más que ninguna de las precedentes. Lord Keynes se habrá revuelto en su tumba si le ha llegado la noticia de esa solución inverosímil.

¿Ven como esta catástrofe financiera no es universal sino que tiene sus ganadores camuflados en la especulación? No hay acaso imagen más plutocrática que la del hombre que posee una isla y en ella levanta su altiva mansión y labra su tálamo en el tronco de un olivo, como Ulises antaño, y en la modernidad los Onassis y los Niarchos. Y a Bruselas no se le ocurre mejor solución para Grecia que poner en almoneda ese territorio que los viejos helenos recibieron en herencia de sus dioses primordiales.

Amigos y enemigos

Un viejo amigo, enseñante en la Sorbona desde hace muchos años, me escribe a propósito de algún comentario que hice sobre el carácter peregrino que tienen muchas de las investigaciones en que hoy se entretienen, incluso en las universidades e institutos más eminentes, ciertos científicos. Y para ilustrar el tema me refiere que un centro que no citaré acaba de gastarse lo dineros que no tiene en una extensa pesquisa sobre el Amor, así, con mayúscula, en plan Amiel, aunque incluyendo en la indagación su posible concomitancia con la amistad. Nada que objetar, por supuesto, sobre todo teniendo en cuenta que de ambas materias se han ocupado, desde la antigüedad clásica a nuestros días, no sólo los poetas sino nuestros filósofos más eximios. Ya que he citado a Amiel diré que nadie como él ha sabido adelgazar el tema hasta el punto de decir que el amor es el olvido del yo, concepto que tan bien casa con la insistencia de Ortega sobre el hecho comprobado de que el amor auténtico implica la “en-ajenación”, esto es, en cierto modo la supeditación del sujeto al objeto amado. Aunque para brevedad la de san Bernardo en su comentario al “Cantar de los Cantares”, aquello de “Amo porque amo”, sin más explicaciones ni matices: lo demás es mero erotismo o es mentira. Pero ¿y la amistad, qué decir de ese sentimiento que Aristóteles calificó de imprescindible para la vida aunque muriera confiando a sus discípulos la hiperescéptica conclusión de su experiencia, “Amigos míos, no hay amigos…”. Donde ha habido, a mi juicio, una mayor aproximación entre amor y amistad puede que haya sido en el ámbito siempre ideal del psicoanálisis, dentro del cual un prudente como Fromm pensaba que la amistad se desprende del amor, esa virtud auténtica entre los hombres que nunca entendí bien si trata de platonizar la amistad o de poner al amor en su sitio.

Quizá esos sabios inquietos por los sentimientos deberían contar con el desamor al hablar de los quereres y con el enemigo al referirse a la amistad, pues sobre las huellas de Aristóteles, Plutarco sostuvo que la enemistad es consustancial y aún necesaria para la auténtica vida humana, un oxímoron sólo aparente del que se ocuparon a fondo tanto Niestzche como Derrida. A vuelta de correos he recordado a mi amigo la síntesis con que Azorín (y creo recordar que luego también Pemán) liquidaban el tema diciendo que hablar del amor es hablar de la mar. ¡Y tanto! He de ver ese estudio para ver en qué se gastan la pasta esos hombres solemnes de bata blanca.

Cuerpos y almas

El copresidente Griñán ha dicho que la Junta está con la huelga general pero “con unos servicios mínimos del 100 por cien”. El otro copresidente, Valderas, avisa de que será él mismo quién se autoimponga esos servicios mínimos. Las patronales de la construcción, acreedoras de 800 millones de euros que les debe la Junta, reprochan a ésta “que no sepa” siquiera el montante de esa deuda. El diputado Gordillo se niega a declarar en el TSJA porque sostiene que no se le ha permitido “preparar debidamente su defensa”. Diego Cañamero se siente un perseguido y lo explica diciendo que “nosotros (el SOC) somos los únicos que hablamos de lo que quiere la gente”. Andalucía bate su propio récord de paro registrado mientras en Empleo y en Presidencia no hay ojos ya más que para el papeleo de los ERE. En fin, Griñán dice que “su alma le pide repetir en las próximas elecciones autonómicas”.

Se buscan vírgenes

Unos productores cinematográficos han tenido la idea de rodar un documental sobre, cómo lo diría yo, en fin, sobre el precio de la virginidad. De toda la vida han zascandileado por ahí celestinas ofreciendo a los caprichosos la bicoca de una virgen garantizada, por más que sepamos desde siempre que nunca faltaron en esos ambientes las remendadoras de virgos, como decía Quevedo, pero estos experimentadores pretenden hacer su agosto a la vista de todos con el consentimiento de las susodichas. Así, una joven brasilera ha aceptado entregarse al adjudicado a cambio de 780.000 dólares y con unas condiciones expresas entre las que figuran que no habrá besos, ni testigos, ni otra fantasía que la del sacacorchos, que el “tempus amandi” no excederá de una hora y que la consumación del acto tendrá lugar a bordo de un avión en un vuelo entre Australia y EEUU. La joven en cuestión, Catarina Migliorini, ha dicho que empleará el dinero ganado con su cuerpo en pagar sus estudios universitarios y en un proyecto para aliviar la situación de las familias sin hogar aunque, eso sí, de puta nada, mucho ojo, dado que, a pesar de los graves indicios, entregarse por dinero una sola vez no supone profesionalizarse y menos tratándose de “una chica muy, muy romántica, que cree con todas sus fuerzas en el amor”. Puta por un día, todo lo más, distinción que a mí me parece un agravante en la medida en que nada y guarda la ropa, sin equipararse ni por asomo a las verdaderas meretrices que a lo peor cree la subastada que son meritorias y ejercen por gusto y no por necesidad. Vean hasta qué punto la ideología mercantilista puede manipular la ética y la moral de una sola tacada a nueve mil pies de altura.

Aparte de que la que hace un cesto hace ciento, confieso que la actitud de la brasilera me repugna tanto como indulgencia me inspiran las rabizas que andan por ahí haciendo la calle a fuerza de golpes de la vida, ésas que es tan poco probable que se entretuvieran en defender su imagen con las monsergas casuísticas que, por otra parte, no hacen sino descubrir la “fausse conscience” de esa puta por un día que se cree diferente y mejor que esas profesionales a las que san Agustín, que sabía de iba la vaina, situaba en las cloacas de la ciudad. Claro que para membrillo, el magnate desvirgador, esclavo como el que más de la quimera virginalista. Internet, como quien no quiere la cosa, ha liquidado el viejo oficio de la alcahueta.