IU, ayuda de Cámara

Los “comunistas”, como acostumbra nombrarlos el PSOE, han cantado la gallina y de reserva ética de nuestra democracia han pasado a ser simples mamporreros parlamentarios de los que ellos acostumbran a llamar “socialtraidores”. Que no nos vengan ya más con cuentos de “regeneración” y “tolerancias cero” después de la bajada de pantalones escenificada por aquellos en la comisión investigadora de los ERE y las prejubilaciones falsas, y que no cuenten nunca más el rollo de que ellos son la alternativa “honrada” de la Izquierda. Izquierda Unida es desde ahora Izquierda Vendida y, ciertamente, no por un plato de lentejas. Vía libre a la corrupción, pelillos a la mar sobre lo que hicieron los corruptos. Si la Justicia ordinaria acabara dándole la vuelta a ese puchero, será toda la Izquierda andaluza la que quedará en evidencia.

Urdangarín

Al duque de Palma, de soltero Iñaki Urdangarín, lo están friendo vivo. La Fiscalía Anticorrupción ha solicitado que se le imponga una fianza de ocho millones de euros a medias con su socio, pero nadie se alarme porque mucho más gorda se la pusieron a los presuntos de los ERE y las prejubilaciones falsas (la fianza, me refiero) y ya andan todos por la calle. Urdangarín ha obrado mal, muy mal, desastrosamente mal, sobre todo porque sus coimas y manguis han comprometido nada menos que a la Monarquía felizmente reinante y eso convierte su caso en una cuestión de Estado. No en vano el morbo que anima a la “apicarada pelambre”, como diría Valle, no es tanto verlo a él arruinado y con la bola en el tobillo, sino, a ser posible, asistir al ingreso en prisión de su consorte la Infanta. No, no estoy tratando de distraer la atención y menos de justificar al real presunto, pero es que, fíjense, parece como si Urdangarín fuera el único mangante en este país que ha hecho del tráfico de influencia un requisito habitual del negocio. Respetuosamente hay que recordar que el propio Rey, que ha aparecido en listas de potentados actuales, hubo de vivir con lo justo hasta la muerte del Dictador que lo “instauró” –igual que vivió su real familia de la liberalidad de algunos monárquicos españoles que hasta le dieron techo generosamente– o que, ya en plena democracia, aceptó un yate de aquí te espero de un grupo de empresarios españoles, por ejemplo. ¡Coño, que es que parece que Urdangarín hubiera inventado el juanguerrismo o que fuera el único obligado a devolver la pasta mal afanada que aquí no devuelve ni dios! ¿Por qué tratar con tan mal rejo a este espabilado si va a ser el único, probablemente, que devuelva un chavo en este país de las Filesas, los Vera, los Gürtel, los Conde, los Mata, los Pujol y los Mas, las Mallorcas, las Valencias, las Marbellas, los ERE y las prejubilaciones falsas o el tocomocho de las tragaperras?

No cabe duda de que Urdangarín merece una dura reprobación y un castigo ejemplar, pero ni más ni menos que los demás ciudadanos españoles. Eso es lo que quiere decir que la Ley es igual para todos. Lo otro es pura venganza, ajuste de cuentas clasista, morbo ancilar o lo que ustedes quieran, menos Justicia. Y no es el primer caso, desgraciadamente ni será el último. El ídolo caído es siempre para la basca un bocado exquisito. Ustedes me dirán si a eso hay derecho.

Peón por reina

En el ajedrez sociata, el alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, un histórico donde los haya, le ha comido a Griñán una pieza gorda por haber intentado aquél comerle la suya; traducido: le ha hecho perder al partido la FAMP–una vez que el partido decidió sustituirlo a él por su peor enemigo– al forzar con su dimisión que la Presidencia pasara reglamentariamente a la alcaldesa popular de Marbella. Donde las dan, las toman, por supuesto, y más si una cúpula de un partido que acaba de perder las elecciones y depende de Valderas para mandar, no conoce los bueyes con que va arando. Griñán está de prestado en la Junta y en tenguerengue en el partido. Lo prueban estas sublevaciones que se tiene que tragar.

Boadella

Estoy convencido de que Albert Boadella tiene por delante un vasto futuro como ensayista. Cosa lógica porque el humor, si es profundo y fino, es siempre, pero es que siempre, ensayo inspirado por una hermenéutica certera. En Alemania, según creo, sigue utilizándose la institución del “dramaturgo”, que no es precisamente el escritor teatral, sino quien idea un montaje que se explica a sí mismo una vez materializados sus conceptos. Benavente o Francisco Nieva, por ejemplo, han tenido excelentes plumas, “stricto sensu” sea dicho, pero ninguno de ellos alcanzaría, a mi entender, la llana exégesis de los hechos que hace este crítico descarado de una sociedad en trance de putrefacción en la que, desde el teatro a la política, valga la redundancia, se trata de embolismar al peatón, actuando como un penetrante factor ideológico. Parte este incorrectísimo rebelde de la idea-madre de que “nada de lo que parece es cierto”, yo creo que empleando el cínico aforismo a la manera de un Shakespeare o de un Valle-Inclán y no como un simple pesimista, que no lo es quien ama la vida a su manera apasionada, y su método consiste tanto en disecar en vivo a los poderes más amenazantes como en teorizar sobre la mar y los peces, sean éstos besugos o tiburones, sin excluir su propia autopsia. Lean “Diarios de un francotirador. (Mis desayunos con ella)” y lo verán investido informalmente de sociólogo, de psicoanalista o de gurú económico pero bogando siempre a contracorriente, sin dejar de contener la amargura ni escatimar el elogio, algo que, en definitiva, está reservado a los espíritus cimarrones a cuya inteligencia no alcanza la tentación seductora. Hace cuarenta años que lo sigo de cerca y la verdad es que no sé si envidio más su genio crítico o su inalienable sentido de la independencia.

Mi recomendación va dirigida tanto al lector inteligente, como decía “La Codorniz”, como a esas víctimas suyas que podrían ganar mucho contemplándose sin rencor en el espejo cóncavo en que Boadella los pone sin perder la sonrisa. Políticos y cómicos, curas y ecologistas, excelsos y pringaos, tienen en él ocasión de estirar la pata o de enderezar la joroba. Y los románticos en general, la de asomarse al deliquio de un espíritu implacable a quien cuesta imaginar colgado de su Eloísa como un Abelardo exquisito. El teatro enseña mucho y la vida más. La única condición es que ambos se vivan a tumba abierta.

Suerte del conductor

El chófer del presidente del Consejo Consultivo –que, por cierto, ¿qué falta nos hace teniendo un Consejo de Estado?—ha sido designado a dedo “asesor” del gabinete presidencial, con todos los derechos y obligaciones (¿) que se sobreentiende que ha de tener un asesor. Y se ha hecho a pesar de la ley de creación de ese órgano no prevé gabinete alguno para el presidente. No creo, sin embargo, que el mayor problema del Consejo Consultivo sea este disparate sino, como sugería antes, su propia existencia, convertido en asilo de cinco estrella para “ex” adictos al “régimen”. ¿Sobre qué asesorará ese chófer a un presidente de tan alto organismo? Por lo visto estos abusos no ocurren sólo –salvadas sean las circunstancias– en el Consejo General del Poder Judicial.

Hombres de oscuro

Del Congreso del Partido Comunista Chino han salido un ganador, una contradicción y siete hombres de oscuro. El ganador es Xi Jinping que gobernará diez años sobre el inmenso hormiguero y ostentará el poder absoluto “en nombre del pueblo”. La contradicción estriba en definir su neoliberalismo feroz como “comunismo con peculariedades chinas”. Y los siete hombre de oscuro son los ejecutivos del nuevo Poder, administradores de la herencia fósil de Mao, a todos los cuales los habrían “paseado”, sin duda posible, los cachorros de la “revolución cultural”. Va estando cada vez más claro que no es que China haya cambiado sino que es todo el planeta el que ha girado hasta ponerse en manos de un nuevo liderazgo (o una nueva bipolaridad, eso ya se verá) que a corto plazo se hará con todos los resortes financieros y, en consecuencia, con toda la capacidad de dominación. Eso sí, algo vamos progresando pues, a pesar de los sinólogos, lo que ya puede entender cualquiera es que el cambio chino ha pasado de la ambigüedad a la mera contradicción, un concepto mucho más cómodo, aunque resulte extraño, que el primero, sobre todo a la hora de integrarse en el llamado “mundo libre”. Todos los días aparecen no sé cuántos nuevos millonarios en aquel país enorme, pero su clase baja sigue con el tazón de arroz, y la media, incipiente todavía, lucha sin horario para emular la abundancia occidental que hasta ayer representaba el fracaso de la Humanidad, y ahora sabemos, además, por boca del nuevo mandarín, que lo más urgente en el país es la lucha contra la corrupción que, según él, corroe los fundamentos del “nuevo viejo orden”. ¿Será la mangancia un prerrequisito del sistema de libre mercado, incluso allí donde todavía se guardan las formas colectivistas? Eso no lo sé e incluso me malicio que esa lucha va a servir a la nueva hornada para encubrir y legitimar las purgas que me estoy viendo venir.

¿Quién se acuerda ya del “Libro rojo” de Mao, quién de la utopía de la educación permanente, en un país en el que los rascacielos contrastan con los sótanos en que se hacina el proletariado trabajando a cambio de la pitanza? Parece más o menos claro que la ideología (fósil, repito) influye poco o nada en la praxis. Y desde luego, que los nuevos soberanos se mueven en la órbita que hace nada y menos llamaban contrarrevolucionaria. No les digo más que Xi Jimping ha enviado su hija a estudiar a Harvard…