México lindo

La implosión nacionalista está volviendo majareta a este perro mundo. Mwe referí hace poco a las pretensiones separatistas de algunos Estados integrados en USA –lo que, en cierto modo siega la yerba bajo los pies al federalismo forzado de Rubalcaba y cía.—y hace bien poco que Luis Olivencia nos ha contado el caso extraordinario del proyecto secesionista que pretenden algunos en Baviera, consistente en volver a la vieja monarquía o principado, osada maniobra estando tan cerca como está todavía de la unificación de Alemania. Es posible que sea la globalización y cuanto ella ha traído de bueno y de regular, el disparador de este sentimiento terruñero que ha despertado en tan poco tiempo lo mismo en Eslovenia que en Cataluña o en Chechenia, acaso porque los pardillos del localismo saben que el nacionalismo suele ser un negocio pingüe para sus manijeros o tal vez porque la Humanidad no se verá libre nunca de esos que mueren por ser cabezas de ratón antes que cola de león. Hay una excepción notable, sin embargo, y es la del nuevo Presidente mexicano, Felipe Calderón, que proyecta cambiar el nombre oficial que lleva el país desde 1824, es decir, “Estados Unidos de México” y dejarlo sólo en México, que siempre entrará mejor en la letra de los corridos y que, en cierto modo resulta más expuesto a una eventual desintegración. El nacionalismo es una enfermedad senil, ya se sabe, que se contagia fácilmente incluso a la juventud por lo que tiene de mítica su única substancia, y a los poetas por lo que contiene de idealismo baturro, pero en lo que se suele ocultar es la sangre que han costado esos manejos a través de la Historia.

Hoy vivimos, y no sólo en Europa, la paradoja de un potente impulso unitarista secundado, en plan discordante, por los cantos de sirena de esos que Unamuno llamaba “políticos de campanario”. Calderón es una “rara avis” que seguramente quiere adelantarse a eventuales aventuras en un país tan bravo y que con tanta facilidad tira de pistola, y puede que lleve razón visto lo visto, sobre todo teniendo en cuenta el más o menos inminente relevo de hegemonías que nos llevarán a un planeta por completo diferente del que conocemos desde la Antigüedad. ¡Imaginen lo que sería una situación de insurgencia desde Chihuahua a Moroleón! Es posible que del modelo español ande pendiente más de un camorrista foráneo dispuesto a vender una patria compartida para comprarse una particular.

Voces de fronda

Que en el PSOE andaluz andan maniobrando activamente varios bandos es ya cosa inocultable. Sumen a las groseras descalificaciones del portavoz Jiménez –un “nini” recién llegado al poder, como quien dice—respecto a militantes de primer orden, las declaraciones del alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, interpretando estos movimientos como consecuencias del autocratismo de Griñán o las muy cuerdas conclusiones de otro militante histórico, Alfonso Lazo, publicadas en este periódico y alusivas a la que él denomina la “Contrarreforma” de Griñán y la eliminación de las figuras del partido. Es lo que le faltaba a un partido que va de la brida tras IU y que gobierna la comunidad autónoma peor parada de España. Griñán dice ya, incluso, que él no es ni socialdemócrata, y nadie le responde, para qué. Aquí sólo se ventila ya la conquista del Poder y pare usted de contar.

Niños mártires

Los balances cifran en cientos los niños asesinados entre los muchos miles de caídos en la guerra civil que Siria mantiene con el respaldo de Rusia y China y ante la inhibición del llamado “mundo libre”. En Youtube se ha podido ver una exposición de esas criaturas inermes y está confirmado que los ataques aéreos del Régimen han elegido deliberadamente como objetivos a colegios y espacios de esparcimiento infantil, con independencia de que consta la prisión, tortura y violación de otros tantos cientos de niños. Los ataques a ciudades como Alepo o Hula no han ahorrado siquiera el bombardeo de un patio de recreo cuyas imágenes han dado la vuelta al mundo en el telediario. No se trata ya de niños beligerantes –como los criminalmente utilizados en varias guerras africanas o en las “entifadas” que organiza el terrorismo árabe– sino de víctimas por completo ajenas a esta cruenta guerra en la que los países civilizados se tientan la ropa antes de entrar en ella, según muchos observadores, por miedo a que un vuelco de ese Régimen dé paso a otro de naturaleza islamista. El caso es que, con toda probabilidad, y exceptuada la delirante “Cruzada de los niños” del siglo XIII, no ha habido un momento en la Historia comparable con el actual zarpazo de la guerra sobre los menores, a pesar de que, a diferencia de tiempos pasados, semejante crimen de lesa humanidad le sea mostrado a diario a todo el mundo por los más diversos “medios”. Asad deberá responder en su día de esta tragedia ante el Tribunal Penal Internacional, pero ello no justifica esa pasividad de los países occidentales que contrasta con el entusiasmo con que han organizado varias guerras en tan pocos años desde Vietnam y Camboya hasta Afganistán o Irak. De manera paradójica, la santa infancia vive una de sus etapas más duras justo cuando las ínfulas justicieras apuntan más alto y tantos organismos internacionales dicen velar por ella.

Nunca creí la afirmación de Péguy de que el mundo acabaría siendo juzgado por los niños. Eso es literatura ingenua como literatura funeral es la exhibición de los infantiles cuerpos martirizados que, con creciente frecuencia, nos acecha en los informativos, demostrando que el ojo y la conciencia acaban asumiendo la barbarie a poco que el mensaje se repita ante ellos. En Irak todos son culpables y no sólo el gran verdugo. Ante el TIP deberían comparecer, en su momento, tanto él como sus consentidores.

A toro pasado

“Siento vergüenza por el dictamen final aprobado y veo lógico que el pueblo se sienta engañado”, Ignacio García (IU), presidente de la comisión parlamentaria de investigación. “Ha sido una comisión útil y transparente”, Antonia Moro, representante del PSOE en la comisión. “Que no haya una evaluación positiva en cuanto al resultado final del dictamen no quita que todo el trabajo desarrollado no haya tenido un resultado favorable”, Alba Doblas, representante de IU. “Hemos llegado a esta situación porque los partidos que conforman el bipartito han antepuesto los intereses de partido a la verdad”, Carlos Rojas, representante del PP. “”¡Dimita de una vez, señor Griñán!”, el mismo. “Rechazando el dictamen, nada separa al PSOE actual de lo hecho anteriormente”, Felipe Alcaraz, militante histórico de IU-CA.

País roto

No creo que resulte fácil determinar la razón última, si es que vale buscarle una sola razón a este embrollo descomunal, por la que la provocación nacionalista ha perdido las elecciones en Cataluña. Tampoco que se pueda tomar a título de inventario el hecho, difícil de comprender, de que la gran región haya quedado partida en dos mitades casi idénticas, aunque la mitad separatista resulte probablemente inviable en la práctica más allá del cambalache pasajero. Para lo que sí hay razones es para lamentar la cristalización de esa mitomanía más bien ramplona en amplias capas sociales, fenómeno que, en todo caso, hay que endosar, aparte de los mitólogos, a los oportunistas que desde Madrid han fomentado sus ínfulas a cambio de apoyo político: Suárez, González, Aznar, Zapatero, todos menos Rajoy, ésa es la verdad. El sueño minoritario de romper España está presente siempre en nuestra Historia, acaso por el famoso individualismo que hizo decir a Unamuno aquello de “Yo soy mi mayoría y no siempre tomo mis decisiones por unanimidad”. Pero lo que no era esperable es que, ese sentimiento terruñero basado en tópicos imaginarios, alcanzara su cénit justo cuando Europa convalece de su fiebre integradora y la independencia se revela cada día menos practicable en un continente que sabe a ciencia cierta que el juego de las hegemonías va a cambiar radicalmente en un par de generaciones. La crisis está sirviendo para desenmascarar a esos buhoneros del oportunismo político que viven de vender crecepelo a los pardillos y, ya de paso, quitarles la cartera y hacer su agosto. Lo ha resumido Francisco Rosell: el negocio no es la independencia sino el independentismo. Hemos de prepararnos para vivir una refundación de la estrategia de la secesión y el cuestionamiento mítico de la vieja España que a las autonomías empeñadas les va a salir por un ojo de la cara.

Quizá no hemos valorado como era debido la tesis de Toynbee ni las razones de Cipolla, pero la misma vida, en su imprevisible fluir, nos ha arrastrado hasta la incipiente evidencia de un ocaso del mundo conocido en cuyo contexto los pleitos localistas han de resultar, a medio plazo, una broma. Eso sí, entretanto el tenderete de los nacionalismos no desaparecerán del zoco. El mundo de mediados de siglo será muy distinto al que vivimos. Sólo un mito sustituye a otro mito. El mitologema que hoy soportamos será, para entonces, apenas un alma en pena.

Mangas verdes

El presidente de la comisión parlamentaria que ha fracasado en la investigación de los ERE y las prejubilaciones falsas, Ignacio García (IU), ha declarado que siente vergüenza por el fracaso y que comprende que “el pueblo se sienta engañado”. ¡A buenas horas mangas verdes! García ha permitido una investigación sin el expediente completo y su partido ha decidido a última hora –aunque nunca es tarde si la dicha es buena—defender sus propias conclusiones y dejar solo al socio de Gobierno, el PSOE, una maniobra que sugiere por activa y por pasiva que el simulacro estaba pactado antes de abrirse la comisión. Valderas, en cualquier caso” puede dormir tranquilo porque tiene a Griñán agarrado por mala parte y no corre riesgo alguno en su poltrona. Si lo hubiera, seguro que otro gallo cantaría.