Vivir del mito

Ese “animal mítico” que, según el maestro Cassirer, es el ser humano, necesita del mito para vivir. En la Andalucía moderna, la de la autonomía, muchos han vivido cínicamente del martirio de Blas Infante y ahora pretenden agrandar ese panteón exhumando el fantasma del joven García Caparrós, que se disputan a dentelladas, como un trofeo propio, las diversas autodenominadas “izquierdas” y a las que responde el eco idiota de los podemitas comparando el famoso 4-D andaluz con lo que está ocurriendo hoy en una Cataluña cuyo mitologema –desde el Tambor del Bruch a Casanova– es famoso por su más que probable falsedad. No les basta la realidad clamorosa: necesitan rellenar el vacío ideológico con el mármol del héroe. Se entiende que no se haya extinguido del todo la voz trincona de Lauren Postigo.

Eva al desnudo

Gran revuelo en Sevilla provocado por dos hembras desnudas y otras exhibiciones lúbricas en plena vía pública. ¡El fin del mundo! Andan de por medio, por lo visto, desde el Ayuntamiento hasta la Fiscalía, en búsqueda mancomunada de unas responsabilidades que, desde luego, no van a aparecer en los códigos. Cuando la moda universitaria del “streaking” y ante la indignación de un viejo maestro, le oí decir a otro venerable complutense: “Pero, hombre, tranquilo: ya era hora de que en la Universidad se enseñara algo que mereciera la pena”. Y ahora en serio: esas ménades no son sino un símbolo elocuente de la anomia que nos vive. ¿Cómo escandalizarnos de un par de desnudos mientras veamos en cueros vivos a nuestra Constitución e impunes a sus ofensores?

Mantas naranja

Los vemos ateridos, envueltos en las mantas naranjas de la acogida, con ojos de supervivientes que han visto de cerca la tragedia y digerido dolorosamente el drama. Son el excedente del mundo pobre, los parias sin patria ni derecho, sin pan ni futuro, tantas veces cargados con la inocencia de sus hijos indefensos. El Mediterráneo está repleto de hermanos suyos –y nuestros–, soñadores reconvertidos en pasto de la mar, en víctimas del mundo poderoso que los desprecia y del negocio de las mafias, incluidas las gubernamentales que consienten su tráfico. Este año han triplicado ya su número en nuestra costa: 13.000 criaturas sin destino, viajeras de la nada a la nada. Europa debería instituir, junto a la suya, una bandera naranja, símbolo de su mayúsculo fracaso y de su ruinoso antihumanismo.

El negocio familiar

A propósito de la polvareda levantada por el tremendo pelotazo que la Diputación onubense ha concedido a una empresa dirigida por la pareja del Presidente y hermana del portavoz del PSOE-A, discrepo, etimológicamente, de quienes hablan de nepotismo, que es figura que implica a los nietos y, en el caso de ciertos papas favorecedores, a los sobrinos. Entiendo que, para hacerlo con propiedad, aquí habría que hablar de “uxorismo” o “sororismo”, comprobando, una vez más, que la familia que milita y cobra unida permanece unida como una piña. Con la patria en un brete y la democracia más amenazada que nunca, aquí seguimos en lo mismo, que el “negoci”, oigan, no es solamente una obsesión catalana. Claro que los beneficiarios dirán que la autonomía bien entendida comienza por uno mismo, ¿no?

Esperando a Batet

Los sediciosos catalanes han logrado romper en dos a Cataluña pero también demediado a España. Oigo a mi alrededor, en efecto, el runrún de quienes, enfadados con la estrategia lenta de Rajoy, prometen no volver a votar al Gobierno y a su partido, y pienso que con ello vuelve a repetirse el sino del general Batet, aquel conservador y católico laureado que –antes de ser fusilado por Franco, reo de permanecer fiel a la legalidad republicana—resolvió, lo más discreta y económicamente que pudo, la rebelión separatista logrando con unos cuantos cañonazos (no explosivos, por cierto) la rendición incondicional de los rebeldes, aparte de la rocambolesca huida de alguno de ellos por las atarjeas. A Batet lo elogió brevemente la burguesía catalana –que se vio libre del terror de aquel temible verano del 34 y, especialmente, de la FAI asociada a Companys— para luego reprocharle su dureza anticatalana (¡), mientras la derecha española lo increpaba por blando. Igual que a Rajoy, hay que admitirlo, nos caiga mejor o peor: unos le levantan el dedo avisador, marcándole límites difíciles si no imposibles en la práctica, y otros lo acusan de indeciso y, por qué no decirlo, de “calzonazos”. No es por nada, pero me gustaría ver a unos y a otros en su lugar.

No sé qué pasará a partir de mañana, como no lo sabe nadie. Pero es obvio que el problema catalán es ya, ante todo, un cisma entre catalanes, una fractura de una sociedad que necesita urgentemente ser suturada por el apaciguamiento de los propios bandos en liza, y aparte de ello, ciertamente, también un problema de la democracia española, que deberá, de momento, palpar con tacto la restauración de la autonomía, y luego buscar –si fuera posible, que no las tengo todas conmigo, francamente— un acuerdo reconciliatorio.

¿No hubiera cantado otro gallo si desde un principio Ciudadanos olvida su estrategia electoralista y el PSOE apoya al Gobierno de España sin condiciones? Yo creo que sí, aunque resulte inútil jugar con preteribles. Porque no a Rajoy sino a nuestro sistema de libertades le queda por delante la dura tarea de restaurar el derribo (político, social y económico) provocado por la sedición y, por supuesto, contemplar cómo la Justicia aplica la ley a tanto presunto rebelde. Porque eso también es imprescindible si se pretende conservar intacta la legitimidad del Estado de Derecho, por más que la imagen de la severidad atemorice a los pusilánimes. Y será una dura tarea, pero sólo tras ella tendrá sentido, en mi opinión, juzgar a Rajoy. ¡Pobre Batet! El separatismo no tiene ni memoria ni enmienda. La derecha española tampoco.

Agua de borrajas

“Yo desgranaré uno a uno los granos de esta Granada”, cuentan que dijo Isabel la Católica cuando alguien le insistió en la complejidad de aquella conquista. En el “caso ERE” da la impresión de que su nueva gestora judicial va desgranando también uno a uno los asuntos laboriosamente engarzados por su antecesora, la juez Alaya, lo que con muchas posibilidades puede conducir a lo que el gentío temía: que todo ese mangazo del siglo se quede, al final, en agua de borrajas. El último carpetazo ha sido el que concierne al “número 2” del PSOE de Griñán que dimitió por la vía rápida –¿por qué, pues?– cuando se conoció el negocio subvencional de la empresa cordobesa de su señora, sin que nadie en su partido dijera ni pío. Es más fácil devanar una madeja que liarla. A la vista está.