El otoño del “Régimen”

Crece el ruido político en Andalucía. Doña Susana se da baños de multitud para los que sus edecanes exigen a sus administraciones la asistencia de sus efectivos, y en el último asegura que no ha llegado su “momento” pero que llegará: pronto el humo blanco anunciará su salto a Madrid para regir el PSOE nacional. También merodea por la región Sánchez “fichando” víctimas del susanato para anunciar que habrá batalla por el control del partido también aquí, pero ella lo identifica con un pasado que no debe volver. El PSOE no volverá a ser lo que fue al menos a corto plazo y quedará partido por gala en dos después del conflicto. Lo que se ignora es si el PP aprovechará la ocasión. Nunca tuvo enfrente a un rival tan precario.

De cómo “Gerard” nos abrió los ojos

Cuando venía a Madrid o nosotros íbamos a verlo a París, en su refugio en las afueras de Fontainebleau, a Artur London no le disgustaba, yo diría que incluso le enorgullecía, que le llamáramos “Gerard”, su apodo en la Resistencia contra los nazis que le costó su cautiverio en Mathausen. London era un tipo alto, elegante, con unos bonancibles ojos azules al que a los colectivistas radicales de mi generación nos costaba trabajo entrever en la traza de traidor que divulgó la propaganda sovietizante. La película de Costa Gavras que guionó Semprún –nuestro introductor en su círculo parisino— dejó claro, pasados ya los años 60, lo justificadas que estuvieron las dudas que resquebrajaban la conciencia generacional de un amplio sector razonable de la izquierda. London, viceministro de Exteriores en la Checoeslovaquia del momento, había sido ni más ni menos que un mártir de aquel régimen atroz inaugurado en los Procesos de Moscú y repetido en el de Praga de 1952, bajo el cual su libertad de espíritu crítico mereció la tortura y la calumnia hasta el punto –a él le asomaban las lágrimas cuando surgía el tema— de ser abandonado por su mujer, Lise, engañada por una falsa “confesión” obtenida por los verdugos en circunstancias inhumanas. Él lo contó en “L’ aveu”,  (“La confesión”), uno de los testimonios más demoledores de aquella propaganda que nos costó no poco desechar.

Lo recuerdo en Madrid, en casa de Arnoldo Liberman o en la de Félix Grande, reverdeciendo su vieja memoria de “brigadista”, entero y cabal como pocos hombres que uno haya conocido, frágil y hasta tierno también como pocos, junto a aquella furia ya reconciliada que era Lise –también encarcelada en su día en la La Santé parisina –, curioso ante el proceso español –eran los años de la transición y los albores de la democracia–, cercano y abierto, comprensivo y, lo que más nos impresionaba a muchos, tan firme en su postura como ajeno por completo al rencor. ¿Podía ser un “traidor” a sus ideas aquel hombre desengañado por la experiencia que nos abría su memoria y su casa, y que se mantenía tan firme en su fe?

Todo va salir bien –nos decía–, lo importante es que nadie os engañe”. Lo veo despidiéndonos en Fontainebleau, todavía con las rosas que le habíamos llevado a él y a Lise. Era nuestra manera de pedirle perdón por tantas dudas injustas con las que lo veníamos injuriando –¡de buena fe!—los alevines de una generación perdida.

 

Cuentas de Taifas

Alguien ha hecho cuentas para averiguar la diferencia real existente entre lo que un andaluz tributa por recibir una herencia y lo que pagan los demás españoles. Y ha llegado a conclusiones tan estupefacientes como que nuestra obligación es 100 veces mayor que la de un madrileño y 1.000 veces mayor que la de un canario. Para que se hagan una idea, el contable deduce que, por la misma cantidad heredada, aquí hay que pagar 164.000 euros y en Tenerife, un poner, nada más que 134. La presidenta Díaz propone corregir al alza en lugar de hacerlo a la baja, y endosarle el marrón a los españolitos de las demás comunidades. Lo que no se les ocurre nunca es ahorrar, no dilapidar. Está visto que lo más fácil es mandarle el publicano al pobre peatón.

La reina desnuda

Otro 28-F con globos y fantoches, autoelogios y miel sobre hojuelas: “Andalucía imparable”. Como si no nos abrumaran las pruebas de nuestro atraso y creciente divergencia con los demás, como si no fuera significativo que la Junta –su Presidenta—haya de dejar en la nevera a dos ex-Presidentes que, sí, cierto que están sub iudice, pero más claro aún que la Junta actual trata de distanciarse de ellos manteniéndolos en el lazareto simbólico de la ausencia. ¡No, no es verdad que vayamos embalados, lo es más que seguimos muy por debajo de nuestras posibilidades mientras el susanato organiza su salto a Madrid! Nuestros 28-F deberían llevar un crespón por nuestra condenada situación y no diluirse en el festolín a la sombra de los Montpensier.

Cómo nos ven

Escucho en la radio nocturna un programa deportivo en el que aparece como figura estelar el señor Lopera. Y me avergüenzo e indigno, porque así como a los otros invitados (ex-presidentes de clubs) se les entrevista con cierta normalidad, a Lopera se le dio el micro para que perorara en su peculiar sub-habla no cabe duda de que como emblema subsidiario de los andaluces. ¡Qué papel tan injustificado y triste le ha tocado a esta región de los Góngora, los Cánovas, los Juan Ramón y los García Lorca, ahora representado –porque es lo más fácil para los “medios”—como Patio de Monipodio y como juerga colectiva! Apagué la radio con tristeza convencido de que nuestra regeneración autonómica, 36 años después, está por estrenar.

Guardar la ropa

La presidenta Díaz ha invitado a la fiesta de los 36 años de autonomía a los ex-Presidentes Escuredo y  Borbolla. De Chaves y de Griñán no ha querido saber nada, por lo visto, aunque entre ambos hayan gobernado esta taifa más que los otros dos. Es una precaución comprensible, ya que el juicio de los dos excluidos es inminente, pero contrasta, ciertamente, con las ambiguas posturas procesales de la Junta. Y permítanme una malicia: doña Susana quiere alejar de sí el fantasmón del gran fraude de los ERE al que, sin embargo, ella, bien mirados los calendarios, quizá no es del todo ajena. La lealtad en política es una virtud por completo prescindible. No tienen más que ver cómo se ningunea a quienes hasta antier fueron los jefes intocables.