La mujer de César

No cuestiono la probidad de la juez Núñez, la instructora de los graves “casos” de corrupción en la Junta que con tanto empeño parece esforzarse en deshacer la laboriosa instrucción de su antecesora, la juez Alaya. La recusación que acaba de plantear el PP, sin embargo, ante el hecho de que una persona clave en aquellos enredos sea su cuñada, obliga a invertir el adagio que acuñó Plutarco: la mujer de Julio (César) ha de parecer honesta además de serlo. Con la misma firmeza con que hasta ahora se mostró indiferente a tantas protestas por su gestión, esa jueza debe asumir sin demora la insostenibilidad de su circunstancia, aunque sólo sea para disipar sospechas, y renunciar a una instrucción que irremediablemente se ve nublada por un hecho tan palmario.

Gasto duplicado

El monstruo burocrático de la autonomía crece sin cesar. Cierto que nunca se procuró una Administración bien diseñada, atentos como han estado siempre nuestros políticos a mimar su “clientela” en los chiringuitos que solemos llamar “Administración paralela”. En el nuevo Presupuesto puede comprobarse el peso insoportable de ese dispendio, que incluso aumenta más que el capítulo destinado a los funcionarios. Entre “patas negras” y “enchufados” los andaluces tenemos que pagar tres veces más de lo que destinamos a inversión pública, lo que viene a ser como pagar al cocinero el triple que al proveedor. Ellos saben bien que ese ejército en nómina es un formidable colchón electoral sobre el que el “régimen” atenúa su fracaso. Seremos los últimos en casi todo, pero también los que más dineros echamos en esa alcancía electoral.

Difícil equilibrio

Bajo la mano de la presidenta Díaz, el PSOE andaluz se mantiene –hay que reconocerlo– en un difícil equilibrio. Así, puede mostrar, como ha hecho por boca de doña Susana, un “apoyo claro” al Gobierno del PP frente a la sedición catalana y, al tiempo, guardar la ropa dudando si votar la propuesta parlamentaria de apoyo planteada por Ciudadanos. Es verdad que ella se alineó sin condiciones con el Gobierno pero también que no ha podido (o querido) evitar el trágala fatal por el que el sanchismo ha forzado al Estado a no intervenir los medios de comunicación públicos alineados con la rebelión, que antier mismo seguían llamando “President” al cesado y retransmitiendo una “declaración institucional” del mismo en la que solicitaba al pueblo una “oposición paciente” a la autoridad legítima. Lo de siempre y una vez más: Sevilla propone y Madrid dispone.

¿Y ahora qué?

Comprendo que estemos exhaustos tras el inmenso barullo, que el coro de grillos no nos permita distinguir los matices. Entiendo también el alivio de unos y el desconcierto de otros tras una reacción del Gobierno sin duda enérgica pero tal vez insuficiente. El disparate separatista no acabó el viernes, más bien comenzó su periodo más duro, habida cuenta de que queda por delante nada menos que superar el enfrentamiento radical –pre-guerracivilista, para qué engañarnos— de las dos mitades en que esa canalla insensata ha dividido a Cataluña, y sin olvidar que la convocatoria de elecciones –salida obligada, por supuesto— es más que probable que, lejos de solucionar el problema, lo agudice en el caso de que las ganen los radicales. Y eso, que parece más que posible, es realmente probable teniendo en cuenta que, por la absurda imposición del PSOE, el Gobierno haya debido dejar los medios de comunicación en manos de los mismos sediciosos.

Vamos a vivir malos tiempos, de aquí a Nochebuena, y sabe Dios hasta cuándo, porque lo insensato sería pensar que un país demediado hasta el delirio va a resultar fácil de conciliar, incluso con el muy estimable apoyo de ese instrumento capital que es el artículo 155. Pero más allá de esta evidencia, quedan preguntas clamorosas en el aire. ¿Cómo es posible que un Estado –su Gobierno, sus jueces y fiscales— consintieran la retransmisión en directo del mayor delito perpetrado en nuestra democracia: ¡un Parlamento –o mejor, medio—cometiendo un delito de rebelión, no presunto sino flagrante? ¿Y por qué, tras el cese de sus cabecillas, no fueron detenidos estos gravísimos delincuentes como se hizo con los insurrectos del 23F o se habría hecho –por muchísimo menos, seguro– con cualquier tironero o camellito sin agarraderas?

No conozco las respuestas, claro está, pero sí tengo la vehemente sospecha de que, en tanto no se aclaren, una inmensa mayoría de españoles, incluidos los catalanes ajenos a la sedición, seguirá perpleja, disgustada y también convencida de que la convocatoria de nuevas elecciones no resolverá la tragedia sino que la agudizará. ¿O es posible imaginar otra cosa con la TV3 y demás medios implicados hasta las trancas en la sedición envenenando a todo trapo? Mucho me temo que este fracaso de nuestro Estado de las Autonomías se prolongue en el tiempo, paralelelamente al menos a una generación adoctrinada y a la espesa trama de intereses heredada del régimen pujolista y, todo debe decirse, de la connivencia trincona de los anteriores Gobiernos. La responsabilidad viene de lejos. Lo difícil será que venga la solución.

Parió la abuela

Por si no sobraran memos e “illumiti” aspirantes a “cabezas de ratón”, ahí tienen también a dos añejos reivindicadores –Gordillo y Cañamero, que de duros y respetables “revolucionarios” han quedado reducidos a simples vividores de la política, “okupantes” de fincas ajenas y salteadores impunes de supermercados– pretendiendo ahora declarar ¡la independencia de Andalucía! Éramos pocos y parió la abuela. No ajenos al ingenuo proyecto infantiano del “anfictionado de los nueve estados provinciales soberanos andaluces incluyendo a Marruecos”, estos pretenden ahora “liberar”, junto a nuestra tierra, a Murcia, el Algarve y el Rif, y menos mal que no se les ha ocurrido incluir en su mapa libertario a Gales o Wisconsin. Da pena mirar hacia atrás para ver cómo se va pudriendo fatalmente el pasado, pero no hay otro remedio que hacerlo.

Vivir del mito

Ese “animal mítico” que, según el maestro Cassirer, es el ser humano, necesita del mito para vivir. En la Andalucía moderna, la de la autonomía, muchos han vivido cínicamente del martirio de Blas Infante y ahora pretenden agrandar ese panteón exhumando el fantasma del joven García Caparrós, que se disputan a dentelladas, como un trofeo propio, las diversas autodenominadas “izquierdas” y a las que responde el eco idiota de los podemitas comparando el famoso 4-D andaluz con lo que está ocurriendo hoy en una Cataluña cuyo mitologema –desde el Tambor del Bruch a Casanova– es famoso por su más que probable falsedad. No les basta la realidad clamorosa: necesitan rellenar el vacío ideológico con el mármol del héroe. Se entiende que no se haya extinguido del todo la voz trincona de Lauren Postigo.