Nada por aquí, nada por allá

Nuestros dirigentes políticos han descubierto una revolucionaria contabilidad en la que encajan desde las facturas falsas a las obras no realizadas y desde los ERE fraudulentos hasta las prejubilaciones falsas, pasando por los “trabajadores fantasmas”. Tras estos últimos va olfateando diligente la Policía Nacional en un centro para discapacitados en el que parece que la gerente paga a su mucama metiéndola en la nómina o que hay trabajadores que figuran en ésta para engordar la soldada de los dirigentes, y aún es posible que se acabe descubriendo algún pelotazo de mayor cuantía en la propia constricción de las instalaciones. La vida pública andaluza se ha convertido en una inmensa mesa de trileros con las bendiciones de un “régimen” que supera ya los tres trienios.

Asesinato legal

La Corte Suprema de los Estados Unidos acaba de decidir por unanimidad la licitud de ejecutar a un enfermo mental si está condenado a muerte. Dos casos pendientes, ambos por asesinato, habían logrado aplazamiento al alegar los abogados que la deficiencia psíquica de sus representados, además de rechinar en un patíbulo, les impedía en la práctica montar su defensa, por lo que habían conseguido el aplazamiento que prevé el procedimiento de “habeas corpus”. Hay que decir que en aquel país, grande en tantos aspectos, la ejecución de retrasados mentales está prohibida desde 2002 aunque dejando al arbitrio de cada Estado la decisión final de cada caso. No es nuevo el asunto, desde luego, pues cualquiera que haya seguido este tema recordará ejecuciones de retrasados, incluso menores de edad, en algunos Estados especialmente rígidos, pero quizá sí lo es el hecho de darle matarile a un esquizofrénico diagnosticado, como puede que le den ahora a Sean Carter, o a un majareta entero y pleno como Ernest González. Más allá de cualquier discusión sobre la legitimidad del gran suplicio, la legalización de las ejecuciones de enfermos supone un gravísimo paso que está en contradicción, por cierto, con la evolución favorable al abolicionismo ocurrida en los últimos años: más de la mitad de esos Estados han suprimido en sus ordenamientos la pena capital o bien la han eliminado de hecho al no aplicarla, pero hay otros que siguen practicándola. Durante el año pasado “sólo” fueron ultimados, en efecto, 43 desgraciados, a pesar de lo cual el Centro de Información de la Pena de Muerte (DPIC) habla de una mejora en los resultados que permite mantener la esperanza. Matar a un loco es un asesinato especialmente cualificado, qué duda cabe, pero desde ahora será también legal.

Hace poco fracasó un referendo en California confirmando la vigencia de esa pena aunque Connecticut ha optado definitivamente por la cadena perpetua, con lo que ya son 17 los Estados que han abolido la pena de muerte, pero hay que reconocer que hace falta ser optimista para entrever una mejora con 43 ejecutados aún calientes. Lo que nunca se había visto, que yo sepa, es la legalización formal de la ejecución de deficientes mentales. Ni siquiera la primera democracia mundial se libra de ese atávico bestialismo que supone liquidar a un semejante. Desde ahora no impedirá el suplicio ni siquiera la incapacidad comprobada del reo.

Después de la batalla

“No estoy de acuerdo en casi nada con Wert pero me pelearía con quién fuera para que Wert pudiera expresarlo” (Mar Moreno, consejera de Educación). “Quien siembra vientos recoge tempestades y Wert debería acostumbrarse a las criticas”, (Verónica Pérez, de la Ejecutiva Regional del PSOE). “Seamos muy maleducados, que es lo que pone a Wert” (@potoma. “Los que impidieron las palabras de Wert deben ser seres muy primitivos” (Plácido Fernández Viaga, juez y letrado del Parlamento). “Quitarle la palabra a Wert es un ejemplo de fascismo de izquierdas” (@Mario Bilbao. “Discrepo con Wert pero tiene derecho a expresarse” (@Asuntriana. “El fascismo no está en el boicot callejero sino en su justificación política” (Javier Caraballo, periodista). “Ha sido un ejemplo de intolerancia impresentable” (Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla).

Inquisiciones

Un grupo de espontáneos han reventado en Sevilla una Charla de El Mundo que iba a ofrecer el ministro de Educación. ¿Cómo? Pues convocando el reventón en las llamadas “redes sociales” –con la colaboración de algún periódico, por cierto—e impidiendo luego por las bravas, ya dentro del acto, su celebración. Su libertad es la que importa; la nuestra, la de los demás, no cuenta: en esto han evolucionado poco las inquisiciones. De tal manera que bastará que unos cuantos se confabulen para que el derecho de reunión y expresión que garantiza nuestro sistema de libertades se quede en papel mojado. ¿Que qué querían esos bárbaros? Ah, eso no lo sabemos, porque los bárbaros no hablan latín. Sólo les escuchamos aullidos contra el ministro, al que llamaron “fascista”, mientras botaban sobre el propio terreno para conjurar el contagio: “Un bote, dos botes, fascista el que no bote”. ¿Es éste un incidente que afecta a El Mundo, como tal tribuna libre, o al ministro silenciado? A mí me parece que no, sino que es la demostración de que, en este momento y en España, el derecho de reunión y el de expresión no están garantizados ni lo estarán mientras baste una cita cibernética para volar un polvorín. Ya, de acuerdo, que no son espontáneos juveniles inflamados por la ilusión deformante, sino, aparte de profesionales, borregos coléricos que alimentan su conciencia vacía con el ejercicio de la intolerancia, por supuesto, de acuerdo con el rabadán. Pues como todas las inquisiciones, ni más ni menos.

Cuando el director de El Mundo les invitó a conformar su algarabía como diálogo, ellos arreciaron en su monólogo unidimensional: “Un bote, dos botes, fascista el que no bote”. A partir de hoy, ya saben, quien quiera garantías para ejercer esos derechos democráticos básicos que se olvide de la autoridad legítima y pida permiso a las Inquisiciones. Porque no hay sólo una, sino varias: verdes, rojas, azules y hasta violeta. Por lo demás, va algo, lo que quieran, a que no revientan nada que pudiera llevar a la justa sanción del escándalo de los ERE y las prejubilaciones falsas ni la destitución de un buen juez por motivos “de género”. Con la Iglesia hemos dado, dirían ellos, llegado el caso. Se ha dicho alguna vez que la Libertad significa responsabilidad y que por eso mismo la mayoría la desprecia. Tu libertad llega justo donde comienza la mía (Rousseau), pero ni un milímetro más. Rousseau debió de ser un fascista de esos que aúllan y no botan, seguro.

Los hay ingenuos

La formación UPyD anda exigiendo a Griñán su inclusión entre las fuerzas políticas convocadas a Palacio para “pactar” por Andalucía. ¡Los hay ingenuos! Igual cree esta digna plataforma que de verdad se va a muñir, en esas publicitadas reuniones, un Pacto por Andalucía y no un bululú de obviedades y lugares comunes. Hacen incapié en que son la cuarta fuerza en la región, como si ello supusiera algo para Griñán, y como si éste fuera a estar dispuesto a ofrecer algo, ni a ellos ni a nadie, que no sea el monólogo de siempre en su inalterable simplicidad: mucho diálogo, atención al empleo, prioridad a la educación, sanidad libre a toda costa, palabras, palabras, palabras… Que no se preocupen si no los llaman, hombre, que se iban a perder poco.

Tocando fondo

El despreciable chantaje al Rey perpetrado por el socio de Urgandarín y su abogado, en el que se incluye eventualmente la “destrucción de la monarquía”, culmina este momento español que, sin duda, será recordado en el futuro como uno de los más abyectos registrados por las crónicas. Coincide ese atentado con un hecho insólito en la democracia vigente como es el reconocimiento por parte de un partido –la Unió de Durán i Lleida—de su financiación ilegal a costa de fondos públicos, hecho que, por supuesto, no constituye novedad por sí mismo (el PSOE madrugó para hacer lo propio cuando Filesa) pero que marca un antes y un después en nuestra vida pública, dentro de la cual estas cosas se venían escondiendo celosamente como trapos sucios. Pocos días antes hemos presenciado el pacto aceptado por la Justicia para que los ladrones catalanes del “caso Pallerols” no tengan que dar con sus huesos en la cárcel y ya veremos qué termina por salir de la saga de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas consentidos por la Junta andaluza. Alcaldes gallegos de varias capitales acaban de ser imputados por lo de siempre, por la cosa urbanística, y la alcaldesa de Alicante se balancea en la cuerda floja con la anuencia de su partido. ¿No es elocuente que en un país democrático un gobernante “eterno” como Chaves proclame en titulares, como si de un mérito insólito se tratara, que no tiene “cuentas en Suiza ni testaferros por ahí”? ¿Y no lo es que un Parlamento regional asuma una “declaració de sobirania”, en plan Pancho Villa, y el Estado no mueva un dedo para impedirlo y sancionar a los perpetradores?

No hay mejor ilustración para este estado de cosas que esa foto indecente en la que aparece el Jefe del Estado, su amante, el yerno trincón y su propia hija posando como si tal cosa. Y esa foto ya ha sido vista por un país en el que no resulta improbable que haya que adoptar medidas drásticas como proceder a una abdicación o inhabilitar al presidente de una autonomía que se proclama Estado independiente tal como la República hiciera en el año 34. ¡Y encima baja la “prima de riesgo” y nos sonríen los buitres de las finanzas! Desde luego si este país no se hunde será a pesar de su dirigencia y también, claro es, porque se ha perdido colectivamente el sentido de la dignidad. No creo que sea posible tirar adelante sin que esa foto ruin sea neutralizada por una autentica catarsis que nos zarandee de arriba abajo.