La Junta tuerce el brazo

El consejero de Educación parece que apuesta fuerte por volver a la olvidada “clase de lectura” en que se criaron los párvulos de tantas generaciones. No le falta razón, desde luego, dada la insolvencia comprobada de nuestros escolares a la hora de comprender un texto, y menos si reconoce, como ha hecho, que Andalucía tiene “una necesidad clara de mejora”. Lo que no sabemos es si eso resultará suficiente para compensar nuestra pésima posición en el conjunto español, en el que ahora ocupamos posiciones nada envidiables según todos los informes, incluido el del propio Ministerio. Esta Junta –su partido—lleva más de treinta años gobernando esa educación fracasada. Que dé señales siquiera mínimas de admitir la realidad ya supone un logro considerable.

Recuerdos borrosos

Un día recibí una llamada del profesor Vintila Horia, aquel rumano curioso y nostálgico de las ferocidades fascistas que resultaba, sin embargo, tan delicado y cercano. Era para compensarme con un almuerzo el envío de mi libro sobre Valle-Inclán que el futuro duque de Alba, Jesús Aguirre, acaba de editarme junto con una obrita de Andrés Amorós sobre la novela rosa, las primicias de la Escuela de Frankfort (Horkheimer, Benjamin) y un estudio de un tal Ratzinger, amigo muniqués del duque: imaginen mi cuelgue juvenil. Cuando llegué al restaurante, en la Plaza de Salesas, encontré al profesor acompañado de un tipo alto y estirado, de modales distantes, con quien hablaba en francés y no sin vehemencia de asuntos europeos. Yo había visto al caballero en Cultura Hispánica, por donde entonces vivaqueábamos algunos a la sombra de Maravall o Luis Rosales, y pude reconocer enseguida aquella mirada algo gélida que contrastaba con su temperatura dialéctica, incluso antes de que despachara sin contemplaciones algún comentario mío que él juzgó, no sin razón quizá, propio del canon dogmático entonces vigente. Sólo una frase recuerdo de aquella comida –“Olvídese de internacionalismos y piense en Europa”—que la polvorilla propia de mi edad encajó a duras penas gracias a los buenos oficios de don Vintila, que consiguió enfrascarnos en el comentario de su exitosa novela, “Dios ha nacido en el exilio”, todo un éxito del momento. Muchos años después coincidí con Otto de Habsburgo –que éste era el personaje al que me refiero– en una cena veneciana y pude reconocer en su mirada su inalterable mohín de indiferencia si no de desdén. El hombre iba de Archiduque por la vida y, a estas alturas, había logrado limar ya su duro perfil autoritario aunque no su anacronismo. Vintila Horia, que tenía otro dominio de las emociones, me dijo aquel día cuando el Archiduque se despidió casi a la francesa: “Hay que aceptarlo como es, ha pasado mucho”. Yo, que por aquel entonces valoraba más otros sacrificios que los del heredero imperial, callé por discreción mientras mi anfitrión pagaba la factura.

 

Otto de Habsburgo se enterrará dentro de unos días en la Cripta de los Capuchinos vienesa, aunque creo que su corazón, según la liturgia funeral de la estirpe, yacerá en otro lugar, y no puedo evitar imaginar esa escena a la luz irónica con que Joseph Roht supo iluminar aquel mausoleo. Hoy mis amigos –Luis Olivencia, Ramón Pérez Maura y otros—levantan esa figura de superviviente como demócrata y adelantado paladín del europeísmo. No es la idea que yo tengo de ese Archiduque, y bien que lo siento porque siempre es más fácil seguir la corriente y dejarse llevar.

El crujido de IU

Todo el mundo se hace lenguas del acontecimiento extremeño, la Presidencia pepera consentida por la IU regional, lo mismo que del ocurrido en Vitoria a causa de lo mismo. IU anda crujiendo como una vieja barcaza y sus mediocres dirigentes no saben qué hacer ante una autonomía regional que recibe la comprensión de una inmensa mayoría a la que ellos piensan continuar tangando con la desprestigiada imagen del lobo que viene. Ni idea tienen de cómo adecentar su autoridad triturada aunque mantengan la esperanza de que su estrategia dé todavía frutos en esta Andalucía en que tantos desprecios han recibido. Haría falta un nuevo Anguita para escapar de este trance y eso no es ni probable ni quizá posible. Pero algo importante ha cambiado en IU y no es poco lo que promete. Mucho más, en todo caso, que devolverle a Valderas una presidencia del Parlamento que tan ancha le venía.

Poderoso caballero

Ya ven cómo la saga de Strauss-Kahn va quedándose en nada a medida que “avanza” la Justicia en sus pesquisas. Crece en Francia el insólito porcentaje –muy por encima del 60 por ciento—de quienes se resisten a aceptar el famoso incidente tras el cual ven incluso una mano negra de la competición partidista, de manera que ni siquiera se excluye ya la posibilidad de que ese poderoso caballero vuelva a la pista electoral para aspirar nada menos que a la Presidencia francesa. Lógico, en cierto modo, porque la masa suele aceptar complacida la versión que más se acerca a su deseo y resulta evidente que a la masa gala le cuesta admitir la imagen de uno de sus próceres exposado frente a una camarera negrata –así las llama la mayoría silenciosa en los EEUU y fuera de ellos—que lo acusa de agresión sexual y violación. ¿Cómo admitir semejante crimen, incluso tratándose de un declarado adicto al sexo como Strauss-Kahn, por el solo testimonio de una testigo tan débil? No lo sé, pero me pregunto cuál habría sido la reacción de la masa si la denunciante hubiera sido la sucesora del presunto y el acusado un camarerito de Sofitel de piel oscura. Ni siquiera el visible derrumbamiento del poderoso en los primeros días y el desconcierto de su propia defensa, han logrado inclinar a un vasto sector de la opinión a favor de la teórica víctima, ni tal cosa se hubiera conseguido, probablemente, aunque la diligencia de película de esa defensa no hubiera dado con la descarada conversa de la denunciante con un delincuente preso. La Sociedad se identifica, en definitiva, con la óptica del Sistema, y desde un principio todo hacía suponer que, ya por fas ya por nefas, algo habría por ahí capaz de exculpar a todo un presidente del FMI que cree que es un argumento digno el sostener que sus demostradas relaciones sexuales con la criada fueron consentidas –y mercenarias, bien sûr–, o sea, nada más que un incidente masculino rutinario, simple “cosa de hombres”.

 

Leo en la prensa americana que la negra (sic) puede dar por resuelta su vida a poco que sepa administrar con cordura sus exclusivas con los tabloides. De lo que no se habla ni allá ni aquí es de la suerte del exculpado y de en qué medida ha contribuido a su fulminante recuperación política la vívida reacción popular, machista y clasista, patente desde el primer momento. Por cien veces menos, a una presidenta se le hubieran caído frente a la opinión los palos del sombrajo. El sexo sigue siendo cosa de hombres en una sociedad ingenua y narcisista que se cree liberada incluso cuando se le pone delante el espejo bruñido de sus flagrantes contradicciones.

La burbuja municipal

Mientras dos cadenas de TV nacionales exhibían al pueblo como el mayor endeudado de España, la alcaldesa “pepera” de Valverde del Camino ha decidido repartir casa por casa un  bando en el que se muestra el informe de Intervención que cifra la deuda dejada por los “sociatas” en más de 54 millones de euros, a razón de 4.264 euros por vecino. En Jerez, su homóloga asegura haberse encontrado una trampa que supera los 900 millones y en Sevilla el nuevo regidor calcula que tendrá que pechar con otra no menor de los 600 millones. Es evidente que la burbuja de los Ayuntamientos está a punto de estallar y urgente advertir a los ciudadanos que esa catástrofe condicionará la vida colectiva durante un impredecible periodo. Resulta obligado depurar responsabilidades y llevar ante la Justicia a los endeudadores si se quiere que la gente mantenga un mínimo de confianza en la democracia.

Chistera y punto

Los banqueros de hogaño no gastan ya chistera y puro como los popularizados por las viñetas del humor reivindicativo desde que existe la prensa. Pero tienen encima una buena desde que han sido identificados como los fautores de la crisis actual, que esta semana ha resonado –no sin una dosis de demagogia que dista mucho de ser homeopática—a lo largo y ancho de este atribulado país. Lo más destacado de esa campaña, quién sabe si concertada o espontánea, ha sido, sin la menor duda, el arreón mitinero del vicepresidente Rubalcaba que parece haber descubierto en esa antigua estrategia una clave para su campaña que será chufleada irremediablemente por quienes tienen fácil recordarlo a él y a su Gobierno posando encantados junto a unos banqueros a los que incluso han puesto como modelo de solidez financiera a imitar por el resto del planeta. La Banca es un mal necesario, probablemente, que nadie, desde Bakunin a Mitterand, ha sabido cómo reducir, y que ha encarnado el mal absoluto en el imaginario político desde el marxismo hasta el fascio español cuyos alevines pintaban durante años por las paredes aquel inverosímil dístico que rezaba “Ni curas ni banqueros, Falange con los obreros”. Nadie quiere hoy a los banqueros, para los que el fracasado ex-ministro Solbes no tiene ahora más que palabras distantes y a los que el ministro de Trabajo amenaza con un impuesto tan poco creíble como el que se rumorea en el ámbito de la alianza extremeña que va a permitir gobernar a los conservadores por mano de los izquierdistas. Pero hagamos memoria: Obama dijo en enero de 2010 que él no había descendido de los cielos “para ayudar a un montón de de gordos banqueros de Wall Street”, eficaz chafarrinón al que, sin pensárselo dos veces, se apuntó entonces ZP. Esos gordos imaginarios se siguen fumando sus vegueros sin quitarse la chistera más tranquilos que nunca una vez fraguada esa unidad entre el liberalismo y la socialdemocracia que parece no tener alternativa.

 

Unos y otros necesitan un buco para expiar el fracaso del Sistema que todos apoyan decididos, pero no les quepa que no ha de llegar la sangre al río tras estos brindis al sol. La Banca resistirá enrocada y, tras las elecciones, la paz volverá a reunir en la misma escena a los protagonistas, más ricos que ayer pero menos que mañana, y seguros de la alianza inevitable entre el dinero y el poder. Quienes se meten con la Banca desde el Poder son unos demagogos. Aquellos que la apedrean desde lejos son, simplemente, unos ilusos.