Mi libertad y la tuya

En vísperas de la Charla que el ministro de Cultura impartió ayer en Sevilla patrocinada por EL Mundo, un grupo de reventadores invadieron las redes sociales proponiendo a los suyos una concentración para conseguir que el acto fuera “lo más satisfactorio posible”, o sea, para reventarlo. Luego no quieren que haya quien desconfíe e incluso quien proteste con contra esas “redes” que pescan sin la menor consideración por la libertad de los demás. Y eso es incompatible con una democracia real donde tu derecho termina donde comienza el mío. Vivimos acomplejados en una crisis de autoridad desoladora. Pero si llega a ser posible que un grupete impida a un ministro hablar en público es que hemos tocado fondo.

Falsos saberes

Las falsificaciones culturales han existido siempre. Caro Baroja escribió un libro sobre el tema, limitado a las perpetradas en España, en el que, no obstante, da noticias estupendas sobre las ajenas. Se han falsificado durante siglos desde cuadros a historias fabulosas pasando por cronicones más pronto o más tarde descubiertos pero que tuvieron, generalmente, un importante éxito inicial, a pesar de la vigilancia de los Feijoo y los Dr. Johnson. Pero hay hoy en día en este terreno el riesgo añadido que conlleva la falsificación virtual, esa noticia, tantas veces impecable, que se ofrece al filibusterismo de mucho vago y de mucho ingenuo. Ahora mismo un vigilante de la Red acaba de descubrir en Wikipedia una guerra inexistente entre portugueses de Gao y un supuesto imperio hindú allá por el XVII, la llamada “guerra de Bicholim”, que ha permanecido acechante en la Red desde 2007, y hay noticia de que artículos embusteros los ha habido lo mismo a propósito del asesinato de César que de una paradisiaca isla indonesia que nunca existió. Resulta estupendo Internet, por supuesto, a la hora de enterarse con prisas sobre hechos y circunstancias de enojosa búsqueda, confirmar fechas dudosas o averiguar un concepto raro, pero precisamente por eso conviene extremar la discreción a la hora de confiar en tan generosa oferta, y eso resulta con frecuencia difícil si no se dispone de experiencia crítica. Esta docencia pasiva y espontánea, realizada por no se sabe quién, es estupenda para el estudiante que pretende averiguar la fecha de la batalla de las Navas de Tolosa pero, ojo, porque a ver qué le cuentan sobre Miramamolín.

Caro decía que si en Bilbao echaran a volar los innúmeros cuadros de Regoyos que atesora el vecindario la noche sobrevendría en la ciudad y que tres cuartos de lo mismo podría suceder si en USA se escaparan de sus marcos los falsos Corot. Y mucho me temo que entre la colosal oferta de Wikipedia haya también, junto a mucha valiosa y cómoda información, camelos a punta de pala. Inventarse una isla o una guerra verosímiles tiene su mérito, qué duda cabe, pero igualmente su peligro, sobre todo a esta alturas, teniendo en cuenta que ese servicio cuenta ya con casi treinta millones de “entradas”. Hay que acercar al niño y al joven a Internet pero sin quitarle ojo a una pantalla en la que se refleja tanto los saberes más serios como la mera superchería.

La prosa leve

Hace un siglo a lo que hacemos hoy los columnistas le hubieran llamado en las redacciones “gacetillas”. La columna es el vehículo del pensamiento breve, la “fast reading” del hombre postmoderno, urgido, inquieto y superficial, el canon que la sociedad medial ha ido imponiendo hasta eliminar de los periódicos aquellos “artículos” extensos que ilustraban al personal además de entrenerlos, que los “enseñaba” en lugar de limitarse a “sugerirles”. Unamuno escribió largo y tendido en los periódicos y, como Ortega, por ejemplo, o como Azorín, acabó reuniendo sus prosas urgentes en libros capitales que ahí siguen. Es verdad que siempre ha habido, junto a ese periodismo “de muleta y espada” otro de “capa”, virtuoso y figurín, en el que destacaron plumas excelentes, pero no lo es menos que hoy sería casi imposible practicar el primero y no sólo porque el lector vaya derrapando por la vida, sino porque cada día hay menos fondo en los propios autores. El periodismo ha cambiado de modelo por exigencia de un modelo educativo nuevo que ha ido aligerando el fardo de los caletres y la disposición del lector hasta no permitir más que el comentario leve, ingenioso a ser posible, ojalá que divertido. De Ortega decía la reacción de antaño que no era un filósofo “de sistema” sino uno “de periódico”, fíjense, sin percatarse de que de este género supuestamente menor surgió “El espectador”, “La rebelión de las masas” o la actualísima “España invertebrada”. Y claro, hemos ganado lectores y perdido hondura. El medio hace al mensaje, decía el mantra sesentayochista de McLuhan. A mí me parece que lo decía en este sentido.

La levedad de nuestra prosa deriva del propio instrumento, es un producto informático, que se mide por palabras o por caracteres, y ahora también, al menos en el ciberespacio, tasándoles estos. El columnismo breve es el fruto, tantas veces agraz pero siempre tentador, del árbol de la vida. Lo otro, el artículo extenso e intenso –que el otro día escuché reclamar a un oyente en la radio—está tan caducado hoy como la “cuaderna vía”. Como la Cultura, como el Pensamiento, ni más ni menos. Será verdad que el medio hace el mensaje pero también lo es que el mensaje hace al medio, que el estilo de vida condiciona si no es que determina al escritor tanto como al lector y, en consecuencia, al periódico. Llevamos todos mucha prisa. Y nosotros, los columnistas, vamos de volatineros de entreacto en este circo de la penúltima modernidad.

Gramsci en la Junta

Lo más simpático que ha dicho Valderas tras toda una vida vivaqueando en la nómina es eso de que él ve a IU “como un intelectual colectivo que está por encima de los elementos humanos”. ¡Fenomenal, Gramsci en la Junta sosteniendo a una socialdemocracia neoliberal! Y lo más paradójico que ha largado es aquello otro de que aspira a seguir en el machito otros cuatro años (ya lleva los 8 estatutarios más 4 de propina), ¿saben para qué?, pues para “liderar el cambio”… de sí mismo. Cambiar es el expediente más práctico que ha descubierto esta camada para perpetuarse en el Poder aunque sea pasándose por el arco el propio estatuto. ¡El intelectual colectivo! A Griñán le ha tocado la lotería con una IU hambrienta y una generosa pedrea con este “intelectual” sobrevenido.

Ciberteologías

Vaya por delante que uno no es ningún fanático de las llamadas “redes sociales”. Se puede reconocer en ellas el embrión de una futura globalización mediática, pero aún así considerar que lo que hoy por hoy existe en la Red no pasará seguramente de un intento pasajero de conectar universalmente a la especie. Un balance: el papa Ratzinger acaba de sobrepasar el millón de twiteros, el Dalai Lama tiene casi seis millones de seguidores, el ayatollah iraní Khamenei roza los ocho millones, algún predicador evangélico casi un millón y, en fin, el que entroniza al Ángel Caído, @Satán, está teniendo no poco éxito. Qué esperen los “followers” de estos dignatarios es cosa difícil de explicar sobre todo por el hecho de que la limitación de preguntas y respuestas a los canónicos 140 caracteres difícilmente permiten esperar ninguna teología como la gente por más que el Paráclito se esfuerce en resumir las respuestas a esas almas inquietas y éstas en condensar sus inaplazables inquietudes. El debate religioso necesita espacio, ancho escenario mental para dirimir sus diatribas, y no parece que el tartamudeo de Twitter vaya a contribuir sustancialmente a aclarar dudas y orientar criterios. Una primera ojeada al sitio del papa Ratzinger resulta, sinceramente, desoladora, tanto en el tenor de las cuestiones planteadas como en el tono de las contestaciones, escritas, como es sabido, por un equipo de guionistas a los que al pontífice pone voz y cara. La metafísica, en cualquiera de sus eventuales manifestaciones, no cabe en ese intercambio de frases tasadas, por lo que me imagino que el problema no va a ser mantener abierto el “sitio” del Papa sino en ver cómo cerrarlo.

Desde mi modestia me atrevería a decir que esta incorporación de los líderes religiosos a las redes, aparte de un guiño de modernidad, va a dar de sí muy poco. ¿Qué podrá resumir el papa—o incluso el Lama– en 140 caracteres a poco que la pregunta planteada sea incómoda o profunda? ¿Se verán forzados los intermediarios del diálogo cibernético a establecer una censura severa para evitar incómodas situaciones al anfitrión? No creo que Lutero hubiera abierto su cuenta en Twitter y hasta presumo que Calvino hubiera mandado quemar los ordenadores, pero tampoco veo la manera de que el papa de Roma salga airoso de este brete. No toda modernidad es apropiable por la religión. Lo raro es que no se hayan percatado de ello sus grandes dirigentes.

Misma medicina

Los sindicatos “concertados”, es decir, UGT y CCOO, andan tragando esta temporada el mismo ricino que tantas veces han dispensado ellos al personal. Ante sus sedes o en plena calle, sus trabajadores –en su mayoría también militantes–, como los del otro “sindicato de clase,” denuncian que mucho largar de la Ley de Reforma Laboral del PP no les impide luego aplicarla a rajatabla en casa. ¿Por qué –se preguntan—han de atizarnos con la misma vara que, cuando actúan como “agente social” y no como “empresa”, ponen a caer de un burro? A ver quién les quita la razón a los cientos de currelantes despachados por esa vía rápida que, según los síndicos, atentan contra el derecho de los trabajadores.