Después de la batalla

“No estoy de acuerdo en casi nada con Wert pero me pelearía con quién fuera para que Wert pudiera expresarlo” (Mar Moreno, consejera de Educación). “Quien siembra vientos recoge tempestades y Wert debería acostumbrarse a las criticas”, (Verónica Pérez, de la Ejecutiva Regional del PSOE). “Seamos muy maleducados, que es lo que pone a Wert” (@potoma. “Los que impidieron las palabras de Wert deben ser seres muy primitivos” (Plácido Fernández Viaga, juez y letrado del Parlamento). “Quitarle la palabra a Wert es un ejemplo de fascismo de izquierdas” (@Mario Bilbao. “Discrepo con Wert pero tiene derecho a expresarse” (@Asuntriana. “El fascismo no está en el boicot callejero sino en su justificación política” (Javier Caraballo, periodista). “Ha sido un ejemplo de intolerancia impresentable” (Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla).

Inquisiciones

Un grupo de espontáneos han reventado en Sevilla una Charla de El Mundo que iba a ofrecer el ministro de Educación. ¿Cómo? Pues convocando el reventón en las llamadas “redes sociales” –con la colaboración de algún periódico, por cierto—e impidiendo luego por las bravas, ya dentro del acto, su celebración. Su libertad es la que importa; la nuestra, la de los demás, no cuenta: en esto han evolucionado poco las inquisiciones. De tal manera que bastará que unos cuantos se confabulen para que el derecho de reunión y expresión que garantiza nuestro sistema de libertades se quede en papel mojado. ¿Que qué querían esos bárbaros? Ah, eso no lo sabemos, porque los bárbaros no hablan latín. Sólo les escuchamos aullidos contra el ministro, al que llamaron “fascista”, mientras botaban sobre el propio terreno para conjurar el contagio: “Un bote, dos botes, fascista el que no bote”. ¿Es éste un incidente que afecta a El Mundo, como tal tribuna libre, o al ministro silenciado? A mí me parece que no, sino que es la demostración de que, en este momento y en España, el derecho de reunión y el de expresión no están garantizados ni lo estarán mientras baste una cita cibernética para volar un polvorín. Ya, de acuerdo, que no son espontáneos juveniles inflamados por la ilusión deformante, sino, aparte de profesionales, borregos coléricos que alimentan su conciencia vacía con el ejercicio de la intolerancia, por supuesto, de acuerdo con el rabadán. Pues como todas las inquisiciones, ni más ni menos.

Cuando el director de El Mundo les invitó a conformar su algarabía como diálogo, ellos arreciaron en su monólogo unidimensional: “Un bote, dos botes, fascista el que no bote”. A partir de hoy, ya saben, quien quiera garantías para ejercer esos derechos democráticos básicos que se olvide de la autoridad legítima y pida permiso a las Inquisiciones. Porque no hay sólo una, sino varias: verdes, rojas, azules y hasta violeta. Por lo demás, va algo, lo que quieran, a que no revientan nada que pudiera llevar a la justa sanción del escándalo de los ERE y las prejubilaciones falsas ni la destitución de un buen juez por motivos “de género”. Con la Iglesia hemos dado, dirían ellos, llegado el caso. Se ha dicho alguna vez que la Libertad significa responsabilidad y que por eso mismo la mayoría la desprecia. Tu libertad llega justo donde comienza la mía (Rousseau), pero ni un milímetro más. Rousseau debió de ser un fascista de esos que aúllan y no botan, seguro.

Los hay ingenuos

La formación UPyD anda exigiendo a Griñán su inclusión entre las fuerzas políticas convocadas a Palacio para “pactar” por Andalucía. ¡Los hay ingenuos! Igual cree esta digna plataforma que de verdad se va a muñir, en esas publicitadas reuniones, un Pacto por Andalucía y no un bululú de obviedades y lugares comunes. Hacen incapié en que son la cuarta fuerza en la región, como si ello supusiera algo para Griñán, y como si éste fuera a estar dispuesto a ofrecer algo, ni a ellos ni a nadie, que no sea el monólogo de siempre en su inalterable simplicidad: mucho diálogo, atención al empleo, prioridad a la educación, sanidad libre a toda costa, palabras, palabras, palabras… Que no se preocupen si no los llaman, hombre, que se iban a perder poco.

Tocando fondo

El despreciable chantaje al Rey perpetrado por el socio de Urgandarín y su abogado, en el que se incluye eventualmente la “destrucción de la monarquía”, culmina este momento español que, sin duda, será recordado en el futuro como uno de los más abyectos registrados por las crónicas. Coincide ese atentado con un hecho insólito en la democracia vigente como es el reconocimiento por parte de un partido –la Unió de Durán i Lleida—de su financiación ilegal a costa de fondos públicos, hecho que, por supuesto, no constituye novedad por sí mismo (el PSOE madrugó para hacer lo propio cuando Filesa) pero que marca un antes y un después en nuestra vida pública, dentro de la cual estas cosas se venían escondiendo celosamente como trapos sucios. Pocos días antes hemos presenciado el pacto aceptado por la Justicia para que los ladrones catalanes del “caso Pallerols” no tengan que dar con sus huesos en la cárcel y ya veremos qué termina por salir de la saga de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas consentidos por la Junta andaluza. Alcaldes gallegos de varias capitales acaban de ser imputados por lo de siempre, por la cosa urbanística, y la alcaldesa de Alicante se balancea en la cuerda floja con la anuencia de su partido. ¿No es elocuente que en un país democrático un gobernante “eterno” como Chaves proclame en titulares, como si de un mérito insólito se tratara, que no tiene “cuentas en Suiza ni testaferros por ahí”? ¿Y no lo es que un Parlamento regional asuma una “declaració de sobirania”, en plan Pancho Villa, y el Estado no mueva un dedo para impedirlo y sancionar a los perpetradores?

No hay mejor ilustración para este estado de cosas que esa foto indecente en la que aparece el Jefe del Estado, su amante, el yerno trincón y su propia hija posando como si tal cosa. Y esa foto ya ha sido vista por un país en el que no resulta improbable que haya que adoptar medidas drásticas como proceder a una abdicación o inhabilitar al presidente de una autonomía que se proclama Estado independiente tal como la República hiciera en el año 34. ¡Y encima baja la “prima de riesgo” y nos sonríen los buitres de las finanzas! Desde luego si este país no se hunde será a pesar de su dirigencia y también, claro es, porque se ha perdido colectivamente el sentido de la dignidad. No creo que sea posible tirar adelante sin que esa foto ruin sea neutralizada por una autentica catarsis que nos zarandee de arriba abajo.

Mi libertad y la tuya

En vísperas de la Charla que el ministro de Cultura impartió ayer en Sevilla patrocinada por EL Mundo, un grupo de reventadores invadieron las redes sociales proponiendo a los suyos una concentración para conseguir que el acto fuera “lo más satisfactorio posible”, o sea, para reventarlo. Luego no quieren que haya quien desconfíe e incluso quien proteste con contra esas “redes” que pescan sin la menor consideración por la libertad de los demás. Y eso es incompatible con una democracia real donde tu derecho termina donde comienza el mío. Vivimos acomplejados en una crisis de autoridad desoladora. Pero si llega a ser posible que un grupete impida a un ministro hablar en público es que hemos tocado fondo.

Falsos saberes

Las falsificaciones culturales han existido siempre. Caro Baroja escribió un libro sobre el tema, limitado a las perpetradas en España, en el que, no obstante, da noticias estupendas sobre las ajenas. Se han falsificado durante siglos desde cuadros a historias fabulosas pasando por cronicones más pronto o más tarde descubiertos pero que tuvieron, generalmente, un importante éxito inicial, a pesar de la vigilancia de los Feijoo y los Dr. Johnson. Pero hay hoy en día en este terreno el riesgo añadido que conlleva la falsificación virtual, esa noticia, tantas veces impecable, que se ofrece al filibusterismo de mucho vago y de mucho ingenuo. Ahora mismo un vigilante de la Red acaba de descubrir en Wikipedia una guerra inexistente entre portugueses de Gao y un supuesto imperio hindú allá por el XVII, la llamada “guerra de Bicholim”, que ha permanecido acechante en la Red desde 2007, y hay noticia de que artículos embusteros los ha habido lo mismo a propósito del asesinato de César que de una paradisiaca isla indonesia que nunca existió. Resulta estupendo Internet, por supuesto, a la hora de enterarse con prisas sobre hechos y circunstancias de enojosa búsqueda, confirmar fechas dudosas o averiguar un concepto raro, pero precisamente por eso conviene extremar la discreción a la hora de confiar en tan generosa oferta, y eso resulta con frecuencia difícil si no se dispone de experiencia crítica. Esta docencia pasiva y espontánea, realizada por no se sabe quién, es estupenda para el estudiante que pretende averiguar la fecha de la batalla de las Navas de Tolosa pero, ojo, porque a ver qué le cuentan sobre Miramamolín.

Caro decía que si en Bilbao echaran a volar los innúmeros cuadros de Regoyos que atesora el vecindario la noche sobrevendría en la ciudad y que tres cuartos de lo mismo podría suceder si en USA se escaparan de sus marcos los falsos Corot. Y mucho me temo que entre la colosal oferta de Wikipedia haya también, junto a mucha valiosa y cómoda información, camelos a punta de pala. Inventarse una isla o una guerra verosímiles tiene su mérito, qué duda cabe, pero igualmente su peligro, sobre todo a esta alturas, teniendo en cuenta que ese servicio cuenta ya con casi treinta millones de “entradas”. Hay que acercar al niño y al joven a Internet pero sin quitarle ojo a una pantalla en la que se refleja tanto los saberes más serios como la mera superchería.