Burla medioambiental

No sabe uno, a estas alturas, si el escandaloso hotel de El Algarrobico puede ser derribado ya, como ha anunciado el ministro Arias Cañete, o está pendiente aún de alguna formalidad judicial. ¡Después de tantos años, cómo va a estar uno seguro! Lo cierto es que el quid de la cuestión non estaría tanto en esa imprescindible demolición sino en saber la razón por la que la Junta de Andalucía –auténtico responsable último del desaguisado—ha maniobrado durante tanto tiempo, gastando dinero público, en defensa de un atentado medioambiental. Al final, como puede verse, topamos siempre a los intereses creados pero casi nunca logramos descifrarlos.

Mea culpa

Don José A. Warletta, me avisa/recrimina en mi blog a propósito del video del presunto desdén de los prelados alemanes al papa Ratzinger que yo comentaba, aclarándome que no se trataba en aquella ocasión de que el Papa fuera siendo presentado a esos prelados, sino, muy al contrario, de que era el propio pontífice quien los iba presentando al Presidente alemán. He revisado el video, he consultado a personas solventes, hasta llegar a la conclusión de que el reproche que me hace Warletta es por completo justo: no hay desdén hacia el papa por parte de los prelados en esas imágenes, como ingenuamente decía yo en mi columna: mea culpa. Es verdad que mi intención no era otra que la de lamentar una presunta ofensa a Ratzinger, y que estaba dicho, creo yo, en un contexto que mostraba entre líneas cierta desolación por algunas circunstancias que al papa han rodeado –¡si supiera el señor Warletta quien me envió primero ese link…!—y que, muy probablemente, han precipitado su renuncia. Lo es también que Ratzinger ha hablado de la “cara sucia” de la Iglesia, lo es que utilizó la imagen del “pastor entre los lobos”, lo es el escándalo de la banca vaticana al desobedecerle olímpicamente y lo eran, en fin, las aseveraciones lanzadas por Hans Küng en su último libro. Pero todo eso no exime mi ingenuidad y por eso entono con cierta tristeza esta palinodia que me parece obligada. Que la Iglesia cruza en estos momentos un vado inquietante no necesita demostración. Pero para probar eso no valen argumentos inciertos. Repito, mea culpa.

La verdad es que yo mismo eché de menos, en la pasada avalancha de comentarios para entretener la espera, una mayor seriedad, por más que comprenda que no es el rigor y la reflexión profunda lo que cabe esperar de cinco mil corresponsales y el resto de la legión tertuliana. La renuncia de Ratzinger, al margen del subido valor del gesto, ha abierto una crisis de fondo en el mundo religioso hasta el punto de que no pocos pensamos que con ella pudiera abrirse una nueva era en la que una recuperada unidad podría posibilitar un triunfo del evangelismo sobre la burocracia. Hombre, comprenda mi enmendador que, más allá de ese video tergiversado, hay encendidas en estos tiempos demasiadas luces rojas y vea, de paso, la ciudadanía los riesgos que, junto a sus ventajas, ofrece la sociedad de la comunicación. Por mi parte creo que pocas actitudes son tan legitimadoras como la rectificación. Junto con mi esperanza, ahí queda la mía.

Cana Sur, provisional

La Junta bicéfala pretende saltarse las generales de la Ley imponiendo en la radiotelevisión andaluza, Canal Sur, una solución de continuidad provisional en lugar de elegir –como establece la norma—a un nuevo director respaldado por tres cuartas partes del Parlamento. Lógico que lo intente, por supuesto, porque las posibilidades de elegir un director independiente entre PSOE-IU y PP parecen prácticamente nulas. ¿Qué eso es o podría ser ilegal? Bueno, de momento va a valer para retener ese prohibitivo juguete dedicado a su mayor gloria, que es de lo que se trata. Si fuera al revés, aviado iría el PP.

El último recurso

La reacción de cierta izquierda europea tras la muerte del dictador venezolano Chávez constituye una incontestable demostración la inania ideológica que todavía la anima. En Italia ha habido homenajes protagonizados por grupos residuales, en París, ante la estatua de Simón Bolívar, se han concentrado, juntos y revueltos, personajes como Jean-Luc Melanchton, actual estrella de la izquierda radical, el secretario del PCF y el embajador de Cuba, unos pocos estudiantes y los inevitables curiosos. Aquí en España, Cayo Lara ha hablado “desde el dolor” que le ha producido la muerte del “gran estadista” amigo de ETA, de Gadafi, de Ahmadinayed o de Al Assad, y desde Andalucía se ha propuesto como modelo para nuestra vida pública el chafarrinón bolivariano, con toda su tramoya populista. Muy vacía tiene que ir la calabaza gauchista –el ser de izquierda en serio es otra cosa—para echar mano de ese espectáculo lastimoso del presidente-showman cantando rancheras en público o perpetrando en la tv –en la suya, porque las rivales fueron cerradas—aquel hilarante programa “Aló, Presidente”, la más baja expresión concebible de la demagogia mediática. ¿De verdad apoyan nuestros izquierdistas la política exterior de aquel energúmeno, dicen se serio que su implantación entre nosotros sería posible en sintonía con el castrismo –ya, en realidad, el postcastrismo–, piensan en adoptar el demagógico sistema de expropiaciones a ojo y los tiroteos callejeros? No sé qué dirán ahora que conocemos el proyecto stalinista de la exposición religiosa del cuerpo embalsamado del líder. En Corea del Norte también lloran oficialmente las muchedumbres la muerte de sus tiranos. Son los dos únicos casos que deben de quedar en el planeta.

Está el obstáculo de que nosotros no tenemos petróleo a manta, que es lo que mantuvo a Chávez tantos taños en el poder, y que la razón de los pueblos europeos hace mucho que se desprendió de mitos tan peligrosos como el culto a la personalidad. La izquierda europea (de la socialdemocracia ni hablo) tendría que repensar su ideario y ponerlo al día conscientes de que el Muro berlinés cayó hace tiempo y que hoy miramos con estupor la mera posibilidad de que el mito maoísta, con su “revolución cultural” y su paranoia antiburguesa, haya podido durar tanto. Apostar por el chavismo es agarrase a un clavo ardiente. En él van a abrasarse más de uno y más de dos.

Pelillos a la mar

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha quedado muy salomónicamente en el “caso Gordillo”: el Fiscal Superior ha pedido que se revisara la estupenda decisión del juez Pasquau de absolverle por completo por, entre otras cosas, saquear un Mercadona aprovechando la huelga general, pero la Sala, con el Presidente Del Río a la cabeza, ha reiterado que nada, que ocupar fincas o desvalijar un súper no dejan de ser cosas que entren en el juego y carecen de importancia. No tengo la menor duda de que el ciudadano medio se habrá quedado de piedra al saber que acciones como aquellas vergonzosas que vimos en la tele no son más que un quítame allá esas pajas. No sé si la Justicia es un cachondeo, pero la verdad es que lo parece.

La democracia interna

Hace muchos años, más de los que uno quisiera, un santón de la Dictadura nos “enseñaba” en la Universidad que el problema de los partidos es que todos, sin excepción, han de ser leninistas si quieren permanecer disciplinados. No hay partido que resista la democracia interna, venía a decir, sin que le salgan al paso graves disensiones y pierda antes o después la imprescindible unidad, de donde venía a deducir la maldad intrínseca de los partidos, pues su régimen conduciría por derecho a la división y al desequilibrio en cualquier sociedad. Claro está que él sostenía esta interpretación desde el ángulo fascista, pero andando el tiempo muchos de los que hubimos de soportar sus prédicas acabamos reconociendo que acaso no le faltaba toda la razón a quien preconizaba “La vuelta de los Budas”. Tomen el caso del PSOE para convencerse de que, en tres décadas, ese partido de gobierno se ha ido deslizando desde el leninismo inicial (casi cabría decir “patrimonial”) ejercido por Guerra, al más absoluto desbarajuste, pasando por la férrea versión postmoderna que representó el mandato zapaterista. ¿Quién imagina a Guerra –el hombre que lo mismo disolvía una agrupación que defenestraba a un presidente de autonomía (o a dos) sin despeinarse—tolerando una rebelión en Ponferrada? Pues nadie, pero no caigamos en la trampa saducea porque lo que ha ocurrido en ese pueblo berciano es lo mismo que ya ocurrió en Gibraleón o en Benidorm, a saber, la simulación de un cisma interno para justificar la conducta vergonzosa (lo dice el propio PSOE) de unos ediles que pactan con el diablo contra el PP: verán como, de hecho, es el PSOE el que sigue gobernando en ese pueblo, y cómo en las próximas municipales “recuperan” a los cismáticos con todos los honores. Esto no es una teoría, es un “dejà vu”.

Hay en el caso anterior, sin embargo, una notable diferencia con los anteriores y es la precariedad de la disciplina de un partido en el que, según dice Ibarra el “bellotari”, un insoportable porcentaje de votantes no cree para nada en el líder y en el que tampoco hay relevos con peso a la vista. Sí, en efecto, los partidos, que fueron caciquiles en su origen, han degenerado en leninistas, convirtiendo en inverosímil una auténtica democracia interna. Se atribuye unas veces a Romanones y otras a Romero Robledo el “dictum” de que lo principal en un partido es el puchero y el garrote. Desde luego, ni Lenin mejora esa imagen.