El pelele de IU

Se extraña el PP de que la Junta, callada como una muerta mientras el PSOE gobernó y respaldó el proyecto de oleoducto en Doñana, se levante ahora de manos para enfrentarse al Gobierno del PP. Pero, hombre, no me sean ustedes ingenuos, porque oponerse al Gobierno es lo que toca ahora en la Junta aparte de que Griñán se haya convertido –a la vista está—en un pelele en manos de Valderas. Mientras era el PP el que se oponía, el PSOE apoyaba y, por cierto, el mismo PP opositor es hoy el padrino de semejante atentado ecológico. Estas políticas no hay quien las entienda del todo, es más, yo creo que no serían capaces de explicarlas ni ellos mismos.

Dos morales

Hubo una época en que la imaginación europea se dejó llevar por el invento aquel de las “étoiles filantes” al que Buñuel sacó todo su jugo en “Belle de jour”. La fantasía se basaba en la existencia de una prostitución sigilosa, exclusiva, practicada no por “profesionales” en el sentido corriente del término, sino por putas “amateurs”, como si dijéramos, que escondían entre los pliegues de su doble vida el secreto de un lenocinio entrillado entre la necesidad y la fantasía. Ni que decir tiene que se proponía como novedad algo que ha existido siempre, pues la prostitución no está, como bien sabemos, reservada a los burdeles sino que se mueve en todos los ambientes sociales adaptada en cada uno de ellos a sus circunstancias características. Me ha dado que pensar la lectura del triste reportaje sobre el porno casero aparecido en nuestra “Crónica” y en el que se constata el crecimiento de toda una pornoindustria doméstica surgida por imperativo de la crisis económica, y en el que no se esconden los actores convencidos de que lo suyo –la exhibición porno a través de Internet—no es propiamente lenocinio sino “un trabajo como cualquier otro” para remediar la necesidad impuesta por el paro. Ya, ¿y el de las “otras”, el de las “cualquieras” que se alquilan por horas en los hoteles de los nuevos proxenetas o deambulan por el arcén en busca de negocio carnal, qué pasa, que ése no es un “negocio como otro cualquiera” sino un recurso extremo que implica la exclusión social? Por supuesto que nada cabe objetar a la decisión de estos “exhibidores” pero no es justo presentar su actividad como un ejercicio diferente al que practican, desde que el mundo es mundo, quienes venden al mejor postor sus servicios sexuales: no cabe discusión sobre el hecho obvio de que todas las putas son putas, iguales de putas, quiero decir iguales de desdichadas.

Veo en esas historias, que no digo que no sean conmovedoras, una auténtica exhibición de hipocresía no sólo en los actores que montan sus números en el plató sino en el concepto público que trata de confundirnos con sus dos varas de medir. Y no les digo nada de los panolis pervertidos o viceversa que –también desde siempre—han pagado gustosos por esos vicios potenciados por su imaginaria exclusividad. Claro que llevan razón esas meretrices “pane lucrando” y sus consortes, pero ni más ni menos que las desgraciadas que, llueva o ventee, pechan con el sambenito a la intemperie del lupanar.

Ladrón en el paraíso

El fiscal de la Audiencia Nacional se ha opuesto, con un criterio que seguro que le aplaudirá el común de los mortales, a que el informático Hervé Falciani que debeló el infame secreto bancario suizo ayudando a España, Italia y Estados Unidos, sea extraditado a Suiza desde donde le reclama una Justicia plenamente concorde con su banca. Falciani se defiende con el argumento de que en 2008 él ya avisó a su gran banco de los fallos de seguridad que hacían posible desde el fraude a la financiación hasta el terrorismo, y que recibió lo mismo que de la propia Justicia: nada. Y fue entonces cuando el “secretario” sacó al exterior datos que, según el propio fiscal, “darían para llenar un tren” y que sólo en España permitió al Estado recuperar cientos de millones depositados en el paraíso por nuestros distinguidos evasores. Es curioso que los críticos de esos “paraísos” excluyan a Suiza, que es el mayor y el más clásico de todos ellos, como lo prueba que hasta nuestros reyes mantengan sus fortunas ocultas en aquellas cajas, lo que ha permitido a aquel pacífico país vivir de ese negocio que cuando se produce en las Caimán o en Gibraltar denostamos. Si España acaba extraditando a ese buen ladrón quedará definitivamente en claro la connivencia de los poderes –de los Gobiernos y de las Justicias—con los mercaderes y custodios del dinero negro, ese magma repugnante en el que la pasta evadida se confunde con la de los narcos, con la del negocio de las armas y con la de la prostitución. El secreto bancario suizo es un escándalo en este mundo globalizado y quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Ser fiel como empleado a esas empresas es ni más ni menos que ser cómplice.

El Sistema se hace trampas a sí mismo para sobrevivir y una de ellas es la de permitir que la rectitud del negocio se quiebre allí donde conviene a la rapacidad del evasor y de los delincuentes. Quien no tiene una cuenta secreta en Suiza no es nadie pero es obvio que mientras esa trampa exista no sólo los prófugos de Hacienda, sino los criminales más abyectos, tendrán refugio asegurado. Hasta en el Vaticano se blanqueaba dinero sin reparar en su inmundicia al menos hasta que el papa dimitido decidió cortar por lo sano. Reyes, políticos, mafiosos, proxenetas o mercaderes de guerra tienen sus alcancías a buen seguro. Denunciar eso no puede ser perseguido sino honrado en una democracia que se precie.

Imaginación al poder

El hijo del copresidente Valderas, concejal de Lepe y colocado en la Diputación, se siente preterido en su Ayuntamiento, y en consecuencia, ha “okupado” un banco, pero no de los de la pasta gansa y los desahucios, sino de los de sentarse al fresco en la plaza, colocando en él su “despacho” municipal. Vean cómo las generaciones se superan y cómo crece la audacia en esa izquierda profesional que no se ve a sí misma si no es en un despacho amueblado, con teléfono y secretaria, además de un empleíto curioso. Ahora que desde EEUU a Corea del Norte se imponen las dinastías políticas, Andalucía no iba a ser una excepción.

El coro cambiante

Hemos visto la escena de la Pantoja desmadejada entre guardias civiles, rodeada del coro de “tricoteusses” acosadoras y desocupados justicieros. España vive su época de un Terror sin Robespierre en la que la plebe compensa el hambre y distrae el ocio al pie de la guillotina, aunque ahora las sentencias se dicten en directo por televisión. A la infanta imputada todavía no la increpan, pero todo se andará, pues ya el otro día una ménade llamó “asesino” a un banquero en el Congreso y no hay jornada ni telediario sin su ración de acoso a unos políticos suspectos de esto o de lo otro. Pan o circo: esa plebe es omnívora y se sacia o lo intenta con los despojos morales de los caídos, lo cual es explicable hasta cierto punto, dada la frecuentísima impunidad de los delincuentes poderosos. No hay traslado policial al que no aguarde un piquete de linchadores espontáneos para aporrear la carrocería y gritarle al conducido los peores insultos, hasta el punto de que esa imagen se haya convertido en un tópico televisivo que traduce a ojos vista la realidad de que lo que mueve a esos figurantes no es la Justicia sino la venganza. Aunque sean los mismos, repito, aunque los que hoy se desgañitan llamando “choriza” a la Pantoja sean los mismos a los que se les hizo un nudo en la garganta escuchando “Marinero de luces”, y aunque los que persiguen a la infanta, cámara y micro en ristre, se hayan pasado la vida “cubriendo” su real vida. Nos estamos convirtiendo a todo trapo en una sociedad carroñera.

Bien entendido que estas demagogias no son más que la consecuencia del fracaso democrático, es decir, que si la chusma respira como respira es porque la dirigencia política y los poderes económicos le vienen haciendo el boca a boca, hace demasiado tiempo, con sus incontables trapacerías. ¡Cómo será la cosa que al Gobierno no se le ha ocurrido nada mejor que sustituir en una nueva norma el concepto de “imputado” por el de “investigado”, como si ese ajuste nominalista fuera a resolver el problema generalizado que soporta el país! Pero eso es, en buena medida, porque la riada desborda toda previsión y, sobre todo, porque nadie confía en que caiga el telón y termine el espectáculo. Y la chusma no es el coro reglado del viejo teatro, la voz unánime de la censura o del elogio, sino la masa anómica que se recuerda vagamente como soberana. En la Pantoja y la infanta tiene garantizado ese protagonismo colectivo para una buena temporada.

Juicios y sentencias

El consejero de Cultura y Deporte ha salido al tercio para brindar al sol su tesis de que la terminante acusación de la consejera de Hacienda, Carmen Aguayo, a los dos consejeros e Trabajo Viera y Fernández, “no vale” porque ésa no es la versión oficial de la Junta en el caso de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas. La Oposición, por su parte, exige que Aguayo explique en el Parlamento por qué considera responsables a aquellos dos colegas. Esto se enreda, como pueden ver, y no sería de extrañar que, en un momento dado, salgan por ahí más Aguayos cada cual tirando de la manta desde su ángulo. En todo caso, lo dicho, dicho está, y lo que queda por saber es si la consejera habló espontáneamente o de manera acordada.