Noticias de Grecia

A medida que vamos conociendo la realidad del país griego vamos comprendiendo también que lo asombroso no es tanto ese disparate nacional sino el hecho de que la banca internacional, y concretamente la alemana y la francesa, haya estado financiando a un cliente semejante. Se cuentan cosas tremendas de la realidad griega ahora descubierta pero hasta antier tapada y bien tapada igual por sus responsables que por los extraños cómplices que han hecho posible ese milagro al revés. Por ejemplo, a propósito de la evasión fiscal generalizada –un verdadero “deporte nacional”, ha dicho algún periódico—que se calcula no menor de 45.000 millones de euros, de los que 37.000 pertenecerían a 15.000 contribuyentes que el Gobierno dice ahora tener localizados. Es famoso el lujo del Metro ateniense, un servicio suntuario, equipado con televisión para entretener a los viajeros (los cinco millones de habitantes con que cuenta la capital) en régimen gratuito. O el peculiar sistema de pensiones que ampara a 600 profesiones consideradas de riesgo (¡pasteleros, radiofonistas, empleados de peluquería o baños turcos!) que permiten jubilarse a los cincuenta años, por no hablar del procedimiento del todo arbitrario con que cada ciudadano liquida sus impuestos sin más control que una inspección simbólica, lo que ha permitido al propio Gobierno afirmar que 542 titulares de importantes fortunas se declaran mileuristas, lo cual no deja de ser una broma si se considera que los famosos armadores y banqueros griegos –desde los Onassis a los Niarkos pasando por los Latsis– están exentos de impuestos por una ley de 1967 y de lo dispuesto en la propia Constitución. ¿Y qué ocurre, que los prestamistas europeos que ahora nos exigen ahora a todos con tanta vehemencia el reintegro de sus dineros desconocían este secreto a voces o ignoraban que los depósitos fugados a la banca suiza equivalen al total de la deuda de la nación?

En su día habrá que buscar en serio a los culpables reales de esta crisis, a esos temerarios infladores de burbujas que ahora sabemos que contaban con el “seguro” del respaldo internacional y fomentaron la orgía bajo el cielo protector de la “new age”. ¿Cómo es posible que una situación como la vivida en Grecia no disuadiera a los responsables de esa financiación suicida? Los españoles sabemos bastante de ese negocio que durante años fue fomentado por los mismos que ahora claman frente a su azote. Lo que ignoramos, de momento, en cuál es la distancia real que nos separa de Grecia. Igual descubrimos cualquier día que aquí tampoco se declaran las piscinas que compramos cuando nos prestaban dinero para pagarlas.

Listo para sentencia

Sea cual fuere la pena que el Tribunal imponga a los asesinos de Marta del Castillo y a sus cómplices, hay algo que el pueblo llano, que no entiende de leyes pero conserva intacto su sentido común, se pregunta clamorosamente: ¿cómo es posible que a quienes, en una calculada estrategia procesal, ocultan el cuerpo del delito no se les retenga entre rejas hasta que declaren su escondite? Pocas burlas ha soportado la Justicia como ésta a que lo han sometido unos mequetrefes a socaire de las garantías democráticas. Cabe imaginar la impunidad que estará al alcance de los delincuentes conspicuos si una pandilla de friquis se va de rositas de esta manera a pesar de tanta evidencia.

Sociedad desigual

Un colega con el que no tuve el gusto de coincidir en la Complutense, Rafael Díaz-Salazar, acaba de publicar un libro de cuya lectura se sale, sin es que se sale, perplejo y no poco desconcertado, quizá ante la evidencia de que la crítica más verdadera resultará tan estupenda como insuficiente en tanto no se vislumbre una rendija siquiera en el murallón neoliberal. Puedo suscribir en ese libro, por ejemplo, entre otras muchas, la idea de que estos trajines por recuperarnos del desastre a base de ajuste y crecimiento conducen por derecho a un paraíso neofeudal en el que el precio del trabajo será reducido al límite mientras el beneficio del capital aumenta exponencialmente, pero noto cierta inquietud cuando, como alternativa, se nos propone, lisa y llanamente, liquidar el “modo de producción” del capitalismo, y pongo esas comillas con intención preferente para los mayores de la tribu. Porque ¿cómo se hace eso, querido prof, si hasta en la China comunista va hoy que se mata la locomotora manchesteriana, por no hablar del milagro brasilero del camarada Lula? Lean este libro estremecedor para enterarse, si es que no lo sabían, de que la pobreza avanza en el planeta a calzón quitado (en medio centenar de países ha aumentado desde los años 90), de que 37 millones de personas, es decir, un escandaloso 1 por de la población mundial, posee el 40 por ciento de todos los activos mientras que la mitad de esa población ha de contentarse con el 1 por ciento de los bienes de este mundo. ¿Por qué se están enriqueciendo de modo espectacular muchas empresas en medio de la crisis, cómo va a  funcionar un sistema con transparencia mientras en los paraísos fiscales se atesoran celosamente nada menos que 11’5 billones de dólares? ¿Ayudar ciegas al Tercer Mundo sabiendo que, sólo en 2004 las oligarquías  africanas rapiñaron más de 600.000 millones de dólares, o mantener la parodia de un comercio justo que, con sus subvenciones a los países ricos, arruina cada vez más a los pobres? Nuestro autor reclama, como quien no quiere la cosa, un “programa integral de justicia global”, una disminución del gasto militar, un sistema fiscal también universal capaz de redistribuir la inimaginable riqueza disponible y, ya de paso, un modelo económico diferente del actual “maldesarrrollo” que él describe conceptualmente como un “ecosocialismo anticapitalista”. Vuelvo conmovido y algo desalentado, por qué no decirlo, de este nuevo viaje al país de Utopía que me ha servido, en todo caso, para comprobar que sus murallas siguen enhiestas aunque el paisaje ande manga por hombro. La esperanza es lo último que se pierde, pero nadie ha dicho que baste con ella.

Apoyar al juez

Espectacular la cena-homenaje al juez Serrano, tan injustamente separado de sus funciones por una inasumible sentencia del TSJA. La crónica habla de la presencia en ella de políticos, sacerdotes (hasta un  obispo), empresarios, periodistas o policías, es decir, una representación más que curiosa de una sociedad civil por lo general tan poco movilizable como la nuestra. Mal deben de andar las cosas en esa Justicia cuando un magistrado necesita que lo apoyen los ciudadanos. Si el Tribunal Supremo no echa abajo esa barbaridad dará una prueba más de lo lejos que andan los ropones de quienes circulan por la calle.

Las cosas y el quicio

Es poco probable que el debate sobre el aborto acabe alguna vez. Dónde está el límite de la vida, qué debe entenderse por persona, decidir si cabe o no interrumpir un embarazo en caso de violación o incesto, determinar el plazos para abortar, son cuestiones en las que resulta sumamente difícil separar la objetividad de la ideología, y ésa es la razón  por la que las porfías continúan un poco por todas partes. Hace poco hemos oído a un candidato tratar de acorralar a su rival preguntándole si, en caso de llegar al Poder, derogaría o modificaría la norma vigente hoy en España, y casi al mismo tiempo un referéndum acaba de rechazar en Mississippi –el Estado más antiabortista de los EEUU—una propuesta radical, planteada desde el fundamentalismo más extremado, que pretendía que la ley considerara “persona” hecha y derecha, es decir, con todos sus derechos (¿y deberes?) a un ovocito fecundado, es decir, “a todo ser humano desde el momento de la fecundación, la clonación o cualquier medio equivalente”. Grupos de especialistas en obstetricia, madres infecundas y especialistas de fecundación “in vitro” se han movilizado a fondo contra ese proyecto que, de ganar, no sólo hubiera excluido cualquier posibilidad de aborto, incluyendo el terapéutico, sino que habría desatado una ola de sucesivas consultas populares de consecuencias imprevisibles. Pero han sido los estudiantes de Jackson quienes han alumbrado el episodio al preguntar, a su vez, más en serio que en broma, si ese ovocito fecundado tendría derecho a obtener su pasaporte, recibir una herencia o, incluso, una pensión alimentaria a cargo del padre separado. Los fundamentalistas han perdido el referéndum y resulta interesante consignar que con el apoyo explícito de las organizaciones religiosas que han visto en el exceso un riesgo cierto para la viabilidad de un control razonable del grave problema social. Hay que tener cuidado con las compañías radicales aunque sólo sea por aquello del tiro y la culata.

Volviendo al debate nuestro, al Debate con mayúscula, la verdad es que, aunque se entienda el sentido de la pregunta-trampa, no deja de ser preocupante que sobre la situación límite en que se encuentra la nación sobrevuelen cuestiones que, a mi juicio, lo que necesitan es un ajuste razonable y no leña añadida al fuego de la polémica. Entre otras cosas porque algunos vemos con preocupación esa tendencia a no ver más derechos y libertades que los que constituyen el ideario, en algunos casos novísimo, de un sector social. Va a hacer falta mucha tolerancia mutua para salir de este pantanal en el que estamos hundidos hasta las corvas, lamentablemente con las garrotas en alto.

Explosión retardada

No se entiende bien la presunción de Griñán de que acertó al retrasar las elecciones a no ser aceptando previamente que los resultados de las generales implican su derrota en unas autonómicas. Por lo demás, de aquí a marzo (porque las fechas que él maneja resultan imposibles), ha de pesar lo suyo la instrucción judicial de lo ocurrido en torno al “fondo de reptiles” con que se pagaban prejubilaciones falsas o se daban millones a Ayuntamientos “amigos” y hasta a amigos sin más. Y otros casos, ya lo estamos viendo. El rumor inverosímil de que Griñán se retirará antes de las elecciones, no deja de tener su lógica.