Chipre

No estoy de acuerdo con quienes ven en el intervención europea en Chipre sólo un paso más del “protectorado” alemán en que se ha convertido la UE. Es verdad que ésta ha actuado de una manera pésima, desdiciéndose en una semana dos o tres veces y que, se mire como se mire, la medida aplicada a los depósitos –al margen de sus causas—no es más que una confiscación, un expolio si se prefiere, que menos mal que ha elevado el listón hacia los capitalistas más ricos eximiendo a las clases medias. Y digo que no estoy de acuerdo porque siempre me parecerá bien que se desmonte un paraíso fiscal aunque para ello haya que emplear métodos que comporten ciertos riesgos colaterales. Chipre, además de un apoyadero geopolítico, ha sido siempre una base financiera para los micénicos, para Alejandro, para Bizancio, para los árabes o los venecianos. Ricardo Corazón de León la conquistó durante su aventura cruzada para vendérsela a los templarios poco después y, tras perderla éstos, convertirse en un feudo franco apoyado por el Papado (vean a Hill, “A History of Chiprus”) que veía en la isla una excelente sede financiera. Una isla nacida para paraíso fiscal, en una palabra –como las Caimán, como Gibraltar, como Andorra…–, que en estos tiempos de la globalización ha revalorizado ese papel. ¿Por qué lamentar que se desmantele un “paraíso” refugio de los beneficios del mal? A salvo los legítimos intereses de los ciudadanos de a pie, celebro ese zarpazo al “capitalismo sumergido” y celebraría más aún que hubiera ocasión de desmantelar unos cuantos “paraísos” más.

Otra cosa son los modos, la política europeísta, ese fracaso de la burocracia bruxelense que en una semana ha dicho a un tiempo blanco y negro, para terminar con el absurdo exabrupto del beocio que preside el Eurogrupo y que ha hecho temblar las bolsas en medio planeta. Chipre, como los demás garitos de su índole, deberían ser intervenidos sin escrúpulos tanto por los neoliberales como por los socialdemócratas, porque ese oficio de los tesoreros ciegos es uno de los graves impedimentos de la normalidad económica, imposible mientras un capitalismo negro duerma en paz bajo la manta del dinero blanco. Como en Suiza, mismamente, donde se ha hecho del delito un mérito con la aquiescencia de todos. Otra cosa es qué será de Chipre –miembro de la UE al cabo—cuando le abran los cofres secretos. La crisis está forzando estas sorpresas que hacen tambalearse al sistema entero.

Tiempo lento

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha confirmado la condena que pesaba sobre el ex–alcalde de Camas u otros tres implicados más en un caso de cohecho ocurrido en 2005, cuando se dice que intentaron comprar a una concejal de IU. Pues muy bien, que cada palo aguante su vela, pero ¿no les parece que ocho años son muchos años a la hora de impartir Justicia? La Justicia tardía no es Justicia, sostuvo el romano, y seguro que la mayoría de los ciudadanos corrobora hoy. Nuestra democracia quiebra estentóreamente en estos retrasos agotadores que llegan a quitar sentido y utilidad a las decisiones judiciales.

Torso desnudo

En una página da Facebook tunecina, “Femen-Tunisian Fanpage”, se asoma una joven liceana, aún por graduar, mostrando al ciberespacio el torso desnudo sobre el cual puede leerse, escrita en árabe, una frase demoledora: “Mi cuerpo me pertenece y no es el honor de nadie”. Se llama Amina y sobre ella ha caído sin tardanza en su web tanto ardientes alegatos de defensa como descalificaciones sin cuento y amenazas directas de muerte por parte de los más radicales, mientras los incipientes movimientos feministas se han desmarcado de la acción provocadora alegando la inconveniencia que supone organizar polémicas inútiles y “dar más grano que moler” al extremismo islamista. A lo cual Amina que, la verdad sea dicha, está como un queso, replica desde la ingenuidad convincente de sus dieciséis años que a ver por qué razón nadie se inmuta ante el torso desnudo del varón mientras que la exhibición del femenino provoca tanto escándalo. “Dennos nuestros derechos y llevaremos el niqab si fuera preciso”, dice antes de protestar frente a la incomprensión alegando que más les valdría a todos, incluidas las feministas tibias, plantarse ante la situación real de la mujer tunecina actualmente acosada, agredida e incluso violada. “El cuerpo de una mujer no pertenece a nadie, ni al padre, ni al marido, ni al hermano”, remacha Amina, y uno mira esa imagen ilustrada con el garabato alárabe, valga el arcaísmo, y está tentado de darle la razón por completo a la amazona. En India y Pakistán, como en otros muchos lugares sometidos al integrismo, se registran a diario agresiones de esos “dueños” imaginarios, una veces con ácido corrosivo, otras con el filo de la navaja, pero hay gestos cada día más elocuentes –ahí está el de Amina—que prueban como tiemblan los cimientos bajo esa arcaica construcción ideológica. Habrá que ver en qué acaba este “trending topic” conseguido por la rebelde colegiala. El primer día hubo ya en la página cuatro mil comentarios.

En estas historias, en el ambiente interior, en la velada intimidad, es dónde se comprueba con claridad el “conflicto de civilizaciones” de que hablaba Huntington, aunque, lamentablemente, de esa arcaica noción varonil de la honra tenemos en nuestro propio ámbito muestras sobradas. No hay que dejarse engañar porque aquí ahora se retraten voluptuosamente las amas de casa en los almanaques porque antes de posar ante la cámara suelen dejarle la comida preparada al marido tolerante.

¿Principio del fin?

No sabemos si la vuelta de la juez Alaya supone el principio del fin o el fin del principio, pero todo indica que la investigación del “caso” ha cogido una velocidad imparable y que la jueza parece dispuesta a solventar la macroinstrucción a base de ir cerrando, una tras otra, piezas separadas. La declaración de Griñán prueba que no saben que decir ya –su propuesta de comparecer en el Congreso para investigar juntos los ERE y el asunto Bárcenas resulta ridículo—y su pretorio está visiblemente desbordado. Ahí está Amparo Rubiales atribuyendo el escándalo a que Griñán es “el hombre más odiado y más temido por la derecha española”. Y el propio Griñán diciendo que no teme nada de nada, protegido como va por la complicidad de IU.

La hermana abeja

Hay gran alarma en torno a la suerte que están corriendo las abejas en casi todo el mundo. No se conocen las conclusiones de Philisco Tasio ni de Aristómaco Solense que, según Covarrubias, dedicaron sus vidas a estudiar de cerca esa prodigiosa criatura a la que debemos la polinización que es condición de nuestras vidas, aunque sí los numerosos estudios modernos (contemporáneos) que vienen descifrando el arte de la colmena, el lenguaje de sus obreras o el papel de sus zánganos. Que son un prodigio, las abejas, lo sabíamos mucho antes de que nuestros sabios hodiernos fueran capaces de traducir su fabuloso lenguaje, su audacia arquitectónica o su modélica organización social, pero lo que nos llegan hoy no son ya elogios como los que a su especie dedicó Plinio, sino alarmantes noticias sobre su progresiva extinción, atribuida primero a la presencia de una subespecie africana y luego a los efectos perversos de ciertos pesticidas de uso generalizado y, principalmente, de los neonicotinoides que fabrican potencias tan poderosas como la Bayer o Sygenta. En América un clamor popular logró la prohibición del uso de estas substancias y en el Parlamento Europeo está planteado un grave pulso entre los partidarios de la prohibición y la presión de la poderosa industria, a pesar de los avisos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que prevé una catástrofe en caso de mantenerse las fumigaciones. Las abejas se mueren en todo el mundo y no acabamos de saber por qué, aunque pocas personas esté enteradas, supongo, de que, solamente en nuestro ámbito occidental, su trabajo polinizador equivale a un beneficio de 153.000 millones de euros.

Los hebreos llamaban a la abeja “deborah” y la tenían por símbolo de la elocuencia, tal vez porque ya intuían el prodigio de su código comunicador, y los griegos, “melisa” por ser las productoras de la miel, pero la civilización voraz que sostenemos asiste indiferente a la probable extinción de ese benéfico insecto al que Virgilio dedicara versos hermosísimos. Dicen que también van acorraladas nuestras sonoras tórtolas autóctonas por esas primas turcas de tan ronco zureo que nos invaden desde hace años haciendo que, privados de sus arrullos, enmudezcan los pinares al atardecer. No sé, pero personalmente he firmado en Internet la petición colectiva de prohibición de los pesticidas. Decían los antiguos que la miel preservaba de la corrupción. Aunque sólo sea por eso merecería la pena defender a la abeja.

Graves cargos

Ver a los barandas de los dos grandes y mimados “sindicatos de clase” desmentir de prisa y corriendo la presunta tesis de la Instrucción del “caso ERE” que sostiene que una fortunita del gran saqueo, a ellos fue a parar sólo por dar “información privilegiada” a los que bregaban en el gran negocio. ¿A quién creer, a los presuntos o a la juez? Pocas dudan le pueden caber a aquellos de que, en vista de lo mucho que lleva visto, la inmensa mayoría de los ciudadanos no se ha extrañado de la noticia y da por cierto el mangazo. ¡Quién lo hubiera dicho hace treinta años, cuando aún no funcionaba este “verticalismo” de la llamada “concertación”! En todo caso no basta con desmentir. Me temo que van a tener que alegar algo más que un ceño fruncido si quieren contrarrestar lo que parece una evidencia.