La gran higa

Una de las fotos de este “annus horribilis” va a ser, sin duda, la del tesorero Bárcenas al volver de su viaje cinco estrellas a las nieves del Canadá. Me refiero a ésa tomada en Barajas en la que el presunto imparte al pueblo soberano la gran higa levantando la mano derecha con el dedo corazón asomando impertinente entre el índice y el anular, que viene a ser lo mismo que mandar a tomar viento fresco a la opinión pública pero con pésimos modales. Seguro que ese “self made man” repite el gesto aprendido en la calle, por completo ignorante del significado simbólico que a la higa atribuyen los psicólogos como remedio genérico contra las fuerzas enemigas, y seguro también que su grosera intención se agota en el obvio sentido sexual de un gesto que viene a ser como una abreviatura del corte de mangas “urbi et orbi” con que el presunto trata de distanciarse de su propia imagen reflejada en el espejo del descrédito público. Lo cual no deja de resultar lógico dada la suave lenidad que gasta la Justicia con estos grandes presuntos, en negocios como el suyo que, de ser obra de un pringao, hubiera conllevado, pueden estar seguros, la trena cerrada a cal y canto. ¿Qué hace vagando por los paraísos de este mundo ese presunto gran evasor que ha puesto contra las cuerdas al propio partido del Gobierno; de verdad se hubiera tratado de igual manera a un apoderado modesto al que se hubiera sorprendido emboscado en una caja suiza? El pueblo está convencido de que no, como lo está de que, a pesar del repugnante chantaje a la Corona, debe de haber responsabilidades al menos en un miembro de la casa Real, y ésa es una doble razón que aconsejaría cortar de raíz esa higa. El tal Bárcenas ha dado la talla levantado la suya; la Justicia da la suya con sus incomprensibles maneras al tratarlo con guante de seda.

 

No recuerdo un momento más chusco y desabrido que el presente en la vida nacional, ni una actitud más impertinente que la de ese ganapán en el que ha confiado su partido hasta el punto de entregarle las llaves del tesoro. La foto en cuestión vale más que cualquier psicosociología para ilustrar el actual momento de una clase política apalancada en el alfoz de la vida pública y dispuesta a llevarse de matute hasta el polvo de la caja fuerte mientras responde a la lógica inquisición de las gentes con una higa monumental. Los ladrones somos gente honrada, ya saben. Ante las dificultades, el granuja no tiene más que crecerse.

Kale borroka en Alcalá

La delegada de Educación del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra (PSOE) ha justificado la permanencia de una fotografía del ministro Wert tiroteado en la cabeza y ensangrentado en la sala de profesores del Instituto Leonor Guzmán invocando, con manifiesta irresponsabilidad, “el respeto a la libertad de expresión”. Dos agujeros de balas y sangre a chorros: el PSOE no debería aguardar a que la Oposición o la Justicia lo demanden para apartar de la vida política a quien, como esta Ana Belén González, demuestra esa concepción terrorista de la política y ¡en un centro docente! Es más, si hay vergüenza en la consejería de Educación habría de abrírsele expediente a todos y cada uno de los responsables de esa miserable acción.

Pleno mántico

Uno lleva vistas muchas cosas en los plenos municipales, sobre todo desde que la democracia nos abrió la veda protestante y es usual ver a los ciudadanos ejerciendo una no poco confusa liturgia asamblearia frente a los escaños legales. He visto peleas tabernarias, debates insultantes, higas y cortes de manga, expulsiones aisladas o en masa forzadas por la legítima fuerza pública. Lo que no había visto nunca era una pitonisa actuar en un pleno, con permiso de la mayoría, como ha ocurrido en un pueblo minero de Huelva, en Nerva, donde el alcalde del PSOE, que advirtió no creer en esas maniobras mánticas, dejó que una echadora de cartas se las echara al concejo, bien es cierto que en términos muy políticamente correctos. Los babilonios, los etruscos, los griegos y los propios romanos supeditaron sus vidas y, por supuesto, su política, a estos prodigios de la adivinación que incluyen desde la extispicina a la catoptromancia, pasando por las menologías, los augurios y cien especialidades más, que los gobernantes se tomaban tan en serio como Alejandro los oráculos o César la precaución de salir cada mañana de casa con el pie derecho por delante. Lo de Nerva se ha quedado, es cierto, en una insípida exhibición de superchería consistente en la visión bonancible de un futuro, pero no por eso deja de ser extraordinaria la imagen de un Pleno con todas las de la Ley escuchando a una zagala enfundada en su minifalda la esperable ristra de simplezas y hasta de necedades. Ni a Berlusconi se le ocurre algo semejante, por más que, puestos a elegir entre los dos, uno prefiera, en cualquier caso, al alcalde de Nerva.

 

Hace cosa de unos meses nos enteramos por la revista Procedings of National Academy of Science (PNAS) de que los sabios de la universidad de Washington habían logrado determinar, mediante escáneres, las áreas del cerebro humano que se activan cuando exploramos con la imaginación los acontecimientos del futuro, concretamente, creo recordar, la corteza lateral izquierda, el procuneus izquierdo y el cerebelo posterior derecho. En Nerva, más sencillamente, la pitonisa autorizada se las ha aviado con una baraja casinera que varios concejales han “cortado” muy serios antes de escuchar esa revelación que ha resultado ser una suerte de invitación a la unidad. Luego creo que se ha entrado ya en graves materia, pero yo que el alcalde me hubiera limitado a levantar la sesión.

Demasiado para Griñán

La carga de desmanes que soporta ya Griñán debe de ser insoportable hasta para el más acorazado. El subvencionazo a la hija de Chaves, los ERE y las prejubilaciones falsas, el mangazo de Invercaria y, ahora, la millonada concedida a los trileros del Plan Bahía de Cádiz, puro negocio caciquil y familiar.  Y no “passsa nada”, como dice Burgos, todo sigue igual o cada vez más podrido, en la última etapa apoyado por Izquierda Unida como en tiempos pasado por el PA. Un “régimen” no se tambalea así como así, sino que tiene muchos sostenes y agarraderas, a los que uno tras otro, eso sí, va desprestigiando por su connivencia. Pero esto es ya demasiado incluso para un tenor hueco como Griñán.

Mirar al cielo

Leyendo el “Current Biology” me he tropezado con el testimonio de unos sabios de la universidad sueca de Land sobre el extraordinario sentido de la orientación del escarabajo pelotero que, según ellos, se desplazaría con su carga y por el camino más corto a su destino, siguiendo una línea recta, incluso sin la referencia del sol o de la luna, que es lo que se viene argumentando desde que Plutarco –que creía estar ante un hermafrodita que depositaba su semilla en la bola de estiércol mil veces más pesada que él–  supuso que esa orientación se fundaba en el seguimiento de la órbita solar y no, como acaba de demostrarse, en el referente de la Vía Láctea. El consenso sobre la sacralidad del escarabajo es ya viejo y casi general entre los simbólogos, sabedores de que tanto en el antiguo Egipto como en Grecia, en China o en el ámbito paleocristiano, su observación sirvió para ilustrar el mito de la autogeneración tanto como el de su singularísima capacidad soteriológica. Ni siquiera la prueba de la confusión a que lo han sometido en el laboratorio consiguió despistar al bicho de la ruta segura que le dicta su alto GPS tan misteriosamente operativo, en un alarde que deja chico el mérito de las ballenas, las langostas, las bandadas de ánsares o los enjambres de mariposas emigrantes. Hay ocultos en la fauna terrícola graves talentos que sobrepasan de lejos al del hombre, ese supuesto “rey de la creación” que, a la hora de orientarse, nunca logró desasirse del todo del aparejo tecnológico para llegar a buen puerto. El mínimo escarabajo que deslumbró a Poe y que llevaban sobre el pecho las momias de los faraones ha resultado ser un piloto de excepción que recorre sus rutas sin titubeos caminando hacia atrás, parece ser que a base de mantener constante el ángulo formado por su propio cuerpo con la lejana fuente de luz.

 

A medida que vamos sabiendo más sobre la condición de las especies encoge nuestro altanero prejuicio de superioridad y se resquebraja sin remedio el concepto imaginario de nuestra monarquía animal. Ahora mismo se debate en España si aún se ha quedado corta la norma que impedirá en lo sucesivo experimentar en el laboratorio con los grandes simios, esos primos no tan lejanos, o debemos mantener nuestro derecho a beneficiarnos de su papel de cobayas. A diferencia del escarabajo, nosotros no avanzamos en línea recta ni tenemos tan claro como él la razón y el destino de nuestra tarea.

Sobre los indultos

Está fresca aún la tinta derramada para informar al pueblo soberano de que una joven en la miseria iba a tener que ingresar en la cárcel por haber comprado comida y pañales para su bebé con una tarjeta de crédito robada. También la que se empleó en comunicar que el Gobierno, finalmente, indultó a esa madre acaso recordando el privilegio inveterado del “hurto famélico”. Un Gobierno de derechas es normal que defienda la propiedad con uñas y dientes, aunque sea guardándose en la manga el indulto a última hora, porque eso entra en la lógica de la conservación. Pero ¿y el hecho de que el Supremo tenga que rechazar a toro pasado el indulto con que un Gobierno que se empeña en llamarse a sí mismo “socialista” benefició al segundo banquero de la nación? Ah, eso ya tiene peor explicación sobre todo si se entera uno por la sentencia de que lo que hizo Zapatero no sólo . eximirle del cumplimiento de las penas sino borrar con el mismo tachón, las consecuencias de la sentencia, es decir, los antecedentes penales del condenado. Ya ven, el mundo al revés: la derecha que dice ser “centro” indultando por compasión, y la izquierda que actúa como derecha blanqueando banqueros con el albayalde de la arbitrariedad. Se podría escribir un vasto libro, como diría Borges, con la crónica de los indultos otorgados en esta democracia lo mismo a ministros y secretarios de Estado secuestradores, que a campurrianos pánfilos sorprendidos por la autoridad matando jilgueros o arrancado matas de poleo, y de ese libro podría deducirse a ojos vista que el Poder tiene la misteriosa cualidad de igualar por abajo a quienes a él llegan. Esa prerrogativa regia hoy en manos de ciudadanos del común se ha convertido en una de las ilustraciones más fidedignas de nuestra decadencia colectiva.

 

El indulto tiene, qué duda cabe, su legítima razón de ser porque el derecho puro se escribe con pluma de oro, pero supone una violenta corrección a la Justicia, sobre todo cuando se hace abiertamente contra su criterio. Y en cualquier supuesto, el indulto es también un clarinazo contra o frente a una Ley rígida o laxa según las conveniencias, con la que los políticos hacen papiroflexia en función de sus intereses. El derecho de gracia se ha convertido en el último recurso del oportunismo político en un sistema de libertades atenido sobre todo y por encima de todo al interés inmediato de ese poder.