Contratos basura

Sabíamos que en el Servicio Andaluz de Salud (SAS) no son nuevos los contratos de facultativos por un día, lo cual es ya bastante escandaloso, pero ignorábamos hasta ahora que se pudiera contratar a médicos hospitalarios ¡por una hora! ¿El truco? Pues el truco está en que coticen sólo un día y pagarles sus largas jornadas como guardias realizadas que abarcan desde las 8 de la mañana del día del contrato a la misma hora del día siguiente. Los “recortes” de la Junta en Sanidad no sólo desprecian la dignidad del médico sino que cuestionan seriamente el servicio sanitario prestado.

Ensayos revolucionarios

Cuando escribo estas líneas aún no se ha perpetrado, si es que llega a perpetrarse, el acoso y derribo del Congreso de los Diputados, decidido por un grupo de indignadísimos que piden –por pedir que no quede—la simple disolución de la Cámara y la dimisión del Gobierno en pleno, es decir, hablando en plata, un cambio de régimen, ignoramos hacia dónde. Esto pasa en un país en el que el presidente del Tribunal Supremo, justifica esos acosos de moda que aquí se designan, a la manera lunfarda, como “escraches”, o sea como aquellas baraúndas conque las víctimas de la dictadura argentina acosaban a sus verdugos, porque dice tan encumbrado ropón que acosar en esos términos no es más que usar la libertad de manifestación. Bien, pues nada, adelante, hoy por mí, mañana por ti. El argumento de los acosadores consiste que ellos representan a un millón no sé cuántos mil españoles que los han apoyado, un colectivo sin duda respetable pero muy lejano de los más de nueve millones que respaldan al PP, por poner sólo el ejemplo de la mayoría absoluta. ¿Se dará cuenta la autoridad –de los incontinentes nada pregunto—que lo que se proponen los sitiadores del Congreso, aunque sea en teoría, es de lo más parecido al asalto de Tejero? Ahora dicen que van a “escrachar” también los domicilios de los jueces –tomen del frasco– lo que evidencia su convicción de que la simple ira legitima la acción revolucionaria, digámoslo de una vez con todas sus letras, dado que las revoluciones son de suyo vanguardistas, es decir, constituidas por minorías. Nos hemos deslizado desde la apatía a un radicalismo consentido que, por supuesto, no sabe lo que vale un peine cuando se ejerce contra un régimen con autoridad suficiente.

Estamos padeciendo varios déficit aparte de ése que no nos deja dormir: el de autoridad, el de respeto a las mayorías, el que, en definitiva, abre de par en par la puerta a la autocracia o cuando menos se la deja entreabierta. Con el agravante de que desde la cúpula judicial se jalea a los jacobinos y en el Gobierno legítimo tiembla el pulso cuando más falta hace su firmeza. Un juez dice que acosar a un alcalde en su casa entra en la Constitución, otro que asaltar una finca tampoco es para tanto. Ni se han percatado siquiera de que estos no son conflictos veniales sino un ensayo revolucionario de echar abajo la democracia al que no le falta más que la fuerza suficiente para conseguirlo.

“Devotio ibérica”

La consejera de Hacienda, seriamente amenazada por la lógica en el asunto de los ERE, ha callado en el Parlamento lo que dijo en Canal Sur –“la Nuestra/la Suya”–, a saber, que los consejeros de Empleo Fernández y Viera eran “sin duda” responsables del famoso saqueo. Aguayo se ha erigido en parapeto de Griñán, como siguiendo la antigua institución hispano-romana de la “devotio ibérica” que supeditaba la propia vida a la del jefe. Y encima le sale un marido denunciado por un alcalde por trincar a cambio de inexistentes asesorías y ya condenado por tráfico de influencias a instancias de otro concejo. Hay fidelidades tan extremadas que dejan de ser ejemplares.

Una vieja historia

Está resultando sorprendente la dureza del enfrentamiento civil registrado en Francia en torno a la nueva ley que ha autorizado los matrimonios gay. Grandes broncas callejeras, con enérgicas intervenciones de la policía, están dilucidando en la calle lo que en las Cámaras mantiene enfrentados también a los políticos, y eso es algo que, en todo caso ha de sorprender mucho a quienes suelen imaginar a aquel gran país, a estos efectos, como una Jauja abierta de par en par. Los argumentos resuenan igual que en tiempos de Ovidio –“entre todos los animales no hay ninguna hembra que sea arrebata por la pasión por otra hembra…” (Metamorf. IX, 733)—sólo que ahora se esgrime también el factor de la paternidad como un impedimento para esa uniones. Lo que no deja de ser curioso, en todo caso, porque en el primer tercio del XVII un protegido de Richelieu, Isaac de Benserade, obtuvo un éxito considerable en la corte con una pieza basada en el equívoco matrimonio de dos hembras, obvio “remake” del lugar citado de Ovidio en el que se refiere la extraordinaria aventura de Iphis y su amigo Iante solucionada “in extremis” por la diosa Isis “con su ingeniosa técnica”. También en “Orlando Furioso” resuena ese equívoco que, en realidad, ha sido una sugestión de todos los tiempos. Los adversarios de la nueva ley se proponen continuar su lucha pública como un desafío abierto contra una decisión política de la que no ha desaparecido el eco ovidiano: “Ni la vaca se siente inflamada por el amor de otra vaca, ni las yeguas por el de las yeguas; el carnero va a su ovejas, tras el ciervo va su hembra”. Esta especie de integrismo naturalista no tiene, como puede verse, edad.

Nada hacía prever que España tomara tanta ventaja en la competición postmoderna y menos que en Francia las resistencias pudieran ser tan enérgicas y perdurables como para que lo que en tiempos de Richelieu fuera celebrado hasta por el rey resulte hoy día tan irritante. En Roma pude contemplar una manifa de gays que gritaban desencajados aquello de “Zapatero, santo subito” y la verdad es que aquí los ecos ante esa trascendental reforma de la estructura social básica se han acallado en bien poco tiempo. Hollande ha batido todos los récords de impopularidad y la ley ha salido adelante pero aún ha de resonar con fuerza ese bramido de fondo que prueba la vieja sospecha de Camus de que Francia es un país básicamente conservador.

Justicia tardía

Otro caso, en esta ocasión espectacular, de un inocente que pasa años en prisión para ser finalmente indemnizado (¿) con dinero. Nueve años estuvo preso el inocente, en este caso, pues la falsa denunciante que lo acusó de violación no se retractó hasta cinco años después. Vale, pero ¿por qué ha tenido que aguardar entre rejas otros cuatro más cuando ya se contaba con ese testimonio, hasta cumplir nueve de los trece que le habían caído encima? La Justicia tardía no es Justicia, decía el romano, y podemos comprobarlo nosotros tantos siglos después.

El circo democrático

Los políticos italianos han recibido con una salva unánime la elección del Giorgio Napolitano como presidente de su ingobernable República. Elegir a un presidente casi nonogenario les parece un éxito en vista de los reiterados fracasos anteriores, lo que nos proporciona una idea cabal del caos en que anda sumida aquella vida pública, a la que no le queda otra que reelegir a un anciano aunque sea para rellenar el vacío que tanto se les critica desde Bruselas. Napolitano es un personaje íntegro, según todos los indicios, brigadista con la Resistencia y destacado miembro del PCI luego, lo que nos ofrece una idea de lo desesperados que deben andar lo mismo la derecha de Berlusconi que la amalgama progresista de Bersani, por una parte, y por otra, lo poco que aquella mítica izquierda ha llegado a representar hoy por hoy. Vamos a ver en muy poco tiempo la gravedad que supone el cáncer antisistema de un Beppo Grillo y la inviabilidad de la utopía autárquica en el marco de una democracia formal, aunque lo más probable es, que cuando lo veamos sea ya demasiado tarde para devolver al payaso al circo. Italia está en al borde de un precipicio en el que puede que se resuma, al fin, toda la miseria política acumulada a lo largo de la inacabable postguerra, y eso supone un riesgo de primer orden para toda la Unión Europea. Y encima le ha tocado a un gerente en retirada la ardua tardea de intentar el milagro.

Frente a quienes ven en el fenómeno Beppo una opción novedosa para el futuro, estamos los convencidos de que desde fuera del Sistema nada puede hacerse por su restauración y menos por su progreso, es decir, que no era ninguna broma aquella advertencia de Bourdieu cuando dijo que la democracia, el sistema de representación genuino, era una cosa demasiado seria para andarse con experimentos y mucho menos con bromas. Napolitano es un precario parche sobre la enorme brecha abierta en Italia por la acción combinada de los fanatismos y los volatines ideológicos y no llegará, probablemente, más que a unas nuevas elecciones. No se puede hacer de la ingobernabilidad un sistema y en ello están especializados los italianos hace más de medio siglo. Beppo no me pare peor que Andreotti o Craxi, sólo me parece diferente en su ganga populista y en su deliberada degradación de la política. No me den a elegir, por favor, entre un payaso y un criminal porque por ambos camino se va a Roma.