La crisis, para los demás

Sueldo de una diputada regional de Almería, doña Rosalía Martín: 3.029 euros de salario; 1.640 más por residir tan lejos del Parlamento; otros 783 por ser portavoz en comisiones; 648 por desempeñar la secretaría de IU; 491 por presidir la comisión de Asuntos Europeos y 333 por vicepresidir la Comisión de Seguimiento y Control de la Financiación de los Partidos Políticos. Y no es la única en su provincia en cobrar más que el Presidente de la Junta. La crisis, evidentemente, no va con ellos, sino con “los demás”, con los que quedan fuera a la intemperie. No he visto un comunismo más rentable en mi vida. Yo diría que en esas condiciones cualquiera lo sería.

La mala memoria

Está a punto de cumplirse el 75 aniversario de la anexión de Austria por Hitler, la famosa Anschluss, y un intenso movimiento crítico sobre el acontecimiento está volviendo a cuestionar la opinión pública austriaca. Los austriacos, de los que se dice que son tan listos que han hecho creer al mundo que Hitler era alemán y Freud austriaco, parecen empeñados en corroborar la dura estampa de su pueblo que Thomas Bernhard me temo que dejó consagrada para siempre, y nada más apropósito para confirmarlo que los resultados de un sondeo encargado por la revista Stern que se ve básicamente confirmado por las encuesta de Der Standard y del británico The Independent. No voy a desgranar datos, sino que me limitaré a reseñar la coincidencia de fondo de todos ellos en el sentido de que el ciudadano medio parece haber olvidado aquella locura hasta el punto de que casi la mitad de la población –un 42 por ciento concretamente—manifiesta hoy que “la vida no era tan mala bajo los nazis” mientras más de la mitad de ella cree firmemente que estos, los nazis, obtendrían representación parlamentaria hoy en caso de ser autorizados a concurrir a las elecciones. La apoteósica recepción que ahora hace tres cuartos de siglo le dieron los vieneses a Hitler no fue, tal vez, un efecto pasajero del ambiente de la época sino algo más profundo en el psiquismo nacional. ¿Creerán que cuatro de cada diez ciudadanos austriacos estiman como probable una vuelta a la persecución antisemita? Pues eso es, al menos, lo que ellos mismos le dicen al encuestador. Puede que aquel pavoroso escarmiento no fuera, a pesar de todo, suficiente para abrir ciertas molleras y que la ominosa imagen del país rendido a un maniaco dictador estuviera ahí agazapada todavía, quién sabe si aguardando otro momento oportuno. Lo cual, qué duda cabe, no deja de ser escalofriante.

Las heridas cicatrizan, los pueblos olvidan y es sólo cuestión de tiempo comprobar que pocas veces se escarmienta del todo. Comprobar en estas encuestas que la memoria de la nación oprimida y de los terribles crímenes que entonces se perpetraron nos deja una triste sensación que abre la puerta de par en par al puro pesimismo. También en España padecemos desde hace un tiempo esta flaqueza de la memoria que constituye el acceso más propicio a la reincidencia. Quizá la pintura de Bernhardt era, más que un retrato de época, una descarada exhibición de la más honda psicología.

Hechos consumados

Se ha cumplido un año de la ocupación por miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) de la finca propiedad de la Junta de Andalucía situada en Palma del Río. Una ocupación ejemplar si se considera que la finca abandonada de la Junta ha sido cultivada por los ocupantes que hasta proyectan ya organizar una cooperativa para redondear su acción. Pero un hecho extraño si se considera la ilegalidad de la ocupación –de hecho ya fueron desalojados una vez por la Guardia Civil—y la inexplicable pasividad de la autoridad, en especial de la propia Junta. No se debería recurrir al hecho consumado si ese empleo de la finca pública es considerado propio y justo, ni consentir una flagrante vulneración de la Ley si se entiende lo contrario.

El soldado Manning

Dos años ha tenido que pasar en rigurosa prisión el soldado que desde Kuwait filtró a WikiLeaks miles de documentos confidenciales del ejército americano destacado en Irak y Afganistán. Bajo una acusación de 22 cargos, incluido el de colusión con el enemigo, que comporta la cadena perpetua, Bradley Manning ha estado preso primero en el exterior y posteriormente en EEUU, en condiciones tan duras como la de permanecer alojado en una celda de un metro por dos y medio, sin ventanas, o la de serle retiradas las gafas y el papel higiénico. La celebración de su juicio en la base de Fort Mead, en Maryland, ha dividido a la opinión, agrupando frente a los duros que exigen un castigo ejemplar capaz de disuadir a posibles imitadores, a un importante conjunto de organizaciones y medios que ven en su actuación una acción cuando menos dispensable dada la desinformación sobre sus guerras exteriores que el pueblo americano padece. Desde la Fundación para la Libertad de Prensa (FPF), que ha desvelado el contenido de su primera declaración ante la juez militar, se ha llegado a elogiar la filtración como un acto responsable que harían al soldado merecedor de altos reconocimientos, sobre todo teniendo en cuanta que su decisión habría sido disparada a raíz de conocer Manning el famoso video “Collateral Damage” en el que podía verse una actuación desmesurada de las tropas que, según sus propias palabras, sugería la imagen de “niños torturando a hormigas con una lupa” y evidenciaba un reprobable “desprecio a la vida” por parte de los soldados yanquis. El debate se plantea entre un bando que reclama el derecho del pueblo a estar informado de las acciones de su ejército en el exterior, y aquellos que piensan que el arte de la guerra no admite semejantes agujeros. Manning ha admitido diversos cargos pero rechazando en todo momento el de colaborar con el enemigo y sin dejar de protestar su buena intención, lo que casi asegura que le aguarda una sanción severa.

El propio NYT, al que en principio pensó Manning filtrar los papeles, plantea la cuestión de la necesidad de que el pueblo esté enterado de situaciones como la lamentable de la prisión de Abu Grhaib o la de las torturas en las prisiones secretas de la CIA, pero todo hace pensar que el peso de la autoridad garantiza un duro castigo para quien, en todo caso, no cabe duda de que actuó de manera temeraria. Leviatán no consiente debilidades en su oscura guarida.

Mire y compare

Hay que ver las múltiples maneras que tienen otras democracias de ponerle los dientes largos al contribuyente español. Junto a la noticia de que el ex –ministro Blanco, Pepiño para sus amigos, se resiste a abandonar su escaño para forzar que sea el Tribunal Supremo el que lo juzgue por presuntos delitos de tráfico de influencia, salta a la actualidad el ingreso en prisión del ex-ministro británico de Energía, Chris Huhne, reo de haber tratado de esconderse tras su señora para evitar una sanción por exceso de velocidad, engaño descubierto al cabo del tiempo cuando la señora, resentida por el abandono del marido, se vengó contándole la verdad a los jueces. Huhne ha sido condenado –¡10 años después!—a ocho meses de prisión, de los cuales habrá de penar dos y llevar durante los seis restantes un brazalete electrónico, toma, ya, y de momento ya un funcionario de prisiones se ha burlado de él y ha tenido que ser trasladado a unas dependencias más seguras ante el acoso de otros presos, tristísima circunstancia que no hacen más que subrayar la implacabilidad de una Justicia que nosotros apenas podemos imaginar. Aquí ha ido hasta un partido de gobierno en peso a aclamar en la puerta del trullo a unos secuestradores que, por lo demás, cumplieron sus condenas visto y no visto, y hay una intemerata de casos en que los presuntos importantes se han ido de rositas o, cuando menos, han salido del paso con un discreto coscorrón. Hay democracias y democracias, no cabe duda, y a la nuestra le faltan, como mínimo, unas cuantas mareas.

Lo anterior no va dicho con la intención de exonerar de culpa ni pedir impunidad para ese ministro, sino como una simple comparación –nada odiosa, por supuesto– entre lo que ocurre en un país en el que el pueblo está acostumbrado a respetar la ley caiga quien caiga, y lo habitual en otros, como el nuestro, donde eso de “caiga quien caiga” se suele decir desde el convencimiento de que, lo que se dice por arriba, caerán más bien pocos si es que cae alguno. Y justo es recordar también que la señora que primero se prestó al camelo y luego, despechada, se vengó del encubierto, deberá sufrir la misma pena. ¿No les da cierta envidia de ese país brumoso, tan organizado como mal comido, y en el que los jueces llevan todavía pelucones cuando se sientan a juzgar? Uno confiesa, modestamente, que sí, además de su esperanza de aquí algún día no le tiemble el pulso delante de nadie a los que tienen que juzgar.

Burla medioambiental

No sabe uno, a estas alturas, si el escandaloso hotel de El Algarrobico puede ser derribado ya, como ha anunciado el ministro Arias Cañete, o está pendiente aún de alguna formalidad judicial. ¡Después de tantos años, cómo va a estar uno seguro! Lo cierto es que el quid de la cuestión non estaría tanto en esa imprescindible demolición sino en saber la razón por la que la Junta de Andalucía –auténtico responsable último del desaguisado—ha maniobrado durante tanto tiempo, gastando dinero público, en defensa de un atentado medioambiental. Al final, como puede verse, topamos siempre a los intereses creados pero casi nunca logramos descifrarlos.